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Mujeres a las que querían borrar de la historia

Por Jorge Morla

 

Clara Janés

Hace años, Clara Janés acudió a un encuentro con poetas árabes. Al encuentro acudió, también, una poeta musulmana, que no pudo participar más que como oyente. Del encuentro entre ambas surgió una fugaz amistad y un detalle luminoso: un libro que la poetisa prestó a Janés, en el que se hablaba de la sacerdotisa acadia Enheduanna. Enheduanna, que vivió hacia el año 2.500 antes de Cristo, encarna la primera voz poética con nombre propio de la humanidad. Esa mujer desconocida era, ni más ni menos, que el primer escritor de quien se tiene constancia. “Resulta que el primer escritor del que hay noticias es una mujer, pero eso es algo que nadie sabe” reflexiona ahora Janés. “Cuando lo descubrí me llevé una sorpresa tremenda. ¿A qué ese afán por borrar a las mujeres de la historia?”, lamenta.

Destellos de este tipo, impactos sobre mujeres cruciales cuya importancia ha sido tapada por la hegemonía masculina, la escritora los recopila ahora en Guardar la casa y cerrar la boca (Siruela), sentido homenaje a quienes le han obsesionado a lo largo de su vida “desde el primer trabajo que realicé en mi primer año en la universidad”, recuerda. “Sobre otra mujer a reivindicar, la provenzal Condesa de Día. Sacar a la luz a estas mujeres olvidadas ha sido un trabajo que he ido realizando durante muchos años”.

Desde las poetisas arábigo-andaluzas, trovadoras, escritoras del Punyab (el actual Pakistán), o místicas, hasta el propio género de la novela, donde también la mujer se anticipó al hombre cuando, sobre el año 1.000 la japonesa Murasaki Shikibu escribió ‘La historia de Genji’. Desde la española Oliva Sabuco, quien descubrió el líquido cefalorraquídeo, un hallazgo que su propio padre pretendió usurpar, hasta las numerosas órdenes de caballería exclusivas para las mujeres. “Todo han sido nombres que necesitaba sacar del olvido. Mujeres que deberían, y merecen, estar presentes en la historia”, explica la escritora.

También recorren el libro de Janés prisiones íntimas, como las de las reinas prisionera de sus damas. “A lo largo de las épocas las mujeres se han encontrado con condiciones muy hostiles. Por ejemplo, había reinas que no podían estar nunca solas salvo cuando estaban con el rey, e incluso tenían que bailar enmascaradas”, relata. Y ‘prisiones’ físicas que en realidad liberaban. “En la clausura del convento muchas mujeres hallaron la libertad. Tras los muros, muchas religiosas pudieron cultivarse, como santa Teresa de Jesús o sor Juana Inés de la Cruz”.

Guerreras, científicas, literatas. Mujeres, todas ellas, válidas pero silenciadas, que ahora Janés reivindica con un único fin: llevarle la contraria a esos versos de Fray Luis de León que bautizan al libro: “Porque así como la naturaleza hizo a las mujeres para que, encerradas, guardasen la casa, así las obligó a que cerrasen la boca”; y cambiarlos por la dedicatoria que la escritora firma a sus lectoras más jóvenes: “Para ti, estos ejemplos”.

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Fuente:Blogs El País: “Mujeres”

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En esto creo, un apunte de Claudio Magris

El primer libro que leí, el primer encuentro con la palabra que contiene e inventa la realidad, y por lo tanto destinado a permanecer para siempre como El Libro, es una novela de aventuras para niños, Los misterios de la Selva Negra, de Salgari. Aprendí a leer con Salgari, con las hazañas de sus héroes, hombres y animales, que están ligadas a quien las escucha, ignorante de la trama e indiferente hacia el autor; ignorante, de hecho, sin darse cuenta, de que hay un autor y una trama, convencido de que las historias son narradas por sí mismas y que los hombres, escritores o no, sólo deben repetirlas y transmitirlas.

Siempre he pensado que la literatura, de alguna manera, en esencia, es una historia anónima oral. Tanto mejor sería si los autores no existieran o si, al menos, no se identificaran –“si estuvieran siempre muertos”, como me dijo una vez una alumna en el Grado Biagio Marin–, o forzados a la clandestinidad y lo desconocido.

De aquella fantasía adolescente e improbable de Salgari aprendí a amar la realidad, el sentido de unidad de la vida, y nació mi familiaridad con la variedad de pueblos, civilizaciones, costumbres… Experiencias diversas que son manifestaciones diferentes de un ser humano universal.
Creo que esta fiebre identitaria, que conduce a una continua obsesión por identificar todas las naciones y todos los idiomas y todos los grupos étnicos (y que sin duda son un valor sagrado cuando la lleva a cabo un Estado), es un delirio, porque también puede arrastrar a la guerra y a las persecuciones.

Una minoría amenazada, cuando se convierte en Estado, también se convierte en mayoría, y entonces comienza a amenazar a la minoría dentro de ella. Esto es lo que ocurrió en Kosovo, donde en cierto momento pasaron de ser los serbios una amenaza para los albaneses, a serla los propios albaneses para los serbios. Es grotesco el que muchos estados se formen, aun a costa de sangre y, al mismo tiempo, sueñen con ser parte de un Estado más grande aún. En este sentido, la independencia estatal de Kosovo es un fenómeno negativo.

