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Mujeres a las que querían borrar de la historia

Por Jorge Morla

 

Clara Janés

Hace años, Clara Janés acudió a un encuentro con poetas árabes. Al encuentro acudió, también, una poeta musulmana, que no pudo participar más que como oyente. Del encuentro entre ambas surgió una fugaz amistad y un detalle luminoso: un libro que la poetisa prestó a Janés, en el que se hablaba de la sacerdotisa acadia Enheduanna. Enheduanna, que vivió hacia el año 2.500 antes de Cristo, encarna la primera voz poética con nombre propio de la humanidad. Esa mujer desconocida era, ni más ni menos, que el primer escritor de quien se tiene constancia. “Resulta que el primer escritor del que hay noticias es una mujer, pero eso es algo que nadie sabe” reflexiona ahora Janés. “Cuando lo descubrí me llevé una sorpresa tremenda. ¿A qué ese afán por borrar a las mujeres de la historia?”, lamenta.

Destellos de este tipo, impactos sobre mujeres cruciales cuya importancia ha sido tapada por la hegemonía masculina, la escritora los recopila ahora en Guardar la casa y cerrar la boca (Siruela), sentido homenaje a quienes le han obsesionado a lo largo de su vida “desde el primer trabajo que realicé en mi primer año en la universidad”, recuerda. “Sobre otra mujer a reivindicar, la provenzal Condesa de Día. Sacar a la luz a estas mujeres olvidadas ha sido un trabajo que he ido realizando durante muchos años”.

Desde las poetisas arábigo-andaluzas, trovadoras, escritoras del Punyab (el actual Pakistán), o místicas, hasta el propio género de la novela, donde también la mujer se anticipó al hombre cuando, sobre el año 1.000 la japonesa Murasaki Shikibu escribió ‘La historia de Genji’. Desde la española Oliva Sabuco, quien descubrió el líquido cefalorraquídeo, un hallazgo que su propio padre pretendió usurpar, hasta las numerosas órdenes de caballería exclusivas para las mujeres. “Todo han sido nombres que necesitaba sacar del olvido. Mujeres que deberían, y merecen, estar presentes en la historia”, explica la escritora.

También recorren el libro de Janés prisiones íntimas, como las de las reinas prisionera de sus damas. “A lo largo de las épocas las mujeres se han encontrado con condiciones muy hostiles. Por ejemplo, había reinas que no podían estar nunca solas salvo cuando estaban con el rey, e incluso tenían que bailar enmascaradas”, relata. Y ‘prisiones’ físicas que en realidad liberaban. “En la clausura del convento muchas mujeres hallaron la libertad. Tras los muros, muchas religiosas pudieron cultivarse, como santa Teresa de Jesús o sor Juana Inés de la Cruz”.

Guerreras, científicas, literatas. Mujeres, todas ellas, válidas pero silenciadas, que ahora Janés reivindica con un único fin: llevarle la contraria a esos versos de Fray Luis de León que bautizan al libro: “Porque así como la naturaleza hizo a las mujeres para que, encerradas, guardasen la casa, así las obligó a que cerrasen la boca”; y cambiarlos por la dedicatoria que la escritora firma a sus lectoras más jóvenes: “Para ti, estos ejemplos”.

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Fuente:Blogs El País: “Mujeres”

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Un apunte sobre los pueblos iberos y sus culturas

León ibérico

Tradicionalmente se ha considerado a los íberos como los habitantes de las regiones costeras desde el cabo de Palos hasta el estrecho de Gibraltar. Sin embargo, para los antiguos, iberos eran todos los habitantes de Iberia. El nombre es, posiblemente, griego aunque nos llega a través del latín. Estos son los primeros pueblos que escapan al anonimato, por las referencias históricas que de ellos se tienen. Su localización espacial es imprecisa, y probablemente cambiante. A menudo no va más allá de una ciudad y su zona de influencia. Los pueblos más destacados son: los sordones, en la zona del Rosellón; los indigetes, en el Ampurdán; los layetanos, en Barcelona; los cosetanos, en Tarragona; los ceretanos, bergistanos, andosinos, ilergetes, lacetanos, sedetanos y airenosos, en el valle de Ebro y Pirineos; los ilercavones en Sagunto; los edetanos en el Júcar, los contestanos en el Segura; los mastienos más al sur; y los bastetanos y turdetanos en Andalucía. Algunas de sus ciudades tendrán gran importancia, como Sagunto, Ilici (Elche) o Numancia.

