Literatura catalana

por Rosa Mora

 

l escritor, crítico y editor Josep Maria Castellet valora la encuesta de EL PAÍS sobre las 15 mejores obras de la literatura catalana. En su opinión, “las que están han de estar”, pero lamenta la ausencia de algún autor vivo. Las dificultades a que se ha enfrentado el mercado editorial de una lengua pequeña hacen difícil, desde su punto de vista, juzgar globalmente su literatura.

A Josep Maria Castellet (Barcelona, 1926) le parece injusto que los “señores de EL PAÍS” quieran resumir 8 siglos, casi 9, de literatura catalana en 15 títulos, pero está de acuerdo en que “los que están han de estar”, aunque hubiera preferido que, además de Ausiàs March y Joanot Martorell, encabezara también la lista Ramon Llull, porque, para él, son tres referentes imprescindibles. Siente mucho que no haya entrado algún autor vivo. Y asegura que las dificultades a las que, por motivos de diversa índole, ha tenido que enfrentarse el mercado catalán hacen difícil juzgar en su totalidad la literatura catalana.

Castellet, el Mestre (el Maestro), como es conocido en el mundo de las letras, habla con superior conocimiento de causa: desde finales de los años cincuenta es arte y parte de lo que se cuece literaria y culturalmente en Cataluña. Tiene en su haber libros como La hora del lector (1957), traducido al catalán 30 años después; Poesia catalana del segle XX (1963); Ocho siglos de poesía catalana (1969); Nueve novísimos poetas españoles (1970); Iniciación a la poesía de Salvador Espriu (1971); Josep Pla o la raó narrativa (1978); Per un debat sobre la cultura de Catalunya (1984) o el primer espléndido volumen de sus memorias Els escenaris de la memòria (1988). Escritor, crítico, editor y agitador cultural, se le atribuye el invento de la llamada Escuela de Barcelona (Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, José Agustín Goytisolo…).

PREGUNTA. Los dos autores que encabezan la lista de obras más votadas son Ausiàs March y Joanot Martorell, ambos del siglo XV. En el puesto siete aparece Ramon Llull (1235-1315). Y estaría aún más adelante si los encuestados no hubieran dividido su voto entre Blanquerna y El llibre de les meravelles. En cualquier caso, la encuesta realizada por Babelia, constata no sólo la potencia de la literatura catalana medieval sino que sus autores están muy vivos entre los lectores.

RESPUESTA. Me parece muy lógico porque no se trata solamente de clásicos sino que son obras de gran importancia en su época. No quiero mencionar una vez más el elogio de Cervantes a Tirant lo Blanc, pues es bastante conocido, pero también Ausiàs March tuvo su influencia. Y yo diría que la obra de Llull, escrita en catalán, en latín o en alguna de las muchas lenguas que dominaba, es, por supuesto, un referente. Llull es la figura señera del pensamiento en la literatura, de una ideología de tipo universal que se manifiesta a través de todas sus obras. Si alguien hiciera una encuesta de tipo parecido en español no podrían faltar Cervantes y los grandes escritores del Siglo de Oro. Afortunadamente, hemos entrado en una época de relativa normalidad en la enseñanza y por tanto estos libros, que quizá algunos de los que los han votado no los habían leído en la escuela, porque en aquellos momentos no se permitía la lengua catalana, los han recuperado después. Yo mismo los he leído después.
P. ¿Cuarenta años de dictadura y represión cultural han perjudicado el nivel de conocimiento en alguna generación?

R. Sí, puedo hablar precisamente de mi generación. Tenía nueve años cuando empezó la Guerra Civil, no fui nunca a ninguna escuela catalana. En el manual de Guillermo Díaz Plaja, con el que yo estudié y además le tuve de profesor, se mencionaban estos nombres, pero los libros no estaban en las librerías y los que se habían publicado anteriormente eran inencontrables. Y a esto hay que añadir otra cosa: si los libros no se encuentran con normalidad en el mercado no se puede juzgar en su totalidad a una literatura, cronológicamente hablando. Y no es un problema exclusivo de los 40 años de represión franquista. Durante muchos años el mercado editorial en lengua catalana había sido bastante débil, excepto en la época de la República.