Creo que va a pasar mucho tiempo antes de que tengamos una Europa verdaderamente unida: hay muchos contratiempos, muchos problemas y desavenencias, pero también algunos progresos. Una verdadera Unión Europea, un auténtico estado europeo, es nuestro único futuro posible, porque ahora los problemas ya no son nacionales, sino, de hecho, de todo el continente.

Si hoy no hay un gobierno democrático en Irán, es por culpa de Occidente. Distinguiría entre la ignorancia de la grandísima cultura iraní (y los aspectos completamente equivocados de su demonización) y las críticas justas a aspectos de la cultura política y del sistema político en el poder que son inaceptables (como la diferencia de derechos entre el hombre y la mujer). Pero, por otra parte, Occidente critica a Irán por no ser un Estado democrático, cuando en Irán ya había un gobierno democrático –encabezado por Mossadegh, que simplemente quería que el petróleo iraní fuera en parte para el país- y fue derrocado por Occidente.
Se escribe por muchas cosas, pero yo escribo principalmente para luchar contra el olvido, en señal de protesta.

Escribiendo, a veces se tiene la sensación de perderse y, otras, las de encontrarse. Para mí escribir es, a menudo, contar historias verdaderas de lugares reales, porque las historias verdaderas y las personas que las han vivido me interesan más, muchísimo más, que las de mi imaginación. Creo que escribir es “transcribir” cualquier cosa que sea más grande que nosotros. Me siento más cómodo con el género narrativo y, en particular, con el monólogo, que de alguna manera está más cerca del teatro.

Me gusta mucho viajar en tren pero está claro que el automóvil, como decía Miguel Delibes, es el medio idóneo para los trayectos cortos, fundamentalmente para los mini-viajes; que son los que suelo narrar en mis libros, como en Microcosmos (Anagrama). Sin embargo, manteniendo este punto de vista, el ideal es el viaje a pie.

Mi relación diaria con la tecnología es por desgracia casi inexistente. Tengo que recurrir a la ayuda de los demás. Pero no hay en esto coquetería alguna: odio a quienes claman contra la tecnología como si fuera algo falso, como si la pluma con la que escribo fuera más auténtica y natural y estuviera más cerca de Dios que un ordenador.

Acepto, como una debilidad mía, como un tic propio, mis dificultades en el mundo digital; pero no tiene mayor significado, más allá de ser una mera característica personal.
Fuente: Esquire Nº 49
Claudio Magris: escritor, profesor, premio Príncipe de Asturias
Trieste (Italia), 71

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La reconquista, por César Moheno

por César Moheno

LAS PALABRAS SON INVOCACIONES, gracia, encantamientos. Nos someten a poderes mágicos. Son conjuros que traen hasta nosotros universos. Nacen, anuncian, brillan. Se abrasan, nos abrazan. Iluminan el mundo. Lo rescatan.
Así, con estos sentimientos, pienso yo, se reunieron María Roselia Jiménez, Adriana López, Enriqueta Lunez y Mikeas Sánchez con la anfitrionía de Aurora Oliva y Fernando Híjar, y decidieron afanarse para traer hasta nosotros en un disco El rescate del mundo, el libro de poemas de Rosario Castellanos editado en 1952, traducirlo, y leerlo para que lo escuchemos en sus lenguas “con palabras de mi madre colgadas en mi garganta”.
Dicen que dijo José Saramago alguna vez que los escritores hacen la literatura nacional y los traductores hacen la literatura universal. Nada más cierto aquí. De la local vivencia chiapaneca en las frases soñadas por Rosario Castellanos en versos que en sus hallazgos nos sorprenden, al escucharlas en tojolabal, tzeltal, tzotzil y zoque por primera vez, la dulzura del sonido nos regala la tierna suavidad de la música del bosque y de la selva y así, como ofrenda, las hace universales. “Abre la puerta y oye:/ alguien tiende los brazos y te llama./ Es el mundo que pide su rescate…” nos dice en una invocación la gran poeta en la Canción del Tentador con la que su libro abre.

