Archivo de la categoría: Historia

Un reconocimiento a las mujeres que fueron, son y luchan por ser agentes de cambio social

Por Etnlga. Laura Ivonne Quiroz Castillo

Colaboradora del Correo de las Culturas del Mundo

 

El Día Internacional de la Mujer, celebrado por primera vez por la Organización de las Naciones Unidas el 8 de marzo de 1975, es referido por este organismo como un reconocimiento a las mujeres corrientes como artífices de la historia; es decir, como activas participantes en la sociedad en su lucha en pro de la igualdad, la justicia y el desarrollo.
image

Sufragistas

El origen de esta conmemoración, puede trazarse desde finales del siglo XIX cuando la industrialización trajo consigo diversos cambios sociales y políticos, sobre todo en el ámbito laboral; desde el cual, influenciadas por el movimiento obrero, mujeres trabajadoras de la industria textil salieron a las calles de Nueva York para protestar contra las míseras condiciones de trabajo a las que estaban sometidas y demandar igualdad de derechos laborales que los hombres. Movilizaciones similares que incluían marchas, huelgas y mítines, se hicieron oír desde grupos y partidos socialistas en distintos países a lo largo de las primeras décadas del siglo XX, a las cuales se sumaron otras demandas como el derecho a la participación política, la no discriminación laboral y el derecho a la formación profesional.

1962 estudiantes afganas de medicina

1962. Estudiantes de medicina en Afganistán

Dentro de las manifestaciones que destacan se encuentran el establecimiento de días dedicados a las mujeres trabajadoras, en cuyos marcos se incluyeron movimientos en pro de la paz surgidos en vísperas de la Primera Guerra Mundial, en las que, según la cronología presentada por la Organización de las Naciones Unidas:
“…las mujeres rusas celebraron su primer Día Internacional de la Mujer el último domingo de febrero de 1913. En el resto de Europa, las mujeres celebraron mítines en torno al 8 de marzo del año siguiente para protestar por la guerra o para solidarizarse con las demás mujeres cuyos maridos, padres, hijos y hermanos eran llamados a los frentes de batalla, de los cuales muchos de ellos ya no regresaron.”1
Se calcula que Europa perdió dos tercios de su población masculina a causa de la Gran Guerra, lo que llevó a las mujeres a cumplir nuevas funciones. Si bien muchas de ellas, participaron como enfermeras profesionales o voluntarias, o bien, su trabajo en la industria textil era significativo, muchas otras fueron contratadas por otras industrias para hacer frente a la escasez de la mano de obra en fábricas.
Esta serie de hechos ampliaron la visión del papel de la mujer en la sociedad, cambiando la perspectiva de lo que las mujeres podían hacer y su lugar en la fuerza de trabajo; alentando así al movimiento feminista, cuya principal demanda fue el sufragio universal, el cual “apareció como una forma de encuadramiento de mujeres de todas las clases sociales, a pesar de sus distintas ideologías y objetivos, pero coincidentes en reclamar el derecho a la participación política, uno de cuyos requisitos es el voto, para reformar la legislación y la costumbre y, en consecuencia, la sociedad”2.

OBTENCIÓN DEL SUFRAGIO FEMENINO EN ALGUNOS PAÍSES

Nueva Zelanda      1893                     Italia                   1945
Australia                 1901                     Argentina          1947
Finlandia                1906                     India                   1947
Reino Unido           1918                    China                   1947
Alemania                1918                     Japón                  1947
Rusia                        1918                    Siria                     1949
Bélgica                    1919                     Brasil                   1952
Estados Unidos    1920                    México                 1955
Suecia                     1921                     Egipto                  1956
Uruguay                 1927                    Argelia                 1962
España                    1931                    Afganistán         1963
Turquía                   1930                    Irán                      1963
Cuba                        1934                    Angola                 1975
Bolivia                    1938                    Sudáfrica             1994
Francia                   1945                    Arabia Saudita   2015 (Sólo elecciones locales)
Si bien el derecho de las mujeres al voto fue incluido en la Declaración Internacional de Derechos Humanos en 1948, la lucha por los derechos de la mujer, incluyendo su participación política y social, así como por el total reconocimiento legal y social del ejercicio de sus facultades y derechos en su desarrollo íntegro como persona ha sido largo; tanto que podemos encontrar, a lo largo de la historia, testimonios que anteceden y suceden los hechos descritos en esta breve nota.
En este marco, El Correo de las Culturas del Mundo ha hecho una selección de artículos en los que se reivindica el destacado papel de mujeres como generadoras, guardianas y transmisoras de cultura, hecho que revela una complementariedad irónica al nombrar como “patrimonio” -es decir, lo que se recibe por línea paterna- a este conjunto de expresiones y conocimientos que son sustrato de una identidad.
Referencias:
  1. http://www.un.org/es/events/womensday/
  2. FRANCO RUBIO, Gloria Ángeles, “Siglo XX” Historia Universal. Madrid, 1983

Contenido

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Cultura, Historia

Enheduanna, la primera escritora de la Historia

Por Pepe Cervera

Antes de Acadia y de Ur hubo imperios y ciudades; antes del sumerio hubo lenguaje, y antes del cuneiforme hubo alguna forma de escritura. Antes de que en las llanuras de Mesopotamia crecieran los templos de barro y piedra hubo arte, entendido como formas de comunicación que movían sentimientos. Lo que no conocemos antes de Enheduanna, ‘Gran Sacerdotisa adorno de An’ y su obra es la existencia de ningún autor. Sabemos que buena parte de los bisontes de Altamira fueron trazados por la misma mano; una mano genial capaz de dibujar el perfil de un animal de un solo trazo provocando emociones más de 150 siglos después de su pintura. Pero nunca sabremos su nombre. Conocemos eximias pinturas, esculturas y obras arquitectónicas del remoto pasado mesopotámico o egipcio, pero no sabemos quién las hizo. El primer autor conocido de una obra de arte era poeta, y era una mujer, y era aristócrata y alto cargo de su gobierno. Antes de ella hubo creadores, pero ella es la Primera Autora de que tenemos noticia: la más remota asociación que conocemos entre una obra y una persona concreta, de existencia probada, con una vida y una historia propias: Enheduanna, la Primera Autora.