P. A pesar de todo ello, el peso de March, de Martorell y de Llull se ha mantenido.

R. Bueno, diría que peso literario lo han tenido básicamente Tirant lo Blanc y las poesías de March. Llull es un caso distinto, no es tanto la creación pura como la de los otros dos autores, como su aportación filosófica y literaria en el ámbito general del pensamiento medieval. Las poesías de March se han popularizado a través de la enseñanza en la escuela en catalán desde la Transición y también gracias a los cantautores catalanes. ¿Tirant lo Blanc? Es una de esas novelas que se imponen, que se filtran a través de consideraciones de literaturas ajenas, como es el caso de Cervantes. Además, es un libro muy legible actualmente, del que se han hecho muchas ediciones. Tirant es una de las obras señeras de la literatura catalana.

P. Según muestra la encuesta, cronológicamente se pasa de March, Martorell y Llull a Jacint Verdaguer ya en el siglo XIX. ¿A qué se debe este enorme vacío?
R. Es un salto de siglos y aquí tendríamos que entrar en unas consideraciones que no tenemos espacio para hacer. Quizá un catedrático de historia y no sólo de historia de la literatura hubiera podido explicar cómo las constantes variaciones y altibajos de la política en Cataluña produjeron unos vacíos difíciles de llenar hasta lo que se llama la Renaixença: el renacimiento de una literatura en el siglo XIX. Me refiero ahora sólo a literatura para no hablar de aspectos políticos, que no es el momento, pero que repercutieron en la literatura. En cualquier caso nunca dejó de escribirse literatura en catalán. Verdaguer muere a principios del siglo XX y a finales del XIX crea una obra de tipo gigantesco, de gran calidad literaria, una obra en cierto modo épica y mítica que es la que, en mi opinión, ayuda a dar el empujón que tendrá la literatura catalana en el XX. Verdaguer es una figura importante, esencial. Con muchos siglos de distancia, es uno de los pilares sobre los cuales se asienta la literatura catalana en su época de más plenitud, que no de normalización, que es la del siglo XX.

P. De los 15 libros más votados, cinco son de poesía: March, Carles Riba, Gabriel Ferrater, J. V. Foix y Verdaguer. Si añadimos a otros que no han entrado en la lista, como Josep Carner o Joan Salvat-Papasseit, pero que han tenido muchos votos, se nota el gusto en Cataluña por la poesía.

R. Una encuesta no es un estudio con detalle y hay que tener en cuenta los factores sociológicos en los que se ha producido la literatura catalana. Con mentalidad moderna, no se puede obviar lo que hay que llamar mercado. Y el catalán ha sido un mercado limitado, restringido, en algunas ocasiones prácticamente inexistente. ¿Qué pasa con esto? Muchos escritores, grandes autores, han escrito sus obras en un ambiente de intimidad, de pensamiento introspectivo, más inclinado a la poesía que a la novela, que inexorablemente necesita un mercado por razones de todo tipo, entre ellas económicas. Esta eclosión de la poesía se produce en el siglo XIX y a principios del XX, cuando la literatura catalana vuelve a estar en auge, aunque se producen muy pocas novelas en catalán, muy pocas de una cierta categoría. A mi entender, ésta es una explicación de por qué hay un predominio notable de obras de poesía. Sin consideraciones sociológicas de este tipo creo que no hay explicación.

P. Josep Carner no está entre los 15 primeros, pero sí entre los 25 más votados.

R. Sí, y está con más de una obra [Nabí y Poesia 1957]. Volvemos a lo mismo: es normal que el voto de los encuestados se divida entre varias obras de un mismo autor, lo cual perjudica al poeta en su conjunto. Poesia 1957, el volumen de su obra revisada por él mismo, es un libro notable, que hubiera tenido que figurar entre los primeros.