Y a partir de aquí, María Roselia, Adriana, Enriqueta y Mikeas abren puertas y ventanas, retoman el antiguo proverbio castellano que Antonio Machado revivió en 1937 cuando casi en oración nos recordó “nadie es más que nadie”, y se tornan en escribas subversivas. Son mujeres. Toman en las manos el mundo y emprenden su tarea de redención, liberación, restitución y reconquista.
María Roselia Jiménez ha vivido con el recuerdo de Rosario Castellanos hablando de la belleza de un sapo. Le cambió la visión. Y ahora, años después, reinventó las palabras hasta encontrarles el alma y traerlas al país de los tojolabales. Le regala a los más jóvenes voces ya olvidadas en su idioma. Y a todos nos canta “para que aprenda el campo/ una nueva canción y el día tenga/ donde mojar los pies”.
Adriana López fue tocando los versos, los fue pasando por sus dedos, por su piel, dejando que golpearan sus recuerdos, escondidos. Los dejó descansar tirados en la sala, hasta que los recogió y los leyó delante de su madre para encontrar en el tzeltal las palabras que tuvieran los más hermosos tonos. Con la belleza de su sonrisa de Gioconda observaba a las hormigas, iba a fiesta y pedregales, rezaba en los altares, hablaba con las viejas de su pueblo, jugaba con tejones, y un buen día regresó a su mesa y no paró. Los versos de Rosario fluían en idioma tzeltal como un río de “fiera llamarada”.
Enriqueta Lunez escuchó pronto que en los versos de Rosario se delata el orgullo de la tierra raíz. La sabe mujer. Sabe que sus manos entienden de la emoción que se siente “al hilvanar cada hebra en el telar”. Con la misma claridad con la que aprecia la virtud de la luz en el río, traspone el misterio de las palabras y construye un camino hacia el tzotzil, sabiendo que su lengua forma parte de aquella “ceiba que disemina mi raza entre los vientos…” Sabe que es un camino de mujer, ese que canta “he venido a mirarte…/ alta, desnuda, única/ Poesía.”
Mikeas Sánchez toma fuerza para abrir la puerta y seducirnos con las palabras de la lengua zoque para invitarnos al gozo, al placer, a la alegría. Lo logra. Las lágrimas se exaltan, bailan. Acompañan a la piel que se expande. Toda la poesía de Rosario la convierte en oración a la “fuerza y la energía que todo lo gobierna”. Todas las palabras danzan en una fiesta de novedad antigua. Sí. Se abren las puertas y se vierten los cielos en “Gesto de la oración / o preludio del vuelo”.
A la casi exacta mitad del año que partía en dos el siglo XX una joven mujer de 25 años con ansia de poeta se presentaba ante un jurado académico que le otorgaría un grado de filosofía e iniciaba su disertación diciendo: ¿existe una cultura femenina? Hoy Rosario Castellanos conoce la respuesta. Cuatro mujeres indígenas de Chiapas afinan y retocan el azogue de su espejo. Le muestran el rostro de su alma en tojolabal, tzeltal, tzotzil y zoque. A ellas les canta la poeta “Tejedoras, mostradme/ mi destino”.
Llegan desde el siglo XVII y brotan hoy los versos de John Donne, rezan: “Toda la humanidad es de un solo autor y es un solo volumen… Dios está en todas las traducciones, y esa mano volverá a encuadernar nuestras hojas dispersas…” Cuatro siglos después, agavilladas en flor, María Roselia Jiménez, Adriana López, Enriqueta Lunez, Mikeas Sánchez y Rosario Castellanos son cinco mujeres que nos invitan, velas al viento, a rescatar el mundo inflamadas de su sabiduría. Su camino es sencillo; la reconquista, la restitución y la redención de las palabras.

Fuente: La Jornada. Twitter: cesar_moheno

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La suplantación mágica en el siglo XV hispánico

por José Fierros Millán y José Antonio González Gómez

En el medioevo europeo, se creía que los duendes, hadas, faunos u otras criaturas mágicas solían entrar en los hogares humanos para robar por las noches a los niños de sus cunas y llevárselos con ellos, ya sea para criarlos como ellos o para destruirlos.
El robo iba acompañado por el acto de dejan en el lugar del niño robado, a uno de los suyos a manera de un sustituto mágico que, si bien tenía su apariencia (adquirida por medios mágicos), no crecía, lloraba mucho, comía poco o en exceso, estaba siempre flaco y consumido, etc., en suma tenía hábitos extraños e inusuales, que lentamente la familia sustituta notaba. (Ashliman, 1997)
Para intentar recobrar al niño robado, se procedía a llamar a un especialista ritual que sometía al sustituto mágico a una serie de imprecaciones, exigiéndole que se devolviera al niño hurtado y que la criatura sustituta se mostrara tal y como verdaderamente era, arrojándole agua sagrada, a fin de que se purificara, de que el hechizo se rompiera y que el sustituto desapareciera. (Ashliman, 1997)
Si esto no funcionaba, se debería realizar un recorrido ritual (una peregrinación) a fin de recobrar al niño hurtado o perdido en la misma tierra mágica adonde estaba en poder de sus captores mágicos, en un acto inverso correspondiente al ritual de rapto o robo que se había realizado. (Ashliman, 1997)

