Listo, el plan maestro del Museo de la Biodiversidad

El proyecto del Museo Nacional de la Biodiversidad se encuentra en la “fase conceptual, tanto en términos científicos, pedagógicos y museográficos, como en la búsqueda de apoyos financieros y de corresponsabilidad con otras instituciones educativas”, explicó Eduardo Vázquez Martín, director del Museo de Historia Natural y Cultura Ambiental (MHNCA).
El recinto se construirá en el predio donde se ubicaba el parque recreativo México Mágico, para conformar un proyecto arquitectónico que forma parte de la renovación del MHNCA, en la segunda sección del Bosque de Chapultepec.
En México Mágico se exhibían maquetas de edificios de la ciudad de México, tenía espacios interactivos y un globo aerostático, entre otras atracciones.
Con el nuevo recinto “pretendemos mostrar al público aspectos sobre la gran biodiversidad del país. Podrían sumarse al proyecto la Universidad Nacional Autónoma de México o el Instituto Politécnico Nacional, que participarían con aspectos relacionados con la divulgación científica y cultural.
“Un ejemplo a seguir sería el esquema del Museo Nacional de Antropología, respaldado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, y que cuenta con expertos en diversas materias.”
La primera tarea es vincular el nuevo museo con las universidades, “y a partir de esa realidad trabajar juntos en el desarrollo del proyecto y gestión de los recursos”.
En su página web, el MHNCA describe que el proyecto para el nuevo edificio fue diseñado por el arquitecto Alberto Kalach, y estará ubicado en el terreno del parque de diversiones contiguo al lago menor, en un espacio de tres hectáreas.
Se trata de una construcción que respetará la vegetación y se adaptará a la topografía: donde antes había concreto ahora habrá materia viva. Tanto el jardín como la sala de colecciones vivientes se extenderá en los espacios construidos (invernaderos) y en el exterior (jardines temáticos), para dar lugar a un continuum expositivo.
El gran invernadero de estructura de madera laminada y cristal alojará la colección de bosque húmedo y plantas tropicales. Sus cubiertas ligeras permitirán la entrada de luz natural indirecta y su solución geométrica se ha pensando también en función de su economía: un prisma triangular que sintetizará techos y muros, cuyos elementos estructurales funcionarán como parasoles.
Las otras salas, áreas independientes de ladrillos que se construirán en varias etapas, se situaran a ambos lados del invernadero sin dañar los árboles existentes. Sus techos orientados al sur tendrán paneles solares que permitirán la conversión de la energía solar en electricidad.
Las salas de exhibición se dividirán en trópico y bosque húmedo, mar, desierto, maíz, insectario, ciudad y sala de exposiciones temporales. Entre las áreas de operación y servicio se adaptarán zonas de talleres y servicios educativos, un centro de educación ambiental, un auditorio, una biblioteca y una mediateca, una tienda, una cafetería y oficinas centrales.
El megaproyecto cultural comenzó con la restauración del mural Agua, origen de la vida y con la fuente La fuerza de Tláloc, ambos creados por Diego Rivera, y que forman parte del conocido Cárcamo de Dolores.

Diego Rivera. Cárcamo Dolores

Las obras del muralista fueron rehabilitadas como primera fase del proyecto, para el cual también se creó una plaza pública y un ágora piramidal. Ahora, ambos elementos arquitectónicos juegan con el entorno prehispánico que propuso Rivera.
“En estos lugares convergirán cultura y esparcimiento para disfrute de los visitantes”, añadió Vázquez Martín.
Tan sólo para el denominado conjunto arquitectónico, escultórico y paisajístico Cárcamo de Dolores se invirtieron 22 millones de pesos; se sumaron a esa tarea de rescate la Secretaría de Medio Ambiente capitalina, la Dirección General de Bosques Urbanos y Educación Ambiental, el Museo de Historia Natural y Cultura Ambiental, el Consejo Rector Ciudadano del Bosque de Chapultepec, el Fideicomiso ProBosque y el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble del Instituto Nacional de Bellas Artes.
El siguiente paso, detalló el funcionario, será la “refundación” del MHNCA, la cual ya comenzó en la sala del Universo, que se renueva por primera vez después de 45 años. Este recinto recibe alrededor de 400 mil visitantes al año y tiene un presupuesto de 5 millones de pesos.
“Debemos transformar el museo, hacer una remozamiento profundo, de tal manera que este espacio intervenga con su entorno y conviva en el espacio natural boscoso.” Este recinto, añadió Vázquez Martín, “ha padecido el olvido y la obsolescencia académico-científica desde hace varias décadas”.

El tesoro de Chapultepec

Durante la reinaguración del Cárcamo Dolores, el pasado 15 de diciembre, Martha Delgado, titular de la secretaría de Medio Ambiente del Distrito Federal, dijo que “las obras de Rivera, tanto la pintura mural como la fuente de Tláloc, son la primera adecuación y prolongación del Museo de Historia Natural”.
Esto significa, siguió la funcionaria, que las obras del pintor guanajuatense se adhieren formalmente al museo en su primera etapa de remozamiento; “son el tesoro mejor guardado en el Bosque de Chapultepec; su recuperación sucede después de 20 años de abandono”.
Los trabajos de conservación, agregó, no sólo incluyeron la restauración de las obras mencionadas, sino también la rehabilitación del edificio del cárcamo, así como la colocación de la cámara de Labdoma, proyecto sonoro del artista Ariel Guzik.
La plaza pública y el ágora pirámidal, elementos recién integrados al lugar, fueron diseñados por el arquitecto Alberto Kalach. También se realizó el saneamiento y la reforestación de 3.5 hectáreas, así como la rehabilitación de la instalación hidráulica y el remozamiento total de la fuente de Tláloc.
En aquel acto de reapertura, la crítica de arte Raquel Tibol reseñó el trabajo de Diego Rivera en ese lugar: “Para Diego, realizar ambas obras fue un lapso terrible de seis años”, dijo Tibol. Incluso, recordó que Rivera estuvo muy disgustado con el presidente Miguel Alemán por haber ordenado que circulara el agua antes de que la pintura fijara en el mural.
“Así es que todos los capitalinos bebimos la obra de Diego”, puntualizó la crítica de arte.

Fuente: La Jornada/redactó Ana Mónica Rodríguez

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Archivado bajo Cultura, Diversidad cultural, Museología, Museos del mundo

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