German Arciniegas y su Biografía del Caribe

Biografía del Caribe fue el libro de un autor latinoamericano más difundido en el mundo antes de Cien años de soledad. Sin embargo, serán muchísimos menos quienes logren recordar al escritor del primero que los que mentarán de inmediato al autor del segundo. Varias razones nos ayudan a entenderlo: primero, que Germán Arciniegas, tan colombiano como García Márquez, ni llegó a recibir el Nóbel ni se benefició de ningún boom. Él perteneció a la llamada “Generación de Los Nuevos”, de los años XX del pasado siglo, que a la postre sería la que por su proyección ideoestética sedimentaría el camino a la siguiente, esa que sí alcanzaría ya reconocimiento universal.  Adicionemos, en segundo término, que Germán tampoco fue novelista, el género mimado por los lectores de nuestro tiempo, sino que se destacó en el ensayo y el periodismo, y también como editor de revistas, historiador y sociólogo.
Arciniegas se ciñó a las personas y hechos de la Historia en vez de crear fabulosos personajes de ficción. Pero lo hizo como nadie, y ese es el mérito por el que no debe olvidársele. Bajo su pluma la Historia deja de ser materia prima de manuales doctos y aburridos para ser territorio donde suceden las cosas más asombrosas, las que retarían a cualquier imaginación pródiga. Además alcanzó a hacer literatura del ensayo, estando a la altura de otros grandes: José Martí, Alfonso Reyes, Octavio Paz, José Lezama Lima, Jorge Luis Borges.
Hay que aplaudirle encima el haber alcanzado la síntesis perfecta entre historia y literatura. Siendo amigo de Stefan Sweig y admirador de Alejandro Dumas, el que una vez asegurara con todo desparpajo: “La historia es el clavo en el cual cuelgo mis novelas”; Arciniegas expresó su fórmula en el discurso con que ingresó como miembro de número en la Academia de la Historia: “La buena historia tiene gusto de novela”. Y con tal recurso escribiría títulos como El estudiante de la Mesa Redonda, Los alemanes en la conquista de América, El Continente de Siete Colores, El revés de la historia, América Mágica.
Una vez dijo: ”He escrito un solo libro, y no es un chiste”.  Ese libro único fue América, su gran tema. La devoción americana fue su obsesión; la comprensión sociológica de estas tierras, el apetito de su entendimiento. Y alrededor de América tejió sus hipótesis más revulsivas y polémicas. Cuando impartía clases de Sociología, por ejemplo, enseñaba que dicha ciencia se debe a América y no a Europa, y no fueron Augusto Comte y Spencer los primeros sociólogos, sino los cronistas de Indias: Bernal Díaz del Castillo, Bartolomé de Las Casas, el jesuita Joseph de Acosta, los frailes que se internaban en las Indias Occidentales y que recogían en volúmenes las palabras, los ritos, las maneras de vivir de los nativos de estas tierras. Es esa contemplación del fenómeno americano, esa descripción de eslabones perdidos en la evolución de la sociedad humana, la materia sociológica ideal, según argumentaba.
Historia no es lo que hicieron los grandes gobernantes y guerreros, dijo en otro de sus típicos postulados. “Hay que acercarse al hombre de la calle, a la criatura vulgar que forma parte de la caudalosa muchedumbre de las ciudades o al campesino que se pierde en la pampa o la montaña. En vez de la Historia Política, la que fundan héroes y reyes, propugnaba Arciniegas que se escribiera “la Historia Natural, la que retrata el alma de los pueblos a partir de sus gentes comunes.
¿Descubrimiento de América? ¡No, CUBRIMIENTO!: fue este otro de sus planteamientos brillantes. Leamos cómo se explicaba:
“La afirmación de que los españoles descubrieron la América a finales del siglo XV y principios del XVI es inexacta y se funda en el vocabulario que por rutina heredamos de quienes se han consagrado a la tarea de escribir lo que en el lenguaje figurado solemos llamar así. Si digo que no hubo tal descubrimiento, no lo hago porque en este momento me preocupen las incursiones que practicaron los mongoles entrando por Alaska diez o veinte siglos antes que los españoles, ni las posibles invasiones de los polinesios que pudieron llegar a las costas de Chile, ni las naves escandinavas que seguramente tocaron los bordes de Groenlandia en los tiempos de Erik el Rojo. Me refiero al espíritu mismo del viaje de Colón, al hecho de que no es posible considerar como descubridores a quienes en vez de levantar el velo de misterio que envolvía a las Américas, se afanaron por esconder, por callar, por velar, por CUBRIR todo lo que pudiera ser expresión del hombre americano […] ¿Qué vinieron a hacer a estas tierras los capitalistas, los empresarios, los encomenderos, los gobernadores, los virreyes? Vinieron para imponer un sistema económico, un dogma religioso, un tipo de arquitectura, una raza, que eran otra cosa distinta de la economía, la religión, la arquitectura y la raza americana.”
Germán Arciniegas era un pensador abierto, iconoclasta, un libertario. Rebeldía que tal vez le viniera en sangre, precisamente de la herencia de su bisabuelo materno, que fue el autor de La Bayamesa, el himno nacional cubano. Dos de las hijas de Perucho Figueredo huyeron a Estados Unidos cuando el padre fue fusilado. Una de ellas, Luz, se casó con un cubano y viajaron a Colombia, donde nació Aurora Angueyra Figueredo, la madre del escritor.
Desde los tiempos de estudiante fue un ciudadano incómodo, un agitador. Sería secretario de la Asamblea Universitaria, que promovió trasladar a su país la experiencia de la Reforma Universitaria de Córdoba. Para esos fines fundó la revista Universidad en 1928. Luego continuó su proyección hacia la vida cultural y política de su país con la publicación Los Nuevos.  No cesaría durante toda su vida de fundar revistas que recogieran lo más destacado del pensamiento y la creación literaria de su época: Revista de las Indias (1939), Revista de América (1945), Cuadernos (1953), en las que hallaron su espacio los talentos de Horacio Quiroga, Mariano Picón Salas,  Uslar Pietri, Carlos Pellicer, Macedonio Fernández. Probó la dureza del exilio, en Estados Unidos, años en los que escribió uno de sus libros claves: Entre la libertad y el miedo (1952).
Levantó el estandarte de la defensa de América derrochando a partes iguales lucidez y pasión. Sus visiones originales y el humor sutil serían de sus mejores armas.

