Resistencia cultural en tierra saharaui

El Arte del Exilio es un pequeño centro cultural en Smara, uno de los campamentos de refugiados que mantiene la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) en Argelia desde hace 35 años contra la ocupación del reino de Marruecos en el Sahara Occidental.

El recinto, ubicado a un lado del tradicional mercado de artesanías, se destaca por albergar decenas de óleos y dibujos sobre la vida cotidiana de los saharauis, desde personas que toman té dentro de una jaima, hasta beduinos paseando a sus cabras, camellos y gente caminando por las calles de arena en esta parte de África que hace frontera con Marruecos y Mauritania.

Su dueño, el artista plástico Saleh Brahim Moh (Mahges, 1972) asegura que su pueblo vive en condiciones infrahumanas: “Este es un desierto en el que ni las víboras pueden estar; a pesar de eso, estamos contentos de que aquí en los campamentos de refugiados no tenemos el yugo marroquí, estamos libres, podemos ejercer nuestra profesión y nuestra ideología”.

La exposición que actualmente se presenta en El Arte del Exilio, y que lleva el mismo nombre, busca que los visitantes conozcan la problemática de la RASD y, de alguna forma, la difundan. “Esta muestra viajó a Francia hace unos años y el público se cuestionó la forma de vida de este sitio”.

Este joven creador que estudió pintura en la escuela 12 de Octubre de Smara y en el Instituto de Estudios Superiores José Martí de Camagüey, Cuba, entre 1985 y 1997, explica que poco a poco la gente en Francia comenzó a fijarse en lo que sucedía en el Sahara Occidental. Después de la exhibición, 21 familias de ese país se interesaron en adoptar niños saharauis como parte de un programa de verano para que los menores vivieran en su país entre junio y agosto y pudieran conocer otra cultura.

“Este es un mensaje, un logro de lo que el arte puede hacer por nuestra causa. Cuando estaba en Cuba me volví paisajista y empecé a pintar horizontes del Caribe. Sin embargo, un día un profesor me dijo que si era saharaui tenía que hacer paisajes de mi país”, dice.

A su regreso a los campamentos siguió el consejo de su maestro. Aunque extraña Cuba, piensa que su sitio en este momento es el Sahara Occidental y su trabajo luchar desde el arte para liberar los Territorios Ocupados por Marruecos desde 1991.

—¿Cuál debe ser el papel de la cultura en la liberación de la RASD?

—Cada una de las disciplinas artísticas que promovemos debe de cumplir una función específica en la lucha. Debemos mandar un mensaje al mundo diciéndole que nosotros somos una cultura con formas y costumbres que se deben respetar.

—¿Cómo se lucha desde el arte?

—Haciendo obras directamente vinculadas a nuestra identidad. Yo las vendo a extranjeros para que promuevan la causa.

—¿Se puede ganar una guerra desde la cultura?

—La cultura ha ser el camino que nosotros debemos seguir para resistir. Debemos promover el arte con un mensaje claro que preserve nuestra historia.

Toda la familia de Saleh vive en la zona ocupada. Hace dos años fue incluido en el Programa de Construcción de Confianza de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sahara Occidental (Minurso), que se encarga de llevar a los habitantes de la RASD a visitar a sus familiares en los territorios ocupados por Marruecos y viceversa. Sobre la experiencia comenta: “Esa gente la está pasando muy mal, no tiene trabajo, no tiene qué comer, es reprimida todo el tiempo”.

Poesía en tiempos de guerra

Una de las actividades artísticas más importantes en la República Árabe Saharaui Democrática es la poesía oral. Su máximo exponente, Beibúh, asegura que los versos cantados de su nación tienen dos objetivos: “En tiempos de paz, hablar de la belleza del Sahara; en tiempos de guerra, funcionar como una ametralladora que motive a los combatientes”.

Por ejemplo, recuerda que su papel en la guerra fue acompañar a los combatientes. “Cuando escuchaba en las noticias que el Frente Polisario derribaba un avión marroquí o se apoderaba de un tanque, sólo pensaba en convertir ese hecho en poesía”.

