Archivo diario: febrero 15, 2011

Señal del conejo en el rostro

por Luis Barjau

Dejé campos de Lidia, preciosos por su oro;
dejé campos de Frigia y de Persia;
dejé a la Bactriana,
y tras haber pasado por tierra de Medos,
áspera y dura,
la Arabia entera y el Asia recostada junto al salado mar,
en la que hay tantas ciudades
y tantas fortalezas en que moraron pueblos extraños
y aun habitan los griegos,
llego por fin a esta ciudad helénica.
Eurípides

Tlacui, Códice Borgia

Con la críptica frase que titula este artículo, los antiguos tlaxcaltecas se referían a la femineidad. Referencia que no prescindía de la peregrina idea de lo femenil como menos resplandeciente. Esto sin embargo tenía un cuño mitológico sobresaliente: dos héroes se echan a una pira de fuego para hacer el sol y la luna, pero el resultado fue que ambos se transformaron en dos soles relumbrantes; así que los dioses que presenciaban dichos resultados se enojaron y arrojaron un conejo al rostro de uno de los soles, para quitarle brillo, y así fue la luna menos resplandeciente.
Para aquellos hombres, lo femenino por excelencia mostraba la señal del conejo en el rostro. Y la existencia de esas arcaicas metáforas acerca de la femineidad se comprueba porque los tlaxcaltecas creyeron que sol y luna eran esposos y que cuando se retiraban del cielo e iban a dormir para reponerse de sus fatigas, la luna llevaba en el rostro la señal del conejo con que los dioses la hicieran menos luminosa.
Ágave en griego quiere decir “admirable”. Aún es asombroso, tanto como sugerente, el haber designado con esta palabra al maguey mexicano; planta que aun así sigue siendo nombrada con vocablo extraño pues maguey es voz taína en el Caribe según algunos. En náhuatl la planta se llama metl.
Asombro y sugerencia dichos en cuanto a la designación que los europeos hicieron de la planta crecen si observamos la mitología griega.
Según  una tradición, Ágave, tía del Dios del Vino y madre de Penteo, rey de Tebas, da muerte a este su hijo, bajo influencia báquica,  porque se negaba al culto de su primo el dios. Pues ella, hija de Cadmo y de Harmonía, era hermana de Autónoe, Ino y Sémele, esta última madre de Dionisos por unión con Zeus.
Dice una segunda tradición que el padre de los dioses había dado muerte a Sémele por haber tenido una aventura con un mortal y que este hecho había sido una calumnia de las tres hermanas. Y que así el Dios del Vino al causar que Ágave matara a su propio hijo se vengaba de dicha calumnia hecha en contra de sus padres.
Una fuente antigua enseña que después de la tragedia la filicida huye a Iliria, donde casa con el rey Licoterses, a quien termina por asesinar para entronizar a su propio padre Cadmo.
Antes, Cadmo había sido rey de Tebas y le había sucedido Penteo, su nieto, muerto a manos de su propia madre, como queda dicho.
Ágave así, logra simultáneamente destronar y entronizar a su padre valiéndose de su hijo Penteo que se negó al culto de su primo Dionisos. En la obra de Eurípides en cambio, consta que Dionisos la destierra a ella y a su padre a un país extranjero que no se nombra.

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Piratas en el hospital para dementes de San Hipólito

Los recursos económicos

Desde fines del siglo XVI el hospital de San Hipólito, edificado hacia el poniente de la  capital novohispana, se fue perfilando como espacio para la atención de hombres dementes, provenientes de todos los estamentos de la sociedad.
Su atención corrió a cargo de los Hermanos de la Caridad, llamados también comúnmente hipólitos, por haber sido éste su hospital originario. Uno de los rasgos característicos de esta orden fue ser limosneros, guardando una lejana tradición medieval. Desde sus primeras constituciones, se estableció su carácter limosnero para efectos del sostenimiento de sus hospitales y por ello  enfrentaron  muchas carencias para realizar su trabajo.
La limosna se solicitaba en las calles o en las casas de las familias ricas. Entre los acaudalados era muy frecuente que por motivo de votos o promesas a Dios, se dieran importantes cantidades a obras pías.
La pobreza de los hospitales no era ni nueva ni exclusiva de los Hermanos de la Caridad. En la Nueva España durante los siglos XVI y XVII los nosocomios funcionaron de manera muy precaria, pues no contaban con apoyo de la Corona para su funcionamiento, por ello muchos  preferían acogerse a los patronatos ofrecidos por hombres acaudalados o de altos funcionarios de gobierno, a fin de asegurar medios de subsistencia.
Pero la ayuda a los hospitales, por parte de las autoridades, no se limitaba al aspecto económico sino también con fuerza de trabajo que aportaban indios, esclavos y reos principalmente.

