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Calakmul y sus vestigios epigráficos

por Mónica Mateos Vega y Lorenzo Chim

La zona arqueológica de Calakmul, ubicada al sur de Campeche, es una de las dos ciudades mayas más importantes de los años 450 al 750 d.C., junto con Tikal, en Guatemala.
Además de monumentales edificios y ciudadelas de arquitectura estilo Petén, ahí se hallan entre 120 y 200 estelas, la mayor cantidad encontrada en un sitio arqueológico en México, así como un hermoso friso de estuco de 20 metros de largo por tres de ancho (localizado en 1999) y un espléndido mural (descubierto en 2004) dentro de sendas estructuras.
Las incomodidades que causan el calor, la humedad y el constante ataque de los insectos se difuminan ante la vista de las grandes pirámides de la plaza principal, que los arqueólogos no han despejado del todo de la exuberante vegetación, “con el propósito de que los animales sigan transitando dentro de su hábitat natural”.
Calakmul fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en 2002, y ahora se busca que obtenga una declaratoria mixta, pues está en el corazón de la reserva de la biosfera que lleva el mismo nombre.

Turismo especializado

El sitio se ubica a cinco o seis horas de viaje en automóvil desde la ciudad de Campeche. De acuerdo con autoridades del gobierno del estado, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) se encuentra en negociaciones con los ejidatarios para que el visitante sólo pague lo que cobra la Secretaría del Medio Ambiente y Aprovechamiento Sustentable de Campeche y el propio INAH.
No obstante la enorme cantidad de información arqueológica e histórica, y su belleza natural, Calakmul “no está concebida para ser un sitio con visitas masivas. La prioridad de los proyectos de investigación y desarrollo es mantener el equilibrio entre flora, fauna y el entorno arqueológico”, añade Rodríguez Campero, quien señala que el número de visitantes ha pasado de 10 personas a 28 mil anuales, de 1999 a la fecha.
“Se trata de un turismo especializado, que ha leído mucho acerca de la cultura maya y busca más información, aunque también hay muchos que vienen y no visitan los monumentos de la zona arqueológica, sino que llegan a observar a los animales de la reserva: venado cola blanca, pájaros carpinteros, tucanes, monos saraguatos, una gran gama de especies”.
Calakmul y Tikal distribuyeron en su época el poder en toda el área maya conocida en ese momento. “Eran las superpotencias de la época, antagonistas, algo así como el papel que tenían Estados Unidos y Rusia durante la guerra fría, a esa analogía recurren con frecuencia los epigrafistas”, continúa Omar Rodríguez Campero.
El sitio arqueológico abarca 25 kilómetros cuadrados, en los cuales se ubican alrededor de 6 mil estructuras, de acuerdo con mapas realizados en los años 80, cuando se iniciaron los trabajos de rescate de la zona. De ese total, sólo está explorado, recuperado y en algunos casos abierto al público entre 20 y 25 por ciento.
A nivel de investigación arqueológica, explica el especialista, “los retos aquí nunca se nos van a terminar porque no obstante que el sitio ha sido excavado e intervenido desde 1980, es muy joven en comparación con Palenque, Chichén Itzá y Teotihuacán, que han sido explorados desde finales del siglo XIX. Nuestras líneas de investigación han generado novedosas ideas en torno al mundo maya, pero además estamos enfocados, en lo administrativo, en lograr que Calakmul sea sustentable.
“Tenemos por delante el reto de cómo equilibrar la parte arqueológica con su conservación ecológica y su mantenimiento, porque no es recomendable que en los alrededores de la zona se genere infraestructura para motivar el turismo masivo. Sin embargo se puede apoyar al entorno, desde Xpujil, que es la cabecera del municipio hasta sus límites con Escárcega, y ahí sí generar una ocupación hotelera”.

