Alfredo López Austin

“La historia es una corriente que nos transporta y nos obliga a conocerla para entender nuestro presente, con sus actuales transformaciones”, explica el historiador Alfredo López Austin, quien ha realizado importantes investigaciones sobre Mesoamérica y, en particular, de la civilización mexica.
López Austin (Ciudad Juárez, Chihuahua), quien celebró recientemente sus 75 años de edad, recibirá los premios Linda Schele por contribuciones sobresalientes sobre arte y cultura de Mesoamérica y la medalla H.B. Nicholson a la excelencia en estudios mesoamericanos. Las instituciones que galardonarán al investigador emérito del Instituto de Investigaciones Antropológicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) son, respectivamente, la Universidad de Texas en Austin y la Universidad de Harvard, por conducto del Archivo Mesoamericano del Museo Peabody de Etnología y Arqueología. Las ceremonias de entrega de ambos premios serán el 26-27 de marzo en la Universidad de Texas y el 15-16 de abril en el Museo Peabody, respectivamente.
“Es una enorme satisfacción que me hayan señalado con estos premios y será un gusto enorme recibirlos porque conocí y traté a Linda Schele y porque tuve buena amistad con H.B. Nicholson, distinguido investigador de quien recibí muchas enseñanzas”, dice en entrevista López Austin, también investigador emérito del Sistema Nacional de Investigadores.

Respecto de su larga experiencia de investigador universitario, López Austin comenta: “Hay que vivir plenamente día tras día, como si tu labor fuera una aventura de duración y resultados inciertos. Científicamente eso es el trabajo de un investigador. Creo que el juego cotidiano de la ciencia es más importante que el establecimiento de una meta de triunfos o de reconocimientos. Gozo al dedicarme a satisfacer permanentemente mi curiosidad científica, como si me enfrentase a una sucesión interminable de retos”.
A manera de ejemplo, sostiene: “Uno trabaja elaborando hipótesis, que pueden resultar ciertas o falsas; entonces uno juega constantemente con su propio destino, lo cual ofrece una atractiva dimensión a nuestra existencia”.
Entre las distinciones que ha recibido el académico a lo largo de su trayectoria destacan el Premio de Estudio Cultural, del Instituto de Estudios Interculturales y Transdisciplinarios, Tokio, Japón (1993); el Premio Universidad Nacional en el área de investigación en ciencias sociales, así como el reconocimiento del Centro Studi Americanistici Circolo Amerindiano, de Perugia Italia, en 2007.
El historiador ha publicado más de 120 artículos, y entre sus libros se cuentan La constitución real de México-Tenochtitlán (1961), Textos de medicina náhuatl, Hombre-dios, Cuerpo humano e ideología, Los mitos del tlacuache, el emblemático El conejo en la cara de la Luna y Tamoanchan y Tlalocan.
En la actualidad López Austin tiene proyectadas investigaciones en torno a la iconografía. “Considero que el mensaje pictórico nos reserva muchas sorpresas”, manifiesta, “y sin duda sus mensajes podrán ser entendidos y complementados al conjugarlos con datos provenientes de muy diversas fuentes. Así podremos entender mejor los significados de las imágenes en materia religiosa, mítica y, en general, de cosmovisión.”

Somos herencia e innovación

López Austin ha profundizado en las investigaciones sobre las distintas vías que tiene el hombre para expresar sus ideas y su cosmovisión. “Me interesa tanto la forma verbal como lo plasmado visualmente en los códices y lo que se mantiene en la rica tradición oral mesoamericana, hasta nuestros días, como mitos, leyendas y cuentos.

“Sin duda –prosigue– una forma primordial de expresión fue la imagen visual en códices y pintura mural, y esto nos abre brechas de búsqueda.”
El análisis comparativo ha sido una constante en las investigaciones de Alfredo López Austin en los diversos campos. Los temas indígenas y la religión actuales han sido otros enfoques importantes en los trabajos del autor. “Las creencias y las concepciones han cambiado, pero, por mucho que se hayan modificado, se debe estar atento a las manifestaciones actuales, porque orientan a la intelección del pasado”, explica el académico de la UNAM. Estas transformaciones y derivaciones se deben analizar cuidadosamente, dijo, porque “toda cultura es histórica: al mismo tiempo tiene sus raíces en el pasado y es cambiante; el investigador debe analizar las causas tanto de la transformación como de la conservación de la cultura.
“En cualquier individuo, y así lo siento en mí mismo, existen todos los ritmos de transformación histórica de manera simultánea. Somos herencia de muchos tiempos idos y al mismo tiempo somos innovación.”
Afirma que así debe entenderse la tradición: “La tradición no es un saco de antigüedades que cargamos sobre nuestras espaldas. Es una herencia de instrumentos que nos han sido peculiares a través de las generaciones para enfrentarnos en forma adecuada al presente que siempre es inédito; pero debemos encararlo no sólo con nuestra experiencia generacional, sino con una que nos ha sido propia, característica y que, por tanto, se adapta a nuestra forma de ser, por lo que nos permite un desarrollo más pleno, una mayor capacidad de imaginación ante lo novedoso. Nosotros transformamos así la tradición, la enriquecemos al cambiarla con la experiencia nueva, y todo esto lo heredaremos.”

Seducido por la religión

Alfredo López Austin fue seducido por la religión desde temprana edad. Relata la atracción que para él tenía, desde la escuela primaria, la mitología de los griegos y los romanos. “El mundo mitológico me atrapó hasta el punto de hacer que dedicara mi vida al estudio de las religiones.”
El investigador también ha abordado el tema del cuerpo humano como ente en correspondencia con el cosmos y actualmente se encuentra ocupado en el estudio de las nociones de responsabilidad social de los grupos humanos, la moral del individuo y los vínculos de ésta con las concepciones sobre las almas.
López Austin reflexiona sobre la propia existencia humana individual: “Más que como unidades de fuerte permanencia, debemos concebirnos históricamente, como entes en constante y profunda transformación. Creo haber aprendido esto del antiguo pensamiento náhuatl”.

Alfredo López Austin estudió leyes en la Facultad de Derecho de la UNAM (1956 a 1959) y la licenciatura en historia, la maestría y el doctorado en el Colegio de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Otras obras, publicadas en coautoría con su hijo el arqueólogo Leonardo López Luján, son El pasado indígena y Monte sagrado-Templo Mayor.

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1 comentario

Archivado bajo Cultura, Diversidad cultural, Letras del mundo, Patrimonio

Una respuesta a “Alfredo López Austin

  1. Alejandra

    Me parece fascinante enterarme de los reconocimietos que ha recibido uno de mis más queridos y admirados maestros de la facultad, deseo que siga impartiendo sus conocimientos y también su entusiasmo por la historia y la vida. Con todo Cariño y respeto Alejandra G. A.

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