Los recursos humanos

Los indios dentro de la ciudad española aportaron siempre el trabajo más importante, tanto en la edificación de hospitales, edificios públicos, calles, obras públicas y casas de hombres importantes de la Colonia, por lo cual su esfuerzo muy raramente era utilizado para servir dentro de los nosocomios. Sólo en el Hospital Real de Naturales había indígenas ocupados en diversas tareas cotidianas.
El trabajo al interior de los hospitales era agotador y temido, más aún cuando en la capital novohispana azotaban epidemias y pestes, pero en el Hospital de San Hipólito se añadía otro elemento que lo hacía especial: era el lugar de los locos y débiles mentales.
En este rubro de los recursos humanos que aportaban su trabajo al interior del hospital de San Hipólito, los frailes contaban con el apoyo de algunos esclavos, pero por la falta de personal los propios locos barrían, cargaban agua, leña y parece ser que hacían mandados a lugares cercanos, cuando estaban en posibilidades de hacerlo, otras, en compañía de algún fraile recorrían  las calles pidiendo limosna.
Se ha documentado también que los tribunales tanto civiles como eclesiásticos, dentro de sus posibilidades de condena, contemplaban enviar reos al hospital de San Hipólito, tal fue el caso de los hermanos Carbajal, acusados de actividades judaizantes a fines del siglo XVI. El historiador Alfonso Toro en su libro La Familia Carbajal, Ed. Patria, México, reseña en las páginas 359-376 el relato de Luis de Carbajal sobre este hospital en donde sirvió como mozo, purgando condena, vistiendo san Benito amarillo, exhibiendo una enorme cruz de san Andrés de paño rojo, cosida sobre el traje. Traer al caso a Luis de Carbajal no es gratuito ya que este hombre, antes de tener problemas con la inquisición, tuvo su intervención en el caso que nos ocupa.

Los reos: piratas en el Hospital de San Hipólito

Sucedió que en septiembre de 1568 llegaron a San Juan de Ulúa seis barcos ingleses con piratas: el Jesús de Lubeck de la Royal Navy al mando de John Hawkins, el Minion bajo el mando de John Hampton, el William and John, con Thomas Bolton al mando y el Judith, capitaneado por el famoso pirata Francis Drake que viviría muchos años más, acumulando una gran fama. Las otras dos naves más pequeñas eran el Ángel y el Swallow que llevaban pirateando cerca de un año en las costas americanas.
Al parecer los piratas desembarcaron en el puerto de Veracruz con el propósito de conseguir víveres. Habían engañando a las autoridades locales con banderas españolas, haciendo prisioneros a algunos principales de la ciudad. Por su parte la tripulación pirata se dedicó a hacer desmanes en la población. Sin embargo, para mala suerte de los visitantes, cuando se encontraban en pleno avituallamiento, llegó una flota de escolta de la armada española  que contaba con una capacidad de fuego considerable, al mando de don Francisco Luján.
Al principio los ingleses pensaron que la tregua, siempre vulnerada por los ingleses, entre Felipe II e Isabel I se respetaría, pero no fue así: en un ataque fulminante resultaron hundidos cuatro barcos piratas, con cerca de 500 marinos ingleses muertos, según el historiador John Barrow.
Drake y Hawkins y el Minion se dieron a la fuga, mientras sus hombres se batían contra los españoles, sin embargo, imposibilitados de escapar rumbo a mar adentro por las malas condiciones del Minion, se fueron costeando hacia el norte de Veracruz, viéndose obligados a dejar cerca del río Pánuco a 104 marineros, ya que era imposible cargar con más hombres para cruzar el Atlántico, además que no había comida suficiente para todos. De acuerdo al testimonio, de un tripulante llamado Miles Philips, no había que comer como no fueran “cueros, gatos y perros, ratas y ratones, pericos y monos” .
¿Cuáles fueron los criterios que usaron los jefes piratas para abandonar a 104 elementos? Comenta Jiménez Rueda lo siguiente: “primeramente escogió aquellas personas de cuenta y utilidad que era necesario quedaran a bordo”, después se procedió a elegir los que menos falta hacían e inmediatamente se les puso en un bote para ir a tierra, prometiéndoles que al año siguiente regresarían por ellos.
Los abandonados, aunque portaban armas, se las tuvieron que ver con los chichimecas, de los cuales sobran testimonios documentales que hablan de su bravura y odio hacia los europeos  y aunque les respetaron la vida, pronto los dejaron desnudos.
Errantes en una tierra desconocida y hostil, enfermaron de paludismo y con mil problemas atravesaron la selva, hasta que llegaron a Tampico, en donde, casi gustosos, fueron hechos prisioneros por los españoles al mando de Luis de Carbajal  y enviados a la ciudad de México para ser juzgados.

