Geografía de la desigualdad de género

Las instituciones y la desigualdad de género

La desigualdad de género, que es el tema principal, es una de las formas más penetrantes de la desigualdad. Y no sólo porque se encuentra en casi todas las sociedades, sino también porque se suma a otras formas de desigualdad.

* Leyes formales y estatutos que forman la ideología oficial de una sociedad y sus instituciones.

* Las normas no escritas y los entendimientos compartidos que ayudan a conformar el comportamiento diario en el mundo real.

Aunque la desigualdad de género se halla extendida por toda la sociedad, los análisis institucionales que de ella se hacen suelen empezar por la familia y los parientes, pues éstas son las formas más elementales de organización en las que se encuentra la desigualdad. Los papeles y las responsabilidades de hombres y mujeres en el terreno doméstico revelan en gran parte la forma en que la sociedad considera su naturaleza y sus capacidades y, por lo tanto, construye las diferencias y desigualdades de género. Además, la familia y los parientes son responsables de la organización de gran parte de la actividad productiva y reproductiva. Esto sucede particularmente entre los pobres de los países más pobres. Consecuentemente, aun cuando mujeres y hombres participen en la economía general, esta participación está en parte estructurada por las relaciones dentro del hogar.

Las familias y los parientes se diferencian de otras instituciones por la naturaleza de las relaciones que hay dentro de ellas. Generalmente se basan en lazos íntimos de sangre, matrimonio y adopción (en contraste con las relaciones más impersonales, de contrato y estatutos, que se encuentran en el mercado y en el Estado). También son, en general, “adscritas al género”. En otras palabras, para ser marido, esposa, hermano o hermana, hay que ser macho o hembra. En la mayor parte de las sociedades, las mujeres tienen a su cargo las funciones de cuidado y mantenimiento, que incluyen desde tener y cuidar a los hijos hasta el amplio rango de actividades necesarias para la supervivencia y bienestar diarios de los miembros de la familia. Los hombres pueden participar en algunas de estas tareas, especialmente enseñando a los niños “a ser hombres”, o desempeñando algunas tareas hogareñas; pero en general están mucho menos involucrados en este trabajo que las mujeres.
Así, las mujeres tienen un papel clave en los procesos no remunerados de la reproducción social (es decir, la tarea de reproducir los recursos humanos de la sociedad en una base diaria e intergeneracional). También pueden predominar las mujeres en este tipo de trabajo dentro del mercado; por ejemplo, como enfermeras, maestras y trabajadoras sociales. Sin embargo, el papel que desempeñan en la producción y en la acumulación  —y la forma que este involucramiento toma— varía considerablemente de una cultura a otra. Diferentes reglas, normas y valores gobiernan la división de género del trabajo y la distribución por género de recursos, responsabilidades, intervención y poder. Estos son elementos críticos que comprenden la naturaleza de la desigualdad de género en las diferentes sociedades. Las ideas y creencias sobre el género que existen en el terreno doméstico son trasladadas a otras relaciones sociales, sea conscientemente en la forma de discriminación de género o inconscientemente como preferencia de género. Así, el Estado y el mercado no resultan entes impersonales, sino “portadores del género”, pues colocan a mujeres y hombres desigualmente en el acceso a los recursos y les asignan valores desiguales en el dominio público.

Perspectivas regionales de la desigualdad de género

La desigualdad de género varía a nivel regional, dando lugar a una “geografía” del género, que refleja diferencias sistemáticas en:
a) Las instituciones de familia y los parientes.
b) Los patrones a que han dado lugar dentro del hogar.
c) La división de género asociada a los recursos y las responsabilidades.

Estas diferencias, a su vez, han dado lugar a diferencias regionales en la división de géneros de trabajo entre producción y reproducción, trabajo remunerado y no remunerado, y dominios público y doméstico.

Estas diferencias regionales no significan sólo que mujeres y hombres participan en forma diferente dentro de sus economías nacionales, sino también que las diferencias no son uniformes a lo largo del mundo. Hay dos factores particularmente importantes que determinan el papel que juegan las mujeres en la economía total, el alcance de su acción y el acceso a recursos socialmente valiosos:

1. Qué tan corporativa es la unidad alrededor de la cual se organiza la economía del hogar (es decir, qué tanto y en qué forma se manejan y colocan juntos los recursos y los esfuerzos de todos).
2. Qué tan rígida es la línea divisoria “público-privado” y, por lo tanto, el grado de movilidad pública y de oportunidad que tienen las mujeres para participar directamente en la economía.

Las investigaciones que han hecho varias ciencias sociales muestran que hay un amplio rango de tipos de hogares asociados con diferentes “patriarcados regionales”. Estos tienen patrones particulares de herencia de la tierra, de prácticas maritales, de actividades económicas y de bienestar.

