Archivo diario: marzo 9, 2016

Un reconocimiento a las mujeres que fueron, son y luchan por ser agentes de cambio social

Por Etnlga. Laura Ivonne Quiroz Castillo

Colaboradora del Correo de las Culturas del Mundo

 

El Día Internacional de la Mujer, celebrado por primera vez por la Organización de las Naciones Unidas el 8 de marzo de 1975, es referido por este organismo como un reconocimiento a las mujeres corrientes como artífices de la historia; es decir, como activas participantes en la sociedad en su lucha en pro de la igualdad, la justicia y el desarrollo.
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Sufragistas

El origen de esta conmemoración, puede trazarse desde finales del siglo XIX cuando la industrialización trajo consigo diversos cambios sociales y políticos, sobre todo en el ámbito laboral; desde el cual, influenciadas por el movimiento obrero, mujeres trabajadoras de la industria textil salieron a las calles de Nueva York para protestar contra las míseras condiciones de trabajo a las que estaban sometidas y demandar igualdad de derechos laborales que los hombres. Movilizaciones similares que incluían marchas, huelgas y mítines, se hicieron oír desde grupos y partidos socialistas en distintos países a lo largo de las primeras décadas del siglo XX, a las cuales se sumaron otras demandas como el derecho a la participación política, la no discriminación laboral y el derecho a la formación profesional.

1962 estudiantes afganas de medicina

1962. Estudiantes de medicina en Afganistán

Dentro de las manifestaciones que destacan se encuentran el establecimiento de días dedicados a las mujeres trabajadoras, en cuyos marcos se incluyeron movimientos en pro de la paz surgidos en vísperas de la Primera Guerra Mundial, en las que, según la cronología presentada por la Organización de las Naciones Unidas:
“…las mujeres rusas celebraron su primer Día Internacional de la Mujer el último domingo de febrero de 1913. En el resto de Europa, las mujeres celebraron mítines en torno al 8 de marzo del año siguiente para protestar por la guerra o para solidarizarse con las demás mujeres cuyos maridos, padres, hijos y hermanos eran llamados a los frentes de batalla, de los cuales muchos de ellos ya no regresaron.”1
Se calcula que Europa perdió dos tercios de su población masculina a causa de la Gran Guerra, lo que llevó a las mujeres a cumplir nuevas funciones. Si bien muchas de ellas, participaron como enfermeras profesionales o voluntarias, o bien, su trabajo en la industria textil era significativo, muchas otras fueron contratadas por otras industrias para hacer frente a la escasez de la mano de obra en fábricas.
Esta serie de hechos ampliaron la visión del papel de la mujer en la sociedad, cambiando la perspectiva de lo que las mujeres podían hacer y su lugar en la fuerza de trabajo; alentando así al movimiento feminista, cuya principal demanda fue el sufragio universal, el cual “apareció como una forma de encuadramiento de mujeres de todas las clases sociales, a pesar de sus distintas ideologías y objetivos, pero coincidentes en reclamar el derecho a la participación política, uno de cuyos requisitos es el voto, para reformar la legislación y la costumbre y, en consecuencia, la sociedad”2.

OBTENCIÓN DEL SUFRAGIO FEMENINO EN ALGUNOS PAÍSES

Nueva Zelanda      1893                     Italia                   1945
Australia                 1901                     Argentina          1947
Finlandia                1906                     India                   1947
Reino Unido           1918                    China                   1947
Alemania                1918                     Japón                  1947
Rusia                        1918                    Siria                     1949
Bélgica                    1919                     Brasil                   1952
Estados Unidos    1920                    México                 1955
Suecia                     1921                     Egipto                  1956
Uruguay                 1927                    Argelia                 1962
España                    1931                    Afganistán         1963
Turquía                   1930                    Irán                      1963
Cuba                        1934                    Angola                 1975
Bolivia                    1938                    Sudáfrica             1994
Francia                   1945                    Arabia Saudita   2015 (Sólo elecciones locales)
Si bien el derecho de las mujeres al voto fue incluido en la Declaración Internacional de Derechos Humanos en 1948, la lucha por los derechos de la mujer, incluyendo su participación política y social, así como por el total reconocimiento legal y social del ejercicio de sus facultades y derechos en su desarrollo íntegro como persona ha sido largo; tanto que podemos encontrar, a lo largo de la historia, testimonios que anteceden y suceden los hechos descritos en esta breve nota.
En este marco, El Correo de las Culturas del Mundo ha hecho una selección de artículos en los que se reivindica el destacado papel de mujeres como generadoras, guardianas y transmisoras de cultura, hecho que revela una complementariedad irónica al nombrar como “patrimonio” -es decir, lo que se recibe por línea paterna- a este conjunto de expresiones y conocimientos que son sustrato de una identidad.
Referencias:
  1. http://www.un.org/es/events/womensday/
  2. FRANCO RUBIO, Gloria Ángeles, “Siglo XX” Historia Universal. Madrid, 1983