Enheduanna

Era hija de Sargón I de Acadia, conocido por ‘el grande’, el primer rey que unificó las ciudades estado de la Alta y la Baja Mesopotamia en un único imperio. En la batalla de Uruk, hacia el año 2271 adC, venció la última resistencia y controló desde entonces una vasta región desde el Mediterráneo hasta el Mar Rojo hasta su muerte, hacia el 2215 adC. Sargon se casó con Tashlultum, de la que tuvo varios hijos; entre ellos a Enheduanna, a la que instaló como Gran Sacerdotisa del Dios-Luna Nanna (también conocido como Sin) en la ciudad de Ur. Era una inteligente decisión estratégica puesto que Ur era una de las ciudades más importantes de la recién conquistada región de Sumeria, al sur de Mesopotamia, y uno de los más importantes santuarios de Nanna-Sin, el dios principal del panteón de la época. Sus funciones eran por tanto religiosas y políticas, y debió ser hábil en cumplirlas, porque su puesto se institucionalizó y perduró tras su muerte. Su existencia histórica está demostrada por un disco de alabastro hallado en la zona más secreta del templo de Nanna en Ur (mostrado arriba), y por otras piezas de joyería.

Pero aunque su advocación oficial era Nanna la pasión de Enheduanna claramente era su hija en el panteón mesopotámico: Inanna, diosa de la guerra y del amor, reina de la primavera/verano, resucitada de entre los muertos tras bajar al Inframundo a enfrentarse con su némesis y casada con Dumuzi, rey del otoño/invierno. Asociada con el planeta Venus, es la posterior Ishtar, y se la identifica con la Afrodita griega y la Astarté fenicia, y a través de ellas con la Venus romana la Diosa Madre por excelencia, cuya mitología es clave en la creación de la virgen María cristiana. Inanna no sólo reinaba sobre la guerra y el amor (que no el matrimonio), sino que mediante un subterfugio (emborrachándolo) había conseguido robar al poderoso dios Enki los ‘Me’, las invariables reglas de conducta necesarias para la civilización humana; los algoritmos del comportamiento más avanzado, como los oficios del pastor, el herrero o el escriba, las dignidades de los sacerdotes, las historias del descenso y ascenso del Inframundo o la narración del diluvio. Adoptaba así las características de Prometeo, robando aspectos vitales de la civilización a los mismos dioses para dárselos a los humanos. Simbólicamente la igualdad o incluso preeminencia de Inanna frente a su padre Nanna-Sin representaba el derecho de los Acadios a gobernar a los Sumerios en pie de igualdad.

Enheduanna compuso numerosos poemas o cantos de temática religiosa, algunos en forma de himnos, otros directamente dirigidos a Inanna. De los himnos se conservan 42 que exaltan diversos templos en ciudades de Sumeria y Acadia como Eridu, Sipar y Esnunna, y que se han recuperado de 37 tabletas procedentes de Ur y Nippur, lo que demuestra que se usaron durante siglos en las devociones. Constituyen uno de los primeros intentos conocidos de sistematizar una teología; explícitamente Enheduanna escribe que ‘algo se ha creado que nadie creó antes’. Además escribió la ‘Exaltación de Inanna’ o ‘Nin-Me-Sar-Ra’, 153 líneas dedicadas a la diosa en las que Enheduanna narra también su propia expulsión de Ur (¿quizá durante una revuelta nacionalista?) y su posterior retorno a la ciudad. También se conserva un ‘Himno a Nanna’ y fragmentos de otros trabajos, así como un himno dedicado a ella por un autor posterior que narra su apoteosis (su deificación tras su muerte). Especialistas en la literatura mesopotámica creen que otros textos podrían ser obra suya.

De modo que el primer autor conocido de la historia, con nombre, circunstancias personales y su propia entidad como persona, era una mujer. Antes de ella no nos consta que las personas que creaban o inventaban algo quedaran asociadas a sus creaciones; de hecho sabemos que en la cultura mesopotámica la actividad de la construcción de templos y edificios era casi sagrada, y sin embargo no había un personaje equivalente a nuestro arquitecto, en el sentido de un creador. Mucho menos lo había en las representaciones de las pinturas rupestres, o entre las narraciones y poemas de la literatura oral anterior a la escritura. Enheduanna no es sólo la más antigua autora literaria que conocemos, sino la prueba de un cambio en la relación entre la gente y la cultura; el nacimiento de una idea antes desconocida, la de que una obra tiene un autor, que una creación cultural deriva de una persona particular. Que la primera obra literaria con autor conocido provenga de una mujer también nos hace reflexionar sobre el papel que en la cultura y en la historia ha tenido este sexo. Tal vez las sociedades del remoto pasado, de hace casi 4500 años, no fueran tan primitivas como tendemos a imaginarnos.

Fuente: Retiario. Blog de ciencia

Deja un comentario

Archivado bajo Arqueología, Cultura, Historia, Letras del mundo

La suplantación mágica en el siglo XV hispánico

por José Fierros Millán y José Antonio González Gómez

En el medioevo europeo, se creía que los duendes, hadas, faunos u otras criaturas mágicas solían entrar en los hogares humanos para robar por las noches a los niños de sus cunas y llevárselos con ellos, ya sea para criarlos como ellos o para destruirlos.
El robo iba acompañado por el acto de dejan en el lugar del niño robado, a uno de los suyos a manera de un sustituto mágico que, si bien tenía su apariencia (adquirida por medios mágicos), no crecía, lloraba mucho, comía poco o en exceso, estaba siempre flaco y consumido, etc., en suma tenía hábitos extraños e inusuales, que lentamente la familia sustituta notaba. (Ashliman, 1997)
Para intentar recobrar al niño robado, se procedía a llamar a un especialista ritual que sometía al sustituto mágico a una serie de imprecaciones, exigiéndole que se devolviera al niño hurtado y que la criatura sustituta se mostrara tal y como verdaderamente era, arrojándole agua sagrada, a fin de que se purificara, de que el hechizo se rompiera y que el sustituto desapareciera. (Ashliman, 1997)
Si esto no funcionaba, se debería realizar un recorrido ritual (una peregrinación) a fin de recobrar al niño hurtado o perdido en la misma tierra mágica adonde estaba en poder de sus captores mágicos, en un acto inverso correspondiente al ritual de rapto o robo que se había realizado. (Ashliman, 1997)

