El Protágoras de Platón

por Luis Barjau

 

El Protágoras es uno de los diálogos largos. Su importancia estriba en la conclusión: si la virtud se funda en algo objetivo, como el conocimiento, puede ser enseñada; si en algo subjetivo (que cambia de un hombre a otro) no hay ninguna posibilidad de enseñarla, como ya se ha dicho. La discusión de Sócrates con Protágoras es extraordinaria: a veces uno u otro parecen tener la razón. De pronto Protágoras se presenta como más carismático e inteligente, mientras que Sócrates parece necio y dogmático. A la pregunta inicial de Sócrates, de si la virtud puede enseñarse, Protágoras advierte que va a contestar con una fábula. Después cita a un poeta que dice: “El hombre de bien tan pronto es malo, tan pronto es bueno”. Sócrates critica a los poetas al no plantearse a fondo el problema de la verdad. Nota que los lacónicos lacedemonios discuten o filosofan sólo entre ellos: sectarios de la educación. Entre los sabios lacedemonios: Tales de Mileto, Pitaco de Mitilena, Bias de Priena, Solón, Cleóbulo de Lindio, Misón de Quena y Quilón de Lacedemonia: sectarios de la educación lacedemonia. Estos sabios decidieron consagrar a Apolo sus sentencias que pusieron a la entrada del templo de Delfos: “Conócete a ti mismo”, y “Nada en demasía”.
La estrategia (mayéutica) de Sócrates en la discusión, siempre es más astuta (furba) que la de su oponente. Recuerda, su personalidad, a la de Odiseo.
Sócrares dice: “Para el pueblo la ciencia (para averiguar la verdad sobre la virtud, p.ej.) ni es eficaz, ni capaz de conducir, ni digna de mandar ( … ) Cuando la ciencia se encuentra en un hombre, no es ella la que le guía y le conduce, sino otra cosa muy distinta, tan pronto la cólera como el placer, algunas veces la tristeza, otras el amor, y las más el temor. En una palabra, el pueblo tiene la ciencia por una esclava, siempre regañona‘ dominada y arrastrada por las demás pasiones”.
En el Protágoras, como en otros diálogos, el arte de filosofar de Sócrates, descrito por su discípulo Platón, hace gala de aquel lugar común hecho posible gracias a las repetidas lecturas de los Diálogos a través de los siglos, y hace gala de que tal arte parece remedar la actitud de los niños que hacen preguntas aparentemente simples pero que pronto develan su complejidad. El desglose que Sócrates hace de las respuestas en apariencia obvias, parece extraviar más las conclusiones. Pero no es sino que éstas son pospuestas continuamente en aras de verdades que a veces se perfilan como inaceptables.
Esta posposición adquiere el efecto de la inspiración artística, que despliega en las cumbres de la inteligencia su brillante, aunque terrible, objetividad, relatividad o imparcialidad. Y el lector resta con una sedienta exigencia que no hace sino compensarse (o ayudarse) con otras sentencias entrevistas en el propio laberinto del pensamiento del gran filósofo ateniense y que el lector no siempre atina a repetir. Como aquella en donde se establece que “ya lo sabíamos todo” desde tiempos inmemoriales. Pero que olvidamos. ¿Y por qué olvidamos? Porque no pensamos con conceptos, que son verdades consensuadas, las que no requieren de volver a ser sometidas a dudas. Por ejemplo: “el amor es bueno‘: Verdades que ya no vale la pena poner a discusión, por lo menos en largos intervalos históricos. Y que transformadas así estas verdades, en conceptos, nos sirven de apoyo para poder reflexionar así en cosas más arduas e importantes, en vez de volvernos a estancar en la discusión de por qué sería bueno el amor. El Protágoras o los sofistas deberá ser leído muchas veces. Hasta lograr entrever la impresionante congruencia que tiene el objeto de su discusión desde su inicio coloquial entre Sócrates y su amigo, cuando éste expone vehementemente al filósofo que habiendo llegado a Atenas el sofista Protágoras, es indispensable acudir a él para obtener el patrimonio anímico de su saber.
A lo largo de las objeciones de Sócrates se quiere saber qué es lo que puede enseñar Protágoras y si es posible la realización de su método de enseñanza. La confrontación —se tiene que decir— intelectual entre Protágoras y Sócrates, es de fundamental trascendencia en el Diálogo y no es conveniente dejar de notar dos cuestiones: Una es que la perfecta hermosura del discurso de Protágoras a raíz de la pregunta de Sócrates de si es posible enseñar la virtud, es de pronto suficiente para convencernos de que sí es posible. Y ante la elegancia apolínea del sofista, el rechoncho Sócrates luce rústico, vulgar y lo que es peor, equivocado respecto del tópico propuesto. Para no errar respecto del pasaje que hace del discurso sofista una pieza retórica de elegancia y belleza notables, se debe señalar que la pieza transcurre desde la elección hecha por petición de la reunión de amigos, de explicar la respuesta valiéndose de una fábula, la de Prometeo y Epimeteo, que comienza en la página 46; hasta la página 62 en que Sócrates responde. La segunda cuestión, que abre un abismo de espejos, donde el mérito casi total viene siendo de Platón, es que el discurso de Protágoras, que contiene una rotunda oposición a las ideas de Sócrates es, paradójicamente, narrado por éste, y la reconstrucción de esta especie de novela filosófica, la escribe por completo, Platón; la escribe, la reconstruye, ¿la inventa? basándose en la devoción pura que tiene hacia su entrañable maestro. Un modelo del padre heroico, cuya capacidad lógica escanciada en la razón pura, es el veneno o la magia que impide toda distracción hacia la veneración de alguien superior que funja como el faro de nuestra azarosa vida. Platón. Platón mismo se convirtió en ese faro para muchas generaciones de pensadores en el ámbito de la cultura occidental y poco a poco en el plano universal. XXI
completo, Platón; la escribe, la reconstruye, ¿la inventa? basándose en la devoción pura que tiene hacia su entrañable maestro. Un modelo del padre heroico, cuya capacidad lógica escanciada en la razón pura, es el veneno o la magia que impide toda distracción hacia la veneración de alguien superior que funja como el faro de nuestra azarosa vida. Platón. Platón mismo se convirtió en ese faro para muchas generaciones de pensadores en el ámbito de la cultura occidental y poco a poco en el plano universal.
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1 comentario

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Una respuesta a “El Protágoras de Platón

  1. Gloria Palacios Argüelles

    Asombroso complemento, inicio y verdad para quien ama la cultura. Gracias.

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