Las creencias mágicas sobre los suplantados

De acuerdo con estas creencias (común entre los pueblos europeos medievales), ciertos espíritus o seres mágicos (hadas, gnomos o faunos) sustraían a los niños humanos y depositaban en su lugar a sus propios hijos; este último llevaba un nombre que variaba según los países y regiones, pero que se refería en la mayoría de los casos al proceso de sustitución que explicaba su presencia entre los hombres.
Así los términos para “niño cambiado” o “suplantado”, eran en Francia Changeling, en Inglaterra, Fairy y en Alemania, Wechselbalg y en España, posiblemente Quebrado ó Encantado (Schmitt, 1984: 127)
De acuerdo con los relatos folklóricos europeos, el rapto mágico de infantes era de esperar en las horas o en los días que seguían al nacimiento, sobre todo cuando el niño no estaba aun bautizado y se encontraba privado de su nombre; en estos días (tiempos marginales o tiempos vacíos) había que rodearlo de múltiples protecciones mágicas y sobre todo, el evitar dejarlo solo. (Schmitt, 1984: 127, 128)
Las protecciones mágicas para el infante eran el cerrar cuidadosamente la puerta de la habitación, encomendar la protección y cuidado del niño a un ave o un perro domésticos, dejar arder una vela o lamparilla en la habitación, depositar un poco de sal en las proximidades de la cuna, etc. (Schmitt, 1984: 128)
Sin embargo, la literatura y el folklore de raíces medievales narran que muchas veces a pesar de estas precauciones (sobre todo cuando la madre se aleja para trabajar) el niño es arrebatado y un suplantado lo substituye; luego del cambio, la familia observa que el niño caía enfermo, que resultaba imposible hartarlo y no cesaba de desmejorar. Para los especialistas de los relatos no cabía la menor duda, que la sustracción se había llevado a cabo. (Schmitt, 1984: 128)
Los relatos proponían varios medios para desembarazarse del suplantado (reconocido por las señales anteriores) así como para recuperar al propio hijo; estos medios eran:

Hacer sufrir al suplantado, para que sus gritos de dolor atrajeran a sus verdaderos padres y les incitaran a llevárselo de nuevo; para ello, se le podía golpear o simplemente fingir que se le quemaba o que se le arrojaba a un recipiente de agua hirviendo.
Abandonar al suplantado, depositándolo en un cruce de caminos solitario, en un punto de contacto de tres comarcas o en la confluencia de tres ríos, para que así lo recuperaran sus mágicos progenitores; la madre lo abandonaba allí, se alejaba observando un silencio total y regresaba al primer grito del niño, esperando que así le  habrían devuelto su hijo, en lugar del suplantado.
Es importante distinguir entre los testimonios folklóricos y etnohistóricos existentes, la creencia en la existencia de los suplantados y las creencias en los raptos de niños que las “lamies”, “lamias”, “striges”, “mujeres-dragones”, “mujeres infernales” realizan en las noches; estas entidades se apoderaban de los niños, los devoraban en ocasiones pero no los substituían por ningún otro. (Schmitt, 1984: 128, 129)

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Goya, el Lazarillo de Tormes

¿Un ritual de anulación de sustitución en la España Bajomedieval?

En la España del siglo XV, la idea de niños tomados por entidades relacionadas con fuentes y ríos, sobre todo en las zonas hispanas con tradiciones asociados al folklore céltico, era aparentemente común; dichas entidades recibían los nombres de fadas y mouras en Galicia, xanas en Asturias, fada y goljas en Cataluña.
En el caso de las mouras de Galicia, el actual folklore popular español menciona el hecho de que las Mouras salen de sus pozas, cuevas, ríos y fuentes con bastante frecuencia a tomar el sol en vez de preferir el cobijo de la noche, portando varios objetos que son beneficiosos; se cuenta que si se dejan ver con cántaros de agua y luego desaparecen dejándolos en el suelo, la persona que se los lleve a su casa puede dar de beber con esa agua a algún animal enfermo con la seguridad de que sanará (García Quintela, 2004: 56-60 / Morales, 1997: 81-89)