Las creencias mágicas sobre los suplantados

De acuerdo con estas creencias (común entre los pueblos europeos medievales), ciertos espíritus o seres mágicos (hadas, gnomos o faunos) sustraían a los niños humanos y depositaban en su lugar a sus propios hijos; este último llevaba un nombre que variaba según los países y regiones, pero que se refería en la mayoría de los casos al proceso de sustitución que explicaba su presencia entre los hombres.
Así los términos para “niño cambiado” o “suplantado”, eran en Francia Changeling, en Inglaterra, Fairy y en Alemania, Wechselbalg y en España, posiblemente Quebrado ó Encantado (Schmitt, 1984: 127)
De acuerdo con los relatos folklóricos europeos, el rapto mágico de infantes era de esperar en las horas o en los días que seguían al nacimiento, sobre todo cuando el niño no estaba aun bautizado y se encontraba privado de su nombre; en estos días (tiempos marginales o tiempos vacíos) había que rodearlo de múltiples protecciones mágicas y sobre todo, el evitar dejarlo solo. (Schmitt, 1984: 127, 128)
Las protecciones mágicas para el infante eran el cerrar cuidadosamente la puerta de la habitación, encomendar la protección y cuidado del niño a un ave o un perro domésticos, dejar arder una vela o lamparilla en la habitación, depositar un poco de sal en las proximidades de la cuna, etc. (Schmitt, 1984: 128)
Sin embargo, la literatura y el folklore de raíces medievales narran que muchas veces a pesar de estas precauciones (sobre todo cuando la madre se aleja para trabajar) el niño es arrebatado y un suplantado lo substituye; luego del cambio, la familia observa que el niño caía enfermo, que resultaba imposible hartarlo y no cesaba de desmejorar. Para los especialistas de los relatos no cabía la menor duda, que la sustracción se había llevado a cabo. (Schmitt, 1984: 128)
Los relatos proponían varios medios para desembarazarse del suplantado (reconocido por las señales anteriores) así como para recuperar al propio hijo; estos medios eran:

Hacer sufrir al suplantado, para que sus gritos de dolor atrajeran a sus verdaderos padres y les incitaran a llevárselo de nuevo; para ello, se le podía golpear o simplemente fingir que se le quemaba o que se le arrojaba a un recipiente de agua hirviendo.
Abandonar al suplantado, depositándolo en un cruce de caminos solitario, en un punto de contacto de tres comarcas o en la confluencia de tres ríos, para que así lo recuperaran sus mágicos progenitores; la madre lo abandonaba allí, se alejaba observando un silencio total y regresaba al primer grito del niño, esperando que así le  habrían devuelto su hijo, en lugar del suplantado.
Es importante distinguir entre los testimonios folklóricos y etnohistóricos existentes, la creencia en la existencia de los suplantados y las creencias en los raptos de niños que las “lamies”, “lamias”, “striges”, “mujeres-dragones”, “mujeres infernales” realizan en las noches; estas entidades se apoderaban de los niños, los devoraban en ocasiones pero no los substituían por ningún otro. (Schmitt, 1984: 128, 129)

El_Lazarillo_de_Tormes_de_Goya

Goya, el Lazarillo de Tormes

¿Un ritual de anulación de sustitución en la España Bajomedieval?

En la España del siglo XV, la idea de niños tomados por entidades relacionadas con fuentes y ríos, sobre todo en las zonas hispanas con tradiciones asociados al folklore céltico, era aparentemente común; dichas entidades recibían los nombres de fadas y mouras en Galicia, xanas en Asturias, fada y goljas en Cataluña.
En el caso de las mouras de Galicia, el actual folklore popular español menciona el hecho de que las Mouras salen de sus pozas, cuevas, ríos y fuentes con bastante frecuencia a tomar el sol en vez de preferir el cobijo de la noche, portando varios objetos que son beneficiosos; se cuenta que si se dejan ver con cántaros de agua y luego desaparecen dejándolos en el suelo, la persona que se los lleve a su casa puede dar de beber con esa agua a algún animal enfermo con la seguridad de que sanará (García Quintela, 2004: 56-60 / Morales, 1997: 81-89)

La Moura se presenta ante el humano como bella mujer de larga cabellera o como gran serpiente; se maneja como un hecho probado, a la par de simbólico, que en Galicia a las mouras se las asocia frecuentemente con las serpientes y con la noche de San Juan, fecha en la que aparecen en la noche previa o en el amanecer de ese día. En determinadas fechas, y sobre todo en el día de San Juan, salen a la superficie del agua y se colocan a un lado de la fuente, cueva o castro que les sirve de morada, lavándose y peinando sus cabellos con peines de oro (García Quintela, 2004: 56-60).
Sin embargo, en estos relatos no se habla claramente de una sustitución, se especula intercambio de dones, que niñas pueden acercarse a las mouras y peinarlas a cambio de regalos, de favores sexuales donde el varón soltero es recompensado y los hijos productos de la unión son conservados por la madre mágica.
Pero una confesión proporcionada por Leonor Cifuentes en 1494 puede dar luz sobre el asunto, pues constituye un claro relato de un ritual destinado a anular una posible sustitución mágica de un infante.
Dicha confesión fue de caracter inquisitorial y fue presentada por el gran investigador Sebastián Cirac Estopañan (Los procesos de hechicerías en la Inquisición de Castilla la Nueva) y citada posteriormente por el antropólogo Gonzalo Aguirre Beltrán  (Aguirre, 1992: Vol. VIII, 42).
En esta confesión, Leonor Cifuentes dijo que por 1482 ó 1483, un vecino suyo llamado Juan del Castillo y su mujer Mari Sánchez, tenían un hijo de edad de año y medio o dos años, y esta criatura estaba flaquita y no crecía ni comía y no hacía más que llorar, preguntándose tanto su padre como su madre, qué podrían hacer.
Esto pasó cuando una judía se acercó a su casa y los padres le contaron el caso y ella les dijo que pidiesen por amor de Dios, en tres casas que tuvieran padre, madre, suegra y suegro y que la señora de cada casa se llamase María, un poco de harina de trigo.
Así a cada señora María se le pidió harina, repitiéndose esto en cada casa; ya teniendo la harina, había que amasarla, y se hizo con esta masa, un rollo y una torta.
La torta debería dársele en nombre de Dios, al primer pobre que viniera y que luego los padres tomaron el rollo y con él a la criatura, para luego reunir a tres personas que deberían ser el padre (Juan del Castillo), su madre (Mari Sánchez) y un vecino o vecina (que fue Leonor Cifuentes).
Los tres salieron de la casa y junto con el niño, fueron juntos caminando sin hablar con ninguna persona, hasta el lugar donde no se oyó ya el canto de gallo ni gallina.
Una vez llegado a este lugar,  el grupo se salió del camino y entró al campo, se hizo un hoyo en él y se metió en este al niño junto con sus ropas, poniendo el rollo de masa alrededor de la cabeza del infante.
Hecho esto, los tres caminaron por el campo, cada uno por su lado, teniendo como centro el agujero con el niño. Luego todos regresaron al hoyo y tomaron el rollo, estando las manos del niño metidas en este rollo de masa; el rollo fue partido en tres pedazos y el padre, la madre y la vecina tomaron un pedazo cada uno y lo arrojaron en el campo por separado y cada uno dijo tres veces al momento de arrojar el pedazo de rollo:
Arenas del campo,
tomad este llorado
y dame tu callado.
Después de hacer esto, el grupo sacó la criatura del hoyo, le desnudo y tomó la ropa y su frazada, enterrándola en el hoyo hecho, para luego vestir al niño con otras ropas, traídas ex profeso.
Ya de regreso siguiendo el camino y cargando al niño, se encontraron con un caminante y le preguntaron, presentándole al niño:
¿Cómo llamaremos a este niño que nos hemos hallado?
El caminante les respondió que Juan porque él se llamaba así y así se tomó el nombre, porque cualquier nombre que hubiera dicho, le hubieran tomado y así le habrían de llamar en su casa al niño, durante siete u ocho días.
Luego, ya llegando a la casa del dicho Juan del Castillo, los tres bañaron al dicho niño con agua de romero e hisopo para que se curase y se hiciera fuerte. (Aguirre, 1992: Vol. VIII, 262, Nota 29 que cita a Estopañan, 1942: 90)
Bibliografía