Encontrar a Beibúh es difícil. Nació en 1928 y a sus 83 años suele salirse de su casa a caminar por el desierto durante horas; incluso pasa días pastoreando a sus cabras. Ahí, en medio del silencio y la tranquilidad, se inspira para trabajar.

Sus ojos han sido testigos de la historia de su pueblo, desde la salida del último soldado del ejército español que dominaba el Sahara Occidental el 27 de febrero de 1976, hasta la cruenta lucha que los saharauis enfrentaron contra Marruecos entre 1976 y 1990, cuando se firmó la paz.

Cree que los versos caracterizan emociones y aspiraciones de una sociedad, por lo que el trabajo del poeta debe ser el de un espejo que organiza esos sentimientos. “Cada etapa tiene su poesía y en ella se debe plasmar el carácter de una sociedad nómada”.

—¿Cuál debe ser el papel de los poetas jóvenes en la cultura saharaui?

—Mantener las tradiciones de nuestro país y traer lo positivo del extranjero; deben ser concientes de no traer lo negativo de Occidente. Tienen que hablar de lo que sucede en los campamentos de refugiados, en los territorios liberados y en los ocupados, también del significado de ser nómada.

Jadiyatu Allat (Smara, 1973) coincide con Beibúh. Como poeta cree que deben describir lo que pasa en la actualidad en el Sahara, deben mostrar la lucha mediante la palabra y el verso, enseñarle al mundo lo complicado que es el exilio. “La poesía saharaui es lo más bello de nuestra cultura”.

La historia de Jadiyetu no es común. En 1999 participó en diferentes manifestaciones en contra de la ocupación marroquí en los territorios ocupados y huyó de Smara para evitar que la encarcelaran.

A finales de noviembre, un sábado por la noche, tomó dos litros de agua y medio kilo de dátiles y caminó 30 kilómetros hasta que se encontró con el Muro de la Vergüenza. Al llegar esperó hasta las dos de la madrugada y atravesó los 300 metros cuadrados llenos de mina que rodean el muro.

Brincó la muralla, caminó otros 300 metros de minas del lado saharaui y siguió hasta las seis de la mañana. Después se sentó dos días y cuando reanudó su peregrinar, recorrió 150 kilómetros hasta que encontró a un hombre que estaba buscando a sus camellos, quien la llevó a la Quinta Región Militar de Tifaritti.

Nunca escribió un poema con su historia, es demasiado personal, dice. “Algún día lo haré, sólo he hecho un verso. Por ahora doy gracias a la vida de haberme podido escapar, de estar con mis hijos y de haberme salvado de los marroquíes”. Hasta el momento tiene unos 50 versos. Para ella el más importante es uno que provocó una manifestación en los territorios ocupados y que habla de los primeros 66 presos liberados saharauis, cuando se firmó la paz con Marruecos, comenta rodeada de sus hijos y con una sonrisa.

Artifaritti

Los campamentos de refugiados saharaui, localizados a media hora de la ciudad de Tinduf, Argelia, viven entre la ayuda internacional y su creatividad para inventar alternativas de resistencia contra la invasión de Marruecos.

Una de las maneras que han encontrado para resistir es la cultura. Han promovido expresiones artísticas de teatro, danza, música, pintura y literatura que buscan reforzar la identidad de su pueblo, tras 35 años de exilio.

Artifaritti es uno de sus proyectos más novedosos. El festival de arte público que se hace desde 2007 acapara la atención de cientos de creadores nacionales y extranjeros que anualmente viajan en octubre para realizar obras que tienen el doble objetivo de protestar contra la intervención de Marruecos y promover actividades culturales en la localidad de Tifaritti.

Al recorrer el sitio, ubicado a nueve horas de los campamentos de refugiados atravesando el desierto, en la zona de los territorios liberados por el Frente Polisario —el partido político que actualmente gobierna la RASD— en la guerra contra Marruecos entre 1975 y 1991, se pueden apreciar instalaciones, pinturas, murales y esculturas que conviven entre los edificios destruidos por el conflicto bélico.