La Moura se presenta ante el humano como bella mujer de larga cabellera o como gran serpiente; se maneja como un hecho probado, a la par de simbólico, que en Galicia a las mouras se las asocia frecuentemente con las serpientes y con la noche de San Juan, fecha en la que aparecen en la noche previa o en el amanecer de ese día. En determinadas fechas, y sobre todo en el día de San Juan, salen a la superficie del agua y se colocan a un lado de la fuente, cueva o castro que les sirve de morada, lavándose y peinando sus cabellos con peines de oro (García Quintela, 2004: 56-60).
Sin embargo, en estos relatos no se habla claramente de una sustitución, se especula intercambio de dones, que niñas pueden acercarse a las mouras y peinarlas a cambio de regalos, de favores sexuales donde el varón soltero es recompensado y los hijos productos de la unión son conservados por la madre mágica.
Pero una confesión proporcionada por Leonor Cifuentes en 1494 puede dar luz sobre el asunto, pues constituye un claro relato de un ritual destinado a anular una posible sustitución mágica de un infante.
Dicha confesión fue de caracter inquisitorial y fue presentada por el gran investigador Sebastián Cirac Estopañan (Los procesos de hechicerías en la Inquisición de Castilla la Nueva) y citada posteriormente por el antropólogo Gonzalo Aguirre Beltrán  (Aguirre, 1992: Vol. VIII, 42).
En esta confesión, Leonor Cifuentes dijo que por 1482 ó 1483, un vecino suyo llamado Juan del Castillo y su mujer Mari Sánchez, tenían un hijo de edad de año y medio o dos años, y esta criatura estaba flaquita y no crecía ni comía y no hacía más que llorar, preguntándose tanto su padre como su madre, qué podrían hacer.
Esto pasó cuando una judía se acercó a su casa y los padres le contaron el caso y ella les dijo que pidiesen por amor de Dios, en tres casas que tuvieran padre, madre, suegra y suegro y que la señora de cada casa se llamase María, un poco de harina de trigo.
Así a cada señora María se le pidió harina, repitiéndose esto en cada casa; ya teniendo la harina, había que amasarla, y se hizo con esta masa, un rollo y una torta.
La torta debería dársele en nombre de Dios, al primer pobre que viniera y que luego los padres tomaron el rollo y con él a la criatura, para luego reunir a tres personas que deberían ser el padre (Juan del Castillo), su madre (Mari Sánchez) y un vecino o vecina (que fue Leonor Cifuentes).
Los tres salieron de la casa y junto con el niño, fueron juntos caminando sin hablar con ninguna persona, hasta el lugar donde no se oyó ya el canto de gallo ni gallina.
Una vez llegado a este lugar,  el grupo se salió del camino y entró al campo, se hizo un hoyo en él y se metió en este al niño junto con sus ropas, poniendo el rollo de masa alrededor de la cabeza del infante.
Hecho esto, los tres caminaron por el campo, cada uno por su lado, teniendo como centro el agujero con el niño. Luego todos regresaron al hoyo y tomaron el rollo, estando las manos del niño metidas en este rollo de masa; el rollo fue partido en tres pedazos y el padre, la madre y la vecina tomaron un pedazo cada uno y lo arrojaron en el campo por separado y cada uno dijo tres veces al momento de arrojar el pedazo de rollo:
Arenas del campo,
tomad este llorado
y dame tu callado.
Después de hacer esto, el grupo sacó la criatura del hoyo, le desnudo y tomó la ropa y su frazada, enterrándola en el hoyo hecho, para luego vestir al niño con otras ropas, traídas ex profeso.
Ya de regreso siguiendo el camino y cargando al niño, se encontraron con un caminante y le preguntaron, presentándole al niño:
¿Cómo llamaremos a este niño que nos hemos hallado?
El caminante les respondió que Juan porque él se llamaba así y así se tomó el nombre, porque cualquier nombre que hubiera dicho, le hubieran tomado y así le habrían de llamar en su casa al niño, durante siete u ocho días.
Luego, ya llegando a la casa del dicho Juan del Castillo, los tres bañaron al dicho niño con agua de romero e hisopo para que se curase y se hiciera fuerte. (Aguirre, 1992: Vol. VIII, 262, Nota 29 que cita a Estopañan, 1942: 90)
Bibliografía

Aguirre Beltrán, Gonzalo
1992      “Medicina y magia: El proceso de aculturación en la Estructura Colonial” en  Obra Antropológica, Vol. VIII, FCE-INI-UV-Gobierno del Estado de Veracruz, México.
Ashliman, D.L.
1997    Changelings, ensayo electrónico en http://www.pitt.edu/~dash/changeling.html
Blázquez, Miguel Jan
1984   La hechicería en la región murciana: procesos de la Inquisición de Murcia 1565 -1819, Ed. Caja de Murcía, Murcía, España
García Quintella, Marco V.
2004   Mitos Hispanicos II: Folklore e ideología desde la Edad Media hasta nuestros días, Col. El Pasado Legendario, Ediciones Akal, Madrid, España
Morales, María de la Luz
1997       Tradiciones Iberas, Col. Biblioteca Araluce, Ed. Anaya, Madrid, España
Schmitt, Jean-Claude
1984       La herejía del Santo Lebrel: Guinefort, curandero de niños desde el siglo XIII, Muchnik Editores, Barcelona, España.

Fuente: Ensayo amablemente cedido al CCM por sus autores.

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El Protágoras de Platón

por Luis Barjau

 

