Las cosas antiguas permanecen en el oído

¿Puede la palabra ser una fuente histórica? El historiador guineano Djibril Tamsir Niane responde a esta pregunta demostrando que los archivos escritos no son los únicos garantes de la historia. “La tradición oral es un verdadero museo viviente, que viste de carne y de color el esqueleto del pasado”, decía el burkinabé Joseph Ki-Zerbo.

Djibril Tamsir Niane es especialista del Imperio de Mali. Su obra mayor, Sundiata o la epopeya mandinga (1960) es el fruto de su recolección de relatos tradicionales de Mamadou Kouyaté y otros griots. Es también director de investigación del cuarto volumen de la Historia General de África: África del siglo XII al siglo XVI. Este periodo, crucial para la historia del continente, corresponde al desarrollo de los grandes imperios y dinastías: Mali, Songhay, Almohades, etc.

Entrevista realizada por Monique Couratier (UNESCO), coordinadora del número Historia de los pueblos: la recomposición del pasado.

—“Las palabras vuelan, los escritos quedan”, se dice en Occidente. ¿Puede usted explicar en qué medida la tradición oral tiene legitimidad para revelar la historia de las culturas africanas?
—Esa cita, que nos llega de los romanos, contribuyó a forjar la opinión según la cual una fuente oral no tiene credibilidad. Pero los pueblos de la oralidad son portadores de una cultura tan rica como la de aquellos que poseen la escritura. La tradición oral no dice cualquier cosa ni lo hace de cualquier manera: es una palabra organizada, elaborada, estructurada, un inmenso vivero de conocimientos adquiridos por la colectividad según cánones bien determinados. Conocimientos, por tanto, reproducidos con una metodología estricta.
Además, existen especialistas de la palabra cuyo papel consiste en conservar y transmitir los hechos del pasado, me refiero a los griots (ver recuadro). En África Occidental existen aldeas enteras de griots, como Keyla, en Mali, que cuenta alrededor de 500 habitantes. Son como escuelas de la palabra, donde desde los siete años se les enseña a los niños la historia de sus respectivos linajes, siguiendo una pedagogía basada en la memorización. La misma se reactiva a ritmo de cantos o instrumentos musicales como el tamami, el koni o el khalam. Las palabras del griot son “jeroglíficos hablados”, como decía mi amigo y colega burkinabé Joseph Ki-Zerbo.
—¿Cuál es el papel del griot en la sociedad actual?
—En el África actual, el modelo occidental de enseñanza favorece el paso de la cultura oral a la cultura escrita. Y es cierto que las escuelas de tradición oral están perdiendo fuerza en materia de transmisión. Sin embargo, el griot continúa desempeñando su rol en el seno de la comunidad, un papel conforme con su casta socioprofesional que oficia en todas las ceremonias.
—¿Se le puede considerar entonces un historiador?

Antes de recitar, el griot se sitúa en el tiempo, para apuntalar bien su palabra. Orador y genealogista, relata no sólo los hechos, sino también los vínculos entre las personas. Invitado a todas las ceremonias, ejerce funciones de moderador y puede verse a obligado a “maquillar” su relato para evitar que algunos propósitos siembren cizaña. Así, comienza disculpándose de antemano por sus omisiones... incluidas las voluntarias. Este “maestro de la palabra”, cuya misión es favorecer la paz social, tiene también un cometido ético. En efecto, en África la palabra “cuenta”, pues, una vez lanzada “como un disparo”, no puede atraparse. Por tanto, no se trata de hablar a tontas y a locas: “Hay que hablar cuando se debe hablar, y saber callar cuando la palabra no es oportuna”, dice un proverbio. Y de eso se trata. M. C.

Antes de recitar, el griot se sitúa en el tiempo, para apuntalar bien su palabra. Orador y genealogista, relata no sólo los hechos, sino también los vínculos entre las personas. Invitado a todas las ceremonias, ejerce funciones de moderador y puede verse a obligado a “maquillar” su relato para evitar que algunos propósitos siembren cizaña. Así, comienza disculpándose de antemano por sus omisiones... incluidas las voluntarias. Este “maestro de la palabra”, cuya misión es favorecer la paz social, tiene también un cometido ético. En efecto, en África la palabra “cuenta”, pues, una vez lanzada “como un disparo”, no puede atraparse. Por tanto, no se trata de hablar a tontas y a locas: “Hay que hablar cuando se debe hablar, y saber callar cuando la palabra no es oportuna”, dice un proverbio. Y de eso se trata. M. C.

