De Colón a Castro: Historia del Caribe

por Claudio Vadillo López

Un acontecimiento editorial para los estudiosos del Caribe es la primera edición en español que hizo en el 2010 el Instituto Mora del libro, De Colón a Castro: la historia del Caribe 1492-1969, escrito por Eric Williams, quien nació en Puerto España en 1911. Hijo de un afrotrinitario y de una mulata, estudió historia en la Universidad de Oxford, Inglaterra, y terminó su doctorado en 1938,  siendo el primer caribeño que obtuvo el grado en esa disciplina. Según el autor de la Introducción del libro, Humberto García Muñiz, la tesis de Williams, se tituló “The Economic Aspects of the Abolition of the West Indian Trade and Slavery”, que se publicaría como libro en 1944 con el titulo de Capitalism and Slavery, donde Williams expuso una reveladora argumentación acerca de la implacable lógica capitalista en el proceso de surgimiento y desaparición del esclavismo en el Caribe, chocando con la historiografía británica del momento, que atribuía al humanitarismo la campaña que condujo a la eliminación del comercio de esclavos en el Reino Unido.
Eric Williams se desarrolló académicamente en Estados Unidos, Cuba, Puerto Rico, y a partir de 1944 fue responsable de un área de la Comisión Angloamericana del Caribe, cargo que le permitió visitar casi todos los países de la región e impulsar estudios sobre agricultura, pesca, turismo, azúcar, relaciones comerciales e industria regionales. Finalmente rompió con la Comisión del Caribe cuando fue despedido para impedir que fuera candidato a la presidencia de la organización.
Emprendió entonces una carrera política participando en el Movimiento de Educación del Pueblo, a partir de 1950, cuya finalidad era construir en Trinidad y Tobago una base política mediante la educación popular.  El 15 de enero de 1956, fundó el partido Movimiento Nacional del Pueblo. Siempre con una perspectiva política pancaribeana, federalista, fue el líder de la estrategia que conseguiría  la independencia de Trinidad y Tobago en 1962.  Con esta visión impulsó el proyecto de Comunidad Económica del Caribe que ideó y presentó en la primera reunión de jefes de gobierno de la Mancomunidad del Caribe de julio de 1963. A la fecha de su muerte el  29 de marzo de 1981, el proyecto estaba limitado y acotado, por lo que falleció inmerso en la decepción y el aislamiento político.
El libro que nos ocupa, From Columbus to Castro: The History of the Caribbean, 1492-1969,  fue publicado por primera vez en inglés en 1970. Resultado de casi treinta años de investigación, tuvo una finalidad académica y política simultáneas.
Esta es una obra monumental, cuya elaboración justifica el autor al señalar que,”en términos tanto intelectuales como políticos, el Caribe es una expresión geográfica. No hay historia de la región caribeña en conjunto. En efecto, sólo en algunos pocos territorios del Caribe hay historias que merezcan llevar el mismo nombre”.  “Este trabajo se diseñó para llenar ese hueco y para corregir las deficiencias. Su alcance es toda el área de las Indias Occidentales, incluyendo las Guayanas, ya sea que sus vínculos hayan sido o bien sean todavía británicos o franceses, españoles o estadounidenses, holandeses o daneses, o que hayan retirado o estén a punto de retirar el dominio extranjero de los siglos anteriores. Su objetivo es la integración cultural de toda el área, una síntesis de los conocimientos existentes, como un cimiento esencial de la gran necesidad de nuestro tiempo, una colaboración más estrecha entre los diversos países del Caribe, con su herencia común de subordinación al dictado de intereses”.
El libro de Eric Williams es una cumbre a la historiografía caribeña, un esfuerzo intelectual de contenido erudito y objetivos universalistas. Es equiparable a obras como la Biografía del Caribe, de Germán Arciniegas, publicado en 1945 y al libro de titulo similar: De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe frontera imperial, escrito por Juan Bosh y publicado por  Casa de las Américas, también en 1970.
Para Germán Arciniegas “la Tierra Firme es de los españoles: México, el Perú, la América Central, la Nueva Granada, Chile, la Plata: virreinatos, gobernaciones. Del Caribe, le interesan las islas grandes; Cuba, la Española. Pero quedan  para uso y regalo de la piratería, islas menudas esparcidas por todo el mar; y las Antillas Menores… de estas islitas, unas son volcánicas, y otras apacibles  llanuras que pudieron ser mesetas en la hundida cordillera. Vistas en el mapa forman una línea de puntos suspensivos. Los puntos suspensivos se usan en las novelas cuando el autor quiere dejar algo en penumbra de misterio, de emoción, de ironía…” Otro es el enfoque de Juan Bosh, quien afirma que “el Caribe fue conquistado y convertido en un escenario de debates armados de los imperios –y por tanto, en frontera imperial– debido a que la historia de Europa produjo de su seno el capitalismo mercantil y con él la competencia entre las naciones capitalistas que se repartían a cañonazos los territorios que se iban descubriendo en el Nuevo Mundo”.