El Protágoras es uno de los diálogos largos. Su importancia estriba en la conclusión: si la virtud se funda en algo objetivo, como el conocimiento, puede ser enseñada; si en algo subjetivo (que cambia de un hombre a otro) no hay ninguna posibilidad de enseñarla, como ya se ha dicho. La discusión de Sócrates con Protágoras es extraordinaria: a veces uno u otro parecen tener la razón. De pronto Protágoras se presenta como más carismático e inteligente, mientras que Sócrates parece necio y dogmático. A la pregunta inicial de Sócrates, de si la virtud puede enseñarse, Protágoras advierte que va a contestar con una fábula. Después cita a un poeta que dice: “El hombre de bien tan pronto es malo, tan pronto es bueno”. Sócrates critica a los poetas al no plantearse a fondo el problema de la verdad. Nota que los lacónicos lacedemonios discuten o filosofan sólo entre ellos: sectarios de la educación. Entre los sabios lacedemonios: Tales de Mileto, Pitaco de Mitilena, Bias de Priena, Solón, Cleóbulo de Lindio, Misón de Quena y Quilón de Lacedemonia: sectarios de la educación lacedemonia. Estos sabios decidieron consagrar a Apolo sus sentencias que pusieron a la entrada del templo de Delfos: “Conócete a ti mismo”, y “Nada en demasía”.
La estrategia (mayéutica) de Sócrates en la discusión, siempre es más astuta (furba) que la de su oponente. Recuerda, su personalidad, a la de Odiseo.
Sócrares dice: “Para el pueblo la ciencia (para averiguar la verdad sobre la virtud, p.ej.) ni es eficaz, ni capaz de conducir, ni digna de mandar ( … ) Cuando la ciencia se encuentra en un hombre, no es ella la que le guía y le conduce, sino otra cosa muy distinta, tan pronto la cólera como el placer, algunas veces la tristeza, otras el amor, y las más el temor. En una palabra, el pueblo tiene la ciencia por una esclava, siempre regañona‘ dominada y arrastrada por las demás pasiones”.
En el Protágoras, como en otros diálogos, el arte de filosofar de Sócrates, descrito por su discípulo Platón, hace gala de aquel lugar común hecho posible gracias a las repetidas lecturas de los Diálogos a través de los siglos, y hace gala de que tal arte parece remedar la actitud de los niños que hacen preguntas aparentemente simples pero que pronto develan su complejidad. El desglose que Sócrates hace de las respuestas en apariencia obvias, parece extraviar más las conclusiones. Pero no es sino que éstas son pospuestas continuamente en aras de verdades que a veces se perfilan como inaceptables.
Esta posposición adquiere el efecto de la inspiración artística, que despliega en las cumbres de la inteligencia su brillante, aunque terrible, objetividad, relatividad o imparcialidad. Y el lector resta con una sedienta exigencia que no hace sino compensarse (o ayudarse) con otras sentencias entrevistas en el propio laberinto del pensamiento del gran filósofo ateniense y que el lector no siempre atina a repetir. Como aquella en donde se establece que “ya lo sabíamos todo” desde tiempos inmemoriales. Pero que olvidamos. ¿Y por qué olvidamos? Porque no pensamos con conceptos, que son verdades consensuadas, las que no requieren de volver a ser sometidas a dudas. Por ejemplo: “el amor es bueno‘: Verdades que ya no vale la pena poner a discusión, por lo menos en largos intervalos históricos. Y que transformadas así estas verdades, en conceptos, nos sirven de apoyo para poder reflexionar así en cosas más arduas e importantes, en vez de volvernos a estancar en la discusión de por qué sería bueno el amor. El Protágoras o los sofistas deberá ser leído muchas veces. Hasta lograr entrever la impresionante congruencia que tiene el objeto de su discusión desde su inicio coloquial entre Sócrates y su amigo, cuando éste expone vehementemente al filósofo que habiendo llegado a Atenas el sofista Protágoras, es indispensable acudir a él para obtener el patrimonio anímico de su saber.
A lo largo de las objeciones de Sócrates se quiere saber qué es lo que puede enseñar Protágoras y si es posible la realización de su método de enseñanza. La confrontación —se tiene que decir— intelectual entre Protágoras y Sócrates, es de fundamental trascendencia en el Diálogo y no es conveniente dejar de notar dos cuestiones: Una es que la perfecta hermosura del discurso de Protágoras a raíz de la pregunta de Sócrates de si es posible enseñar la virtud, es de pronto suficiente para convencernos de que sí es posible. Y ante la elegancia apolínea del sofista, el rechoncho Sócrates luce rústico, vulgar y lo que es peor, equivocado respecto del tópico propuesto. Para no errar respecto del pasaje que hace del discurso sofista una pieza retórica de elegancia y belleza notables, se debe señalar que la pieza transcurre desde la elección hecha por petición de la reunión de amigos, de explicar la respuesta valiéndose de una fábula, la de Prometeo y Epimeteo, que comienza en la página 46; hasta la página 62 en que Sócrates responde. La segunda cuestión, que abre un abismo de espejos, donde el mérito casi total viene siendo de Platón, es que el discurso de Protágoras, que contiene una rotunda oposición a las ideas de Sócrates es, paradójicamente, narrado por éste, y la reconstrucción de esta especie de novela filosófica, la escribe por completo, Platón; la escribe, la reconstruye, ¿la inventa? basándose en la devoción pura que tiene hacia su entrañable maestro. Un modelo del padre heroico, cuya capacidad lógica escanciada en la razón pura, es el veneno o la magia que impide toda distracción hacia la veneración de alguien superior que funja como el faro de nuestra azarosa vida. Platón. Platón mismo se convirtió en ese faro para muchas generaciones de pensadores en el ámbito de la cultura occidental y poco a poco en el plano universal. XXI
completo, Platón; la escribe, la reconstruye, ¿la inventa? basándose en la devoción pura que tiene hacia su entrañable maestro. Un modelo del padre heroico, cuya capacidad lógica escanciada en la razón pura, es el veneno o la magia que impide toda distracción hacia la veneración de alguien superior que funja como el faro de nuestra azarosa vida. Platón. Platón mismo se convirtió en ese faro para muchas generaciones de pensadores en el ámbito de la cultura occidental y poco a poco en el plano universal.
El Editor

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Paulina Chiziane, contadora de historias, feminista

por Chema Caballero*

 