Dama de Elche

Su economía se basaba en el desarrollo agrícola, de un nivel técnico muy alto, parecido al romano. Cultivaban trigo, olivo y vid, la clásica trilogía mediterránea, así como árboles frutales y verduras, y plantas textiles. La ganadería era complementaria; y la minería continuaba teniendo importancia, por su mercadeo con los colonos, principalmente cartagineses. Esta relación les lleva a un rápido proceso de urbanización y a utilizar la moneda, por lo que cuando lleguen los romanos su labor será más fácil.

En su organización política se distinguen dos formas: la monarquía y la república. La monarquía, la turdetana es la más evolucionada, se desarrolla en torno a una ciudad estado que controla un territorio más o menos grande. Los reyes aparecen rodeados por una «corte» de individuos fieles al rey por un vínculo personal. No faltaba un «consejo de ancianos». El poder real era, en principio, hereditario y personal. La república estaba dominada por la aristocracia, la más notable fue la de Sagunto, que era también la oligarquía mercantil. Su estructura era análoga a la de las ciudades griegas, cuyo modelo les influyó decisivamente.

Se distinguían tres clases sociales: la aristocracia, los hombres libres (de riqueza media) y la clase baja. Su estructura es fuertemente patriarcal, aunque la condición social se trasmitía por vía matrilineal.

Su hábitat se caracterizaba por los asentamientos en ciudades bien fortificadas y situadas en lugares estratégicos, calles estrechas de planta regular y sin edificios públicos.

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Se autoriza el uso con licencia GFDL.

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Romanorum vita

Viajar en el tiempo, conocer cómo vivían los hombres y mujeres de otras épocas, y saber cuáles eran sus actividades y rituales, ha sido una fantasía recurrente en la historia de la humanidad. El Imperio Romano ha sido uno de los destinos preferidos de este tipo de viajes. Ahora, Romanorum Vita, una exposición de la Obra Social ”la Caixa”, invita a los cordobeses y a sus numerosos visitantes a pasear por una ciudad reconstruida a partir de descripciones literarias y testimonios arqueológicos de hace 2,000 años para descubrir que los romanos no están tan lejos de nosotros.

Esta muestra, realizada en colaboración con el Ayuntamiento de Córdoba, traslada a los visitantes a un paseo por una ciudad romana poco antes de la destrucción de Pompeya, en el año 79 d.C., en plena época imperial. La exposición transporta a sus calles en un día cualquiera: negocios, importancia del agua, olores, formas de expresión y religiosidad popular, entre otros; todo aquello que hervía alrededor de los grandes escenarios del senado, el foro, los teatros y el circo.

La vida cotidiana

Desde hace años, los arqueólogos e historiadores dedican especial atención a reconstruir la vida cotidiana de los pueblos antiguos. Hallazgos arqueológicos y textos literarios nos permiten saber con mucha exactitud cómo se organizaban las ciudades y cómo eran las persones que vivían en ellas. Pero incluso en el caso de las ciudades romanas más bien conservadas, como por ejemplo Pompeya, se hace difícil imaginar la actividad que se vivía en sus calles.

La muestra, de 400 metros cuadrados, da la bienvenida a los visitantes en una ciudad arquetípica del Imperio Romano y presenta un día cualquiera de esa ciudad, 24 horas en que descubrirán cómo era la vida en la calle y en el interior de una casa de una familia que podríamos considerar de clase media alta.

Bajo lo que conocemos como Imperio Romano se encuentra un conjunto de ciudades conectadas por vías terrestres y marítimas. Y un poder central: Roma. Cada ciudad dominaba un territorio y era, al mismo tiempo, mercado, núcleo administrativo y centro religioso. Contaban con extensas cuadrículas de calles bien pavimentadas, con alcantarillado y agua corriente. Como las actuales ciudades, las ciudades romanas también sufrían los efectos de la presión demográfica y la especulación del suelo, aspectos que se explican y pueden verse en Romanorum Vita.