Aguirre Beltrán, Gonzalo
1992      “Medicina y magia: El proceso de aculturación en la Estructura Colonial” en  Obra Antropológica, Vol. VIII, FCE-INI-UV-Gobierno del Estado de Veracruz, México.
Ashliman, D.L.
1997    Changelings, ensayo electrónico en http://www.pitt.edu/~dash/changeling.html
Blázquez, Miguel Jan
1984   La hechicería en la región murciana: procesos de la Inquisición de Murcia 1565 -1819, Ed. Caja de Murcía, Murcía, España
García Quintella, Marco V.
2004   Mitos Hispanicos II: Folklore e ideología desde la Edad Media hasta nuestros días, Col. El Pasado Legendario, Ediciones Akal, Madrid, España
Morales, María de la Luz
1997       Tradiciones Iberas, Col. Biblioteca Araluce, Ed. Anaya, Madrid, España
Schmitt, Jean-Claude
1984       La herejía del Santo Lebrel: Guinefort, curandero de niños desde el siglo XIII, Muchnik Editores, Barcelona, España.

Fuente: Ensayo amablemente cedido al CCM por sus autores.

Deja un comentario

Archivado bajo Cultura, Historia, Libros

La ciudad perdida de Mahendraparvata, Camboya

La historia tiene un atractivo incomparable: en pleno siglo XXI, un grupo de arqueólogos descubre en la jungla de Camboya una ciudad de hace 1200 años gracias a una sofisticada técnica —LIDAR— que utiliza un láser acoplado a un helicóptero para penetrar el denso follaje y revelar los grandes secretos que esconde una de las grandes civilizaciones de Asia. Por si fuera poco, para acceder al lugar los científicos tienen que recorrer barrizales infestados de alimañas y campos en los que las minas antipersona del Jemer Rojo están siempre al acecho. Pero no importa, porque el descubrimiento de una ciudad perdida, que ha pasado desapercibida a los saqueadores, bien merece correr el riesgo.

MahendraparvataScan_e_0618
La ‘exclusiva mundial’ del hallazgo la publicó el pasado sábado el Sydney Morning Herald, y sería el argumento perfecto para la quinta entrega de las andanzas cinematográficas de Indiana Jones si no fuese porque tiene una pequeña pega: es una verdad a medias. No en vano, muchos de los edificios cuyo descubrimiento se había atribuido al grupo de científicos liderado por Jean-Baptiste Chevance, director de la Fundación de Arqueología y Desarrollo de Londres, eran bien conocidos desde hace años. Se trata del conjunto de Mahendraparvata, situado en la montaña de Kulen —libre de artefactos explosivos—, al norte del mayor complejo de templos hinduistas del mundo, Angkor.

o-MAHENDRAPARVATA-facebook

“Para ser honestos, no es totalmente nuevo”, reconoció ayer Chevance, que ha estado trabajando en el proyecto desde 2008 y que culpó de la exageración que se ha hecho del proyecto al sensacionalismo del rotativo australiano. “Lo que sí es novedoso es la utilización de la técnica LIDAR para ir más allá en el estudio. Así hemos conseguido desvelar una red de carreteras, canales y diques que conectan los monumentos que ya se conocían”. Lo que sobre el terreno parecían surcos y agujeros sin relevancia alguna es, en realidad, un complejo sistema de comunicaciones en el que el agua, en cuya compleja distribución se han encontrado hasta presas, juega un papel primordial.
Y es esa revelación la que confirma que Mahendraparvata era una ciudad y no un simple conjunto de edificios. “Con este instrumento, de repente, hemos visto inmediatamente la imagen de una ciudad cuya existencia nadie había conseguido certificar”, comentó al diario australiano The Age otro de los científicos, Damian Evans, director del Centro Arqueológico de la Universidad de Sydney en Camboya. “Estamos hablando de una ciudad que tiene más de mil años y que es completamente subterránea. Lo que ves cuando estás allí es una montaña agujereada, y si no sabes lo que hay podrían parecerte agujeros naturales”, añadió el cartógrafo del grupo, Stephane De Greef.
El hallazgo supone que la imponente capital del imperio jemer fue casi cuatro veces mayor a lo previamente estimado
El hallazgo, que se publicará íntegro esta semana en Proceedings of the National Academy of Sciences de Estados Unidos, supone que la extensión de Angkor, la imponente capital del imperio jemer, fue casi cuatro veces mayor a lo previamente estimado. “Queda claro que el centro urbano se extiende hasta unos 35 kilómetros cuadrados, mucho más que los 9 kilómetros cuadrados delimitados por el perímetro de Angkor Thom —el principal núcleo de templos—”, afirma Evans.
“Este es el mayor avance en nuestro conocimiento de Angkor desde que se descubrió la ciudad hace un siglo”, añade el arqueólogo Michael Coe, que ya propuso hace 60 años el uso de láser para hacer una cartografía detallada del lugar. Según el texto presentado por los científicos, cuyo proyecto ha costado unos 250.000 dólares y ha cubierto 370 kilómetros cuadrados durante una semana de vuelos, se confirma que Angkor no era una capital con núcleos urbanos dispersos, sino “una ciudad densamente ocupada, con calles y avenidas alineadas con los puntos cardinales”. Era, en definitiva, el espectacular corazón de un imperio cuya influencia se extendió por gran parte del sudeste asiático.
Según las novedades reveladas por el estudio, ya en el siglo XII la urbe contaba con una población muy elevada —expertos como Bernard-Philippe Groslier la cifran en hasta 1,9 millones de habitantes— que sobrevivía gracias a la importación de alimentos de las zonas rurales. No obstante, según declaraciones de los expertos recogidas por el diario local Phnom Penh Post, esa dependencia del exterior, sumada a las sequías, fueron determinantes en el colapso de la antigua civilización jemer, y no la invasión de los tailandeses, como se pensaba hasta ahora.
Sin duda, estos hallazgos dan fuerza a quienes llevan años pidiendo a la UNESCO que incluya la montaña Kulen en su listado de Patrimonio de la Humanidad. Pero quienes realmente se frotan las manos son los establecimientos turísticos, que ven un nuevo filón en Mahendraparvata. “Ya hay visitantes que van a la montaña. Todavía no son muchos, pero es posible que no tarden en fletar autobuses. Porque además de los templos —el equipo de arqueólogos ha descubierto 30 nuevos— el lugar ofrece cascadas preciosas y piscinas naturales para bañarse”, cuenta a EL PAÍS Omar Havana, un fotoperiodista español establecido en Siem Reap, la ciudad desde la que parten todas las expediciones a Angkor, que actualmente recibe un millón de visitantes al año. “El descubrimiento de los canales y los enlaces de la ciudad es importante porque puede aclarar muchas cosas sobre el comienzo del imperio jemer”, valora.
Sin duda, el trabajo no ha hecho más que comenzar. Los arqueólogos, que han trabajado en cooperación con el gobierno camboyano, ya han anunciado que quedan por delante años de estudio con un objetivo claro: desentrañar el funcionamiento y la caída del mayor núcleo urbano pre industrial del mundo, cuya hegemonía en el sudeste asiático se extendió durante seis siglos. Evans ya maneja una teoría: “Quizá tuvo tanto éxito que, finalmente, fue imposible administrarlo”.