Restauración del friso

En ninguna otra ciudad maya se han encontrado tantas estelas como en Calakmul, lo cual significa también que es el sitio que tiene el mayor número de referencias epigráficas en toda el área, y “a nivel histórico, el sitio tuvo más de mil años de ocupación continua, lo que hace que tengamos contextos materiales de todas las épocas de la cultura maya. Por ejemplo, hay mascarones de estuco modelado del año 400 a.C., todo ello es una de las razones por las que la Unesco nos dio la declaratoria. No dudo que haya más frisos dentro de otras estructuras, sería fenomenal, ya lo dirán investigaciones subsecuentes”, explica Rodríguez Campero.
Los trabajos de restauración del friso llevan un avance de 80 por ciento, pues “además de las instituciones federales, recibimos apoyo de instancias privadas, como Banamex, pero, como sucede en muchos sitios arqueológicos, siempre necesitamos más recursos financieros”.
Respecto de la impecable pintura mural que data de los años 650 a 700 dC, la cual se localizó en 2004, Rodríguez Campero –quien trabaja con Ramón Carrasco, director del Proyecto Calakmul–, indica que se trata de escenas de la vida cotidiana (más de 60) ubicadas en tres muros de una cámara interior, muy diferentes a las de Bonampak. “Son muy simples, pero muy coloridas. Destaca una pareja de mujeres que tienen vestimentas transparentes, con glifos en los olanes. Es una de las más populares porque es preciosa, ya que la indumentaria tradicional maya siempre se ha asociado a tejidos gruesos y no muy delicados, aquí se muestra lo contrario, ¿cómo lograban esa transparencia? Eso nos da para investigar más.
“La restauración está concluida, pero falta implementar equipos de monitoreo, conectados a Internet para estar checando las mediciones. Una vez que esté eso, se permitiría la entrada a los visitantes. No queremos cometer el error de permitir el acceso y después ver los aspectos de conservación. Es un patrimonio muy importante que no podemos dejar al ‘ahí se va’”.
Otros de los hallazgos relevantes en Calakmul son varias tumbas localizadas en las estructuras. Destaca la del gobernante Garra de Jaguar, ubicada debajo de la primera crujía de una subestructura de principios del Clásico tardío, en la llamada estructura II. Varios elementos del enterramiento, como el ajuar funerario y las ofrendas están en el Museo Arqueológico de la Ciudad de Campeche.

Fuente: http://www.jornada.unam.mx/

 

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La ciudad perdida de Mahendraparvata, en Camboya, muestra sus secretos

La historia tiene un atractivo incomparable: en pleno siglo XXI, un grupo de arqueólogos descubre en la jungla de Camboya una ciudad de hace 1200 años gracias a una sofisticada técnica —LIDAR— que utiliza un láser acoplado a un helicóptero para penetrar el denso follaje y revelar los grandes secretos que esconde una de las grandes civilizaciones de Asia. Por si fuera poco, para acceder al lugar los científicos tienen que recorrer barrizales infestados de alimañas y campos en los que las minas antipersona del Jemer Rojo están siempre al acecho. Pero no importa, porque el descubrimiento de una ciudad perdida, que ha pasado desapercibida a los saqueadores, bien merece correr el riesgo.
La ‘exclusiva mundial’ del hallazgo la publicó el pasado sábado el Sydney Morning Herald, y sería el argumento perfecto para la quinta entrega de las andanzas cinematográficas de Indiana Jones si no fuese porque tiene una pequeña pega: es una verdad a medias. No en vano, muchos de los edificios cuyo descubrimiento se había atribuido al grupo de científicos liderado por Jean-Baptiste Chevance, director de la Fundación de Arqueología y Desarrollo de Londres, eran bien conocidos desde hace años. Se trata del conjunto de Mahendraparvata, situado en la montaña de Kulen —libre de artefactos explosivos—, al norte del mayor complejo de templos hinduistas del mundo, Angkor.

