Ciudades emblemáticas y sitios sagrados: Jerusalén

por Catalina Sherwell Hand

Jerusalén es considerada por el Estado israelita como la capital de Israel, aunque no es reconocida como tal por la comunidad internacional, que ha rechazado las anexiones hechas por los israelitas en los últimos años por considerarlas ilegales y porque acepta la parte oriental de Jerusalén como territorio palestino, injustamente ocupado militarmente por Israel. Lo que es un hecho es que Jerusalén es una de las ciudades más antiguas del mundo. Se localiza en los colinas de Judea, en el Medio Oriente, y actualmente se extiende entre el Mar Mediterráneo y la ribera norte del Mar Muerto. Es considerada como ciudad sagrada por las tres religiones Abrahámicas: el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam.

Destrucción templo grande
 Durante su larga historia, que abarca cinco mil años, Jerusalén ha sido destruida dos veces, sitiada en 23 ocasiones, atacada 52 veces y capturada y recapturada en 44 distintas ocasiones. La parte más antigua, conocida como la Ciudad Vieja, fue establecida en el cuarto milenio a.C. y no era más que un modesto pueblo sin amurallar, relativamente insignificante. Fue mucho después, en 1538, que Suleimán el Magnífico mandó construir un muro alrededor de la Ciudad Vieja, tradicionalmente dividida en cuatro barrios: el armenio, el cristiano, el judío y el musulmán.
La llamada Ciudad Vieja o Antigua contiene muchos sitios religiosos de gran importancia, tales como el Templo de Jerusalén y su Muro Occidental, la Iglesia del Santo Sepulcro, la Mezquita de la Roca, o Cúpula de la Roca, y la Mezquita al-Aqsa, por mencionar apenas algunos sitios religiosos de las tres principales religiones monoteístas.
Jerusalén es para los judíos la más sagrada de sus ciudades ya que, según su creencia, fue fundada por el Rey David como capital del Reino de Israel aproximadamente mil años antes de la era cristiana. Para los cristianos es fundamental, ya que Cristo fue crucificado allí en el año 33 d.J.C. Para el Islam Suní, Jerusalén es su tercera ciudad sagrada ya que fue en el año 610 de nuestra era cuando se convirtió en la primera Qibla, el punto focal hacia el que los musulmanes dirigen sus rezos, y porque, según el Corán, diez años más tarde Mahoma realizaría su místico Viaje Nocturno de La Meca a Jerusalén.
Registros egipcios antiguos que datan de los siglos 19 y 18 a.C. hacen mención de una ciudad llamada Rusalimum o Urusalimum. Este nombre vuelve a aparecer como Urusalim en escritura cuneiforme acadiana en las Tablas de Amarna, que datan de alrededor del año 1400 a.C.

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Etimológicamente, el nombre Jerusalén ofrece varios significados: Fundación de Shalem, del vocablo sumerio yeru (asentamiento) y Shalem o Salem, dios acadio (Shalim) o sumerio (Shulmanu) que representaba el sol poniente y el inframundo; algunos arqueólogos desechan esta interpretación y sugieren que el nombre deriva del término hebreo/semita yarah, que significa “colocacion de la primera piedra”, indicando así la colocación de la primera piedra del templo del dios Shalem, quien era miembro del panteón semítico occidental, dios del ocaso y del más allá, así como de la salud y de la perfección. El término Jerusalén también puede derivar de los vocablos hebreos yeru (casa) y shalem o shalom (paz), significando literalmente “Casa de la Paz”.
 El término Yerushalayim (Jerusalén) aparece por primera vez en la Biblia en el libro de Josías. Se desconoce el significado de la raíz común árabe/hebrea S-L-M, aunque se piensa que se refiere a Salam o Shalom (“paz” en árabe o hebreo moderno) o a Shalim, el dios cananeo del ocaso, que guarda una estrecha relación con Jerusalén. El término cobró significados populares: “Ciudad de la Paz”, “Aposento de la Paz” y “Visión de Paz” en algunos textos teológicos cristianos. El sufijo hebreo im indica pluralidad, definiendo así que la ciudad fue edificada sobre dos colinas.
