Cachemira, encrucijada de culturas

Un paseo por el paraíso que ni India ni Paquistán quieren disfrutar sino disputar.

Bailarines en la Cachemira paquistaní.

Hemis gompa, un monasterio budista tibetano del linaje Drukpa, establecido en 1672 por el rey de Ladakhi, Senge Namgyal.

Mujeres musulmanas de Cachemira observan los funerales de un soldado indio. En el distrito de Kupwara, en la provincia india de Cachemira, muchas personas fallecen a diario debido a los enfrentamientos entre soldados indios y militantes islámicos.

Pide Arundhati Roy justicia para Cachemira

Antecedentes: Tras la retirada de los británicos del Subcontinente Indostánico en 1947, la India y Pakistán se disputaron el estado nativo de Jammu y Cachemira. Con el comienzo de una invasión de tribus pakistaníes, el maharajá solicitó la adhesión a la India. Pakistán se implicó en la guerra y el estado quedó dividido en dos. Desde entonces, el estado de Jammu y Cachemira, la parte que fue integrada en la India, protagoniza un conflicto doble. Por un lado, en la provincia mayoritariamente musulmana de Cachemira varios grupos armados luchan por la integración en Pakistán o por la Independencia. Pero las comunidades hindú y budista, predominantes en las otras dos provincias del estado, desean su permanencia en la India. Por otro lado, Pakistán reivindica la celebración del plebiscito de autodeterminación que estipularon varias resoluciones de la ONU. Esta disputa no fue ajena a los sistemas de alianzas de la guerra fría, ha generado tres enfrentamientos bélicos, y hoy en día supone la principal causa de confrontación entre dos países nuclearizados. Transcribimos a continuación el texto de la declaración hecha por Arhundati Roy.

Escribo esto en Srinagar, Cachemira. Los periódicos de esta mañana dicen que puedo ser arrestada bajo cargos de sedición por lo que he dicho en las reuniones públicas recientes sobre Cachemira. Dije lo que millones de personas dicen aquí a diario. Dije lo que yo, al igual que otros comentaristas, hemos escrito y dicho durante años. Cualquiera que se tome la molestia de leer las transcripciones de mis discursos verá que eran fundamentalmente llamados a la justicia. Hablé sobre la justicia debida a la población de Cachemira que vive bajo una de las ocupaciones militares más brutales del mundo; a los Kashmiri Pandits que viven la tragedia de la expulsión de su patria; a los soldados de Dalit, muertos en Cachemira, y cuyos sepulcros visité entre montones de basura en sus aldeas en Cuddalore; a los pobres indios que pagan el precio de esta ocupación de manera material y que ahora están aprendiendo a vivir en el terror de lo que se está convirtiendo en un Estado policial. Viajé ayer a Shopian, la ciudad-manzana en Cachemira del sur, que se había mantenido cerrada durante 47 días el año pasado en protesta contra la violación brutal y el asesinato de Asiya y de Nilofer, las jóvenes mujeres cuyos cuerpos fueron encontrados en una corriente baja cerca de sus hogares y cuyos asesinos todavía no han  sido llevados ante la justicia. Conocí a Shakeel, que es marido de Nilofer y hermano de Asiya. Nos sentamos en círculo de gente enloquecida con la pena y la cólera que habían perdido la esperanza de conseguir nunca insaf –justicia– de la India, y ahora creían que la Azadi –libertad– era su única esperanza. Hallé jóvenes talladores de piedra que habían recibido disparos a través de los ojos. Viajé con un hombre joven que me dijo cómo tres de sus amigos, adolescentes del distrito de Anantnag, habían sido apresados y tenían las uñas arrancadas como castigo por haber lanzado piedras.
En los periódicos, algunos me han acusado de dar “discursos de odio”, de querer que la India se resquebraje. Al contrario, lo que digo viene de amor y de orgullo. Viene de no querer que la gente sea asesinada, violada, encarcelada o sufrir que sus uñas les sean arrancadas para forzarlas a decir que son indios. Viene del deseo de vivir en una sociedad que se está esforzando por ser justa. Compadezco a la nación que tiene que silenciar a sus escritores por expresar sus pensamientos. Pobre de la nación que necesita encarcelar a los que piden justicia, mientras que los asesinos comunes, los asesinos de masas, los inescrupulosos corporativos, los saqueadores, los violadores, y los que expolian como aves de rapiña al más pobre de los pobres, andan por ahí sueltos y libres.

Fuente: The Times of India / Traducción de Mariano Flores Castro

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Cultura, Diversidad cultural

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s