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“Para ser honestos, no es totalmente nuevo”, reconoció ayer Chevance, que ha estado trabajando en el proyecto desde 2008 y que culpó de la exageración que se ha hecho del proyecto al sensacionalismo del rotativo australiano. “Lo que sí es novedoso es la utilización de la técnica LIDAR para ir más allá en el estudio. Así hemos conseguido desvelar una red de carreteras, canales y diques que conectan los monumentos que ya se conocían”. Lo que sobre el terreno parecían surcos y agujeros sin relevancia alguna es, en realidad, un complejo sistema de comunicaciones en el que el agua, en cuya compleja distribución se han encontrado hasta presas, juega un papel primordial.
Y es esa revelación la que confirma que Mahendraparvata era una ciudad y no un simple conjunto de edificios. “Con este instrumento, de repente, hemos visto inmediatamente la imagen de una ciudad cuya existencia nadie había conseguido certificar”, comentó al diario australiano The Age otro de los científicos, Damian Evans, director del Centro Arqueológico de la Universidad de Sydney en Camboya. “Estamos hablando de una ciudad que tiene más de mil años y que es completamente subterránea. Lo que ves cuando estás allí es una montaña agujereada, y si no sabes lo que hay podrían parecerte agujeros naturales”, añadió el cartógrafo del grupo, Stephane De Greef.
El hallazgo supone que la imponente capital del imperio jemer fue casi cuatro veces mayor a lo previamente estimado
El hallazgo, que se publicará íntegro esta semana en Proceedings of the National Academy of Sciences de Estados Unidos, supone que la extensión de Angkor, la imponente capital del imperio jemer, fue casi cuatro veces mayor a lo previamente estimado. “Queda claro que el centro urbano se extiende hasta unos 35 kilómetros cuadrados, mucho más que los 9 kilómetros cuadrados delimitados por el perímetro de Angkor Thom —el principal núcleo de templos—”, afirma Evans.
“Este es el mayor avance en nuestro conocimiento de Angkor desde que se descubrió la ciudad hace un siglo”, añade el arqueólogo Michael Coe, que ya propuso hace 60 años el uso de láser para hacer una cartografía detallada del lugar. Según el texto presentado por los científicos, cuyo proyecto ha costado unos 250.000 dólares y ha cubierto 370 kilómetros cuadrados durante una semana de vuelos, se confirma que Angkor no era una capital con núcleos urbanos dispersos, sino “una ciudad densamente ocupada, con calles y avenidas alineadas con los puntos cardinales”. Era, en definitiva, el espectacular corazón de un imperio cuya influencia se extendió por gran parte del sudeste asiático.
Según las novedades reveladas por el estudio, ya en el siglo XII la urbe contaba con una población muy elevada —expertos como Bernard-Philippe Groslier la cifran en hasta 1,9 millones de habitantes— que sobrevivía gracias a la importación de alimentos de las zonas rurales. No obstante, según declaraciones de los expertos recogidas por el diario local Phnom Penh Post, esa dependencia del exterior, sumada a las sequías, fueron determinantes en el colapso de la antigua civilización jemer, y no la invasión de los tailandeses, como se pensaba hasta ahora.
Sin duda, estos hallazgos dan fuerza a quienes llevan años pidiendo a la UNESCO que incluya la montaña Kulen en su listado de Patrimonio de la Humanidad. Pero quienes realmente se frotan las manos son los establecimientos turísticos, que ven un nuevo filón en Mahendraparvata. “Ya hay visitantes que van a la montaña. Todavía no son muchos, pero es posible que no tarden en fletar autobuses. Porque además de los templos —el equipo de arqueólogos ha descubierto 30 nuevos— el lugar ofrece cascadas preciosas y piscinas naturales para bañarse”, cuenta a EL PAÍS Omar Havana, un fotoperiodista español establecido en Siem Reap, la ciudad desde la que parten todas las expediciones a Angkor, que actualmente recibe un millón de visitantes al año. “El descubrimiento de los canales y los enlaces de la ciudad es importante porque puede aclarar muchas cosas sobre el comienzo del imperio jemer”, valora.
Sin duda, el trabajo no ha hecho más que comenzar. Los arqueólogos, que han trabajado en cooperación con el gobierno camboyano, ya han anunciado que quedan por delante años de estudio con un objetivo claro: desentrañar el funcionamiento y la caída del mayor núcleo urbano pre industrial del mundo, cuya hegemonía en el sudeste asiático se extendió durante seis siglos. Evans ya maneja una teoría: “Quizá tuvo tanto éxito que, finalmente, fue imposible administrarlo”.