P. También es curioso que de un poeta tan cercano como Salvador Espriu se haya elegido Primera història d‘Esther, una obra de teatro, y no La pell de brau, un libro emblemático.
R. No es tan raro. Por una razón. Espriu tiene una obra de visión global, universal, de penetración general, que es Primera historia de Esther. Que no esté escrito en verso, que no sea poesía, no importa. Es la suma de sus conocimientos, de sus ideas, de su visión del mundo y creo que merece estar incluso por encima de su poesía. Hay, además, otro factor y es que Espriu es un excelente narrador, uno de los mejores narradores en lengua catalana. En cambio, por razones diversas, algunas de tipo político, en un momento determinado, Espriu fue algo así como el poeta nacional de Cataluña en los años duros del franquismo y todo el mundo puede pensar que éste es el gran Espriu. Para mí, que he estudiado su poesía, queda la duda de si el gran Espriu no es en primer lugar el de Primera historia de Esther; en segundo, el de las narraciones, y en tercer lugar, el de la poesía. En esta duda se han debatido también los otros encuestados.

P. Gabriel Ferrater queda en un lugar destacado.

R. Tiene mucho sentido. Les dones i els dies recoge toda su poesía, tres libros solamente. Significó en su día la aparición de una literatura nueva, rompedora, como ahora se dice. Rompió con el Noucentisme, con la poesía anterior. Rompió con un predominio, de gran calidad, de gran importancia, pero que a lo largo del tiempo quizá supuso una rémora excesiva para los poetas que empezaban, para los poetas que querían otras cosas.

P. ¿Tuvo Ferrater un papel similar al que desempeñó Jaime Gil de Biedma en castellano?
R. Sí. Tuvieron un peso determinante en las generaciones de jóvenes escritores catalanes y españoles. Ferrater y Gil de Biedma eran muy amigos y ambos tenían esa ambición de ruptura. Los dos fueron personas de altísima cultura, que habían bebido de las mismas fuentes, que se propusieron que la poesía fuera, al menos teóricamente, más cercana. A mi entender, son los dos poetas que han dominado la poesía catalana, uno, y castellana, el otro, durante el último cuarto de siglo del XX.

P. ¿Josep Pla está donde tiene que estar, en el tercer lugar de la lista con el Quadern gris?

R. En el tercero, en el cuarto o en el quinto, pero tiene que estar. Pocas veces se da el caso de un escritor que haya escrito una obra tan extensa y de una calidad literaria globalmente tan importante. Pla decía que era un payés sofisticado por la cultura. Con un catalán sencillo, de raíces rurales, convierte ese mundo agrario en una interpretación global del mundo. Lo cual no quiere decir que no estuviera en contra de determinados avances tecnológicos del mundo contemporáneo.

P. Es obligatorio hablar de Mercè Rodoreda, que aparece en la lista con dos títulos, La plaça del Diamant y Mirall trencat.

R. No es que sea obligatorio, es que hay que rendirse a la evidencia. Sus novelas son de primera calidad, y sin llegar a tener una obra tan extensa como Pla, escribió muchas novelas y libros de narraciones de primer orden, que desde hace años han ido descubriendo las otras literaturas. Rodoreda está en esta lista no sólo por dos de sus obras importantes sino como la escritora que seguramente resume mejor la capacidad narrativa de los novelistas catalanes del siglo XX.

P. No aparecen autores contemporáneos en la lista. Quim Monzó, por ejemplo, se queda casi en el límite, en el puesto 17 con Vuitanta-sis contes.

R. Ciertamente, aunque uno escriba poesía y otro narrativa, con la diferencia de edad, lo que he dicho de Gabriel Ferrater sirve para Quim Monzó. Monzó es el innovador, es el rupturista, es el narrador catalán que con más originalidad e imaginación recoge el sentido del mundo contemporáneo, con mucha ironía y con la profundidad que esta ironía le da a sus obras. Creo que Monzó podría estar en esta lista, junto quizá con algún otro, pero no está por las limitaciones que ustedes han puesto con el número quince.
P. Sí, también se ha quedado fuera Camí de sirga, de Jesús Moncada.

R. No es el mismo caso de Quim Monzó, sino que es el caso de la modernización de la tradición. Camí de sirga no deja de ser un canto nostálgico a un mundo que se va. Pero Moncada es un gran escritor como todo el mundo ha sabido reconocer.

P. Monzó ha creado escuela.

R. Su prosa es clara, limpia, fresca, muy trabajada, de gran contención, que le conduce a ser probablemente un escritor de primera fila y por lo tanto que tiene la capacidad de influir en los demás escritores. Es lo que decía de Ferrater. Los dos son rupturistas y eso junto a una calidad literaria indiscutible los convierte en maestros de los escritores más jóvenes.

