Algunas consideraciones en torno al uso de medios digitales en los museos

por Mariano Flores Castro

1. La relevancia de un museo no depende de lo actualizado o atrasado que éste pueda estar en materia de tecnología, sino de la mente abierta y creativa de los directivos, investigadores, curadores y administradores respecto a sus beneficios y posibilidades. Para apuntalar su identidad y ganar presencia pública, el museo tiene que explorar más a fondo los alcances del internet, el video, las nuevas aplicaciones, los blogs, las publicaciones digitales y los llamados wikis (con los cuales se generan contenidos de forma colaborativa y pueden ser visitados y editados por cualquier persona). En el caso de redes sociales como Facebook, ya es muy difícil encontrar un museo mediano o grande que no tenga una cuenta ahí (La Jornada informa que “El Museo del Louvre, en París, supera los 220 mil “amigos” en Facebook, y la Tate Gallery llega a los 133 mil, ambos, por debajo del Museo de Arte Moderno (MoMA) de Nueva York, el cual “gusta” a un número superior a las 620 mil personas.) Muy importante en este aspecto es el desarrollo de aplicaciones para los nuevos dispositivos móviles, como “teléfonos inteligentes” y tabletas. Se entiende que en la actualidad no son suficientes los dioramas, las maquetas y los audiovisuales, y que un buen manejo de colecciones no puede desarrollarse con bases de datos de hace 5 o 10 años.

2. Los museos son, por antonomasia, instituciones conservadoras. Su misión y su visión casi siempre son producto de largas reflexiones y conceptos acuñados en el seno de cónclaves de sabios especialistas en alguna rama específica del saber (arqueología, etnografía, museología, arte, ciencias), pero más frecuentemente de lo que pudiera pensarse, es difícil encontrar entre sus programas alguno referido a la experimentación sistemática y multidisciplinaria de los medios digitales, como si la estructura conceptual del museo fuera inamovible, y su método para administrarlos, pétreo e inmejorable.

3. Desde un enfoque técnico, uno de los puntos de quiebre que sacude ese tradicional conservadurismo es la opción de búsqueda dentro de las colecciones, que ha mejorado –pero no lo suficiente– en los últimos años. ¡Imaginemos qué estupendo sería que los investigadores y curadores de todos los museos pudieran hacer búsquedas buleanas de objetos entre sus colecciones para formar pequeñas o grandes muestras de sus mayores temáticas! Esto ya se hace en algunos países: baste un ejemplo, la página del Museo Victoria y Alberto del Reino Unido (collections.vam.ac.uk), permite buscar entre un millón de objetos con la ayuda de una interfaz de usuario muy eficiente e intuitiva. ¿Cuántos museos latinoamericanos han alcanzado ese nivel, aun contando con colecciones incomparablemente más pequeñas?

4. Las innovaciones en la materia que nos ocupa no pueden ignorar las posibles aportaciones de los curadores ni, lo subrayamos, las de los públicos asistentes. Ya son varios los museos del mundo que invitan a sus visitantes a realizar la curaduría de su propia y personal exposición con tan sólo oprimir un botón que dice “añadir a mi colección”, y desde luego los blogs y portales web se han convertido en herramientas muy útiles para medir la efectividad comunicativa de cualquier museo a escalas inalcanzables con anterioridad.

5. En cuanto a los recorridos, también se advierte una clara transición entre las antiguas audioguías y las tecnologías móviles, que son más personalizables y económicas. (Conéctese con su teléfono celular mediante una clave proporcionada por el museo y escuche en su iPhone o Blackberry la explicación de tal o cual sala, de éste o aquel objeto en particular.)


6. La vertiente educativa de los museos sin duda está experimentando cambios profundos merced a la utilización de nuevas tecnologías digitales. Sin intención de banalizar, aceptemos que el aprendizaje más “divertido” puede desempeñar un papel expansivo en la mente de profesores y estudiantes por igual.
Compartir conocimientos nunca había sido tan fácil como ahora; por eso es importante revolucionar las secciones educativas de los museos para que las visitas guiadas y otros servicios se valgan de medios digitales cada vez más poderosos y atractivos. La educación en línea es otra innovación que ya no sorprende a nadie. Los campus virtuales ofrecen cursos y diplomados a distancia y aun carreras universitarias completas en varios museos del orbe.

7. Los planes de manejo de los museos también verán un cambio radical en breve, puesto que la gestión se está simplificando y, por esa vía, se promueve una mayor transparencia administrativa en todas sus áreas. Ese nuevo tipo de manejo es ya una realidad; un ejemplo, en la sección “Dashboard” (Tablero de instrumentos), creada por el Museo de Arte de Indianápolis, que ha dado por resultado una transparencia sin precedentes, proporcionando información en tiempo real de todo lo relativo al museo, desde el número de visitantes diarios al volumen y estado de las colecciones, manejo de sus presupuestos y recursos humanos, pasando por el consumo diario de luz (dashboard.imamuseum.org).