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La Alhambra de Granada

CONSTRUIDA PRINCIPALMENTE en los siglos XIII y XIV, la Alhambra (del árabe, Al Hamra, es decir, la Red) es una antigua mezquita, palacio y fortaleza construida por los reyes moros de Granada, en el sur de España.
Tras la conquista cristiana de la ciudad en 1492, se introdujeron modificaciones en los edificios dentro de la Alhambra. En particular, Carlos V reconstruyó partes del complejo de estilo renacentista de la época, y destruyó la mayor parte del palacio de invierno para dar lugar a una estructura de estilo renacentista, que nunca se ha completado. En siglos posteriores, el arte morisco fue desfigurado y algunas de las torres fueron destruidas.

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Napoleón, de hecho, intentó hacer estallar todo el complejo, pero su plan fue frustrado por uno de sus soldados, que se negó a seguir el plan de su comandante y decidió desactivar los explosivos, por lo que salvó a la Alhambra para la posteridad.
La parte árabe de la Alhambra se asemeja a muchos reductos cristianos medievales, tres tantos de palacio, el palacio residencial y un edificio anexo para los subordinados. El detalle ornamental extremadamente intrincado en la Alhambra musulmana está en marcado contraste con el palacio renacentista de Carlos V, que consiste principalmente de paredes blancas y sin características notables particulares.

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La Sala de los Abencerrajes deriva su nombre de una leyenda según la cual Boabdil, el último rey de Granada, después de haber invitado a los jefes de ese ilustre linaje a un banquete, ahí fueron masacrados. Esta habitación es un cuadrado perfecto, con una elevada cúpula y ventanas enrejadas en su base. El techo está exquisitamente decorado en azul, marrón, rojo y oro, y las columnas de soporte brotan en forma de arco de manera muy hermosa. Frente a esta sala está la Sala de las Dos Hermanas, así llamada debido a las dos muy hermosas losas de mármol blanco estructuradas como parte de la acera.

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En pos de las manzanas doradas