El pirata John Hawkins

Pero como se trataba de un asunto de fe, se tuvo que esperar a que llegara un Inquisidor acreditado desde España, por lo que los reos fueron remitidos a diversos trabajos forzados antes de ser presentados ante el Tribunal de la Santa Inquisición, lo cual ocurrió hasta 1871, siendo el enviado don Pedro Moya de Contreras.
Por ello los prisioneros fueron recluidos en obrajes y hospitales; tal fue el caso del pirata Robert Barret, que sin Hawkins quedó como capitán del Jesús de Lubeck, trabajó en un obraje durante cuatro meses, hasta que posteriormente fue ejecutado en la Ciudad de México. Unos fueron a parar como sirvientes al hospital de San Hipólito, otros a un obraje de Texcoco, otros más a las minas, algunos a servir a personas de calidad” (sic), y como mozos en los conventos de San Agustín, Santo Domingo hasta la llegada de don Pedro Moya de Contreras, cuando fueron concentrados en las mazmorras de la Inquisición para ser juzgados.
Duraron encerrados año y medio, tras los cuales fueron presentados ante el tribunal. Los interrogatorios fueron muy acuciosos y como se trataba del primer caso enfrentado por la inquisición sobre un asunto de fe, aplicado a extranjeros saqueadores, el proceso fue muy duro contra los prisioneros. Para comenzar, todos sus bienes fueron confiscados y embargados, esto sin contar que ya desde Veracruz habían perdido el valioso botín que habían acumulado en sus correrías previas a su llegada a Veracruz. Al fin, fueron condenados por el de la Inquisición bajo la sospecha de ser luteranos protestantes, para lo cual con trompetas y voceros se convocó al pueblo a presenciar el espectáculo. Se les colocaron san benitos amarillos con cruces adelante y atrás y se levantó un tablado para que la gente los pudiera ver bien.
De acuerdo al testimonio de Miles Philips los castigos se distribuyeron de la siguiente forma: “El primer llamado fue un tal Roger, armero mayor del Jesús y lo sentenciaron a trescientos azotes y diez años de galeras”.
“Luego llamaron a Juan Gray, Juan Brown, Juan Rider, Juan Moon,  Santiago Collier y Tomás Browne: la sentencia de éstos fue de doscientos azotes y ocho años de galera”  “Tocóle en seguida a Juan Keyes, cuya pena fue de cien azotes y seis años de servicio”.
“Después  fueron llamando a varios, uno tras otro, en número de cincuenta y tres, y a cada cual le daba su sentencia: a unos doscientos azotes, a otros cien, y luego a galeras por seis, ocho, o diez años”.

El pirata Francis Drake

“Entonces me llamaron a mí, Miles Philips, y me sentenciaron a servir en un convento por cinco años, sin azotes, y a llevar el san Benito todo ese tiempo”.
“Llegó luego su vez a Juan Storey, Ricardo Williams, David Alexander, Roberto Cook, Pablo Horsewell, Tomás Hull: estos seis fueron condenados a servir en conventos, sin azotes, unos por tres, otros por cuatro años, y a llevar durante ellos el sanbenito”.
“Hecho esto, y acercándose ya la noche, llamaron a Jorge Rively, Pedro Monfrie y Cornelio el Irlandés, y los condenaron a ser reducidos a cenizas. En el acto los enviaron al lugar de la ejecución en la misma plaza del mercado, cerca del tablado, donde fueron prontamente quemados  y consumidos. A los demás sentenciados que éramos sesenta y ocho, nos volvieron a llevar aquella noche a la cárcel”.
Los azotes anunciados se cumplieron al día siguiente, viernes santo. Los condenados fueron conducidos desnudos del pecho en caballos, con pregoneros por delante y en una plaza fueron latigueados hasta completar el número de su sentencia.Entonces, se puede desprender lógicamente que entre los siete condenados a servir en conventos estuvieron: Philips, Storey, Williams, Alexander, Cook, Horsewell y Hull los enviados al Hospital de San Hipólito.
Esta documentación sobre el caso, se puede consultar en el AGN (de 1568 a 1571). AGN-UNAM, Corsarios franceses e ingleses en la inquisición de la nueva España, siglo XVI, México, 1945 Imprenta Universitaria, Introducción de Julio Jiménez Rueda, p. XV