P. El cuento forma parte de la tradición catalana. Podría haber entrado en la lista Pere Calders, pero Cròniques de la veritat oculta se queda a bastante distancia.

R. Podría haber entrado y hay libros de cuentos de Mercè Rodoreda que también podrían haber entrado. El cuento es un género muy cultivado en Cataluña, yo no sé hasta qué punto las consideraciones sociológicas sobre el mercado que hice antes han influido o no sobre el hecho de que se escriban y publiquen tantos libros de relatos. El cuento al ser una extensión limitada puede haber tenido más salida. Por ejemplo, Calders publicó muchos cuentos en revistas catalanas que se publicaron en el exilio. Insisto en lo sociológico e histórico. Creo que hace falta y es imprescindible que se haga lo que Arnold Hauser llamaría una historia social de la literatura catalana.

P. Se refiere usted continuamente a las dificultades políticas o de mercado de la literatura de una lengua pequeña. ¿Funciona ahora más o menos correctamente?

R. La respuesta tiene que ser que sí. Hay todavía, como herencia de épocas anteriores, ciertas dificultades, pero sobre todo hay problemas de competencia. Uno entra en una librería de Cataluña y excepto algunas que sólo se dedican al libro en catalán, la presencia de los libros escritos en castellano simplemente, puramente y estadísticamente, sin entrar en consideraciones de ningún otro tipo, hacen que el espacio dedicado a los libros en catalán sea menor. Ésta es una competencia con la cual los escritores catalanes tienen que luchar porque es un hecho que parece inevitable en una economía de mercado.

P. Hay algunos casos curiosos. La sombra de viento, de Carlos Ruiz Zafón, y Soldados de Salamina, de Javier Cercas, fueron escritas originalmente en castellano y luego sus editores decidieron traducirlas al catalán. Y funcionaron, funcionan, muy bien.

R. Sí, y ¿por qué no? Otra cosa es que yo prefiero leer siempre una obra en su lengua original, cosa que los catalanes pueden hacer con todas las obras que se publican en castellano.

P. ¿Las relaciones entre la literatura castellana y la catalana son buenas? ¿Hay fluidez?

R. Si se trata de relaciones de autores no hay demasiada fluidez. Pienso que hay una cierta ignorancia. Cada uno se dedica a lo suyo y probablemente se bebe en general más en fuentes extranjeras que en fuentes de las literaturas de España.

P. Hace unos años se decía medio en serio medio en broma que había tres escritores periféricos: Manuel Rivas, Bernardo Atxaga y Quim Monzó. Eso ha ido cambiando ¿verdad?

R. Afortunadamente ha cambiado, porque era una respuesta muy fácil, era una respuesta muy cómoda y era tan cómoda que uno estaba dispuesto a imitarla. Creo que en este momento este trinomio se ha roto y se reconoce que hay otros autores más o menos conocidos y que se traducen. Quisiera subrayar también que algunos editores, pocos, han asumido con responsabilidad el hecho de traducir de las lenguas periféricas al castellano un conjunto de obras notables. Es el caso de Jorge Herralde que me gustaría ver reproducido en otros editores. Pero todos sabemos que Herralde es un editor inteligente y no está de más destacarlo en este caso.

P. ¿Qué ha aportado la literatura catalana a la universal?

R. Toda literatura periférica, toda literatura minoritaria, toda la literatura que haya producido un solo libro de calidad ha aportado algo a la literatura universal. No se trata de entrar en competencia con otros idiomas, porque todos sabemos que en Estados Unidos y en el Reino Unido no existe más lengua que el inglés y traducen poquísimo. Ellos se lo pierden. Se pierden la literatura francesa, la alemana, la italiana, la española, la japonesa… ¿Qué ha aportado la literatura catalana? Algunas de las obras que están entre estas 15 de la lista y otras de las que hemos hablado son aportaciones a la literatura universal. ¿Más o menos conocidas?, esto ya es otro problema. No hay ningún autor catalán que sea conocido como Shakespeare, como Cervantes, como Dante…, esto es otra historia. Pero, insisto, un solo libro importante puede haber aportado a los lectores tanto como cualquier otro libro en cualquier otra lengua.
Fuente:http://www.ducros.biz/corpus/index.php?command=show_news&news_id=3760

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