Además, los visitantes descubren que, en las calles, artesanos y comerciantes desarrollaban todo tipo de actividades, y cómo estas se llenaban de gente. Paseando por una calle cualquiera o por delante del foro de una ciudad romana, los espectadores comprueban cómo eran las letrinas y el olor que desprendían. O cómo eran los comercios y que ya existía lo que podríamos considerar como el precedente de los locales de comida rápida.

Sumergirse en una ciudad

En la muestra se ha hecho un uso innovador de distintos elementos –desde la inclusión de ruidos y olores característicos de la época hasta la interacción entre el espacio escenográfico y un gran audiovisual– para lograr que los espectadores se sumerjan en la ciudad y descubran sus similitudes con la vida cotidiana actual. Uno de estos montajes audiovisuales se proyecta sobre la fachada de la domus, de 12 metros de ancho, y en él pueden verse los personajes clave de la ciudad romana gracias a un rodaje realizado con más de 30 figurantes.

Establecer paralelismos entre las ciudades romanas y las ciudades actuales es otro de los objetivos. En la ciudad romana, por ejemplo, la actividad no cesaba ni un instante, especialmente después de que un edicto de Julio César prohibiese la circulación de carros y animales durante el día para evitar accidentes. Así, de día las calles eran más seguras, pero el ruido nocturno aumentaba extraordinariamente. No era fácil dormir en una ciudad romana.

También se explica en la exposición cómo se establecían las relaciones sociales entre ciudadanos de distintas clases. En las ciudades romanas, ricos y pobres vivían mezclados. Todo el mundo compartía las incomodidades de una ciudad superpoblada.

Política y religión

La exposición detalla otros elementos importantes en la vida pública, como pueden ser la política y la religión. Las calles eran, en este sentido, espacios de convivencia y espacios religiosos. En las esquinas existían pequeños altares dedicados a las divinidades protectoras del barrio y sus vecinos. Cuando se acercaban las elecciones, las empresas de publicidad electoral daban a conocer a los candidatos: pintaban su nombre en las paredes, proclamaban sus virtudes y contrataban a personas para que pidiesen el voto a los ciudadanos.

Por último, los visitantes de Romanorum Vita pueden entrar a escondidas en una casa típica de la clase media alta romana, pasear por sus distintas estancias y descubrir su distribución, la decoración empleada, los vivos colores con que pintaban las paredes, etc.

Más que una exposición en la red

Romanorum Vita aprovecha los recursos de la red. En este sentido, se ha preparado una completa presencia en línea que, de forma paralela y complementaria, aporta una experiencia virtual enriquecedora a los visitantes.

También existe un catálogo digital y la explicación de cómo se ha realizado la exposición a partir de vídeos que muestran el rodaje con los actores, entre otros.

Por otra parte, se han creado varios contenidos didácticos para reforzar el carácter divulgativo de la muestra. Se ha puesto en marcha un blog destinado al público en general, pero también y muy especialmente para el público escolar y familiar, que incluye recomendaciones para antes y después de la visita, y que se actulizará a su paso por las distintas ciudades que visita la muestra. También se utilizan algunas de las posibilidades de las redes sociales para la dinamización de los contenidos y la difusión de la exposición, especialmente entre el público más joven.

Fuente: www://hoyesarte.com

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El exilio incómodo. México y los refugiados judíos, 1933-1945

LIBROS

AUTOR:    DANIELA GLEIZER
CENTRO DE ESTUDIO HISTÓRICOS DE EL COLEGIO DE MÉXICO
Edición   1a. , 2011    No. de páginas  321
ISBN    978-607-462-284-3
Síntesis:    A través de una minuciosa investigación basada en archivos de México y Estados Unidos, y en el análisis de un enorme corpus documental, esta obra responde con rigor académico a todas estas preguntas, adentrándose en un tema muy poco explorado por la historiografía mexicana. La historia que cuenta Daniela Gleizer pone sobre la mesa del debate historiográfico temas vinculados a la xenofobia y al racismo durante los regímenes posrevolucionarios, además de contrastar la imagen de México como país de puertas abiertas y enfatizar la discrecionalidad y selectividad de la práctica inmigratoria mexicana. El libro ofrece, además una novedosa óptica para el análisis de la historia mexicana posrevolucionaria, ya que la política hacia los refugiados judíos devela muchos de los conflictos subyacentes a la política y la sociedad mexicanas de la época.