—Gracias a los conocimientos legados por sus mayores, el griot dispone de un corpus que constituye el relato básico. Pero, en función de las circunstancias, puede decidir trasmitir sólo una parte o un resumen del mismo. Por otra parte, puede agregar sus propios conocimientos, adquiridos hablando con la gente durante sus viajes. Estas supresiones o añadidos no alteran en modo alguno la validez histórica del relato transmitido de generación en generación, puesto que están claramente indicados en él. Al recitar, el griot distingue bien las cosas, y en este sentido actúa como historiador, si es que admitimos que la historia es siempre una composición de los hechos efectuada por un historiador.
—Y el hecho de transcribir y traducir las tradiciones orales, ¿no conlleva el riesgo de parasitarlas?
—La compilación se hace, obviamente, en la lengua del griot, con un magnetófono y a continuación se la retranscribe en esa misma lengua local. Después el relato se traduce a una lengua occidental, ejercicio que conoce los mismos límites que cualquier traducción. El historiador tiene siempre la posibilidad de reproducir las grabaciones originales y escuchar los sobreentendidos y los paréntesis decididos por el griot.
—¿Utilizó fuentes orales cuando preparó la Historia General de África?
—Por supuesto. La tradición oral no sólo concierne a los relatos históricos, sino también a la cosmogonía y las leyendas… Para acercarse a la verdad, el historiador debe comparar sus fuentes y recomponer los hechos. Pero no olvidemos que ese método también se aplica a las fuentes escritas.
Tomemos por ejemplo el caso de la epopeya Sundiata. Es la epopeya africana más antigua que se conoce y cuenta la formación del gran imperio de Mali a través del itinerario de su fundador, Sundiata Keita. Vivió en el siglo XIII y unificó el Sahel desde Níger hasta Senegal. Su historia nos fue transmitida gracias a la tradición oral, pero los hechos históricos también están corroborados en archivos escritos.
Para completar ciertos detalles que faltan en las versiones orales, comparamos con los documentos del siglo XIV que nos legaron Ibn Battuta (nacido en Tánger) e Ibn Khaldun (nacido en Túnez). Ello nos permitió fechar con precisión la batalla de Kirina, en la que Sundiata derrotó a su enemigo, el rey hechicero Soumaoro.
Además, cotejamos las diferentes variantes orales de la epopeya, en particular las recogidas en Keyla (Mali), Fudama (Guinea) y Bangul (Gambia). Cabe destacar que la epopeya se ha perpetuado en diferentes lenguas, cosa que hace el trabajo del historiador todavía más apasionante.
—África posee extraordinaria diversidad lingüística. Al menos seis de las 16 familias lingüísticas conocidas en el mundo son africanas. ¿Este fenómeno permite sin embargo hablar de una identidad cultural a escala continental?
—África ha sido siempre un ejemplo de diversidad cultural. Volvamos al Imperio de Sundiata. Estaba integrado por múltiples etnias, cada una con su cultura, su lengua y su tradición. El poder establecido no era para nada de tipo jacobino. Ese tipo de poder descentralizado favorecía el desarrollo de la diversidad. Así, la diversidad lingüística no constituía un freno a juzgar por la libertad de circulación de la que gozaban los grandes médicos tradicionales, que iban de aldea en aldea, desde Dakar, en Senegal, hasta Conakry, en Guinea.
Recordemos que en toda el África Occidental existía la libertad de circulación. En 1236, Sundiata proclamó lo que dio en llamarse “Carta de Korukan Fuga”, un documento equivalente a una especie de Constitución de su Estado y codificó una suerte de documento de identidad cuya validez era regional y no nacional.
Por lo tanto, la variedad de lenguas no equivale a variedad de valores.

Fuente: El Correo de la UNESCO

© UNESCO/De Decker
Grabación de relatos orales tradicionales (Senegal, 1969).

Foto 3 : © DR
Traducción al serbo de la epopeya mandinga (editora Narodna Knjiga, 1982)

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Antropología, Cultura, Patrimonio

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s