El asentamiento humano más antiguo en el sitio que ahora ocupa Jerusalén fue fundado durante la Edad de Bronce sobre la colina que bordea el Manantial Gehón, y, según la Biblia, recibió el nombre de Jebús. Durante el primer milenio a.C. recibió un nuevo nombre, Ciudad de David, con el que fue conocida durante la antigüedad. Otro nombre, Sión, se refería inicialmente a una zona específica de la ciudad, particularmente una de las colinas de Jerusalén, pero luego llegó a significar la ciudad como un todo y a representar la bíblica Tierra de Israel. En griego y latín el nombre de la ciudad era una transliteración: Hierosolyma. El término griego hieros significa sagrado, por lo que Jerusalén era conocida como Ciudad Sagrada. Durante su época romana, la ciudad recibió un nuevo nombre: Aelia Capitolina. En árabe se le conoce como al-Quds, que significa “Sitio Sagrado” o “Santuario Sagrado”.
Dada su relevancia tanto para el nacionalismo israelí (Sionismo) como para el nacionalismo palestino, resulta difícil hacer a un lado las ideologías de uno y otro bando al hacer un resumen de sus 5000 años de historia, ya que Israel y Palestina han creado, cada uno, una línea del tiempo histórica que sirve para justificar su derecho a reclamarla como suya.
Restos de piezas de cerámica antigua indican que la que luego sería la Ciudad de David fue originalmente un poblado modesto durante la Edad de Cobre (4º milenio a.C.) y que allí mismo se estableció un poblado permanente durante el período inicial de la Edad de Bronce (3000-2800 a.C.). Los Textos de Execración (siglo 19 a.C.), que hacen mención de una ciudad de nombre Roshlamem o Rosh-ramen, y las Cartas de Amarna (siglo 14 a.C.) quizás sean los primeros textos que hablan de Jerusalén.
Algunos arqueólogos consideran que Jerusalén fue fundada por pueblos semíticos del noroeste que se establecieron allí aproximadamente en el año 2600 a.C. Según la tradición judía, la ciudad fue fundada por Shem y Eber, ancestros de Abraham. En la primera mención bíblica que se hace de Jerusalén (“Salem”), ésta fue gobernada por Melquisedec, un aliado de Abraham. Más tarde, en la época de Josías, Jerusalén se encontraba dentro del territorio de la tribu de Benjamín (Josías 18:28), pero continuó bajo el control independiente de los jebusitas, hasta que fue conquistada por David durante el Sitio de Jebús, convirtiéndola en la capital del Reino de Israel (siglo 11 a.C.). Excavaciones recientes han desenterrado una gran estructura escalonada de piedra que se piensa son los restos del palacio del Rey David que se menciona en la Biblia, aunque algunos expertos en la materia difieren de esta interpretación.
Según las escrituras hebreas, el Rey David reinó durante 40 años. Tras de su muerte en 970 a.C. lo sucedió su hijo Salomón, quien edificó el Templo Sagrado sobre el Monte Moriya (Marwah en árabe), lugar en el que se piensa que Abraham intentó sacrificar a su hijo Isaac en honor a Yahvé. El Templo de Salomón (más tarde conocido como el Primer Templo), interpretó un papel crucial en la historia judía como depositario del Arca de la Alianza y también del Decálogo, grabado en dos tabletas de piedra que Yahvé entregó a Moisés en la cima del Monte Sinaí. Durante el llamado Periodo del Primer Templo, éste se convirtió en el principal centro religioso de los israelitas. Durante más de 400 años, hasta la conquista babilonia en 587 a.C., Jerusalén fue la capital política del Reino Unido de Israel y luego del Reino de Judá. Y es que al morir Salomón (930 a.C.), las diez tribus del norte se separaron del Reino de Israel. Bajo el liderazgo de la Casa de David y de Salomón, Jerusalén continuó siendo la capital del Reino de Judá.
Restos arqueológicos del antiguo periodo israelita incluyen un acueducto decorado con inscripciones hebreas antiguas, conocidas como Inscripción Siloam; el Muro Amplio, una fortificación defensiva construida en el siglo 8 a.C.; el Monolito de Silban; la Tumba del Mayordomo Real, decorada con inscripciones hebreas monumentales; y la Torre Israelita, con restos de fortificaciones antiguas.