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Egipcios con sensibilidad social

Este maravilloso documental ayuda a desmitificar el cliché de que las pirámides de Egipto fueron construidas por esclavos. Las evidencias muestran que el Estado faraónico se preocupaba por mantener en buenas condiciones a los trabajadores y la sociedad en general que creía que las pirámides eran necesarias para el bienestar de Egipto. Si de algo sirve la historia, es para darnos cuenta que hace más de 4,000 años los habitantes del país del Nilo ya sabían que el gobierno debe de servir al pueblo y no al revés. Esta visión se puede vislumbrar en estos párrafos provenientes de las Instrucciones al rey Merykara:

“Haz justicia y así perdurarás sobre la tierra;
Apacigua al que llora, no oprimas a la viuda,
No apartes a un hombre de las posesiones de su padre,
No disminuyas las posesiones del pueblo.
Guárdate de castigar equivocadamente,
No mates, no te será provechoso… ”

“No hagas distinciones entre el bien-nacido y el plebeyo,
Escoge al hombre según sus habilidades,
Entonces todas las artes prosperarán…
Haz tus monumentos hermosos para el dios,
Esto mantendrá vivo el nombre de quien lo hace,
Un hombre ha de hacer lo que es beneficioso para su Ba… ”

“¡No descuides mis palabras,
Que te instruyen, para que puedas gobernar la tierra,
Y puedas alcanzarme sin que nadie te acuse!…
Haz que seas amado por todos los hombres,
Un buen carácter es recordado
Cuando su tiempo ha pasado.
Que puedas ser llamado “aquel que acabó con la época de sufrimiento”, por aquellos que vendrán después…”

Las Instrucciones al rey Merykara c.2100-2050 a.C.

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La esclavitud negra en Argentina

De Cronista Por Naturaleza.

En una reciente edición digital del diario Tucumano “Contexto” puede leerse la siguiente información:

“Hallan un cementerio de esclavos en el monte Santiagueño”.

La noticia aclara que dicho descubrimiento se encuentra más bien escondido,  a 155 km de la capital de la provincia, cerca de San Félix ( lugar donde habitan hoy 200 descendientes de esclavos negros).

El lugar donde  duermen el sueño eterno  estas atribuladas almas se llama “Cruz Loma”, y su ocupación sin descanso mientras vivían era la de servir a sus amos feudales.

No existen papeles, ni lápidas que puedan testimoniar la  exacta antiguedad de semejante hallazgo, pero  se la calcula milenaria.

Según la misma nota, esta gran familia negra comenzó a procrearse a partir de la liberación de la pareja esclava configurada por Julián Guerra y Felipa Iramain.

Nó hay más datos a la vista, fechas , o detalles como para profundizar en el tema.

Quizás sus propios descendientes hayan aportado oralmente la información circunstancial, pero las noticias nos llevan a otro diario provincial.

Esta vez el diario” Panorama.com“, de Santiago del Estero nos muestra ya en un video que puede disfrutarse “online”  la palabra del Sr. Pascual Loyola hablando en primera persona y contando que él mismo fué criado en el monte. Se identifica como historiador, y afirma ser descendiente directo del matrimonio entre Felipa Guerra y Félix Alderete.

En  esta cadena de nombres , Don Felipe cuenta que su familia contenía miembros negros con los “cuerpos marcados”, y que su mamá era rubia, mientras que su padre, negro.

Por eso, él y sus allegados se autodenominan “overos”.

La historia es relatada desde  la tranquilidad de su rancho que los proteje del sol ardiente que brilla en la zona.

Pero la población negra esclavizada llegó a sumar más del 50% en algunas provincias argentinas durante los siglos XVIII y XIX.

La mayoría de los morochos provenía de las zonas del Congo, Angola y Guinea.

