La suplantación mágica en el siglo XV hispánico

por José Fierros Millán y José Antonio González Gómez

En el medioevo europeo, se creía que los duendes, hadas, faunos u otras criaturas mágicas solían entrar en los hogares humanos para robar por las noches a los niños de sus cunas y llevárselos con ellos, ya sea para criarlos como ellos o para destruirlos.
El robo iba acompañado por el acto de dejan en el lugar del niño robado, a uno de los suyos a manera de un sustituto mágico que, si bien tenía su apariencia (adquirida por medios mágicos), no crecía, lloraba mucho, comía poco o en exceso, estaba siempre flaco y consumido, etc., en suma tenía hábitos extraños e inusuales, que lentamente la familia sustituta notaba. (Ashliman, 1997)
Para intentar recobrar al niño robado, se procedía a llamar a un especialista ritual que sometía al sustituto mágico a una serie de imprecaciones, exigiéndole que se devolviera al niño hurtado y que la criatura sustituta se mostrara tal y como verdaderamente era, arrojándole agua sagrada, a fin de que se purificara, de que el hechizo se rompiera y que el sustituto desapareciera. (Ashliman, 1997)
Si esto no funcionaba, se debería realizar un recorrido ritual (una peregrinación) a fin de recobrar al niño hurtado o perdido en la misma tierra mágica adonde estaba en poder de sus captores mágicos, en un acto inverso correspondiente al ritual de rapto o robo que se había realizado. (Ashliman, 1997)

Las creencias mágicas sobre los suplantados

De acuerdo con estas creencias (común entre los pueblos europeos medievales), ciertos espíritus o seres mágicos (hadas, gnomos o faunos) sustraían a los niños humanos y depositaban en su lugar a sus propios hijos; este último llevaba un nombre que variaba según los países y regiones, pero que se refería en la mayoría de los casos al proceso de sustitución que explicaba su presencia entre los hombres.
Así los términos para “niño cambiado” o “suplantado”, eran en Francia Changeling, en Inglaterra, Fairy y en Alemania, Wechselbalg y en España, posiblemente Quebrado ó Encantado (Schmitt, 1984: 127)
De acuerdo con los relatos folklóricos europeos, el rapto mágico de infantes era de esperar en las horas o en los días que seguían al nacimiento, sobre todo cuando el niño no estaba aun bautizado y se encontraba privado de su nombre; en estos días (tiempos marginales o tiempos vacíos) había que rodearlo de múltiples protecciones mágicas y sobre todo, el evitar dejarlo solo. (Schmitt, 1984: 127, 128)
Las protecciones mágicas para el infante eran el cerrar cuidadosamente la puerta de la habitación, encomendar la protección y cuidado del niño a un ave o un perro domésticos, dejar arder una vela o lamparilla en la habitación, depositar un poco de sal en las proximidades de la cuna, etc. (Schmitt, 1984: 128)
Sin embargo, la literatura y el folklore de raíces medievales narran que muchas veces a pesar de estas precauciones (sobre todo cuando la madre se aleja para trabajar) el niño es arrebatado y un suplantado lo substituye; luego del cambio, la familia observa que el niño caía enfermo, que resultaba imposible hartarlo y no cesaba de desmejorar. Para los especialistas de los relatos no cabía la menor duda, que la sustracción se había llevado a cabo. (Schmitt, 1984: 128)
Los relatos proponían varios medios para desembarazarse del suplantado (reconocido por las señales anteriores) así como para recuperar al propio hijo; estos medios eran:

Hacer sufrir al suplantado, para que sus gritos de dolor atrajeran a sus verdaderos padres y les incitaran a llevárselo de nuevo; para ello, se le podía golpear o simplemente fingir que se le quemaba o que se le arrojaba a un recipiente de agua hirviendo.
Abandonar al suplantado, depositándolo en un cruce de caminos solitario, en un punto de contacto de tres comarcas o en la confluencia de tres ríos, para que así lo recuperaran sus mágicos progenitores; la madre lo abandonaba allí, se alejaba observando un silencio total y regresaba al primer grito del niño, esperando que así le  habrían devuelto su hijo, en lugar del suplantado.
Es importante distinguir entre los testimonios folklóricos y etnohistóricos existentes, la creencia en la existencia de los suplantados y las creencias en los raptos de niños que las “lamies”, “lamias”, “striges”, “mujeres-dragones”, “mujeres infernales” realizan en las noches; estas entidades se apoderaban de los niños, los devoraban en ocasiones pero no los substituían por ningún otro. (Schmitt, 1984: 128, 129)

El_Lazarillo_de_Tormes_de_Goya

Goya, el Lazarillo de Tormes

¿Un ritual de anulación de sustitución en la España Bajomedieval?