por Mariano Flores Castro

En este ensayo me propongo revIsar brevemente el mito (o mejor: la leyenda) de las manzanas de oro, tanto en su versión mitográfica como en su más reducida y vistosa expresión plástica. Sin pretensión de exhaustividad, busco algunas claves en el ciclo heroico de Herakles para poder después adentrarme en breves comentarios sobre tres pinturas europeas del siglo XVI que de manera inequívoca –si bien no netamente explícita– se refieren a las manzanas doradas y a sus significados simbólicos. En mi revisión del ciclo de Herakles no he creído excesivo aventurar una tesis que considero original en más de un sentido, aunque no pude encontrarle apoyos en ninguna de las fuentes consultadas y, menos aún, entre los mitógrafos modernos. El lector juzgará por sí mismo la validez de lo que en muchos sentidos es sólo un juego conjerural al que ninguna generación puede renunciar sin grave daño de su propia y legítima visión del mundo.
He dejado para el último segmento la parte más importante del ensayo pensando que si la hubiera atomizado a lo largo del mismo, la fuerza e intensidad de los asuntos allí comentados opacarían la ya en sí modesta interpretación que acá propongo. Por lo demás, las líneas que siguen pueden verse también como un temario cuyo desarrollo ulterior y detallado pertenece a un mundo erudito del que prefiero seguir siendo solo un aventurado observador. Una de las ventajas es que puedo acercarme a estos jardines sin el ánimo de convenir los árboles en libros.
Hay un desacuerdo explicable entre los mitógrafos respecto al sitio en que se desarrolla el penúltimo trabajo de Hércules. El Jardín de las Hespérides –símbolo, entre otras cosas, de la fecundidad en el seno de una eterna primavera– puede estar ubicado ya al oeste de Libia, ora al pie del Monte Atlas o bien en el país de los Hiperbóreos —que algunos sitúan en Irlanda— pero en todo caso en el Occidente. Más importante es saber que uno de los árboles de ese jardín o huerto produce manzanas de oro y que éstas son los frutos de la inmortalidad, regalo de bodas que Gea hiciera a Zeus y Hera en ocasión de sus esponsales. Para obtenerlas, el héroe tiene que matar al custodio: el dragón (o serpiente) Lagon, que yergue cien cabezas y es políglota; además, debe sustituir temporalmente a Atlas en la colosal tarea de sostener el cosmos sobre sus hombros.
Si una manzana común es cortada transversalmente, aparece una estrella de cinco puntas en el centro de cada mitad. Un corte similar en una manzana del Jardín de los dioses revelaría una estrella refulgente que de manera simultánea nos lleva a pensar en la “divina proporción” o sección áurea, en la astrología (Hércules es discípulo de Atlante, para algunos el primer astrónomo u observador del cosmos) y en el árbol del Bien y del Mal, en otra tradición celosamente guardada por la serpiente, que prefigura al demonio.
Que la inmortalidad está en las estrellas y no en el mundo es una antigua intuición que Pitágoras, y más tarde Platón, retomaron y llevaron al nivel del arte y a la metafísica. En el caso de Hércules, la inmortalidad obtenida al apoderarse de las manzanas de oro está ligada a las acciones previas de matar al dragón, aprender astronomía y (por qué no) seducir a las Ninfas del Ocaso (el oeste, por supuesto), conocidas como las Hespérides. Adán y Eva, en tradición más (re)conocida, tras ser inducidos por la serpiente a comer el fruto prohibido (que no hay por qué dudar que fuese de oro también) tendrán que “ganar el pan con el sudor de su frente”, es decir: trabajar tras el conocimiento de la lujuria. ¿Se trata acaso de las metamorfosis de la manzana a través del choque de diversas culturas?
Egle, Eritis y Hesperia son, junto con el dragón, las vigilantes del árbol que da las manzanas de oro. En camino a su apoteosis, Hércules consigue tres de esas manzanas del huerto que, como quedó establecido, se halla en el Extremo Occidente, en donde aparece Héspero, la estrella vespertina (entre nosotros Tlahuizcalpantecuhtli). Los autores helenísticos asimilan a Héspero con el astro Fósforo, llamado Lucifer por los romanos.
Robert Graves afirma que “Hércules aparece por primera vez en la leyenda como un rey sagrado pastoral, y tal vez porque los pastores reciben con regocijo el nacimiento de corderos mellizos, él también es mellizo (…) Sus símbolos son la bellota, la paloma silvestre, el muérdago o loranthus y la serpiente. Todos son símbolos sexuales. La paloma estaba consagrada a la diosa del amor de Grecia (Afrodita) y Siria (Astarté); la serpiente era el más antiguo de los animales totémicos fálicos; la bellota acopada representaba al glans penis en griego y en latín; el muérdago era una panacea y sus nombres viscus (latino) e ixias (griego) se relacionan con vis e ischus (fuerza) probablemente a causa de la viscosidad espermática de sus bayas, y el esperma es uno de los vehículos de la vida. Por consiguiente, Hércules es el director de todos los ritos orgiásticos y tiene doce compañeros arqueros, incluyendo su mellizo armado con lanza, que es su tanista o delegado.” Apretando varias leyendas se concluye que este primer Hércules muere sacrificado en un altar de piedra en cuyo centro hay un roble cortado en forma de T.  Lo atan a él con mimbres formando “el lazo quíntuple, que sujeta las muñecas, el cuello y tos tobillos”. Esto se relaciona también con la flor de loto, de cinco puntas, que simboliza la copa de oro que el Sol utiliza para volver de uno de sus trabajos.* Luego le sacan los intestinos y los ojos, lo castran, lo empalan con una estaca de muérdago y finalmente, tras despedazarlo, recogen su sangre en un recipiente y la rocían a todos los participantes del rito, con lo que adquieren vigor y fecundidad. Agrega Graves: “Los doce (¿apóstoles?) que intervienen en la fiesta bailan en figura de ocho alrededor de las fogatas, cantando extáticamente y arrancando la carne con los dientes. Los restos ensangrentados son quemados en la fogata, con excepción de los órganos genitales y la cabeza. Colocan éstos en una embarcación de madera de aliso y los llevan flotando por un río hasta un islote, si bien a veces curan la cabeza con humo y la conservan para usos oraculares. El tanista le sucede y reina durante el resto del año y, al final de éste, lo mata sacrificialmente un nuevo Hércules.”
En cuanto a los doce seguidores de Hércules, su sacrificio eucarístico y su asimilación a ciertos rasgos de Cristo, la explicación es que la figura de este héroe es elaborada en Persia, Egipto, Libia y aún en las lejanas islas británicas, abarcando así una geografía que rebasa con mucho al ámbito estrictamente griego.
Si pasamos ahora al ciclo heroico clásico, recordaremos que Hércules es un niño milagroso nacido de una lluvia de oro o de la unión de su madre con Zeus; mata en su cuna a una serpiente (o dos) y provoca el nacimiento de la Vía Láctea. Esto último es lo que nos importa por lo pronto. Por el Dictionnaire de la Mythologie grecque et romaine (P.U.F., París, 1951, 6a. edición, 1979), sabemos que la lascivia de Zeus lo llevó a disfrazarse de Anfitrión para seducir a su esposa Alcmena, aprovechando que el mortal había salido a luchar contra los telebros.
Así engendró el dios al héroe, al que quiso inmortal, en una noche alargada por órdenes suyas.** Hera, celosa y pudibunda, como respuesta provoca un retraso en el nacimiento de Hércules, lo que permite que su primo Euristeo, sietemesino, heredara el reino en su lugar. Mas, para ser inmortal, el héroe tenía que beber la leche del seno de Hera, a la sazón y por razones obvias, su peor enemiga. Sólo al hallar dormida a la diosa logró Hermes acercar al portentoso crío a su pecho. Al sentir la succión y el mordisqueo del héroe, Hera se despertó, lo arrojó lejos de sí, pero ya era demasiado tarde. La leche que fluyó de su seno dejó en el cielo la Vía Láctea. Aunque hay otras versiones, esta puede apuntalar la tesis de que Hércules obtiene en el Jardín de las Hespérides las “estrellas” que Hera, su madre putativa, le quiso negar. Las estrellas están dentro de las manzanas (que tienen forma de senos) y éstas son doradas porque simbolizan la inmortalidad y la pureza que tanta falta le hacen al héroe para alcanzar la apoteosis. A ello hay que agregar que el oro y el fuego son símbolos de la virilidad del león (Hércules tuvo, según algunos mitógrafos, setenta hijos).
En el famoso cuadro del Tintoreto, “El nacimiento de la Vía Láctea” (National Gallery, Londres) está representado el suceso divino. De acuerdo con iconógrafos contemporáneos el cuadro ha perdido la parte inferior, donde se narraría la continuación de la leyenda, esto es, cómo algunas gotas de leche cayeron sobre la tierra y suscitaron también el nacimiento de las flores.
Ahora bien, el manzano es un árbol florido en primavera, por lo tanto su fruto tiene asimismo origen en la leche de la diosa: leche de estrellas. El mito y la leyenda pueden tener una convergencia en la idea de que Hércules busca la legitimidad al mismo tiempo que la inmortalidad prevista para él por su padre Zeus (que en el cuadro del Tintoreto aparece con forma de águila apresando un rayo entre las garras). De esta manera, las manzanas doradas vienen a ser el conocimiento iniciático de los secretos divinos, la inmortalidad que pasa por el sacrificio, y la reconciliación, en el tiempo, con la madre desdeñosa.