Para Williams el Caribe es aquella “área que es todas las islas y áreas en tierra firme cuyo desarrollo económico nos permiten considerarlas como parte de la escena del Caribe”.  Dicho de otra manera, para Williams el Caribe tiene características que lo definen en sí mismo, que lo hacen diferente de Latinoamérica y distinguible en toda América. Tiene una historia económica, social y política propia en el mundo.
El Che Guevara juzgó que en Biografía del Caribe estaban ausentes los datos económicos, los que por otro lado, para Bosh están subordinados a la narración de rebeliones, insurrecciones y acontecimientos político-militares.
En cambio el libro de Eric Williams es un tratado de historiografía acerca de los hechos y procesos económico-sociales que configuraron esta región desde que la descubrió Colón y que generaron a lo largo de cuatro siglos una relación de dependencia con el capitalismo metropolitano, simultáneamente a una perspectiva política anticolonial y nacionalista para cambiar esta situación. Con este enfoque analítico Williams otorgó un lugar central en la historiografía caribeña a la esclavitud afirmando que “en el siglo XVI los negros habían sido llevados al Caribe para establecerse y perpetuarse, donde se les permitieran sus costumbres tribales africanas –como el coumbite y el vudú en Haití, el arte del bush negro en Surinam, el shangó y el susu en Trinidad– para producir una civilización en el Caribe en la que, como dice Paulo Freyre de Brasil, “Europa reinaba sin gobernar; era África la que gobernaba”. Hacia mediados del siglo XVI el cambio etnológico que había ocurrido en el Caribe en tan sólo 50 años –a pesar del pequeño número de negros introducidos en comparación con periodos posteriores– era tan notable que el historiador Herrera en su Historia de las Indias escribió acerca de La Española: “En esta isla hay tantos negros como resultado de las fábricas de azúcar, que la tierra parece una efigie o imagen de la misma Etiopía”.


Para el historiador trinitario, las características de la economía metropolitana, demandante de materias primas, propiciaron que en el Caribe  se realizara un cambio etnológico y demográfico inédito en el mundo al afirmar que “el desarrollo de la economía del azúcar en Jamaica en el siglo XVIII completó la transformación etnológica  que había empezado en La Española en el XVI  y proseguía en Barbados en el XVII. A medida que la industria del azúcar se tornaba promisoria para los grandes capitalistas, fue apoyándose cada vez más en el trabajo de negros. El cuadro demográfico del siglo XVIII en el Caribe mostraba una proporción constantemente creciente de negros por cada blanco. En 1698 había un blanco por cada seis negros en Jamaica. En 1703 la isla tenía 3,500 hombres blancos y 45 mil esclavos. En 1778 los blancos sumaban 18,420 y los esclavos 205,261, una proporción de más de once negros por cada blanco.
En su perspectiva económica de la historia Colonial del Caribe, Williams siempre tiene presente la ubicación del archipiélago en la correlación de fuerzas internacional, enfatizando la forma en que el proceso económico caribeño impactó a las metrópolis, por ejemplo cuando señala que  “lo que las Indias Occidentales habían hecho por Sevilla en España en el siglo XVI, lo hicieron por Bristol en Inglaterra y para Burdeos en Francia en el siglo XVII. Cada ciudad se convirtió en la metrópoli del comercio del país con el Caribe, aunque ni Bristol ni Burdeos gozaron del monopolio que se había concedido a Sevilla. En 1661 únicamente un barco, que era holandés, llegó a Burdeos de las Indias Occidentales. En 1685 zarparon 49 barcos de ese puerto hacia las Indias Occidentales… La base y sostén de este asombroso florecimiento comercial eran los esclavos negros, “la fuerza y sostén de este mundo occidental”.
Williams aporta a la historiografía económica caribeña, demostrando con detalle la importancia trascendental de la esclavitud al afirmar que “el comercio de esclavos era central en el comercio triangular. Era, en palabras de un mercantilista británico “el manantial y el origen del que fluyen los demás”, “el principio y los cimientos de todo el resto”, replicaba otro, “el muelle principal de la máquina que pone todas las ruedas en movimiento. El trafico de esclavos mantuvo girando las ruedas de la industria metropolitana; estimuló la navegación, la construcción de barcos y dio empleo a marineros; hizo crecer aldeas de pescadores hasta convertirlas en ciudades florecientes; dio sustento a nuevas industrias basadas en el procesamiento de materias primas coloniales, produjo enormes ganancias que se reinvirtieron en la industria metropolitana y, finalmente, dio paso a un comercio sin precedente en las Indias occidentales y colocó los territorios caribeños entre las colonias más valiosas que el mundo ha conocido”.