Sus familias hablaban la lengua “bantú”, y de los 60 millones que fueron enviados en las condiciones que todos imaginamos, sólo llegaron con vida 12 millones.

El rédito de lo trabajado, de más está decirlo, iba a parar al bolsillo de sus amos.

En los barrios porteños de Montserrat y San Telmo, habitaron los que no fueron a parar al interior del país. Y en Santigo del Estero, justamente el número de habitantes esclavos llegó a ser del 54%.

Trato de imaginarme caminando por las calles de mi presente, mezclándome de igual a igual con morochos y morochas en igual porcentaje.

Se me hace difícil, aunque me encantaría.

Una zona cercana al actual Congreso de la Nación se denominaba “Barrio del tambor”, y ya podemos imaginarnos la razón de su nombre…

Nuestros hermanos de color (negro) solían agruparse en “naciones”, a las que denominaban “Conga” , “Cabunda “, “Mozambique”, etc .

También tenían sus reyes y reinas, que en realidad eran elegidos democráticamente y que hasta se daban el lujo de recibir en sus “naciones” a altos funcionarios, como por ejemplo a Juan Manuel de  Rosas.

El barrio negro “El Mondongo” fue uno de los más grandes de Montserrat y se componía de 16 manzanas.

Las crónicas escritas por navegantes de la época, como por ejemplo la del capitán del Ejercito Británico “Alexander Gillespie (una ironía del destino , que su apellido fuera similar al del gran músico jazzero negro…), contaban el asombro que le producía a los europeos ver el “buen trato” a   que se los sometía por estos pagos.

Quizás no recibieran tantos latigazos  como en Brasil, pero aquí va un poco más de información.

En 1801 los soldados negros y mulatos libres fueron adoctrinados para la guerra.

Luego de las Invasiones inglesas de 1806, se formó un “ Cuerpo de esclavos”, a los que no se les entregó armas…

La Asamblea del año XIII [de las Provincias Unidas del Río de la Plata], que decretaba la famosa “libertad de vientres”, no reconocía en absoluto la libertad de los esclavos ya existentes. En síntesis, seguían apareciendo avisos en los diarios del momento para la compra y venta de los infortunados.

Hasta el año 1853 (no tan lejos en el tiempo, si lo meditamos…), en que se abolió la esclavitud formalmente , la llamada “Ley de Resacate “, obligaba a los propietarios de amigos negros  a cederlos en un 40% para  que prestaran servicio en el ejército, y si luego de 5 años sobrevivían… serían libres.

Parece que la Libertad, había que ganársela sí o sí.

Más adelante en el tiempo llegarían la Guerra del Paraguay y la Fiebre Amarilla, causantes de muchas bajas en las denominadas “naciones” negras.

Después de abolida la esclavitud, sólo 2 de los 14 colegios existentes en Buenos Aires  admitían niños negros.

En 1829  (cada vez más cerca de nuestro presente ) sólo 2 niños de origen afro podían ser aceptados por año en la Provincia de Córdoba en algún colegio.

Qué miedo…

Los afroargentinos comenzaron a publicar sus ideas por fin, y en un diario  de negra edición  llamado  “El Unionista”, en el año de 1877 declararon lo siguiente:

“La Constitución es letra muerta, y abundan los condes y marqueses,

los cuales siguiendo el antiguo y odioso régimen colonial

pretenden tratar a sus subordinados como esclavos

sin comprender que entre los hombres que humillan hay

bajo su tosco ropaje

una inteligencia superior a la del que ultraja.”

Qué miedo, sí.

Qué miedo me dan los hombres blancos.

CRONISTA POR NATURALEZA(Inés Ambrogio)

Nota de los editores:

A partir del 1º de mayo de 1853 en que entró en vigencia la Constitución de la Confederación Argentina, quedó abolida la esclavitud definitivamente. En su artículo 15 decía:

“En la Confederación Argentina no hay esclavos; los pocos que hoy existen quedan libres desde la jura de esta Constitución, y una ley especial reglará las indemnizaciones a que dé lugar esta declaración. Todo contrato de compra y venta de personas es un crimen de que serán responsables los que lo celebrasen, y el escribano o funcionario que lo autorice.”