Deja un comentario

Archivado bajo Arqueología, Historia, Patrimonio

La Alhambra de Granada

CONSTRUIDA PRINCIPALMENTE en los siglos XIII y XIV, la Alhambra (del árabe, Al Hamra, es decir, la Red) es una antigua mezquita, palacio y fortaleza construida por los reyes moros de Granada, en el sur de España.
Tras la conquista cristiana de la ciudad en 1492, se introdujeron modificaciones en los edificios dentro de la Alhambra. En particular, Carlos V reconstruyó partes del complejo de estilo renacentista de la época, y destruyó la mayor parte del palacio de invierno para dar lugar a una estructura de estilo renacentista, que nunca se ha completado. En siglos posteriores, el arte morisco fue desfigurado y algunas de las torres fueron destruidas.

Alhambra 12
Napoleón, de hecho, intentó hacer estallar todo el complejo, pero su plan fue frustrado por uno de sus soldados, que se negó a seguir el plan de su comandante y decidió desactivar los explosivos, por lo que salvó a la Alhambra para la posteridad.
La parte árabe de la Alhambra se asemeja a muchos reductos cristianos medievales, tres tantos de palacio, el palacio residencial y un edificio anexo para los subordinados. El detalle ornamental extremadamente intrincado en la Alhambra musulmana está en marcado contraste con el palacio renacentista de Carlos V, que consiste principalmente de paredes blancas y sin características notables particulares.

The_Moor's_tears-Alhambra-Spain
La Sala de los Abencerrajes deriva su nombre de una leyenda según la cual Boabdil, el último rey de Granada, después de haber invitado a los jefes de ese ilustre linaje a un banquete, ahí fueron masacrados. Esta habitación es un cuadrado perfecto, con una elevada cúpula y ventanas enrejadas en su base. El techo está exquisitamente decorado en azul, marrón, rojo y oro, y las columnas de soporte brotan en forma de arco de manera muy hermosa. Frente a esta sala está la Sala de las Dos Hermanas, así llamada debido a las dos muy hermosas losas de mármol blanco estructuradas como parte de la acera.

Deja un comentario

Archivado bajo Arqueología, Arte, Historia, Patrimonio

Bernal no es un fantasma

Pablo Escalante Gonzalbo

Dos cronistas de la Nueva España conocieron a Bernal Díaz del Castillo en Guatemala y supieron de su obra en proceso, Alonso de Zorita y fray Juan de Torquemada (antes de ordenarse y residir en el valle de México). No hay motivo para dudar de la palabra de ninguno de los dos. Otros, como Muñoz Camargo y Antonio de Herrera, no lo conocieron personalmente pero vieron el manuscrito. El autor de la Historia verdadera dice llamarse Bernal Díaz y haber nacido en Medina del Campo; Duverger indica que no podemos comprobar tal nacimiento, pero es que no hay libros parroquiales de ese periodo. Lo que sí se conserva es un documento de embarque de un Bernal Díaz, originario de Medina del Campo, que habría zarpado rumbo a América en 1514. Y no es poca cosa. El año coincide con la fecha en la que Bernal afirma haber empezado sus servicios a la Corona, en la expedición de Pedrarias Dávila, si bien es cierto que hay una discrepancia de meses que nos impide saber cómo pudo sumarse a la hueste de Pedrarias.