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En el Olimpo, Hera y Hércules, efectivamente, vuelven a la cordialidad y ella se convierte en su madre inmortal después de un acto solemne en el que simula el nacimiento del héroe “como si saliera de su propio seno.***
Las manzanas doradas también fueron motivo de un comentario pictórico de Lucas Cranach, el viejo. Se trata del “Cupido se queja ante Venus”, también de la Galería Nacional de Londres. Venus aparece aquí sacudiendo las ramas del árbol prodigioso. El clima primaveral no obsta para que luzca un pesado collar y un sombrero de nórdica boga en cuya ala anchísima circunnavegan plumajes de avestruz o borlas de nívea piel.
A lo lejos, en la espesura del huerto, asoma una especie de alce venido a venado-cola-blanca (Odocoileus virginianus) que en compañía de un asno atestigua la escena en que Cupido le reclama a Venus porque, al sacudir el árbol, ha hecho que un panal le caiga encima. El ente alado trata de protegerse de las abejas kamikasi que lo atacan con el encono de quien ha perdido la casa y el sustento. Venus sonríe y parece recibir el panal. La ironía de Cranach: en vez de la incitante, promisoria, eterna, dulcísima y dorada manzana del amor sensual, le ha caído encima una pugnaz colmena que enfría los ánimos de Cupido.
Estamos ante una versión muy aligerada de la leyenda de las manzanas de oro. En efecto, esta visita de Venus y Cupido al Jardín de las Hespérides parece carecer de móvil o código precisos, si bien sabemos que el lucero vespertino (Venus) está consagrado a la diosa. Es posterior a la hazaña hercúlea, puesto que ni Lagon ni las Hespérides celan los frutos dorados. La alegoría ha quedado un tanto desdibujada, mas parece el sentido principal de su ethos. En todo caso, el cuadro no se sustrae del sistema argumental e iconográfico de las tradicionales manzanas, de sus alcances simbólicos liberados ya de toda exégesis para avanzar hacia aquello que la pintura ratifica o desecha en su aluvión expresivo.
También del siglo XVI, pero éste pintado por un manierista florentino, es el cuadro conocido como “El descubrimiento de la lujuria”. Angelo Bronzino, su autor, elabora una alegoría del amor y el tiempo muy imbuida de intelectualismo moralizante y sin embargo plena de sensualidad que alude a la amplitud de registros que el amor suele recorrer en su paso por la pasión carnal. En primer plano aparece Venus sentada sobre un almohadón color de rosa. A su costado Cupido, de rodillas y tan desnudo como ella salvo por su aljaba, la abraza y la besa con una mezcla de ternura y lujuria. Venus se ha apoderado de una de sus flechas, que sostiene en la mano derecha, mientras que en la otra tiene una manzana de oro reluciente. A sus pies hay una paloma y dos máscaras. A un paso detrás de la diosa, un “putti” que lleva cascabeles dorados en el tobillo, lanza un puñado de rosas a la embelesada pareja.
A espaldas del niño aparece la Mentira bajo la apariencia de una nena bonita; lleva un vestido verde que no alcanza a ocultar su cola de dragón, y tiene las manos invertidas: la izquierda, en el brazo derecho, ofrece un panal de miel, y la derecha, en el brazo izquierdo, guarda un aguijón ponzoñoso. Según Erwin Panofsky, “nos enfrentamos aquí con el símbolo más refinado de duplicidad perversa que haya encontrado nunca un artista.. Detrás de Cupido, los Celos, bajo la forma de una mujer que se mesa los cabellos con gesto paroxístico y finalmente, al fondo, aparece un viejo Crooos alado que desvela la escena ayudado por la Verdad: Veritas filia tempore (la Verdad es hija del tiempo).