Al incorporarse el Estado de Buenos Aires en 1860, se agregó este párrafo final:

Y los esclavos que de cualquier modo se introduzcan quedan libres por el solo hecho de pisar el territorio de la República.

Fuente:

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La historia detrás del primer museo del mundo

En 1925, el arqueólogo Leonard Woolley descubrió una curiosa colección de objetos mientras excavaba un palacio de Babilonia. Eran cosas de muchos tiempos y lugares diferentes, y sin embargo, estaban organizadas de forma clara y hasta correctamente etiquetadas. Woolley había descubierto el primer museo del mundo.
 Es fácil olvidar que los pueblos antiguos también estudiaban la historia –los babilonios que vivieron hace 2,500 años eran capaces de mirar retrospectivamente en los milenios anteriores de la experiencia humana. Eso es en parte lo que hace extraordinario el Museo de la princesa Ennigaldi. Su colección contenía maravillas y objetos tan antiguos para a ella como la caída del Imperio Romano lo es para nosotros. Pero también es un símbolo sombrío de una civilización agonizante consumida por su vasta historia propia.

El arqueólogo
El Museo Ennigaldi fue sólo uno de los muchos hallazgos notables hechos por Leonard Woolley, generalmente considerado como entre los primeros arqueólogos modernos. Nacido en Londres en 1880, Woolley estudió en Oxford antes de convertirse en asistente de guardián en la escuela del Museo Ashmolean. Fue allí donde Arthur Evans –el renombrado arqueólogo que estudió la civilización minoica en la isla griega de Creta– decidió que Woolley sería de más utilidad en el campo, y por eso Evans lo envió a Roma para empezar a excavar ahí.
Aunque Woolley tenía un añejo interés en las excavaciones, contaba con poca capacitación formal en lo que respecta a hacerlo técnicamente bien. Lo dejaron a su suerte como autodidacta, y así encontró sus propias técnicas e interpretaciones que influyeron en futuros arqueólogos. Justo antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, él exploró la antigua ciudad hitita de Carquemis junto con su joven colega T.E. Lawrence, quien hizo a un lado su historial como arqueólogo para asumir un papel más famoso como… bueno, como Lawrence de Arabia.

Woolley (der.) y Lawrence de Arabia

 Pero fue el trabajo de Woolley en la antigua ciudad mesopotámica de Ur lo que realmente consolidó y proyectó su legado histórico. A partir de 1922, Woolley excavó una gran porción de una ciudad-Estado antigua que había durado miles de años, desde la antigua civilización sumeria del 3,000 a.C. hasta el imperio Neo-Babilónico de 500 antes de Cristo. Uno de sus mayores descubrimientos –que se puede considerar el equivalente de la tumba del rey Tut, pero sumerio– fue el de la tumba de Shubad, una mujer de gran importancia en Sumer en el siglo 27, cuya tumba había permanecido inalterada durante 4,600 años.
Se trata de algo que desde el final de la existencia de Ur nos interesa en este caso particular. Y para eso, también podríamos ir directamente a las palabras del propio Leonard Woolley.