Asia
A pesar de algunas variantes en la movilidad pública de las mujeres y de su participación en la fuerza laboral en la región, los hogares “asiáticos” están generalmente organizados a lo largo de líneas corporativas, que suelen estar centradas en la relación conyugal.
Asia occidental, sur de Asia y Asia oriental

Las formas más marcadas de desigualdad de género en la región están relacionadas con regímenes de patriarcado extremo. Esta zona incluye la franja que va del norte de África al oeste de Asia, a través de las llanuras norteñas del sur de Asia, incluyendo Bangladesh y Pakistán; también los países de Asia oriental (China, Japón, República de Corea y Taiwán). Es evidente que estos países tienen economías, historias, culturas y religiones muy diferentes. Sin embargo, existen ciertas similitudes históricas en la organización de las relaciones de familia, de parentesco y de género, así como en los patrones que sigue la actividad económica femenina.
Las estructuras de parentesco en la región son predominantemente patrilineales, es decir, se sigue la huella de los descendientes y ascendientes masculinos, y la propiedad se transmite también a los miembros masculinos de la familia. El matrimonio tiende a ser exógamo y patrilocal, es decir, las mujeres se casan fuera de su parentela y, a menudo, fuera de su comunidad o pueblo, y dejan sus hogares para unirse a la familia de su marido. Los hogares están organizados siguiendo líneas corporativas con lazos conyugales fuertes y reglas culturales que enfatizan la responsabilidad del macho para proteger y proveer a mujeres y niños. Los recursos y los ingresos del hogar se juntan bajo la supervisión y el control del patriarca macho. El pago de dote que hace la familia de la novia al novio es una norma en las planicies del norte de la India, aunque no es necesariamente igual en otras partes de Asia occidental ni oriental.
La castidad de las hembras es muy importante (y se castiga severamente cualquier transgresión a ella). Esto se considera esencial para asegurarse de que la propiedad se transmita siguiendo la línea del padre biológico. La sexualidad femenina se controla por medio de una fuerte línea divisoria “público-privado”, con las mujeres recluidas en el dominio privado. Aunque la práctica de “purdah” está asociada generalmente a las sociedades musulmanas, la reclusión femenina basada en normas de honor y vergüenza la practican también los hindúes, particularmente los de las castas superiores. Las restricciones a la movilidad de las mujeres, la herencia patrilineal y las prácticas maritales patrilocales han causado la devaluación económica de las mujeres y su total dependencia de los hombres en gran parte de esta región. La preferencia por los hijos varones resulta también muy marcada.
Boserup hizo notar que hay un porcentaje muy bajo de mujeres en las actividades agrícolas y comerciales en Asia occidental, el norte de África y Pakistán, por tanto las denominó “sistemas agrícolas masculinos”. El trabajo femenino familiar no excedía de 15% de la fuerza de trabajo agrícola total (con excepción de Argelia, Túnez y Turquía). Las mujeres sumaban menos de 10% de la fuerza de trabajo en el comercio en Asia occidental y del sur, y menos de un tercio en Asia oriental y áreas de influencia china (Hong Kong, Singapur, República de Corea y Taiwán). También en China, antes de la revolución, sólo 7% de la fuerza de trabajo en el comercio eran mujeres. Sin embargo, Boserup anotó algunas variaciones a ese patrón dentro de la región. En el sur de Asia, por ejemplo, la participación de las mujeres en el comercio variaba de 2 a 6% en Bangladesh y las planicies del norte de la India y Pakistán, hasta alrededor de 17% en los estados del sur de la India.
En el sudeste de Asia (Myanmar, Camboya, Indonesia, Laos, Malasia, Filipinas, Tailandia y Vietnam), las reacciones de género dentro de la familia y la parentela son menos rígidas; también, en cierto grado, en los estados del sur de la India y en Sri Lanka. La estructura de los hogares sigue también líneas corporativas, pero existen importantes diferencias. Por ejemplo, un niño se considera igualmente relacionado con ambos padres, y el grupo social más importante de una persona comprende parientes de ambos lados. La preferencia por los hijos varones es moderada o inexistente.
Existen más casos de mujeres y hombres capaces de heredar propiedades y una mayor incidencia de descendencia matrilineal, en la cual las propiedades y los descendientes se siguen a través de las mujeres. Los ingresos generalmente se reúnen, pero con frecuencia es la mujer quien se encarga de administrarlos. Un mayor número de recién casados forma su propio hogar, y más esposas mantienen la relación con su familia original. El intercambio económico en ocasión del matrimonio tiende a ser recíproco entre las familias de los novios; o mayor por parte del hombre, en forma de “riqueza de la novia”. La mayoría de los países de la región han sido tradicionalmente más tolerantes de la libertad sexual, tanto de mujeres como de hombres; aunque el colonialismo implantó más restricciones, particularmente para las mujeres.
Boserup hizo notar que el trabajo familiar femenino era de alrededor de 50% de la fuerza agrícola total en Tailandia, y 75% en Camboya, ambas áreas de agricultura femenina. Las mujeres representaban también alrededor de la mitad de la fuerza de trabajo en el comercio en Myanmar, Laos, Filipinas, Tailandia y Vietnam (véase casilla 3.3).