Bernal Díaz del Castillo

Bernal Díaz del Castillo

Hay un trasunto de un documento de 1522 en el que Cortés concede a Bernal una encomienda. Siempre se puede dudar de los trasuntos, así lo hace Duverger. Esta copia de la merced figura en un expediente que documenta los afanes infructuosos de Bernal por obtener algunos beneficios de las autoridades novohispanas. Muchos conquistadores con méritos se vieron obligados a apelar al rey para reivindicar servicios que las autoridades locales no les reconocían.
 Está bien documentada la presencia de Bernal Díaz en Guatemala a partir de 1544. Matrimonio, hijos, bienes, participación en el Cabildo, etcétera. En 1563 Bernal Díaz fue testigo a favor de una hija de Pedro de Alvarado; según el escribano, Bernal habló de “muchas cosas que este testigo tiene escritas en un memorial de las guerras, como a persona que a todo ello estuvo presente”. En lenguaje de la época, se entiende que el memorial lo ha escrito él, en opinión de Duverger quiere decir que lo tenía pero que no era de su autoría. En sendas cartas, el hijo y la esposa de Díaz del Castillo se referirán unos años después a la crónica y confirmarán que su autor era Bernal. Duverger llama mentirosos a los tres.
 Es verdad que hay dudas sobre el grado de participación de Bernal en las empresas de conquista, sobre la manera en que logró retener tanta información precisa, pero también es cierto que la persona de Bernal está mejor documentada que la de otros conquistadores y que hay varias referencias externas a su obra. Duverger extrema todas las dudas, aderezándolas con ironías y con el uso agotador de los signos de admiración, para construir un argumentum ad nauseam.
Duverger tiene un prejuicio sobre la dificultad de que los libros lleguen a América y se difundan pronto, y eso le lleva a dudar, por ejemplo, de que Bernal pudiera haber conocido la historia de Gómara. La verdad es otra, los americanos tienen muchos libros y muy pronto. Valdría la pena recordar, por ejemplo, que mil 500 ejemplares de la primera edición del Quijote, de 1605, fueron embarcados para América tan pronto como salieron de la imprenta. En España sólo quedaron unos 200 ejemplares.
Duverger supone e ironiza que “nuestro conquistador guatemalteco” no pudo tener la cultura literaria que la Historia verdadera refleja. Creo que se equivoca. Españoles e indios tenían y leían libros y a menudo eran más cultos que nosotros en temas clásicos e históricos. Antonio de Guevara era lectura muy del medio de los cabildos, al que Bernal perteneció, y Tito Livio era una de las primeras lecturas para cualquiera que supiera un poquito de gramática. Lo que Bernal Díaz del Castillo sabe de Troya, de Alejandro Magno, de César, del rey Arturo o de Carlo Magno bien puede proceder de un libro muy popular en la época, conocido como Los nueve de la fama, compendio histórico y libro de caballerías a la vez. Si algo puede demostrarse en cuanto a las fuentes que modelan el relato de Bernal, es justamente la presencia de varios libros de caballerías. Nada hay de sorprendente en que Bernal los conociera.
Duverger afirma “Los libros en el siglo XVI son productos escasos y caros”. El examen de los tirajes y las ediciones, de las bibliotecas, los embarques, los testamentos de la época, podría llevarnos a la exclamación inversa. Qué sorprendente abundancia y difusión de los libros por el mundo: los indios de Tlaxcala leyendo a Andrea Alciato, los del valle de México traduciendo a Esopo y los de la Mixteca incluyendo invariablemente libros en sus testamentos.
Se pueden poner en duda varios aspectos de la personalidad histórica y de la obra de Bernal, incluso se puede considerar su autoría de la Historia verdadera como una hipótesis, pero es sin duda la hipótesis mejor documentada y más firme. A cambio, Duverger nos propone otra opción; veamos la cantidad de supuestos y valoremos la economía de la nueva hipótesis.
Que a Cortés le pareció que sería bueno tener una versión de la historia de la conquista que fuese menos vulnerable a la censura. Entre 1543 y 1546, en España, Cortés le contó a López de Gómara la historia que éste publicaría unos años después. Y por las noches, en ese mismo periodo, le contó a su pariente, Diego Altamirano, otra versión, más extensa, desde otro punto de vista. Inventó un narrador anónimo y un estilo distinto al de sus Cartas de relación. Así surgió la Historia verdadera. Su hijo Martín la llevó a Nueva España para publicarla en apoyo a la “restauración cortesiana” que debía ocurrir tras la conjura. Ante el fracaso de ésta, alguien se llevó la crónica a Guatemala, para esconderla. Permaneció guardada un tiempo hasta que la vio Bernal Díaz y decidió apropiársela. Su hijo Juan le hizo retoques (todavía vivo su padre), agregando el nombre de Bernal en 16 párrafos distintos, más el relato de los años transcurridos después de la muerte de Cortés, conservando el mismo estilo del resto de la obra. Luego, Bernal y su familia enviaron a España y defendieron aquella obra como propia. Etcétera.
Quien se ocupe en el futuro del tema tendrá que desmontar una a una las afirmaciones de Duverger, quitar los signos de admiración y ponderar qué hipótesis son más viables.
El título del libro parece desmesurado, en cualquier caso debió haberse escrito “Crónica para la eternidad”, aunque con decir “para la posteridad” hubiera bastado.

* Pablo Escalante Gonzalbo. Investigador de la UNAM, especialista en la transformación de la cultura indígena durante el siglo XVI, y en la liturgia y el arte sincréticos de dicho periodo. Autor de Los códices mesoamericanos antes y después de la conquista y coordinador de Historia de la vida cotidiana en México, vol. I.