El descubrimiento
En su libro Ur de los Caldeos, Woolley hace el recuento histórico de sus excavaciones en un complejo del palacio de Ur. Este palacio en particular data del final de la larga historia de la ciudad-Estado, justo antes de la absorción de sus territorios por el Imperio Persa y el abandono de la ciudad alrededor de 500 a.C. Esta fue la época del Imperio Neo-Babilónico y Babilonia, mientras que (como era de esperar) era la capital de este imperio, la antigua ciudad de Ur seguía siendo importante por su ubicación estratégica cerca del Golfo Pérsico, y como un legado de lo que alguna vez fue una gran potencia.
 Como el propio Woolley lo explica en su libro, él y su equipo estaban seguros de estar excavando el último período de Ur, por lo que los artefactos encontrados, en particular la cámara, tenían para ellos muy poco sentido:
De repente, los trabajadores sacaron un gran óvalo con tapa de piedra negra cuyos lados estaban cubiertos con inscripciones en relieve; era una piedra que marcaba una frontera y registraba la posición y el esbozo de una propiedad de tierras, con una indicación de la manera en que legalmente había llegado a las manos del propietario y una maldición terrible dirigida a todo aquel que intentase eliminar aquel hito histórico o dañar o destruir el registro.
Esta piedra perteneció al período Kassita de alrededor de 1400 a.C. Casi tocándola, al lado había  un fragmento de estatua, parte del brazo de una figura humana donde aparecía una inscripción, y el fragmento había sido cuidadosamente recortado para darle un buen aspecto y preservar la escritura, y el nombre de la estatua era Dungi, el rey de Ur en el año 2,058 antes de Cristo. Luego apareció un cono cuya base de arcilla representaba a un rey de Larsa de alrededor de 1700 a.C., luego unas pocas tablillas de arcilla de aproximadamente el mismo período, y una gran piedra votiva –cabeza de maza– sin inscripciones, pero que bien puede haber sido más antigua en unos quinientos años.
 ¿Qué íbamos a pensar? Ahí había una media docena de diversos objetos encontrados en un impecable piso del siglo VI a.C., sin embargo, el más nuevo tenía setecientos años más que el pavimento y los primeros tal vez dieciséis siglos.
En este solo cuarto, Woolley había descubierto por lo menos 1,500 años de historia, todos mezclados, un poco como si alguien al azar encontrara una estatua romana y un trozo de mampostería medieval mientras hace la limpieza de su clóset. Dejados a su suerte, estos objetos nunca se hubieran hallado de esta manera. Alguien había estado tocándolos –pero nadie podría adivinar hacía cuánto tiempo y con qué propósito se había realizado dicha manipulación.

Hallazgo en Tell Asmar (cortesía de Gerardo P. Taber)

El Museo
Pronto se dio cuenta Woolley de que en realidad podría ser un antiguo museo, el equivalente del siglo VI a.C. del tipo de instituciones patrocinadoras de sus exploraciones. En efecto, una evidencia clave era la manera en que los artefactos estaban ordenados y dispuestos –mientras que desde una perspectiva temporal estaban todos mezclados, el que había reunido todos esos objetos hizo el trabajo  con muchísimo esmero y atención.
Lo concluyente fue el descubrimiento de la más antigua cédula de museo jamás conocida en el mundo. En su libro, Woolley narra cómo  encontró cilindros de arcilla en la cámara, cada uno con texto escrito en tres idiomas diferentes, incluido el idioma del antiguo sumerio y el más moderno (para el período) en lengua semítica tardía. Él cita una de estas descripciones, junto con una irónica evaluación de lo que ahí se decía:
“Estos”, dijo, “son copias de ladrillos encontrados en las ruinas de Ur, obra del rey Bur-Sin de Ur, que mientras buscaba el plano original [del templo] el gobernador de Ur encontró, y yo vi y escribí para la maravilla de futuros espectadores. “
Por desgracia, el escriba no era tan sabio como quería parecer, pues sus copias están tan llenas de errores que las hacen casi ininteligibles, pero sin duda hizo lo mejor que pudo, y es cierto que nos dio la explicación que queríamos. El salón era un museo de antigüedades locales …y entre la colección se encontró ese tambor de barro, la primera cédula de museo conocida, elaborada cien años antes y mantenida junto con  –es de suponer– los ladrillos originales, como un registro de las primeras excavaciones científicas en Ur.
Claro, Woolley no pensó mucho en la atención a los detalles del escriba. Pero le bastó su humildad para aceptar que fue sorprendido y en este caso fácilmente reconoció que la arqueología de Ur había estado prosperando durante unos 2,500 años antes que él hubiese puesto los pies allí. Y, aún más notable es que el museo más antiguo se anticipó a los primeros museos modernos por unos dos milenios.
El rey y el curador
Entonces, ¿quién fue el responsable de esta antigua maravilla llena de maravillas aún más antiguas? Ese honor le corresponde a la princesa Ennigaldi, la hija del rey Nabonido, el último monarca del Imperio Neo-Babilónico. Como era tradicional entre las hijas de los reyes de Mesopotamia, sus funciones principales eran de naturaleza religiosa, como sacerdotisas de la Diosa-luna Nanna y como administradoras de una escuela de jóvenes sacerdotisas. Alrededor de 530 a.C. Ennigaldi creó su museo. El hecho se acerca peligrosamente a todo lo que sabemos sobre la mujer detrás del primer museo del mundo.
Sabemos de cierto que el museo fue construido con el apoyo y el aliento de su padre el rey, él mismo entusiasta anticuario y coleccionista de artefactos antiguos. Es difícil saber de dónde le vino el interés en el pasado histórico, pero podría tener algo que ver con la información que él da y donde se describe a sí mismo de origen humilde y dice que si se sentó en el trono fue porque había destronado a su predecesor. Sin una rica historia regia y sin real alcurnia, es posible que Nabonido haya encontrado un sustituto en la antigua ciudad de Ur.
A tal fin, el rey emprendió lo que sería la contribución más duradera a la arqueología histórica, y que fue la restauración del gran zigurat de Ur. Si bien no estamos 100% seguros de para qué servía esta estructura masiva, es posible conjeturar que ese y otros zigurats fueron un tipo de templos –sabemos  que el zigurat sumerio original se había derrumbado en el tiempo en que Nabónido reinaba, y por lo tanto decidió restaurarlo para devolverlo a su antiguo esplendor. El descubrimiento de los restos de este segundo zigurat en el siglo XIX sería clave para la identificación de este sitio como la antigua ciudad de Ur, y a su vez la realización de las excavaciones de Leonard Woolley en la década de 1920.