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Enheduanna, la primera escritora de la Historia

Por Pepe Cervera

Antes de Acadia y de Ur hubo imperios y ciudades; antes del sumerio hubo lenguaje, y antes del cuneiforme hubo alguna forma de escritura. Antes de que en las llanuras de Mesopotamia crecieran los templos de barro y piedra hubo arte, entendido como formas de comunicación que movían sentimientos. Lo que no conocemos antes de Enheduanna, ‘Gran Sacerdotisa adorno de An’ y su obra es la existencia de ningún autor. Sabemos que buena parte de los bisontes de Altamira fueron trazados por la misma mano; una mano genial capaz de dibujar el perfil de un animal de un solo trazo provocando emociones más de 150 siglos después de su pintura. Pero nunca sabremos su nombre. Conocemos eximias pinturas, esculturas y obras arquitectónicas del remoto pasado mesopotámico o egipcio, pero no sabemos quién las hizo. El primer autor conocido de una obra de arte era poeta, y era una mujer, y era aristócrata y alto cargo de su gobierno. Antes de ella hubo creadores, pero ella es la Primera Autora de que tenemos noticia: la más remota asociación que conocemos entre una obra y una persona concreta, de existencia probada, con una vida y una historia propias: Enheduanna, la Primera Autora.

Enheduanna

Era hija de Sargón I de Acadia, conocido por ‘el grande’, el primer rey que unificó las ciudades estado de la Alta y la Baja Mesopotamia en un único imperio. En la batalla de Uruk, hacia el año 2271 adC, venció la última resistencia y controló desde entonces una vasta región desde el Mediterráneo hasta el Mar Rojo hasta su muerte, hacia el 2215 adC. Sargon se casó con Tashlultum, de la que tuvo varios hijos; entre ellos a Enheduanna, a la que instaló como Gran Sacerdotisa del Dios-Luna Nanna (también conocido como Sin) en la ciudad de Ur. Era una inteligente decisión estratégica puesto que Ur era una de las ciudades más importantes de la recién conquistada región de Sumeria, al sur de Mesopotamia, y uno de los más importantes santuarios de Nanna-Sin, el dios principal del panteón de la época. Sus funciones eran por tanto religiosas y políticas, y debió ser hábil en cumplirlas, porque su puesto se institucionalizó y perduró tras su muerte. Su existencia histórica está demostrada por un disco de alabastro hallado en la zona más secreta del templo de Nanna en Ur (mostrado arriba), y por otras piezas de joyería.

Pero aunque su advocación oficial era Nanna la pasión de Enheduanna claramente era su hija en el panteón mesopotámico: Inanna, diosa de la guerra y del amor, reina de la primavera/verano, resucitada de entre los muertos tras bajar al Inframundo a enfrentarse con su némesis y casada con Dumuzi, rey del otoño/invierno. Asociada con el planeta Venus, es la posterior Ishtar, y se la identifica con la Afrodita griega y la Astarté fenicia, y a través de ellas con la Venus romana la Diosa Madre por excelencia, cuya mitología es clave en la creación de la virgen María cristiana. Inanna no sólo reinaba sobre la guerra y el amor (que no el matrimonio), sino que mediante un subterfugio (emborrachándolo) había conseguido robar al poderoso dios Enki los ‘Me’, las invariables reglas de conducta necesarias para la civilización humana; los algoritmos del comportamiento más avanzado, como los oficios del pastor, el herrero o el escriba, las dignidades de los sacerdotes, las historias del descenso y ascenso del Inframundo o la narración del diluvio. Adoptaba así las características de Prometeo, robando aspectos vitales de la civilización a los mismos dioses para dárselos a los humanos. Simbólicamente la igualdad o incluso preeminencia de Inanna frente a su padre Nanna-Sin representaba el derecho de los Acadios a gobernar a los Sumerios en pie de igualdad.

Enheduanna compuso numerosos poemas o cantos de temática religiosa, algunos en forma de himnos, otros directamente dirigidos a Inanna. De los himnos se conservan 42 que exaltan diversos templos en ciudades de Sumeria y Acadia como Eridu, Sipar y Esnunna, y que se han recuperado de 37 tabletas procedentes de Ur y Nippur, lo que demuestra que se usaron durante siglos en las devociones. Constituyen uno de los primeros intentos conocidos de sistematizar una teología; explícitamente Enheduanna escribe que ‘algo se ha creado que nadie creó antes’. Además escribió la ‘Exaltación de Inanna’ o ‘Nin-Me-Sar-Ra’, 153 líneas dedicadas a la diosa en las que Enheduanna narra también su propia expulsión de Ur (¿quizá durante una revuelta nacionalista?) y su posterior retorno a la ciudad. También se conserva un ‘Himno a Nanna’ y fragmentos de otros trabajos, así como un himno dedicado a ella por un autor posterior que narra su apoteosis (su deificación tras su muerte). Especialistas en la literatura mesopotámica creen que otros textos podrían ser obra suya.