Conclusiones

La incursión pirata inglesa de 1568 resultó desastrosa. De acuerdo con  el historiador Barrow, en Veracruz se perdieron cuatro naves y 500 hombres aproximadamente, luego 104 más fueron abandonados a su suerte en el Pánuco, al no poder el Minion seguir su travesía. Éstos 104 supieron lo que era “amar a Dios en tierra de indios”, como dice el refrán, pues los soldados españoles los hicieron prisioneros encontrándolos desarmados, desnudos, hambrientos y sedientos.
Fueron juzgados, encontrados culpables y condenados a diversos trabajos antes de ser ejecutados. Comenta Barrow que a partir de esta experiencia Drake tomó un odio feroz hacia los españoles que lo llevó a hacer grandes daños al imperio español. Por cierto, este personaje volvió a pasar un mal momento en Inglaterra, a la que llegó en 1569, porque tras asegurar que Hawkins había muerto y de dar una versión a su modo de los hechos bélicos contra los españoles, al mes siguiente  apareció Hawkins sano y salvo.
Por lo que se refiere a la condena impuesta a los piratas en México, se confirma que las condiciones de trabajo en las minas, en los obrajes, en los hospitales, eran deplorables, dignos escenarios para reos. Ignoramos cuántos piratas fueron al San Hipólito pero seguramente en medio de los aullidos, gritos, lamentos y gruñidos, que asegura Carbajal enloquecían a cualquiera, los ingleses conocieron un aspecto humano que jamás imaginaron.

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Atlas de las Migraciones

“El siglo XXI será el de los pueblos en movimiento” afirmaba Antonio Guterres, alto comisionado de las Naciones Unidas para los refugiados. El fenómeno no es nuevo dado que los seres humanos se han desplazado siempre incitados por la búsqueda de recursos o expulsados a causa de conflictos. El Atlas de las Migraciones se ha fijado como objetivo representar y analizar estos desplazamientos, transferencias y circulaciones con sus complejidades justo cuando la cuestión de la inmigración moviliza instituciones nacionales e internacionales. El Atlas analiza las migraciones históricas, las migraciones de hoy en día, las diásporas, los problemas de la integración, las migraciones en el mundo de mañana así como los procesos migratorios en España.

 

Fuente: http://www.mondiplo.net

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Atlas de las Civilizaciones

Inmersos en una época de grandes cambios, este Atlas invita a la reflexión sobre la articulación entre las fronteras políticas y sociales, los efectos de la globalización en la organización del planeta, y la formación de sociedades multiculturales como proceso patente e irreversible, que lleva consigo la necesidad de diálogo y la incorporación de transformaciones sociales, políticas y culturales. Se aportan interesantes elementos de reflexión sobre el complejo concepto de civilización, abordando el debate en torno a las fronteras culturales y analizando la cuestión desde diferentes disciplinas como la Geografía, la Historia, la Filosofía, la Lingüística o la Antropología. Todo ello presentado en una dimensión espacial que ayuda a localizar y comprender su desarrollo a escala mundial.