 Cuando los asirios conquistaron el Reino de Israel en 722 a.C., Jerusalén se vio fortalecida por la llegada de un gran número de refugiados provenientes del reino del norte. El periodo del Primer Templo llegó a su fin aproximadamente en 586 a.C. debido a que los babilonios conquistaron Judá y Jerusalén, destruyendo a su paso el Templo de Salomón.
 En 538 a.C., tras de cincuenta años bajo el yugo babilonio, el rey persa Ciro el Grande conminó a los judíos a que regresaran a Judá para reconstruir el Templo. La reconstrucción fue terminada en el año 516 a.C., durante el reinado de Darío el Grande. Aproximadamente en el año 445 a,J.C., el Rey Artajerjes de Persia publicó un decreto que permitía la reconstrucción de la ciudad y de sus murallas. Fue entonces que Jerusalén recuperó su papel como capital del reino de Judá.
   Al conquistar Alejandro Magno el Imperio Persa, Jerusalén y Judea quedaron bajo dominio macedonio. Al morir Alejandro, Jerusalén fue gobernada por la Dinastía de los Lágidas, bajo el mando de Tolomeo I Sötër. En 198 a.C., Tolomeo V Epifanes perdió Jerusalén, Judea, Palestina y Siria a manos de los seléucidas, bajo el mando de Antíoco III Megas, vencedor de los partos y de los lágidas, posteriormente derrotado por los romanos. El proyecto seléucida de helenizar Jerusalén y convertirla en una ciudad-estado llegó a su fin en 168 a.C. con la revuelta de los Macabeos en Judea, en contra de Antíoco IV. Fue así que Matatías y sus cinco hijos establecieron el Reino de los Asmoneos, quienes reinaron en Palestina de 134 a 37 a.C., teniendo a Jerusalén como su capital.
En el año 63 a.C., Pompeyo el Grande intervino en la lucha que los asmoneos libraban por el trono y logró conquistar Jerusalén, así diseminando la influencia de la República Romana sobre Judea. Tras de una breve invasión de los partos en apoyo a los gobernantes asmoneos, Judea se convirtió en campo de batalla entre quienes apoyaban a los partos y los defensores de los romanos. De esta lucha nace la figura de Herodes I el Magno, quien se convertiría en rey de los judíos por mandato del Senado romano, imponiendo su poder con una energía brutal.
 A medida que Roma afianzó su poderío en el Medio Oriente, Herodes I se dedicó a reconstruir la ciudad y a embellecerla, edificando muros, torres y palacios. También duplicó el área  del Templo, reforzando los muros del patio con bloques de piedra que pesaban hasta 100 toneladas. Poco después de su muerte (6 a.C.), Judea se convirtió en una provincia romana más, conocida como la Provincia de Iudaea, aunque los descendientes de Herodes I, hasta Agripa II, continuaron fungiendo como reyes bajo dominio romano en los territorios vecinos hasta el año 96 de nuestra era.
El dominio que ejercía Roma sobre Jerusalén y las zonas aledañas comenzó a ser disputado durante la primera guerra entre romanos y judíos, que resultó en la destrucción del Segundo Templo en el año 70 de la era actual. Jerusalén se convirtió de nuevo en la capital de Judea durante los 3 años que duró la Rebelión Bar Kokhba, que se inició en el año 132. Los romanos finalmente lograron suprimir la revuelta en el año 135. El emperador romano Adriano unió Judea y las provincias circundantes para crear la entidad conocida como Siria Palaestina, así destinando al olvido el nombre de Judea. Convirtió a Jerusalén en una ciudad romana y la nombró Aelia Capitolina. Prohibió la entrada de los judíos so pena de muerte, excepto un día al año. Estas medidas anti-judías, que también afectaron a los judíos-cristianos, aseguraban “la completa y total secularización de Jerusalén”. Esta prohibición en contra de la entrada de los judíos a la ciudad se aplicó hasta el cuarto siglo de la era actual.

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Durante los cinco siglos que siguieron a la Rebelión Bar Kokhba, Jerusalén quedó bajo el dominio romano y luego bizantino. Durante el siglo 4, Constantino I, el emperador romano, mandó construir sitios cristianos en la ciudad, tales como la Iglesia del Santo Sepulcro. Al finalizar el Período del Segundo Templo, la ciudad había crecido en extensión y en número de habitantes. La ciudad abarcaba dos kilómetros cuadrados y tenía una población de 200 mil personas. Desde la época de Constantino I hasta el siglo 7, a los judíos se les prohibió entrar en Jerusalén.