PaulinaChiziane

SIEMPRE DIGO QUE A PESAR de haber vivido tantos años en Sierra Leona descubrí la literatura africana muy tarde. Hasta hace pocos años no existían librerías en Freetown y la mayoría de mis libros los adquiría en las escalas europeas de mis vuelos. Ahora, al moverme por el continente descubro con sorpresa que la realidad en muchos países es muy distinta, por eso hoy puedo hablar de uno de mis últimos descubrimientos: Paulina Chiziane.
Me tope con ella el pasado mes de septiembre, cuando un sábado por la mañana, acompañado de mi amiga Marga Sanmartín, entré en la librería Conhecimento, en la Avenida 24 de Julho, en el barrio de Polana de Maputo. Pregunté al dueño sobre algunos autores mozambiqueños y me recomendó, evidentemente, a Mia Couto y a Ungulani Ba ka Khosa, Lília Momplé y a Paulina. De ella tenía dos libros: Niketche: Uma historia de poligamia y Ventos do apocalipse.
De los cinco libros que compré, el primero que me llamó la atención fue el de Niketche, quizás, pienso yo, porque esos días estaba visitando un proyecto de Médicos del Mundo en Matola, cerca de la capital, sobre violencia de género, y empecé a devorarlo sin demora.
Paulina vivió en el campo hasta los 7 años, cuando se trasladó a un suburbio de Lourenço Marquez, que es como se llamaba entonces la capital del país, para poder estudiar. En su pueblo hablaba su lengua materna, el chope, y tuvo que aprender el portugués en el colegio. Llegó hasta la universidad pero no terminó sus estudios. Con 20 años presenció la independencia de Mozambique y la celebró con gritos contra el colonialismo. Años después comenzó la guerra civil que arrasó el país y que llevo a Paulina al desencanto, como bien se lee en Ventos do apocalipse.
A Chiziane no le gusta que la etiqueten como escritora y prefiere definirse como contadora de historias, de aquellas que aprendió de su abuela o de otros ancianos alrededor de la hoguera durante su infancia y su juventud.
Niketche es el nombre de una danza de iniciación sexual femenina de los macua, un grupo étnico que habita en el norte de Mozambique. Es también el título de la novela que Paulina publicó en 2002 y que cuenta la historia de amor entre Rami, una mujer del sur y de clase social alta, y de Tony, un importante jefe de la policía de Maputo.
Casada desde hace veinte años y madre de varios hijos, Rami siente que su marido la desprecia y, tras una dolorosa investigación, descubre que tiene otras cuatro mujeres y muchos otros hijos. En un principio se enfrenta y pelea con las amantes de su marido, pero al final termina siendo amiga y asesora de todas ellas, propiciando que Tony se case con cada una de ellas y las dote, para que adquieran respeto y reconocimiento delante de la sociedad.
A través de estas mujeres Rami entra en contacto con siglos de tradición y de costumbres, muchas de ellas crueles, y con la diversidad de mundos y culturas que conviven en un mismo país.
Desde fuera, es difícil entender que las cinco mujeres decidan compartir un mismo hombre y, luego dos de ellas el mismo amante. ¿Qué sacan de este juego? ¿Por qué participan en él?, me pregunto.
Es difícil entender cómo unas y otras se dan consejos para atender al marido común con la mayor sumisión: de rodillas, reservándole las mejores partes del pollo, dejando todo para atender a sus deseos tal y como la tradición requiere.
Es difícil comprender a la suegra de Rami para la que la monogamia es un sistema inhumano que margina a una parte de las mujeres y otorga privilegios a otras.
Es difícil aceptar que cuando se hable de violencia se diga: “Mi padre siempre golpeó a mi madre, pero ella nunca abandonó el hogar. Las mujeres antiguas son mejores que las de hoy, que se asustan con un simple azote”.
Es difícil entender que Rami se someta a la lev del levirato con gusto para vengarse de su marido, asintiendo a la tradición.
Me viene la duda de si todo esto no es un recurso que usa Chiziane para mostrar y denunciar el sufrimiento de las mujeres africanas, cuestionando al mismo tiempo los valores tradicionales. Y la pregunta que me surge después de leer el libro es: ¿Se puede decir que Paulina es feminista?
Alguna vez me he cuestionado sobre el feminismo en África. Nunca me he parado a estudiarlo o a leer mucho sobre él. Pero a un grupo de amigas sierraleonesas, muchas de ellas abogadas y médicas que en su mayoría han estudiado y vivido fuera del país, con las que de vez en cuando coincidía en Freetown, cuando les pedía consejos sobre dudas que me surgían al trabajar algunos valores, o ver las actitudes frente a determinados temas, de las chicas que estaban en los programas que yo dirigía, constantemente me insistían en que no se puede equiparar el feminismo africano al europeo. Una de ellas, Hawa, siempre me recordaba que la civilización europea llevó tanto sufrimiento a África que cualquier idea proveniente de allí, incluso hablando de derechos humanos, siempre se recibe con desconfianza. No sé hasta qué punto esto es cierto, pero leyendo Niketche me acordé de alguna de aquellas conversaciones.
La novela de Paulina Chiziane me hizo recordar el conflicto interno al que están sometidas muchas mujeres africanas, especialmente las más jóvenes y sobre todo las de las ciudades (y más si estudian), que tienen que debatirse entre el mundo moderno, muchas veces erróneamente identificado con lo occidental, y el mundo tradicional, aquel que es eminentemente machista, donde la mujer es siempre una propiedad (del padre, del marido, del cuñado o del hijo mayor si tiene suerte) y donde su función en la vida es la de servir y procrear.
Esto, quizás, pueda ayudarnos a recordar, enlazando con nuestra manía tan occidental de poner a todo etiquetas y con lo que me decían mis amigas sierraleonesas, que no existe el feminismo como visión universal y monolítica de la situación de la mujer en el mundo, como muchas veces el reduccionismo etnocéntrico de los países del Norte quiere imponer al resto del mundo.
Creo que una de las grandes aportaciones de la novela de Paulina Chiziane es el poner de relieve que en el caso de las mujeres africanas elementos como la colonización, el racismo, la religión, las tradiciones culturales o la pobreza, entre muchos otros, tienen que ser tomados en cuenta. Además, nos insiste en que el punto de vista de las mujeres africanas tiene la prioridad, un aspecto tantas veces ignorado en el Norte que sigue imponiendo como universales, en lo que es un claro ejercicio de neocolonialismo, postulados que no se adaptan a las realidades de las mujeres de los países en desarrollo.
Por eso, a los que llegamos de fuera, muchas veces nos da la impresión de que el feminismo es algo muy de nuestras sociedades y caemos en el error de pensar que las mujeres africanas no quieren cambiar su situación. De ahí que existan tantas ONG y organizaciones internacionales que tienen como único objetivo abrir los ojos a las mujeres africanas y que muchas veces no tienen en cuenta lo que ellas mismas piensan.
Me pregunto: ¿Qué significa ser feminista en África? y, evidentemente, no tengo la respuesta, pero quizás la clave nos la dé Paulina al demostrar que poco a poco, y con la ayuda y apoyo de sus compañeras, cada una de las mujeres de Tony encuentra la forma de ser autosuficiente, de no tener que depender de un hombre y poder decidir su propio destino. Historias que rezuman empoderamiento y educación de mujeres, aunque en la novela Paulina Chiziane no utilice esos términos.
En Niketche, una historia de poligamia (traducida al castellano y publicada por Ediciones El Cobre en 2004), Paulina hace oír las voces de las mujeres del continente, que denuncian los conflictos y la dominación que viven cada día, describen la violencia a la que están expuestas y la denuncian como una forma grave de discriminación y una violación de sus derechos como personas.
Lo trágico es que la mayoría de las mujeres africanas no puedan leer obras como  esta. A pesar de los avances conseguidos en los últimos años, todavía son muchas las mujeres y niñas en África que no son capaces de leer. Queda mucho trabajo por hacer y posiblemente sean las mujeres africanas las que más tengan que implicarse y esforzarse para cambia su propia suerte.
Como siempre me repetían mis amigas sierraleonesas cuando les planteaba temas como la Mutilación genital femenina o la violencia contra las mujeres, por ejemplo: “Esas son cosas que sólo nosotras podemos cambiar, tenemos el conocimiento para saber que eso no debe ser así, hablamos el mismo lenguaje que nuestras abuelas y madres y podemos entrar en el bosque sagrado, donde estos temas se discuten, pero lo haremos a nuestro ritmo y no al que nos impongáis desde fuera”.