El mundo que se muere
Puesto que no contamos con registros directos de Nabonido o Ennigaldi, sólo podemos conjeturar por qué decidieron crear el museo en Ur. Empero, en sus 1927 recuentos de sus resultados, Excavaciones en Ur: La Neo-Babilonia y el período persa, Leonard Woolley sospecha que fue el resultado natural de una era obsesionada con su pasado.
Que debe haber una colección es del todo congruente con la devoción del anticuario y en especial del gobernante Nabonido, cuya hija puede ser asociada con este edificio. Que el museo sea relacionado con la escuela no debe sorprender a nadie. A menudo las escuelas fueron organizadas en los templos, y por lo menos algunas de las enseñanzas eran ilustradas con los testimonios materiales de la antigüedad. En las escuelas de Larsa nos encontramos con que las copias de antiguas inscripciones históricas existentes en la ciudad eran objetos normales de estudio.
Como es tal vez propio de una ciudad que llega al final de más de dos mil años de historia, la Ur del reinado de Nabonido se vio inundada por un sentimiento de nostalgia abrumadora expresado en la fascinación por los tiempos pasados. Eso no es sorprendente por completo –incluso la escuela para sacerdotisas de la princesa Ennigaldi ya tenía 800 años cuando ella asumió el cargo, por lo que es aproximadamente tan antigua como Oxford y Cambridge lo son para nosotros ahora. Ur se había convertido en un gran museo que conmemoraba tiempos muy remotos.
De hecho, Ur fue sólo el ejemplo más extremo de todo un imperio dominado por la nostalgia. El Imperio Neo-Babilónico lanzó una mirada retrospectiva muy consciente del pasado, ya que representaba el primer período de soberanía después de siglos de dominación por parte de sus vecinos del norte. Lo podemos ver en las inscripciones imperiales, que se remontan a las expresiones de por lo menos 1,500 años atrás, y que de pronto empezaron a aparecer en diversas partes, así como selecciones de textos en lengua sumeria, muerta hacía mucho tiempo. Incluso el sistema de escritura fue alterado para que pareciera que se había hecho miles de años antes.
En ese contexto, la invención del museo en el año 530 a.C. no parece particularmente nuevo o revolucionario. En cambio, parece la evidencia de una civilización consumida por su propia historia y con miedo a entrar en el futuro. En retrospectiva, tenían buenas razones para temer, tomando en cuenta que sus vecinos en el este de Persia pronto conquistarían el imperio y Ur sería abandonada, víctima de una grave sequía y los caprichos del río Éufrates.
Y aun con todo aquel estancamiento cultural, la princesa Ennigaldi y su padre tuvieron una brillante idea que permanece vigente 25 siglos más tarde.

Fuente: http://www.uk.io9.com
Traducción de Mariano Flores Castro

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