El reino de Bizancio, continuación oriental del Imperio Romano, mantuvo un férreo control sobre la ciudad durante muchos años. En unas cuantas décadas, el dominio romano/bizantino sobre la ciudad pasó a manos del Imperio Persa y luego, de nuevo, al dominio de Roma y Bizancio. Tras el asedio que realizó Khosrau II, rey Sasánida de Persia, a Bizancio durante el siglo 7, los generales Sasánidos Shahrbaraz y Shahin atacaron la ciudad de Jerusalén, que se encontraba bajo dominio bizantino. Recibieron el apoyo de los judíos de Palaestina Prima, quienes se habían levantado en armas en contra de los bizantinos.
Durante el Sitio de Jerusalén (año 614), y tras de 21 días de asedio constante, Jerusalén finalmente fue capturada. Las crónicas bizantinas cuentan que el ejército Sasánida y los judíos asesinaron a decenas de miles de cristianos dentro de la ciudad y destruyeron las iglesias y monumentos bizantinos, incluyendo la Iglesia del Santo Sepulcro. La ciudad conquistada permanecería bajo el dominio de los Sasánidas  durante quince años, hasta que el emperador bizantino Heraclius volvió a conquistarla en el año 629. La Jerusalén bizantina fue conquistada en 634 por los ejércitos árabes de Umar ibn al-Khattab. Entre los musulmanes se le conocía como Madinat bayt al-Maqdis (Ciudad del Templo), que se limitaba al Monte del Templo. El resto de la ciudad fue llamada Hililla, en recuerdo del nombre romano que se dio a la ciudad tras su destrucción en el año 70: Aelia Capitolina. Más tarde, el Monte del Templo llegaría a ser conocido como al-Haram al-Sharif, “La Noble Ciudad”. La islamización de Jerusalén se inició en el primer año del calendario musulmán, el año 620 nuestro, cuando a los musulmanes se les instruyó que miraran de frente hacia Jerusalén al realizar sus postraciones y rezos, debido a que Mahoma, tras de realizar su místico Viaje Nocturno, de La Meca a Jerusalén, ascendió al cielo desde allí. Tras de realizar esta práctica durante casi año y medio, la dirección de los rezos fue trasladada nuevamente hacia La Meca.
Fue en 638 que el Califato Islámico extendió su dominio hasta Jerusalén. Gracias a la conquista árabe de la ciudad, a los judíos finalmente se les permitió entrar a la ciudad. El Califa Umar ibn al-Khattab, de la dinastía Rashidún, firmó un acuerdo con Sofronio, el Patriarca Cristiano Monofisita, según el cual respetaría los sitios sagrados cristianos  así como la vida de los habitantes cristianos que se encontraban bajo dominio musulmán. Cuenta la tradición cristiano/árabe que, cuando iba a rezar a la Iglesia del Santo Sepulcro, el sitio más sagrado para los cristianos, el Califa Umar se negaba a rezar dentro de la iglesia para que los musulmanes no solicitaran que se convirtiera en mezquita. Rezaba fuera de la iglesia, en el sitio mismo donde ahora se encuentra la llamada Mezquita de Umar (Omar), justo frente a la entrada de la Iglesia del Santo Sepulcro. El Califa Abd al-Malik comisionó la construcción de la cúpula de la Mezquita de la Roca a finales del siglo 7. El historiador del siglo 10, al-Muqadasi escribió que el califa construyó la mezquita con el fin de competir en grandeza con las iglesias monumentales de Jerusalén. Durante los siguientes 400 años, la relevancia de Jerusalén disminuyó a medida que los distintos poderes árabes de la región luchaban entre sí para controlarla. Al inicio del primer milenio de la era actual, un movimiento mesiánico, iniciado por los caraítas (secta judía que rechaza la tradición de los rabinos y sólo admite las Escrituras), dio origen a la Edad de Oro de la erudición caraíta, que llegó a su fin con la llegada de los cruzados.