En la España del siglo XV, la idea de niños tomados por entidades relacionadas con fuentes y ríos, sobre todo en las zonas hispanas con tradiciones asociados al folklore céltico, era aparentemente común; dichas entidades recibían los nombres de fadas y mouras en Galicia, xanas en Asturias, fada y goljas en Cataluña.
En el caso de las mouras de Galicia, el actual folklore popular español menciona el hecho de que las Mouras salen de sus pozas, cuevas, ríos y fuentes con bastante frecuencia a tomar el sol en vez de preferir el cobijo de la noche, portando varios objetos que son beneficiosos; se cuenta que si se dejan ver con cántaros de agua y luego desaparecen dejándolos en el suelo, la persona que se los lleve a su casa puede dar de beber con esa agua a algún animal enfermo con la seguridad de que sanará (García Quintela, 2004: 56-60 / Morales, 1997: 81-89)

La Moura se presenta ante el humano como bella mujer de larga cabellera o como gran serpiente; se maneja como un hecho probado, a la par de simbólico, que en Galicia a las mouras se las asocia frecuentemente con las serpientes y con la noche de San Juan, fecha en la que aparecen en la noche previa o en el amanecer de ese día. En determinadas fechas, y sobre todo en el día de San Juan, salen a la superficie del agua y se colocan a un lado de la fuente, cueva o castro que les sirve de morada, lavándose y peinando sus cabellos con peines de oro (García Quintela, 2004: 56-60).
Sin embargo, en estos relatos no se habla claramente de una sustitución, se especula intercambio de dones, que niñas pueden acercarse a las mouras y peinarlas a cambio de regalos, de favores sexuales donde el varón soltero es recompensado y los hijos productos de la unión son conservados por la madre mágica.
Pero una confesión proporcionada por Leonor Cifuentes en 1494 puede dar luz sobre el asunto, pues constituye un claro relato de un ritual destinado a anular una posible sustitución mágica de un infante.
Dicha confesión fue de caracter inquisitorial y fue presentada por el gran investigador Sebastián Cirac Estopañan (Los procesos de hechicerías en la Inquisición de Castilla la Nueva) y citada posteriormente por el antropólogo Gonzalo Aguirre Beltrán  (Aguirre, 1992: Vol. VIII, 42).
En esta confesión, Leonor Cifuentes dijo que por 1482 ó 1483, un vecino suyo llamado Juan del Castillo y su mujer Mari Sánchez, tenían un hijo de edad de año y medio o dos años, y esta criatura estaba flaquita y no crecía ni comía y no hacía más que llorar, preguntándose tanto su padre como su madre, qué podrían hacer.
Esto pasó cuando una judía se acercó a su casa y los padres le contaron el caso y ella les dijo que pidiesen por amor de Dios, en tres casas que tuvieran padre, madre, suegra y suegro y que la señora de cada casa se llamase María, un poco de harina de trigo.
Así a cada señora María se le pidió harina, repitiéndose esto en cada casa; ya teniendo la harina, había que amasarla, y se hizo con esta masa, un rollo y una torta.
La torta debería dársele en nombre de Dios, al primer pobre que viniera y que luego los padres tomaron el rollo y con él a la criatura, para luego reunir a tres personas que deberían ser el padre (Juan del Castillo), su madre (Mari Sánchez) y un vecino o vecina (que fue Leonor Cifuentes).
Los tres salieron de la casa y junto con el niño, fueron juntos caminando sin hablar con ninguna persona, hasta el lugar donde no se oyó ya el canto de gallo ni gallina.
Una vez llegado a este lugar,  el grupo se salió del camino y entró al campo, se hizo un hoyo en él y se metió en este al niño junto con sus ropas, poniendo el rollo de masa alrededor de la cabeza del infante.
Hecho esto, los tres caminaron por el campo, cada uno por su lado, teniendo como centro el agujero con el niño. Luego todos regresaron al hoyo y tomaron el rollo, estando las manos del niño metidas en este rollo de masa; el rollo fue partido en tres pedazos y el padre, la madre y la vecina tomaron un pedazo cada uno y lo arrojaron en el campo por separado y cada uno dijo tres veces al momento de arrojar el pedazo de rollo:
Arenas del campo,
tomad este llorado
y dame tu callado.
Después de hacer esto, el grupo sacó la criatura del hoyo, le desnudo y tomó la ropa y su frazada, enterrándola en el hoyo hecho, para luego vestir al niño con otras ropas, traídas ex profeso.
Ya de regreso siguiendo el camino y cargando al niño, se encontraron con un caminante y le preguntaron, presentándole al niño:
¿Cómo llamaremos a este niño que nos hemos hallado?
El caminante les respondió que Juan porque él se llamaba así y así se tomó el nombre, porque cualquier nombre que hubiera dicho, le hubieran tomado y así le habrían de llamar en su casa al niño, durante siete u ocho días.
Luego, ya llegando a la casa del dicho Juan del Castillo, los tres bañaron al dicho niño con agua de romero e hisopo para que se curase y se hiciera fuerte. (Aguirre, 1992: Vol. VIII, 262, Nota 29 que cita a Estopañan, 1942: 90)
Bibliografía

Aguirre Beltrán, Gonzalo
1992      “Medicina y magia: El proceso de aculturación en la Estructura Colonial” en  Obra Antropológica, Vol. VIII, FCE-INI-UV-Gobierno del Estado de Veracruz, México.
Ashliman, D.L.
1997    Changelings, ensayo electrónico en http://www.pitt.edu/~dash/changeling.html
Blázquez, Miguel Jan
1984   La hechicería en la región murciana: procesos de la Inquisición de Murcia 1565 -1819, Ed. Caja de Murcía, Murcía, España
García Quintella, Marco V.
2004   Mitos Hispanicos II: Folklore e ideología desde la Edad Media hasta nuestros días, Col. El Pasado Legendario, Ediciones Akal, Madrid, España
Morales, María de la Luz
1997       Tradiciones Iberas, Col. Biblioteca Araluce, Ed. Anaya, Madrid, España
Schmitt, Jean-Claude
1984       La herejía del Santo Lebrel: Guinefort, curandero de niños desde el siglo XIII, Muchnik Editores, Barcelona, España.

Fuente: Ensayo amablemente cedido al CCM por sus autores.

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