Dos llaman la atención: un camino de piedras pintadas con frases alusivas a la guerra, así como leyendas esperanzadoras sobre la posibilidad de regresar a la ciudad de El Aayún, capital de los territorios ocupados.

La otra pieza es una instalación hecha por el mexicano Rolando de la Rosa que hace referencia a un Caballo de Troya apuntando al llamado Muro de la Vergüenza, construido por Marruecos y hecho de arena para dividir el Sahara Occidental a lo largo de dos mil 700 kilómetros y vigilado por 120 mil militares.

Pero Artifaritti es parte de un proyecto más amplio. “En la actualidad, incluso, ya es una Organización No Gubernamental (ONG) que tiene sus propios fondos y se presenta en diferentes festivales del mundo para dar a conocer la lucha saharaui. Recientemente estuvo en Nueva York”, cuenta Ahmed Jiatri, director del encuentro.

Jiatri piensa que Artifaritti también debe consolidar su principal objetivo: promover, por medio de la cultura, la identidad del pueblo Saharaui; y por otra parte, convencer a más artistas para que trabajen por la paz en el mundo, como sucede en zonas de guerra como Palestina o incluso en la frontera Norte de México. Este proyecto es tan conocido en los campamentos que no sólo se integran artistas plásticos, sino también actores, bailarinas y músicos.

Resistencia ante la ilegalidad del gobierno Marroquí

El primer año participaron 25 artistas españoles, siete saharauis, tres portugueses, un argentino, un chileno y un colombiano; en la segunda edición acudieron el doble de creadores, entre ellos el mexicano Rolando de la Rosa.

Ahej Chapad, promotor cultural en el Ministerio de la Juventud, dice que el gobierno de su país retomó la idea de difundir actividades culturales hace tres o cuatro años, como parte de una campaña de internacionalización del conflicto.

“En los últimos tiempos ha funcionado tan bien este proyecto que ha influido en la sociedad de Marruecos para que haya protestas contra lo que sucede en los territorios ocupados. Hemos infiltrado música, danza y teatro en la zona ocupada. Estas expresiones tienen el mensaje de libertad”, dice.

Historia de la RASD

La República Árabe Saharaui Democrática (RASD) es una nación sin Estado, reconocida por la ONU y 150 países, la cual fue conquistada por España en 1860. Después de 1920, el territorio pasó a ser un protectorado español y quedó integrado como provincia de ese país en 1957. Pero en 1967 la ONU le planteó al país europeo la independencia del territorio, entonces disputado por sus vecinos Mauritania, Marruecos y Argelia. La lucha del pueblo saharaui reivindica el derecho de sus habitantes a la libre determinación e independencia. A partir del 10 de mayo de 1973, con la fundación del Frente Polisario, se profundizó el proceso de liberación del país por medio de la lucha armada. En 1975 se firmaron los Acuerdos de Madrid, en los cuales España cedió el territorio a Marruecos y Mauritania. Ambos países enfrentaron militarmente al Frente Polisario, el cual con el apoyo de Argelia, proclamó su independencia el 27 de febrero de 1976, fundando la RASD y promulgó su Constitución. La guerra desarrollada por el Frente Polisario contra Mauritania llevó a este país a la renuncia de sus pretensiones sobre el territorio Saharaui, mientras que Marruecos se lo anexó ilegalmente.

El antiguo Sahara Español es uno de los territorios más despoblados del planeta. Con una superficie territorial de 255 mil kilómetros cuadrados, cuenta con una población estimada en 2004 en apenas 267 mil 405 personas. De este total, sólo 155 mil son población saharaui. Los habitantes saharauis están confinados por Marruecos, desde hace 35 años, a vivir en campamentos de refugiados en su propio país.

Fuente: Emiliano Balerini Casal/ Milenio

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