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El cuadro del Bronzino, epítome del espíritu contrarreformista, nos presenta a la Lujuria con su cortejo de dulzuras y desilusiones. Pese a todo, la diosa es poseedora de una manzana de oro, y con ella, de cierta inmunidad en los lances de amores. Su expresión de plenitud es elocuente: tiene la inmortalidad y tiene la flecha que controla el estallido de las pasiones.
Mito e imagen son indisociables. Su “espiral telúrica” (Lezama Lima dixit) asciende paralelamente a una historia que se disuelve en configuraciones y transfiguraciones manipuladas por los individuos y, posteriormente, por los grupos sociales que le dan comunidad. Hércules y las manzanas de oro no son la excepción: como entes mitotrópicos invaden la estructura del discurso humano en sus vertientes verbal y visual. La maravillante supervivencia de lo que es sin ser cosa‘ alguna, muestra con claridad el potencial de las invenciones —al fin poéticas— que han dominado la cultura de occidente por encima de otras formas quizá más inquietas de la fertilidad social. Sin dejar de ser productos culturales, estos entes expresan una forma que se sustrae a la temporalidad orgullosa de lo tangible, de lo susceptible de transcripción literal y de todo aquello que tienda a reducir la pujanza creadora de los más diversos pueblos y naciones del mundo. Así entendida, la imaginación es un radio vivo que va de la circunferencia de la vida real en la Tierra al centro ígneo del que surge toda producción simbólica … y moral.