Fuente: http://www.caimanbarbudo.cu

Germán Arciniegas
(Santa Fé de Bogotá, 1900-1998)

Periodista, diplomático, catedrático y parlamentario, fue uno de los grandes pensadores de Colombia en el mundo contemporáneo y, durante un tiempo, Presidente de la Academia Colombiana de la Historia.

Cursó estudios de Derecho en la Universidad Nacional colombiana, época en la que fundó la revista La voz de la juventud.

Americanista y liberal, su obra abarcó una intensa actividad ensayística y periodística, participando en la fundación de múltiples publicaciones, como la revista Universidad, la Revista de las Indias, Revista de América y Correo de los Andes, entre otras.

Su pensamiento estuvo influido por la intención reformista de José Vasconcelos, Andrés Bello y Domingo Faustino Sarmiento. Entre su amplísima producción cabe destacar los siguientes títulos: América, tierra firme (1937); El estudiante de la mesa redonda (1932), que escribió durante un viaje a Londres; En el país de los rascacielos y las zanahorias (1945); Entre la libertad y el miedo (1952); América en Europa (1975); El revés de la historia (1980) y Bolívar: de San Jacinto a Santa Marta. Juventud y muerte del libertador (1988).

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2 comentarios

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2 Respuestas a “German Arciniegas y su Biografía del Caribe

  1. Mario Pineda

    He leido su Biografia de Caribe y como lo he disfrutado>Lo he leido 3 veces.Con que estilo escribia.Lo vamos a recordar con carino

    • MA

      Yo leí hace varios años Biografía del Caribe y me ha dejado una sensación de certidumbre, de credibilidad, de aprecio por el trabajo de Don German Arciniegas. Ahora me he encotrado con lo que para mí constituye el segundo volumen sobre el Caribe y es: Su Nueva Visión del Caribe el cual aún nos sorprende por el haber conservado la frecura y actualidad en las dos obras. Don German, es uno de esos autores que siempre serán de actualidad.

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