Diálogo entre los primeros pueblos de Canadá y México

Para el Museo Nacional de las Culturas es un hecho excepcional que en su reapertura se dé la presencia de la Embajada de Canadá en México, la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, del Instituto Nacional de Antropología e Historia y el Instituto Tecnológico Autónomo de México, y se presenten en esta casa las Obras Maestras de los Primeros Pueblos de Canadá, guardadas amorosamente por el Museo Canadiense de las Civilizaciones. También, que se haya propiciado el Diálogo Entre los Primeros Pueblos de México y Canadá, con el propósito de llevar a cabo una reflexión conjunta entre representantes de los pueblos originarios de nuestros dos países, para abordar los temas de la lengua y la cultura tradicional, el arte, la historia y los sistemas de creencias, así como la preservación de la cultura y la influencia de la tecnología en esa materia.
El día 6 de octubre, al inaugurar la exposición, tuvimos la oportunidad de escuchar al Excelentísimo Sr. Embajador Guillermo Rishchynski, al Dr. Victor Rabinovitch, presidente del Museo de las Civilizaciones y al Director General del INAH, el Lic. Alfonso de Maria y Campos. Sus palabras nos han permitido valorar la reapertura del Museo Nacional de las Culturas, así como la importancia de las Obras Maestras que hoy se exhiben en este recinto y conocer los esfuerzos que en Canadá se llevan a cabo para reforzar el diálogo entre las diversas instituciones del gobierno canadiense con los pueblos originarios de su país, y el aprecio que tienen a sus valores culturales e históricos.
Por todo lo anterior, señoras y señores, amigos todos, a nombre del Museo Nacional de las Culturas y de todos sus trabajadores, les doy la bienvenida.
Les ruego me permitan expresarles que el diálogo que hoy se inicia se ubica en el predio que perteneció a Moctezuma Xocoyotzin, el gran tlatoani o gobernante del extenso dominio territorial humano y político de los mexica, con una extensión abarcante de la mitad actual de la superficie de la República Mexicana y de toda Centroamérica, hasta la actual República de Costa Rica en su actual colindancia con Panamá: ¡más de un millón de kilómetros cuadrados!, extensión donde se localizaron numerosos pueblos que muestran la gran diversidad cultural prehispánica. Comentar a ustedes que esta casa se ubica en el corazón del México antiguo, en la pequeña isla en donde se fundó en 1325 la gran ciudad de México-Tenochtitlan, situada en medio de un extenso y bello lago, al que arribaron los migrantes del mítico Aztlán y detenerse al encontrar el águila sobre un nopal comiéndose una serpiente, hecho anunciado por sus profetas, y que constituye el mayor símbolo sobre el origen de México, y que vemos representado en el centro de la bandera mexicana. Esta isla se encontraba en el sitio que hoy denominamos el Centro Histórico de nuestra ciudad, y fue la capital de los nahua-mexica –que  en menos de doscientos años se convirtió en una de las mayores ciudades de su época en todo el mundo–, cabeza del poderoso estado que dominó gran parte de Mesoamérica. También, en este lugar se ubicó el recinto del Templo Mayor, el centro absoluto de la vida política, económica, religiosa y ceremonial del México-Tenochtitlan. El recinto del Templo Mayor era un espacio de 250,000 m2 en donde confluían los aspectos más importantes de la vida pública inseparable de su mitología. En el recinto sagrado tenían lugar las fiestas más importantes y las que marcaban la entronización de los tlatoanis y los funerales de los viejos gobernantes. Un recinto con una extraordinaria arquitectura que nos maravilla; allí se ubicaban las construcciones más importantes, como el gran teocalli con una altura semejante a la actual Catedral Metropolitana. También se localizaron ahí los centros de educación más importantes: el calmécac, en donde los discípulos eran enseñados por sabios llamados tlamatinime, bajo una férrea disciplina; el telpochcalli con una educación aplicada a desarrollar los oficios, y el cuicacalli, escuela dedicada al canto y al desarrollo musical. En este edificio del museo donde nos encontramos, formó parte de las Casas Nuevas de Moctezuma Xocoyotzin, gobernante de los extensos dominios mexica entre 1503 y 1519; extensa construcción con diversas salas para las tareas y funciones del huey tlatoani o gran señor resguardado por doscientos principales, sobre todo cuando el soberano se refugiaba en la Casa Denegrida, nombrada así porque eran salones oscuros pintados de negro y enlutados, a los que Moctezuma se retiraba para meditar sobre los destinos de su nación y consultar a los dioses sobre los acontecimientos más trascendentes.
A la caída de la Gran Tenochtitlan, Hernán Cortés se adjudica este predio, que al pasar posteriormente a la Corona representó el centro principal del poder colonial al construirse el Palacio Virreinal, hoy Palacio Nacional, y la Casa de Moneda, después de 1562. Desde entonces, en este gran espacio el Palacio Nacional y la Casa de Moneda representaron el centro del dominio colonial político y económico durante 300 años. Este establecimiento como Casa de Moneda fue la más importante en el mundo, hasta el siglo XVIII, por los gigantescos volúmenes de acuñación de oro y plata que se esparcieron por todas las direcciones del planeta.
Ya en el México Independiente el primer presidente de la República, general Guadalupe Victoria, impulsa en 1825 la creación del Museo Nacional de nuestro país, y que tiene como segunda sede, en 1865, el recinto de la antigua Casa de Moneda. El Museo Nacional durante 100 años fue el centro de las mayores iniciativas en la investigación de la historia antigua y colonial y de las investigaciones sobre la arqueología y etnografía, estudios y exposiciones en sus salas que contribuyeron ideológicamente al desarrollo de la identidad nacional. Sus importantes colecciones dieron lugar a la fundación de otros museos: el primer Museo de Historia Natural, en el edificio del Chopo, el Museo Nacional de Historia, en el Castillo de Chapultepec, y el Museo Nacional de Antropología en el bello recinto que todos conocemos. Y desde 1965 este inmueble se transforma en el Museo Nacional de las Culturas, único en el país y que propicia el acercamiento de sus visitantes a la diversidad cultural del mundo y que hoy recibe a todos ustedes con brazos fraternales.
En nuestros países convergen y divergen muchas identidades culturales, unas fuertes y otras debilitadas por largos siglos de explotación, aislamiento, incomprensión, eurocentrismo recalcitrante y, hay que decirlo, en un afán desenfrenado por apoderarse de su alma y sus recursos naturales. Por fortuna, en los países de toda América ha habido políticas de reivindicaciones de los valores fundamentales de nuestros pueblos originarios como las que ustedes expresarán en el Diálogo que hoy se lleva a cabo en el museo que ahora se convierte en un refugio para investigar, resguardar y difundir los destellos de los otros, con el fin de contribuir a la educación de nuestro pueblo y ampliar su visión universal, conocimiento y valoración.
En nuestro caso en México, hay una tradición arraigada de defensa de los grupos étnicos, pero no únicamente de México sino del mundo, incluyendo los programas orientados a la investigación de los indígenas sobre sí mismos y de otros diferentes puntos del orbe, cuestión clave para entender la razón de ser del Museo Nacional de las Culturas.
Al fundar el Museo Nacional de las Culturas hace 45 años, sus fundadores pensaron, a mi juicio correctamente, que este museo debería abrirse a otros ámbitos internacionales dedicados al conocimiento, rescate, preservación y difusión de las más diversas y antiguas culturas del mundo, a la valoración de sus aportaciones, a los conocimientos tradicionales, usos, lenguas, artes y ciencia: vínculos entre naturaleza, vida cotidiana y expresiones estéticas, así como aspectos de la multiculturalidad, las migraciones, y muy destacadamente, el papel que desempeña la tecnología en la conformación de un mundo globalizado, sin demérito de sus propios valores.