La ausencia de fuertes restricciones en la movilidad de las mujeres, y un cierto grado de simetría en la división del trabajo dentro del hogar, no significa que haya ausencia de desigualdad de género en estas sociedades. Por ejemplo, aunque las mujeres filipinas tengan un estatus superior al de las mujeres de otros países, esto debe compararse con la situación del hombre en Filipinas para darle su justo valor, tomándose en cuenta que en los países relativamente más igualitarios del Sudeste de Asia  —Tailandia y Filipinas— el turismo sexual se ha convertido en una importante fuente de ingresos para las mujeres. Los mercados laborales continúan reproduciendo las desventajas de género. Teniendo esto en cuenta, queda claro que las relaciones de género en esta parte del mundo no son iguales a las marcadas desigualdades de género en temas como supervivencia y bienestar que, como demuestra el próximo capítulo, continúan caracterizando las regiones dominadas por un patriarcalismo “extremo”.

Casilla 3.3. Relaciones de género en Vietnam

A pesar de la fuerte influencia del confucionismo entre la élite gobernante del Vietnam prerrevolucionario, la mayoría de las mujeres en áreas rurales trabajaba diariamente en el campo y se encargaba en gran medida del comercio. Las mujeres vietnamitas no sólo administraban el presupuesto del hogar, sino que también se ocupaban de la producción directa transplantando arroz y, lo que era muy importante, vendiendo el producto. Los maridos no podían disponer del arroz cosechado sin el consentimiento de sus esposas. Aunque había matrimonios de tipo patrilocal-patrilineal y rastros de preferencia por hijos varones, las mujeres no eran consideradas “ayudantes de los hombres”, sino sus iguales.

África subsahariana

Las investigaciones en los hogares del África subsahariana apuntan a la prevalencia de una organización muy compleja, basada en granjas propias del linaje y considerable segmentación de género. Mujeres y hombres de la misma familia trabajan a veces en diferentes grupos, en otros conjuntos económicos o en campos separados, y los cónyuges a veces tienen unidades de cuenta separadas. Este panorama es muy diferente a los usuales en las corrientes dominantes de la economía de los hogares (considerados como una entidad unida, cuyos miembros reúnen sus recursos para maximizar el bienestar común) que se encuentran en otras partes. Cuando los hogares están organizados sobre líneas corporativas, como ya se explicó, el desafío consiste en advertir la existencia de desigualdades de género o de otro tipo en la distribución de la riqueza del hogar. En aquéllos, algunos miembros son discriminados sistemáticamente en la distribución de los ingresos del hogar. Aquí, sin embargo, los bienes e ingresos del hogar no son ni siquiera reunidos. En vez de esto, las ideas y costumbres culturales requieren que los recursos e ingresos de mujeres y hombres pertenezcan a diferentes esferas y tengan diferentes usos. De ahí la necesidad de una compleja red de transacciones dentro del hogar, con el fin de dar uso adecuado al trabajo y a los ingresos y llegar al fin deseado.
Gran parte del África subsahariana es patrilineal. El acceso de las mujeres a la tierra es generalmente por derechos usufructuarios (es decir, tienen el derecho de cultivarla y obtener ingresos de ella, pero la tierra no les pertenece) a través del linaje de sus maridos. Como parte de sus obligaciones consiste en proveer de comida y cuidar a los hijos, se les permite este acceso a la tierra para que cumplan con ella. La reclusión de la mujer no es común, aunque existe en algunas comunidades, como los musulmanes hausa de Nigeria. Sin embargo, esa reclusión ocurre en hogares segmentados, y las mujeres hausa retienen considerable autonomía económica. Manejan sus propias empresas y hacen transacciones de “mercado interno” con sus maridos. El matrimonio en la región generalmente exige por contrato el pago de “riqueza de la novia” por parte de la familia del marido a la familia de la mujer.
Como es de esperarse, junto a estas similitudes existen importantes diferencias en la organización social de la parentela y en las relaciones de género a lo largo del subcontinente africano y hasta en el mismo país. La organización de la relación de género en Uganda varía de región a región, pero en general es fuertemente patrilineal y predominan las estructuras patriarcales; la autonomía económica, así como el acceso independiente a la tierra para las mujeres, están relativamente más constreñidos que en cualquier otro lugar de África oriental. De acuerdo a las costumbres y leyes de Uganda, las mujeres eran consideradas menores de edad, y no tenían el estatus ni los derechos de los adultos. En general, en gran parte de África oriental y del sur, la contribución de la mujer al trabajo se limita al cultivo de los “campos del hogar”, cuyo control pertenece a los hombres. Sin embargo, estudios hechos en Zambia demuestran que hay campos manejados en conjunto, así como otros manejados individualmente por cualquiera de los dos.
Por otro lado, en algunas partes de África occidental (Burkina Faso, Gambia, Ghana y Nigeria) las mujeres y los hombres jóvenes trabajan en los campos del hogar, que son controlados por el cabeza de familia. Estos grupos domésticos se caracterizan por tener fuertes lazos de consanguinidad y débiles lazos conyugales. Además las mujeres tienen acceso directo a la tierra en las áreas de costumbres matrilineales, muchas de las cuales se hallan también en África occidental (incluyendo Costa de Marfil, el sur de Ghana, Malawi y Zambia), así como en áreas de influencia musulmana. Matrilinealismo significa que las mujeres pueden mantener lazos con su familia de origen y tener acceso a la tierra como miembros de su propio grupo consanguíneo. Como resultado de esto, sus obligaciones no terminan en la unidad conyugal, sino se extienden a la familia original.
Además, en África occidental y central existen muchos matrimonios polígamos (más del 40% de las mujeres casadas se hallan en estas condiciones): las cifras equivalentes son de 20 a 30% en África oriental y 20% o menos en el sur de África. La poligamia produce un patrón de presupuestos conyugales separados (no reunidos), propiedades, flujos de ingresos separados y hasta viviendas separadas. Las mujeres tienen considerable intervención económica en la estructura de la familia y no dependen tanto de sus maridos como lo hacen otras en gran parte del sur de Asia.