Fuente: http://www.mondiplo.net

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Historia mínima de Corea

Coord. José Luis León Manríquez1

Reseña de Guillermo Ruiz-Stovel2

La primera Historia mínima de México, publicada en 1973 por el Colegio de México, se convirtió rápidamente en obligada referencia general para generaciones de estudiantes. Tras la reinvención de esta síntesis clásica con una edición completamente nueva en 2004, el Colegio de México nos ofrece ahora esta segunda historia mínima, dedicada a la península coreana, a la cual se le suma este año una tercera, en este caso sobre historia china. Que la aparición de la Historia mínima de Corea preceda a otras potenciales compilaciones de la serie, por encima de otras unidades geográficas o enfoques temáticos, puede resultar sorprendente, sobre todo considerando la relativamente corta historia de los estudios coreanos (no se diga la historiografía de Corea), no sólo en México o América Latina, sino en el mundo en general.
La academia occidental, con una fascinación por China y Japón cultivada desde hace siglos, desarrolló en la posguerra un tardío interés por Corea, en gran medida como resultado del crecimiento económico sin precedentes iniciado en los años sesenta, así como de las cuestiones de seguridad en la península. Posteriormente, con la creación de la Korea Foundation por el gobierno de Corea del Sur en 1991, los estudios coreanos lograrían un nuevo posicionamiento en universidades alrededor del mundo.
Ante este historial, la creación de esta historia mínima, más que un ejercicio de innovación historiográfica, es una aseveración del grado de madurez de los estudios coreanos en México, lo que los anglosajones describirían como un coming of age. La compilación Korea Old and New: A History, hasta hoy el más cercano equivalente a una historia mínima en lengua inglesa y resultado de un esfuerzo conjunto entre historiadores surcoreanos y norteamericanos, no fue publicada sino hasta 1990. En este contexto, el volumen coordinado por José Luis León resulta particularmente significativo para la evolución de los estudios coreanos en el mundo de habla hispana.
Parecería irónico que esta historia mínima surja de la colaboración entre cuatro internacionalistas (Alfredo Romero Castilla, José Luis León Manríquez, Juan Felipe López Aymes y Alejandro Escalona Agüero), junto con una antropóloga (Silvia Seligson), ninguno de ellos historiadores de oficio. Sin embargo, estos cinco autores, pioneros de la temática coreana en América Latina, brindan una perspectiva multidisciplinara que abarca desde el mito fundacional del rey Tangun hasta la presente crisis del desarrollismo en el Sur y del peculiar modelo socialista en el Norte, pasando por una balanceada discusión del legado del colonialismo japonés, sin duda el periodo más controvertido en la historia de la península.
Este volumen nace de la necesidad de una introducción a la historia de Corea pensada en estudiantes (y estudiosos) de las ciencias sociales, así como los miembros de la “comentocracia”, pero a su vez accesible para el público en general. Se trata, pues, de una visita guiada a través del que León describe como un “óptimo laboratorio para la historia y las ciencias sociales”, que cumple con un doble propósito: no sólo informar sino también inspirar. La Historia mínima de Corea promete convertirse no sólo en obra de consulta esencial sino también en punto de partida para nuevas generaciones de especialistas en el estudio de la península coreana.

 

Fuente: Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México

1 León Manríquez, José Luis (coord.), Historia mínima de Corea, El Colegio de México, México, DF, Centro de Estudios de Asia y África, 2009, 263 pp.
2 Guillermo Ruiz-Stovel. Profesor-Investigador del Departamento de Estudios del Pacífico, Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara.

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Hallan piezas robadas del Museo Egipcio

Las autoridades egipcias anunciaron hoy que han encontrado algunas de las piezas que habían desaparecido del Museo Egipcio a causa de los actos de pillaje registrados durante las últimas protestas contra el régimen de Hosni Mubarak.
El ministro de Estado para Asuntos de Antigüedades, el arqueólogo Zahi Hawas, dijo en un comunicado que durante la búsqueda iniciada ayer en el interior y el exterior del Museo Egipcio la estatua antigua de un escarabajo apareció fuera del museo. Al parecer los ladrones llevaron esta estatua y la dejaron en la parte exterior del museo.

Akenaton

También fue hallada una figura que forma parte de un grupo de once estatuas pequeñas desaparecidas.
Asimismo, las autoridades encontraron a las afueras del museo una parte pequeña de un ataúd, que data de hace tres mil años y que se encuentra en una vitrina en la primera planta del edificio que acoge antigüedades faraónicas más importantes del mundo.
Por otro lado, por segunda vez en varios días, un grupo de ladrones irrumpió ayer un almacén de antigüedades en la zona arqueológica de Dahshur, al sur de las pirámides de Guiza, después de haber encadenado a los guardias.
Se ha formado un comité para revisar el contenido de este almacén, añadió la nota. Otro comité continúa la revisión de las piezas que se encuentran en un almacén en Qantara, que fue saqueado el pasado 28 de enero.
Los ladrones robaron de este almacén varias cajas llenas de numerosas antigüedades, de las cuales sólo 393 piezas han sido recuperadas.

Fuente: EFE/ eluniversal.com.mx/ cvtp

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