De ahí que hemos pensado que el Diálogo de hoy debería conducirnos a dos principales objetivos:

a) Un programa de cooperación entre los Primeros Pueblos de Canadá y México y b) un programa de trabajo con propuestas curatoriales que para nuestros museos incorporen los grandes temas de la diversidad cultural de distintas regiones del mundo, muestras referidas a los temas de interacción, fusión, mestizajes, migraciones, identidades, diferencias, etc., que enriquezcan la visión panorámica comparativa de estas entidades humanas hasta donde se conocen por las investigaciones de diversas disciplinas, abordadas en numerosos centros académicos y en museos de numerosos países.
Todo lo anterior con el propósito de asegurar que este Diálogo entre los Primeros Pueblos de Canadá y México no quede congelado en el tiempo ni sujeto a las circunstancias políticas de nuestros respectivos países, sino que sea fundacional y líder de una cooperación permanente promovida por Canadá y México.
Finalmente, leeré a ustedes y para todos nosotros, las palabras de Nezahualcóyotl, que viviera de 1402 a 1472, “poeta, arquitecto y sabio de las cosas divinas” -como lo describe nuestro sabio Miguel León Portilla- y expresado en su poema “Poneos de Pie”:

¡Amigos míos, poneos de pie!
Desamparados están los príncipes,
yo soy Nezahualcóyotl,
soy el cantor,
soy el papagayo de gran cabeza.
Toma ya tus flores y tu abanico.
¡Con ellos parte a bailar!
Tú eres mi hijo,
tú eres Yoyontzin.
Toma ya tu cacao,
la flor del cacao,
¡que sea ya bebida!
¡Hágase el baile,
comience el dialogar de los cantos!”

Amigos todos: que bajo esas antiguas palabras imborrables, principie el Diálogo de nuestros pueblos.
Antrop. Leonel Durán
Museo Nacional de las Culturas
Centro Histórico de la Ciudad de México
21 de Octubre de 2010

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1 comentario

Archivado bajo Cultura

Una respuesta a “Diálogo entre los primeros pueblos de Canadá y México

  1. salomon

    necesito saber que tipo de figura es la poesia poneos de pie de netzahualcoyolt y que significan las fraces soy papagayo de gran cabeza y tu eres yoyontzin

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