En 1099, el gobernante fatimida de Jerusalén expulsó a la población cristiana nativa antes de que la ciudad fuera conquistada de nuevo, ahora por los cruzados, quienes masacraron a la mayoría de sus habitantes judíos y musulmanes tras un largo sitio, dejando así a la ciudad prácticamente vacía de habitantes. Los Cruzados más tarde crearían el Reino de Jerusalén y fue habitado y recolonizado por inmigrantes griegos, búlgaros, húngaros, georgianos, armenios, sirios, egipcios, nestorianos, maronitas, jacobitas monofisitas y coptos con el fin de obstaculizar el retorno de los sobrevivientes judíos y musulmanes. Ya para el año 1099, la población de Jerusalén había ascendido a 30 mil habitantes.
Casi un siglo después, en 1187, la ciudad fue arrebatada a los cruzados por Saläh al-Dïn, mejor conocido en occidente como Saladino, primer sultán ayubí que reunió bajo su autoridad a Egipto, Hiyaz, Siria y Mesopotamia, erigiéndose en adalid de la guerra santa. Tras de reconquistar Jerusalén, firmó un acuerdo de paz con los cruzados en 1192. Fue Saladino quien permitió que judíos y musulmanes volvieran a establecer sus hogares en Jerusalén. Una vez que los cruzados pagaron el rescate acordado durante la rendición, 60 mil francos fueron expulsados de la ciudad, aunque se permitió que permanecieran en ella los cristianos orientales. Bajo el mandato de la dinastía ayubí de Saladino se inició una etapa en la que se realizaron fuertes inversiones en la construcción de casas, mercados, baños públicos y hostales para peregrinos. Sin embargo, durante la mayor parte del siglo 13, Jerusalén decreció al estatus de pueblo debido a su caída en cuanto a su valor estratégico y a las luchas intestinas entre los ayubíes.
En 1244 Jerusalén fue saqueada por los tártaros, quienes diezmaron a la población cristiana y expulsaron a los judíos. A su vez, los tártaros fueron expulsados por los ayubíes en 1247. Luego, del 1250 al 1517, la ciudad fue gobernada por los mamelucos. Durante este periodo se generaron muchas batallas entre los mamelucos y una coalición de cruzados y mongoles. La zona sufrió muchos embates, incluyendo terremotos y la propagación de la llamada plaga negra. Ya para ese entonces, la Orden del Sagrado Sepulcro constituía una mínima presencia de cristianos europeos dentro de la ciudad.
En 1517 Jerusalén y las zonas aledañas fueron conquistadas por los turcos otomanes, quienes virtualmente mantuvieron el control de la ciudad hasta 1917. La ciudad santa gozó de gran prosperidad y de una paz renovada bajo el reinado de Suleimán el Magnífico, quien incluso mandó reconstruir las imponentes murallas que rodeaban a la Ciudad Antigua. Durante la mayor parte del reinado otomano, Jerusalén siguió siendo un centro provincial, aunque religiosamente importante, pero no formaba parte de la principal ruta de comercio que mediaba entre El Cairo y Damasco. Un libro de referencias inglés, Modern History or the present state of all nations, escrito en 1744, declaraba que “Jerusalén aún es considerada como la ciudad capital de Palestina”.
Los otomanos trajeron muchas innovaciones modernas a Jerusalén, tales como el sistema moderno de correo, administrado por varios consulados; el servicio de diligencias para viajeros; y a mediados del siglo 19 construyeron la primera carretera que va de Jaffa, o Yafo, a Jerusalén. Ya para el año 1882, el sistema ferroviario había llegado a la Ciudad Santa.
Con la anexión de Jerusalén por Mohammed Alí de Egipto en 1831, las legaciones extranjeras y consulados comenzaron a establecer sus misiones diplomáticas en la ciudad. Durante la revuelta árabe en Palestina, en 1834, Qasim al-Ahmad condujo sus ejércitos desde Nabulusa y atacó Jerusalén con el apoyo del clan Abú Ghosh. Los cristianos y judíos de la ciudad fueron atacados repetidamente, y el ejército egipcio de Ibrahim expulsó de Jerusalén a las fuerzas armadas de Qasim. En 1836, Ibrahim Pashá permitió que los residentes judíos de Jerusalén restauraran cuatro de sus principales sinagogas, incluyendo la llamada Hurva.