Su análisis de la estrecha interrelación entre los fenómenos económicos  y políticos se revela de manera magistral en su descripción de la revolución haitiana, porque Williams se aleja del realismo maravilloso de Carpentier, de las explicaciones antropológicas de Arciniegas y de la apología del heroísmo de  la sublevación esclava de Juan Bosh, para hacer una reflexión rigurosa  de la economía y la estructura social de la sociedad isleña,  afirmando que  “el progreso de Saint-Domingue desde 1783 (el año de la independencia de Estados Unidos de América) a 1789 (el año del estallido de la revolución francesa) es uno de los fenómenos más asombrosos en la historia del imperialismo… abastecía a la mitad de Europa con productos tropicales. Sus exportaciones eran una tercera parte más de todas las de las Indias Occidentales británicas sumadas; su comercio empleaba 1,000 buques y 15,000 marineros franceses. Saint-Domingue era el primer productor de azúcar del mundo, la joya del Caribe.
Continúa Williams describiendo que “en 1789 la estructura social de Saint-Domingue consistía en cinco clases. La primera era la de los plantadores… La segunda era la de los oficiales reales… Luego seguían los blancos pobres, los capataces, los artesanos… Los tres grupos de blancos sumaban 40 mil individuos. Debajo de ellos estaba la cuarta clase, los mulatos y los negros libres, que eran 28,000 poseedores de una tercera parte de las propiedades y dueños de una cuarta parte de la propiedad personal de la Colonia, pero a quienes se negaban la igualdad social y política con los blancos. Por último estaban 452 mil esclavos, muchos de ellos recién llegados de África, sobre quienes se cimentaba la prosperidad y la superioridad de Saint-Domingue”. La revolución francesa cayó sobre esta sociedad como un trueno,  agudizando las contradicciones sociales y estimulando la revuelta de los negros y mulatos contra los blancos. Además, “la revolución de mulatos y esclavos en Saint-Domingue condujo a la renovación de la lucha del siglo XVIII entre Gran Bretaña y Francia en el Caribe.

Williams explica con erudición la historia caribeña, en su estrecha interacción de ida y vuelta con las metrópolis europeas, a lo largo de setecientas páginas, en capítulos que llevan por títulos: Hacia Occidente; Cristóbal Colón y el descubrimiento de las Indias Occidentales; Oro y Azúcar; Capital blanco y mano de obra de color; El colonialismo español; El nacionalismo colonial; La gallera de Europa; Los blancos pobres; El rey azúcar; Capitalismo y esclavitud; El sistema exclusivista; Colonos blancos contra colonos negros; Acabad con la infamia; Abajo el colonialismo. La revolución norteamericana; Abajo el colonialismo y la esclavitud. La revolución de Haití: Colonialismo y esclavitud después de la revolución haitiana; La abolición del sistema esclavista en el Caribe; La experiencia del trabajo libre; La inmigración asiática; La economía azucarera en las Indias Occidentales en el siglo XIX; La lucha por el mercado mundial del azúcar; El colonialismo en el siglo XIX; Destino manifiesto; El Mediterráneo americano; El reinado estadounidense del azúcar; El colonialismo del siglo XX; El movimiento colonial nacionalista; El castrismo; El futuro del Caribe.
En los dos capítulos finales, quien fuera primer ministro de Trinidad y Tobago culmina su análisis construyendo una postura propia frente a la realidad caribeña de los años sesentas del siglo XX, de la que él es un protagonista como constructor de la independencia de su país,  en el contexto generado por la revolución cubana.
Williams el historiador del Caribe afirma que, “la revolución de Castro de 1958 fue un tardío intento de ponerse al día con el movimiento nacionalista del resto del Caribe… La Cuba anterior a Castro no estaba subdesarrollada, atrasada  en el mismo sentido que la mayor parte de los países de África y de Asia. Por el contrario, figuraba entre los países altamente desarrollados de Latinoamérica. El atraso de Cuba se debía principalmente al hecho de que estaba a merced de fuerzas externas en el mercado mundial”.
Consecuente con su caracterización de la realidad del universo caribeño, afirma que “el programa inicial de Castro era el tema recurrente de los nacionalistas caribeños…