* Chema Caballero. Llegó a África en 1992 y desde entonces su vida giró en torno a sus gentes, su color y olor, sus alegrías y angustias, sus esperanzas y ganas de vivir. Fue misionero javeriano y llevó a cabo programas de educación y recuperación de niñ@s soldado en Sierra Leona durante dos décadas, que fueron modelo.
Fuente: http://blogs.elpais.com/africa-no-es-un-pais/2013/04/
paulina-chiziane-una-feminista-africana.html

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Peregrinaciones de ayer y hoy

Peregrinaciones

Portada

 

Coordinador : PATRICIA FOURNIER, CARLOS MONDRAGÓN, WALBURGA WIESHEU
Autores Varios : DAVID LAGUNAS ARIAS, FRANÇOISE ODILE NEFF NUIXA, FERNANDO LÓPEZ AGUILAR, SERGIO SÁNCHEZ VÁZQUEZ, LUIS ARTURO JIMÉNEZ MEDINA, RAÚL MÉNDEZ YÁÑEZ, F.T. AZUL U. RAMÍREZ RODRÍGUEZ, OUAJD KARKAR, LESLIE F. ZUBIETA, MARÍA ELVIRA RÍOS, EDUARDO HERRERA
El Colegio de México
Centro de Estudios de Asia y África
1ª Edición: 2012
ISBN: 978-607-462-392-5

Esta obra representa un esfuerzo por retomar el concepto de la peregrinación y repensarlo críticamente a la luz de nuevas investigaciones. Con este fin, ofrece trece estudios realizados en las más diversas regiones de México y el mundo, entre las que se incluyen el Centro de México y el Bajío, África sur-central y el Rif marroquí, el este de Asia (China imperial y contemporánea), la alta planicie del Tibet, los archipiélagos de Melanesia y Estados Unidos de América.

Uno de los objetivos de esta compilación es problematizar nociones establecidas en torno al peregrinaje ofreciendo nuevas formas de entender la construcción y la experiencia de los paisajes culturales, la percepción del espacio, del desplazamiento y de la condición de la persona y el grupo, así como la creciente importancia del turismo y la migración en contextos transnacionales actuales.

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