América Latina y el Caribe

Los países de América Latina y el Caribe han experimentado muy diferentes historias y patrones de desarrollo económico dentro de tres amplias tradiciones culturales: la indígena, la española y la afrocaribeña. Esto ha producido considerable diversidad en la organización de sus hogares. Sin embargo muchos países comparten algunas cosas, incluyendo la intersección de colonialismo y esclavitud, y grandes poblaciones urbanas (alrededor de 70%).
Esta región pertenece al extremo corporativo más débil del espectro. Los colonizadores españoles y portugueses introdujeron su propia versión de la línea divisoria “público-privado” en América Latina, asociando al hombre con la calle y a la mujer con la casa. Sin embargo, esta división es mucho más fuerte en la clase alta con influencia española y, por lo tanto, católica romana. Es menos frecuente encontrarla en las poblaciones negra e indígena. El matrimonio legal puede ser el ideal social, así como la norma en muchas partes de la región, pero hay una gran incidencia de uniones consensuales o libres. En algunos lugares de América Latina esto parece reflejar antecedentes indígenas y en parte la precariedad del matrimonio cuando la movilidad masculina es pieza integral de las estrategias económicas. En el Caribe esta situación refleja el impacto de la esclavitud, que debilitaba los lazos entre padres e hijos, ya que los niños esclavos pasaban a ser propiedad del amo de sus madres. Un resultado de esto fue el gran número de hogares encabezados por mujeres, así como hogares complejos en los que hay hijos de diferentes uniones.
Boserup comprobó que la actividad económica de las mujeres en el dominio público variaba a lo largo de la región. Había mayores tasas en poblaciones con fuerte presencia africana o asiática que en los países sobre la costa atlántica, donde la influencia española fue mayor. La región en conjunto está caracterizada por bajos niveles de actividad económica femenina en áreas rurales, y mayores niveles en áreas urbanas. Las mujeres tienden a ser más activas en el trabajo agrícola en el Caribe, donde existen granjas pequeñas. El hecho de que la mercantilización y la mecanización han avanzado más en América Latina que en cualquier otro lugar del Tercer Mundo, explica por qué no hay muchas fuentes de empleo en general y, sobre todo, de empleo femenino. Sin embargo, las mujeres trabajan activamente en el comercio en toda la región, y dominan los flujos de migración a las áreas urbanas. Esto es un indicio de la falta de estrictas restricciones a la movilidad de las mujeres.

Fuente: Centro Internacional de Investigación para el Desarrollo http://www.idrc.ca/

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1 comentario

Archivado bajo Arte, Cultura

Una respuesta a “Geografía de la desigualdad de género

  1. necesito nns ejemplos de la desigualdad entiendn??

    grax pongan ejemplos please tenquiou

    very much bae…

    xOxO

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