Fuente: Cortesía del autor

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Museo del Prado, versión para iPad

Con motivo del Día del Libro, que se celebró el pasado martes 23 de abril, el Museo del Prado lanza la ´Guía del Prado para iPad´, la primera aplicación oficial del Museo, una nueva herramienta para profundizar en su colección permanente.
La nueva app está disponible en cinco idiomas, español, inglés, francés, italiano y portugués, y permite compartir el acceso del ‘corazón’ de la Colección a todo el público interesado a través de 400 obras con imágenes y textos sintéticos redactados por un equipo de especialistas coordinado por el Museo.

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En abril de 2008, el Prado presentó La Guía del Prado en edición impresa, de la que ya ha puesto en circulación más de 240,000 ejemplares. En abril de 2013 se convierte en el primer museo que actualiza su guía completa en este soporte app.

El corazón del Prado
La obras aparecen presentadas de forma cronológica en una clasificación por escuelas internacionales: española, italiana, flamenca, holandesa, francesa, alemana y británica, a las que se añaden dos capítulos dedicados a obras sobre papel, escultura y artes decorativas. Esta selección refleja las diferencias que existen entre las escuelas y los artistas representados en el Museo, donde ocupa un lugar esencial Velázquez y los pilares de las colecciones: Goya, El Greco, Tiziano, El Bosco y Rubens.
Además, una selección de 50 obras maestras incluyen imágenes de gran tamaño que permiten navegar en ellas, y un acercamiento a la obra superior incluso al que se consigue en la visita en el Museo. Y como valor añadido, las imágenes de las traseras de los trípticos y dípticos, como el Jardín de las delicias, la Adoración de los Magos o el Carro de heno del Bosco, no visibles en las salas de exposición.
Otro valor añadido se encuentra en los cinco recorridos temáticos del Museo que se ofrecen: ’50 obras maestras’, ‘Velázquez’, ‘Pintura veneciana’, ‘Princesas’ y ‘Animales del Prado’. Estas propuestas permiten situar las obras en el Museo, preparar una visita, enriquecer el conocimiento de la colección con una visita temática o descubrir una forma entretenida de acercar el Prado a los niños a través de temas como los animales o las princesas.
El acceso al contenido se puede realizar por el índice de colecciones y por el de artistas. Cuenta con la posibilidad de guardar y seleccionar las obras o los artículos que al lector le parezcan más relevantes en la sección de ‘Favoritos’, así como la de compartir los contenidos en las redes sociales a través de enlaces directos desde las fichas de las obras.
* En el Appstore, la app se ofrece con un precio de 139 pesos mexicanos.
Fuente: http://www.hoyesarte.com

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La Cueva de los Sueños Olvidados (subtitulado) – TeleDocumentales

La Cueva de los Sueños Olvidados (subtitulado) – TeleDocumentales.

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El retrato más antiguo del mundo

Si bien nuestros ancestros comenzaron a circular desde hace millones de años, lo cierto es que el más antiguo indicio del ser humano produciendo una representación auto-perceptiva, es decir, un retrato, data de hace poco más de 26 mil años. Esta magnífica pieza proviene de África. Por cierto, no deja de llamar la atención el refinado trabajo impreso en la figurilla, el cual de algún modo nos hace suponer que obviamente no era la primera vez que un ser humano creaba una pieza a su semejanza –aunque hasta ahora no se haya encontrado representación antropomorfa alguna que supere a esta en antigüedad.
Retrato 26mil talladura
“Al observar las más antiguas esculturas y dibujos europeos estamos viendo la profunda historia de cómo nuestro cerebro comenzó a almacenar, transformar y comunicar ideas como imágenes visuales. La exposición mostrará que podemos reconocer y apreciar estas imágenes. Incluso si sus mensajes e intenciones se pierden para nosotros, la habilidad y el arte todavía sorprenderán al espectador.”  advierte Jill Cook, curador de la muestra  Arte de la Edad de Hielo: Llegada de la mente moderna, dedicada a explorar los albores del arte representativo y que se exhibe desde el 7 de febrero en el Museo Británico de Londres.
http://pijamasurf.com

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