El Noroeste Argentino como región cultural

Tucumán

por Mónica Ruffino
Universidad Nacional de Tucumán, Argentina

El Noroeste Argentino (NOA) como región cultural podría ser tema de estudio de la historia, la geografía, el arte, pero nuestro abordaje mira al NOA desde la antropología. Marc Augé (1995, p. 15) al relacionar la antropología con la historia dice que la antropología estudia el presente de sociedades alejadas, es decir, que orienta su búsqueda en el espacio; mientras que la historia estudia el pasado de sociedades próximas, es decir, que busca en el tiempo. Si bien el espacio es la materia prima de la antropología, se trata de un espacio histórico; y si bien el tiempo, la materia prima de la historia, se trata de un tiempo antropológico. Es un espacio histórico porque consiste en un espacio que los hombres dotan de sentido, es decir, un espacio simbolizado.
Y para hablar de simbolización haremos referencia a una visión crítica sobre la biología propuesta por Johannes von Uexküll quien sostiene que la realidad externa no es única y homogénea, no es absoluta, sino diversa, en tanto hay diferentes esquemas de realidad según los diferentes organismos. Y propone que la clave para entender el mundo o la experiencia del mundo de una especie será el conocimiento de la anatomía de esa especie . Según von Uexküll, cada organismo está adaptado y coordinado con su ambiente, su estructura anatómica tiene un sistema receptor y un sistema efector, que en equilibrio y cooperación hacen posible la supervivencia de la especie y son eslabones de una cadena llamada “círculo funcional”. En su libro Antropología Filosófica (1999) Ernst Cassirer propone emplear este esquema de von Uexküll para describir el mundo humano en el cual encuentra una característica nueva, en tanto que, entre el sistema receptor y efector, señala la presencia de un eslabón intermedio al que llama “sistema simbólico”. Tal característica distintiva del hombre transforma su contacto con la realidad, porque el hombre vive desde una dimensión nueva y más amplia que el resto de las especies animales. Por eso las respuestas humanas son distintas a las reacciones orgánicas, directas e inmediatas de otras especies. El hombre, demora su respuesta ante las demandas externas por un proceso lento y complicado de pensamiento. No vive sólo en un universo físico, sino también en un universo simbólico, cuyos productos como el lenguaje, el arte, la religión son los “hilos que tejen la red simbólica, la urdimbre complicada de la experiencia humana” (Cassirer, 1999, p. 47). El hombre no se enfrenta a la realidad de un modo inmediato, sino que la ve y conoce a través de este medio, de este artificio mental que es el símbolo y que consiste en la clave que expresa las diversas formas de la vida cultural porque la cultura es el resultado de la capacidad simbólica del hombre. Esta competencia propiamente humana muestra la gran complejidad de su modelo mental , el lenguaje, por el que la mente capta el afuera y lo modifica, en el cerebro, al crear un símbolo. Entonces el símbolo consiste en una recreación humana del mundo real que expresaría la forma, el sentido, que cada hombre otorga a esa captación externa.

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Archivado bajo Cultura, Diversidad cultural, Patrimonio

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