Deja un comentario

Archivado bajo Cultura, Historia, Ideas

En pos de las manzanas doradas

por Mariano Flores Castro

En este ensayo me propongo revIsar brevemente el mito (o mejor: la leyenda) de las manzanas de oro, tanto en su versión mitográfica como en su más reducida y vistosa expresión plástica. Sin pretensión de exhaustividad, busco algunas claves en el ciclo heroico de Herakles para poder después adentrarme en breves comentarios sobre tres pinturas europeas del siglo XVI que de manera inequívoca –si bien no netamente explícita– se refieren a las manzanas doradas y a sus significados simbólicos. En mi revisión del ciclo de Herakles no he creído excesivo aventurar una tesis que considero original en más de un sentido, aunque no pude encontrarle apoyos en ninguna de las fuentes consultadas y, menos aún, entre los mitógrafos modernos. El lector juzgará por sí mismo la validez de lo que en muchos sentidos es sólo un juego conjerural al que ninguna generación puede renunciar sin grave daño de su propia y legítima visión del mundo.
He dejado para el último segmento la parte más importante del ensayo pensando que si la hubiera atomizado a lo largo del mismo, la fuerza e intensidad de los asuntos allí comentados opacarían la ya en sí modesta interpretación que acá propongo. Por lo demás, las líneas que siguen pueden verse también como un temario cuyo desarrollo ulterior y detallado pertenece a un mundo erudito del que prefiero seguir siendo solo un aventurado observador. Una de las ventajas es que puedo acercarme a estos jardines sin el ánimo de convenir los árboles en libros.
Hay un desacuerdo explicable entre los mitógrafos respecto al sitio en que se desarrolla el penúltimo trabajo de Hércules. El Jardín de las Hespérides –símbolo, entre otras cosas, de la fecundidad en el seno de una eterna primavera– puede estar ubicado ya al oeste de Libia, ora al pie del Monte Atlas o bien en el país de los Hiperbóreos —que algunos sitúan en Irlanda— pero en todo caso en el Occidente. Más importante es saber que uno de los árboles de ese jardín o huerto produce manzanas de oro y que éstas son los frutos de la inmortalidad, regalo de bodas que Gea hiciera a Zeus y Hera en ocasión de sus esponsales. Para obtenerlas, el héroe tiene que matar al custodio: el dragón (o serpiente) Lagon, que yergue cien cabezas y es políglota; además, debe sustituir temporalmente a Atlas en la colosal tarea de sostener el cosmos sobre sus hombros.
Si una manzana común es cortada transversalmente, aparece una estrella de cinco puntas en el centro de cada mitad. Un corte similar en una manzana del Jardín de los dioses revelaría una estrella refulgente que de manera simultánea nos lleva a pensar en la “divina proporción” o sección áurea, en la astrología (Hércules es discípulo de Atlante, para algunos el primer astrónomo u observador del cosmos) y en el árbol del Bien y del Mal, en otra tradición celosamente guardada por la serpiente, que prefigura al demonio.
Que la inmortalidad está en las estrellas y no en el mundo es una antigua intuición que Pitágoras, y más tarde Platón, retomaron y llevaron al nivel del arte y a la metafísica. En el caso de Hércules, la inmortalidad obtenida al apoderarse de las manzanas de oro está ligada a las acciones previas de matar al dragón, aprender astronomía y (por qué no) seducir a las Ninfas del Ocaso (el oeste, por supuesto), conocidas como las Hespérides. Adán y Eva, en tradición más (re)conocida, tras ser inducidos por la serpiente a comer el fruto prohibido (que no hay por qué dudar que fuese de oro también) tendrán que “ganar el pan con el sudor de su frente”, es decir: trabajar tras el conocimiento de la lujuria. ¿Se trata acaso de las metamorfosis de la manzana a través del choque de diversas culturas?
Egle, Eritis y Hesperia son, junto con el dragón, las vigilantes del árbol que da las manzanas de oro. En camino a su apoteosis, Hércules consigue tres de esas manzanas del huerto que, como quedó establecido, se halla en el Extremo Occidente, en donde aparece Héspero, la estrella vespertina (entre nosotros Tlahuizcalpantecuhtli). Los autores helenísticos asimilan a Héspero con el astro Fósforo, llamado Lucifer por los romanos.
Robert Graves afirma que “Hércules aparece por primera vez en la leyenda como un rey sagrado pastoral, y tal vez porque los pastores reciben con regocijo el nacimiento de corderos mellizos, él también es mellizo (…) Sus símbolos son la bellota, la paloma silvestre, el muérdago o loranthus y la serpiente. Todos son símbolos sexuales. La paloma estaba consagrada a la diosa del amor de Grecia (Afrodita) y Siria (Astarté); la serpiente era el más antiguo de los animales totémicos fálicos; la bellota acopada representaba al glans penis en griego y en latín; el muérdago era una panacea y sus nombres viscus (latino) e ixias (griego) se relacionan con vis e ischus (fuerza) probablemente a causa de la viscosidad espermática de sus bayas, y el esperma es uno de los vehículos de la vida. Por consiguiente, Hércules es el director de todos los ritos orgiásticos y tiene doce compañeros arqueros, incluyendo su mellizo armado con lanza, que es su tanista o delegado.” Apretando varias leyendas se concluye que este primer Hércules muere sacrificado en un altar de piedra en cuyo centro hay un roble cortado en forma de T.  Lo atan a él con mimbres formando “el lazo quíntuple, que sujeta las muñecas, el cuello y tos tobillos”. Esto se relaciona también con la flor de loto, de cinco puntas, que simboliza la copa de oro que el Sol utiliza para volver de uno de sus trabajos.* Luego le sacan los intestinos y los ojos, lo castran, lo empalan con una estaca de muérdago y finalmente, tras despedazarlo, recogen su sangre en un recipiente y la rocían a todos los participantes del rito, con lo que adquieren vigor y fecundidad. Agrega Graves: “Los doce (¿apóstoles?) que intervienen en la fiesta bailan en figura de ocho alrededor de las fogatas, cantando extáticamente y arrancando la carne con los dientes. Los restos ensangrentados son quemados en la fogata, con excepción de los órganos genitales y la cabeza. Colocan éstos en una embarcación de madera de aliso y los llevan flotando por un río hasta un islote, si bien a veces curan la cabeza con humo y la conservan para usos oraculares. El tanista le sucede y reina durante el resto del año y, al final de éste, lo mata sacrificialmente un nuevo Hércules.”
En cuanto a los doce seguidores de Hércules, su sacrificio eucarístico y su asimilación a ciertos rasgos de Cristo, la explicación es que la figura de este héroe es elaborada en Persia, Egipto, Libia y aún en las lejanas islas británicas, abarcando así una geografía que rebasa con mucho al ámbito estrictamente griego.
Si pasamos ahora al ciclo heroico clásico, recordaremos que Hércules es un niño milagroso nacido de una lluvia de oro o de la unión de su madre con Zeus; mata en su cuna a una serpiente (o dos) y provoca el nacimiento de la Vía Láctea. Esto último es lo que nos importa por lo pronto. Por el Dictionnaire de la Mythologie grecque et romaine (P.U.F., París, 1951, 6a. edición, 1979), sabemos que la lascivia de Zeus lo llevó a disfrazarse de Anfitrión para seducir a su esposa Alcmena, aprovechando que el mortal había salido a luchar contra los telebros.
Así engendró el dios al héroe, al que quiso inmortal, en una noche alargada por órdenes suyas.** Hera, celosa y pudibunda, como respuesta provoca un retraso en el nacimiento de Hércules, lo que permite que su primo Euristeo, sietemesino, heredara el reino en su lugar. Mas, para ser inmortal, el héroe tenía que beber la leche del seno de Hera, a la sazón y por razones obvias, su peor enemiga. Sólo al hallar dormida a la diosa logró Hermes acercar al portentoso crío a su pecho. Al sentir la succión y el mordisqueo del héroe, Hera se despertó, lo arrojó lejos de sí, pero ya era demasiado tarde. La leche que fluyó de su seno dejó en el cielo la Vía Láctea. Aunque hay otras versiones, esta puede apuntalar la tesis de que Hércules obtiene en el Jardín de las Hespérides las “estrellas” que Hera, su madre putativa, le quiso negar. Las estrellas están dentro de las manzanas (que tienen forma de senos) y éstas son doradas porque simbolizan la inmortalidad y la pureza que tanta falta le hacen al héroe para alcanzar la apoteosis. A ello hay que agregar que el oro y el fuego son símbolos de la virilidad del león (Hércules tuvo, según algunos mitógrafos, setenta hijos).
En el famoso cuadro del Tintoreto, “El nacimiento de la Vía Láctea” (National Gallery, Londres) está representado el suceso divino. De acuerdo con iconógrafos contemporáneos el cuadro ha perdido la parte inferior, donde se narraría la continuación de la leyenda, esto es, cómo algunas gotas de leche cayeron sobre la tierra y suscitaron también el nacimiento de las flores.
Ahora bien, el manzano es un árbol florido en primavera, por lo tanto su fruto tiene asimismo origen en la leche de la diosa: leche de estrellas. El mito y la leyenda pueden tener una convergencia en la idea de que Hércules busca la legitimidad al mismo tiempo que la inmortalidad prevista para él por su padre Zeus (que en el cuadro del Tintoreto aparece con forma de águila apresando un rayo entre las garras). De esta manera, las manzanas doradas vienen a ser el conocimiento iniciático de los secretos divinos, la inmortalidad que pasa por el sacrificio, y la reconciliación, en el tiempo, con la madre desdeñosa.