Museo de arte de Indianápolis, USA, foyer

8. ¿Límites? Naturalmente los hay y los seguirá habiendo. Como ha escrito András Zsántó, editor asociado del Art Newspaper:
“[…] ¿Cuál es el equilibrio ideal entre las obras reales y la experiencia virtual? ¿Debe la tecnología convertir un museo en algo más que un espacio comunitario o facilitar encuentros de un carácter personal? ¿Las páginas de los museos deberían llegar a contener esos frenéticos e hiperrealistas videojuegos que tanto gustan a las nuevas generaciones o ese tipo de cosas deben quedar en manos de los proveedores de entretenimiento?
En privado, algunos directores y conservadores están preocupados por las consecuencias no deseadas. A muchos visitantes de mayor edad les gustan sus museos tal y como son. En el fondo consideran un museo como una especie de zona libre de gadgets, un último baluarte contra la informatización. Un teléfono inteligente es una manera fresca y rápida de encontrar la gran ballena azul o El Jardín de las Delicias, pero ¿qué hay de malo en perderse en un museo?”

9. En otro orden, merced a las nuevas formas de generar y compartir información, la brecha generacional se cierra con rapidez. Hoy en día un padre cuarentón puede hablar de mil temas iteresantes durante horas con su hijo de 10 años, puesto que ambos –aunque sólo en ciertos estratos socioeconómicos– disfrutan de y comparten los contenidos de diversos medios digitales, tanto en su casa como en la escuela, en el trabajo y, por supuesto, en sus visitas a los museos. La utilidad de estas herramientas es indiscutible, sobre todo porque facilitan el diálogo entre diferentes generaciones y un gran número de culturas. De igual manera, propician la transición de la sociedad de la información a la sociedad del conocimiento, algo que a veces escapa a los tecnólogos de hueso colorado por su estrecha visión excesivamente utilitaria de las cosas.

10. El punto medular del asunto parece hallarse no tanto en la cantidad como en la calidad de los contenidos que difunden los medios digitales. Los fierros, los chips y los cables, junto con los satélites, rebasaron hace mucho nuestra capacidad de procesar o asimilar siquiera todos los diferentes significados de los objetos que se resguardan en los museos. Habrá que seguir reflexionando sobre este fascinante y complejo tópico.

11. En ocasiones lo nuevo causa desconcierto, una suerte de miedo irracional o un entusiasmo desbordante. Lo que hemos visto hasta ahora en materia de tecnologías de punta aplicadas a los museos es muy poco si se compara con lo que está a punto de llegar. Lo mejor de todo es que ya nadie puede reclamar para sí solo ni para un pequeño grupo el conocimiento ni administrarlo como si fuese parte de su hacienda personal. Se acaba el tiempo en que los sabios y profesores sólo compartían sus luces en las aulas y en los libros. Se acaba el tiempo del “secreto de Estado” en su versión cultural internacional. El universo del conocimiento está abierto a todas las curiosidades humanas. Los oscuros cotos subterráneos del pasado se derrumban bajo el peso de la democratización de la información. Los museos no pueden sustraerse a este impulso en pos de mayores audiencias y mejores servicios para sus públicos.

12. Los nobles fines de investigar, proteger y divulgar el patrimonio cultural producido por la humanidad se cumple al subvertir el viejo concepto que definía al museo como “un edificio, una colección y un público”, para añadir elementos tales como: nuestra situación en el cosmos, el territorio en que el museo se desarrolla, el entorno natural, el patrimonio colectivo, el pensamiento pero también los sentimientos y las emociones, los objetos pero también los productos de la cultura inmaterial o intangible, el método pero también la inspiración, la cultura pero también la natura. Una forma de realizar esta ampliación (en tanto un concepto y una acción complementarios) estriba en disolver la compartimentación de los contenidos humanísticos y científicos para crear entidades multidisciplinarias, no sólo exposiciones sin contexto ni actividades desligadas del discurso museográfico. En ello desempeña un papel fundamental el uso de los medios digitales, mas no únicamente como un apoyo instrumental esporádico, escaso y de continua obsolescencia, sino como un verdadero programa de desarrollo institucional a mediano y largo plazos, tan importante como la preservación del inmueble, las colecciones y la organización del trabajo cotidiano de las instituciones museales. Finalmente, conviene aquí recordar las ideas de Edgar Morin sobre las formas de aprender:
A los visitantes hay que ofrecerles respuestas precisas sobre cuatro nociones básicas, de las que depende la pertinencia de los conocimientos emitidos:
• El contexto de las informaciones y los elementos expuestos.
• Lo global, entendido como un sistema que expresa al mundo reflejado
en los particulares y viceversa.
• La multidimensionalidad, o sea, las diversas aristas del ser humano;
biológico, psíquico, afectivo, económico y social.
• Lo complejo de la condición humana en acción y pensamiento.
Un sistema de medios digitales bien planeado y mejor aplicado, asegura a los museos en general (y a los museos de antropología en particular) su desarrollo y permanencia. El museólogo español Luis Fernández afirma que hoy en día “un museo es una institución llamada a ser el centro de la vida cultural del mañana, a partir de la conservación de un patrimonio vuelto a ser vivo y no enfermo en mausoleos inaccesibles para la mayoría”.

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Archivado bajo Cultura, Museología, Museos del mundo, Tecnología y cultura

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