 Se restauró el gobierno otomano de la ciudad en 1840, aunque muchos musulmanes egipcios permanecieron en la ciudad, y los judíos provenientes de Argelia y otros sitios del norte de África comenzaron a poblar la ciudad en gran número. Fue durante las décadas de 1840 y 1850 cuando los poderes internacionales iniciaron un estire y afloja en Palestina al tratar de ampliar la protección que ofrecían a las minorías religiosas de la región. Fue ésta una lucha llevada a cabo principalmente por medio de los representantes consulares establecidos en Jerusalén. El número de peregrinos cristianos creció notablemente durante el gobierno otomano, doblando la población de la ciudad durante la Pascua.
En la década de 1860 comenzaron a erigirse nuevos barrios residenciales fuera de las murallas de la Ciudad Antigua con el fin de alojar a los peregrinos y dar solución a la sobrepoblación y a las pésimas condiciones sanitarias que imperaban dentro de la ciudad. Una colonia rusa fue fundada en 1860, y en 1867 un misionero norteamericano reportó que la población de Jerusalén era superior a los 15 mil habitantes. Había de 4 mil a 5 mil judíos, y 6 mil musulmanes. Todos los años la ciudad era visitada por 5 o 6 mil peregrinos rusos. En 1874 Jerusalén se convirtió en el centro de un distrito administrativo, directamente bajo la autoridad de Estambul, que se denominó el Mutasarifato de Jerusalén.
En 1881 se construyó el Orfanato Diskin en Jerusalén con el fin de albergar a los niños rusos judíos que quedaron huérfanos por los progromos realizados en Rusia.
En 1917, tras de la Batalla de Jerusalén, el Ejército Británico, comandado por el General Edmund Allenby, conquistó la ciudad, y en 1922 la Liga de las Naciones, en la Conferencia de Lausana, encomendó a la Gran Bretaña la administración del Mandato de Palestina, el Mandato de Transjordania y el Mandato Irakí.
De 1922 a 1948, la población total de la ciudad creció de 52 mil a 165 mil habitantes, siendo dos terceras partes judíos y una tercera parte árabes (musulmanes y cristianos). La situación que se vivía entre árabes y judíos en Palestina resultaba inquietante. Particularmente en Jerusalén, las insurrecciones árabes ocurrieron en 1920 y 1929. Bajo el dominio británico, se construyeron suburbios con jardines en las zonas norte y occidental de la ciudad, y se fundaron instituciones de estudios superiores, como la Universidad Hebrea.
Cuando estaba a punto de expirar el Mandato de Palestina por parte de la Gran Bretaña, el Plan de Partición implementado por las Naciones Unidas en 1947 recomendó “la creación de un régimen internacional especial en la ciudad de Jerusalén, constituyéndola en un corpus separatum que sería administrado por las Naciones Unidas”. Dicho régimen internacional (que también incluía la ciudad de Belén) quedaría al frente de la ciudad durante un periodo de diez años. Al cabo de ese lapso, se realizaría un referéndum por medio del cual los residentes de Jerusalén decidirían quién quedaría al frente de su ciudad. Sin embargo, dicho plan no fue implementado debido a que estalló la guerra. Los británicos se retiraron de Palestina e Israel declaró su independencia. La guerra condujo al desplazamiento de las poblaciones árabes y judías de la ciudad. Los 1,500 residentes del Barrio Judío de la Ciudad Vieja fueron expulsados y unos cuantos cientos de ellos fueron hechos prisioneros cuando la Liga Árabe capturó ese barrio el 28 de mayo de 1948. La Liga Árabe atacó la porción occidental de la ciudad por medio de francotiradores. Los residentes árabes de Katamón, Talbiya y la Colonia Alemana fueron expulsados de sus hogares. Al finalizar la guerra, Israel controlaba ya 12 de los 15 barrios residenciales árabes. Se calcula que un mínimo de 30 mil personas se habían convertido en refugiados.

1 comentario

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Una respuesta a “Ciudades emblemáticas y sitios sagrados: Jerusalén

  1. castulo valencia flores

    la verdad que me gusta mucho la historia de Jerusalén ya que hay vivió Jesucristo el hijo del hombre

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