la foto-23

En el Olimpo, Hera y Hércules, efectivamente, vuelven a la cordialidad y ella se convierte en su madre inmortal después de un acto solemne en el que simula el nacimiento del héroe “como si saliera de su propio seno.***
Las manzanas doradas también fueron motivo de un comentario pictórico de Lucas Cranach, el viejo. Se trata del “Cupido se queja ante Venus”, también de la Galería Nacional de Londres. Venus aparece aquí sacudiendo las ramas del árbol prodigioso. El clima primaveral no obsta para que luzca un pesado collar y un sombrero de nórdica boga en cuya ala anchísima circunnavegan plumajes de avestruz o borlas de nívea piel.
A lo lejos, en la espesura del huerto, asoma una especie de alce venido a venado-cola-blanca (Odocoileus virginianus) que en compañía de un asno atestigua la escena en que Cupido le reclama a Venus porque, al sacudir el árbol, ha hecho que un panal le caiga encima. El ente alado trata de protegerse de las abejas kamikasi que lo atacan con el encono de quien ha perdido la casa y el sustento. Venus sonríe y parece recibir el panal. La ironía de Cranach: en vez de la incitante, promisoria, eterna, dulcísima y dorada manzana del amor sensual, le ha caído encima una pugnaz colmena que enfría los ánimos de Cupido.
Estamos ante una versión muy aligerada de la leyenda de las manzanas de oro. En efecto, esta visita de Venus y Cupido al Jardín de las Hespérides parece carecer de móvil o código precisos, si bien sabemos que el lucero vespertino (Venus) está consagrado a la diosa. Es posterior a la hazaña hercúlea, puesto que ni Lagon ni las Hespérides celan los frutos dorados. La alegoría ha quedado un tanto desdibujada, mas parece el sentido principal de su ethos. En todo caso, el cuadro no se sustrae del sistema argumental e iconográfico de las tradicionales manzanas, de sus alcances simbólicos liberados ya de toda exégesis para avanzar hacia aquello que la pintura ratifica o desecha en su aluvión expresivo.
También del siglo XVI, pero éste pintado por un manierista florentino, es el cuadro conocido como “El descubrimiento de la lujuria”. Angelo Bronzino, su autor, elabora una alegoría del amor y el tiempo muy imbuida de intelectualismo moralizante y sin embargo plena de sensualidad que alude a la amplitud de registros que el amor suele recorrer en su paso por la pasión carnal. En primer plano aparece Venus sentada sobre un almohadón color de rosa. A su costado Cupido, de rodillas y tan desnudo como ella salvo por su aljaba, la abraza y la besa con una mezcla de ternura y lujuria. Venus se ha apoderado de una de sus flechas, que sostiene en la mano derecha, mientras que en la otra tiene una manzana de oro reluciente. A sus pies hay una paloma y dos máscaras. A un paso detrás de la diosa, un “putti” que lleva cascabeles dorados en el tobillo, lanza un puñado de rosas a la embelesada pareja.
A espaldas del niño aparece la Mentira bajo la apariencia de una nena bonita; lleva un vestido verde que no alcanza a ocultar su cola de dragón, y tiene las manos invertidas: la izquierda, en el brazo derecho, ofrece un panal de miel, y la derecha, en el brazo izquierdo, guarda un aguijón ponzoñoso. Según Erwin Panofsky, “nos enfrentamos aquí con el símbolo más refinado de duplicidad perversa que haya encontrado nunca un artista.. Detrás de Cupido, los Celos, bajo la forma de una mujer que se mesa los cabellos con gesto paroxístico y finalmente, al fondo, aparece un viejo Crooos alado que desvela la escena ayudado por la Verdad: Veritas filia tempore (la Verdad es hija del tiempo).

bronzino5
El cuadro del Bronzino, epítome del espíritu contrarreformista, nos presenta a la Lujuria con su cortejo de dulzuras y desilusiones. Pese a todo, la diosa es poseedora de una manzana de oro, y con ella, de cierta inmunidad en los lances de amores. Su expresión de plenitud es elocuente: tiene la inmortalidad y tiene la flecha que controla el estallido de las pasiones.
Mito e imagen son indisociables. Su “espiral telúrica” (Lezama Lima dixit) asciende paralelamente a una historia que se disuelve en configuraciones y transfiguraciones manipuladas por los individuos y, posteriormente, por los grupos sociales que le dan comunidad. Hércules y las manzanas de oro no son la excepción: como entes mitotrópicos invaden la estructura del discurso humano en sus vertientes verbal y visual. La maravillante supervivencia de lo que es sin ser cosa‘ alguna, muestra con claridad el potencial de las invenciones —al fin poéticas— que han dominado la cultura de occidente por encima de otras formas quizá más inquietas de la fertilidad social. Sin dejar de ser productos culturales, estos entes expresan una forma que se sustrae a la temporalidad orgullosa de lo tangible, de lo susceptible de transcripción literal y de todo aquello que tienda a reducir la pujanza creadora de los más diversos pueblos y naciones del mundo. Así entendida, la imaginación es un radio vivo que va de la circunferencia de la vida real en la Tierra al centro ígneo del que surge toda producción simbólica … y moral.

Fuente: Cortesía del autor

Deja un comentario

Archivado bajo Arte, Cultura, Historia