El rasgo esencial de la revolución de Castro era el sentimiento anti Estados Unidos”. La reflexión de Eric Williams sigue la secuencia de la radicalización del gobierno de Castro al sostener que, “Estados Unidos produjo la comedia de la invasión de Bahía de Cochinos en abril de 1961.  El resultado fue una resonante victoria para Castro, quien, a partir de ese momento y con sus características audacia, siguió agravando la situación al colocarse el mismo firmemente en el campo soviético y declarando ser marxista-leninista. Tal como había profetizado Jrushov en las Naciones Unidas en septiembre de 1960, Estados Unidos hizo de Castro un comunista.”
Coincide Eric Williams con el enfoque del liberal Germán Arciniegas, para quien “la revolución cubana introdujo un ingrediente totalmente nuevo en el  desarrollo político de América… El líder Fidel Castro organizó su expedición en México y una vez en la Sierra Maestra, su grupo fue creciendo hasta desbordar… Lo que luego acaeció, la conversión al marxismo comunista, el desprendimiento de la sociedad de naciones americanas, el repudio al pacto de Río de Janeiro, y la íntima vinculación a Rusia y China, implicaron un cambio radical no simplemente en los principios originales de la revolución, sino en los conceptos corrientes de los demócratas de América… Cuba quedó así incorporada no a la historia de occidente, sino del oriente comunista.”
Otro es el punto de vista de Juan Bosh, para quien “la historia del Caribe tenía una coherencia; seguía una ley que se hallaba inscrita en lo más profundo de sus raíces. Región del mundo americano modelada por la violencia que la había convertido en una frontera imperial, su única manera de avanzar hacia un destino mejor era  respondiendo a la escalada de la agresión con la escalada de la revolución; y para librarse de la opresión norteamericana, el camino de la revolución cubana era el del socialismo. Fidel Castro no tenía opción.”
La revolución cubana, su proyecto socialista, fue interpretado por el liberal Arciniegas como una desviación del proyecto ideológico liberal y democrático de América, en tanto que para Juan Bosh fue la culminación lógico histórica de la centenaria lucha de los pueblos caribeños por liberarse de la opresión imperialista.
Para el historiador y político Williams, “marxista-leninista o no, la revolución cubana sigue siendo la revolución de Castro, y el partido Comunista no tiene poder en Cuba. En lo referente al resto, el programa de Castro es simplemente nacionalista, comprensible y aceptable para cualquier otro nacionalista caribeño. El lugar de honor lo ocupan los logros en educación”.
La gigantesca obra de Williams es el sustento para proponer al final del texto que  “el verdadero caso de la unidad de los países de la Mancomunidad del Caribe está en la creación de un frente más desarrollado para tratar con el mundo externo: diplomacia, comercio exterior, inversión extranjera y asuntos semejantes. Sin un frente similar los territorios continuarán siendo juguetes de los gobiernos inversores extranjeros. Para aumentar el “poder de contrapeso” de las pequeñas unidades vis a vis los fuertes gobiernos y compañías del extranjero, se requiere que busquen la creación de un centro único de toma de decisiones frente al mundo exterior”.
El esfuerzo intelectual de Eric Williams fue  un paso fundamental en el proceso de autoconocimiento de  los pueblos caribeños y de América toda. Sus aportes  ayudaron a fundamentar en el devenir histórico la lucha emancipadora y antiimperialista de los pueblos del Caribe y de América Latina. Ahora que ha sido traducido al español, su lectura, ya imprescindible con anterioridad, es imperativa para los estudiosos del Caribe.

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