De modo que el primer autor conocido de la historia, con nombre, circunstancias personales y su propia entidad como persona, era una mujer. Antes de ella no nos consta que las personas que creaban o inventaban algo quedaran asociadas a sus creaciones; de hecho sabemos que en la cultura mesopotámica la actividad de la construcción de templos y edificios era casi sagrada, y sin embargo no había un personaje equivalente a nuestro arquitecto, en el sentido de un creador. Mucho menos lo había en las representaciones de las pinturas rupestres, o entre las narraciones y poemas de la literatura oral anterior a la escritura. Enheduanna no es sólo la más antigua autora literaria que conocemos, sino la prueba de un cambio en la relación entre la gente y la cultura; el nacimiento de una idea antes desconocida, la de que una obra tiene un autor, que una creación cultural deriva de una persona particular. Que la primera obra literaria con autor conocido provenga de una mujer también nos hace reflexionar sobre el papel que en la cultura y en la historia ha tenido este sexo. Tal vez las sociedades del remoto pasado, de hace casi 4500 años, no fueran tan primitivas como tendemos a imaginarnos.

Fuente: Retiario. Blog de ciencia

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Mujeres a las que querían borrar de la historia

Por Jorge Morla

 

Clara Janés

Hace años, Clara Janés acudió a un encuentro con poetas árabes. Al encuentro acudió, también, una poeta musulmana, que no pudo participar más que como oyente. Del encuentro entre ambas surgió una fugaz amistad y un detalle luminoso: un libro que la poetisa prestó a Janés, en el que se hablaba de la sacerdotisa acadia Enheduanna. Enheduanna, que vivió hacia el año 2.500 antes de Cristo, encarna la primera voz poética con nombre propio de la humanidad. Esa mujer desconocida era, ni más ni menos, que el primer escritor de quien se tiene constancia. “Resulta que el primer escritor del que hay noticias es una mujer, pero eso es algo que nadie sabe” reflexiona ahora Janés. “Cuando lo descubrí me llevé una sorpresa tremenda. ¿A qué ese afán por borrar a las mujeres de la historia?”, lamenta.

Destellos de este tipo, impactos sobre mujeres cruciales cuya importancia ha sido tapada por la hegemonía masculina, la escritora los recopila ahora en Guardar la casa y cerrar la boca (Siruela), sentido homenaje a quienes le han obsesionado a lo largo de su vida “desde el primer trabajo que realicé en mi primer año en la universidad”, recuerda. “Sobre otra mujer a reivindicar, la provenzal Condesa de Día. Sacar a la luz a estas mujeres olvidadas ha sido un trabajo que he ido realizando durante muchos años”.

Desde las poetisas arábigo-andaluzas, trovadoras, escritoras del Punyab (el actual Pakistán), o místicas, hasta el propio género de la novela, donde también la mujer se anticipó al hombre cuando, sobre el año 1.000 la japonesa Murasaki Shikibu escribió ‘La historia de Genji’. Desde la española Oliva Sabuco, quien descubrió el líquido cefalorraquídeo, un hallazgo que su propio padre pretendió usurpar, hasta las numerosas órdenes de caballería exclusivas para las mujeres. “Todo han sido nombres que necesitaba sacar del olvido. Mujeres que deberían, y merecen, estar presentes en la historia”, explica la escritora.

También recorren el libro de Janés prisiones íntimas, como las de las reinas prisionera de sus damas. “A lo largo de las épocas las mujeres se han encontrado con condiciones muy hostiles. Por ejemplo, había reinas que no podían estar nunca solas salvo cuando estaban con el rey, e incluso tenían que bailar enmascaradas”, relata. Y ‘prisiones’ físicas que en realidad liberaban. “En la clausura del convento muchas mujeres hallaron la libertad. Tras los muros, muchas religiosas pudieron cultivarse, como santa Teresa de Jesús o sor Juana Inés de la Cruz”.

Guerreras, científicas, literatas. Mujeres, todas ellas, válidas pero silenciadas, que ahora Janés reivindica con un único fin: llevarle la contraria a esos versos de Fray Luis de León que bautizan al libro: “Porque así como la naturaleza hizo a las mujeres para que, encerradas, guardasen la casa, así las obligó a que cerrasen la boca”; y cambiarlos por la dedicatoria que la escritora firma a sus lectoras más jóvenes: “Para ti, estos ejemplos”.

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Fuente:Blogs El País: “Mujeres”

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