El príncipe azul se va a la guerra

La historia de la literatura oral en España llegó en un coche a Ureña, Valladolid, a fines de junio. En él viajaban hasta seis de los hispanistas y estudiosos algunos algo mareados todavía tras cruzar el Atlántico la noche anterior que entre ayer y hoy tienen que responder a la pregunta con la que el director de la Fundación Joaquín Díaz los ha reunido: «¿Qué es la literatura popular?» José Manuel Pedrosa descuelga el móvil: “Vamos a hablar de esa literatura que es oral, que se transmite de forma anónima y que varía continuamente”, cuenta este profesor de Literatura de la Universidad de Alcalá de Henares, camino del encuentro.
El estudio y la recuperación de esa literatura hecha por el pueblo y para el pueblo, que los expertos reconocen que en Europa al menos está desapareciendo, ha encontrado un aliado inesperado para sus géneros más breves: “Las canciones, los chistes, las leyendas urbanas se han revitalizado gracias a Internet”, explica.
Juan José Prat, estudioso del folklore formado entre EEUU y España, había subrayado días antes, desde su despacho en el campus segoviano de la Universidad IE, el nuevo horizonte: “Es un entorno con nuevas condiciones de juego. Un entorno donde lo oral y lo escrito se confunden. El rap, por ejemplo, es expresión oral, urbana, que se transmite a través de Internet de manera rapidísima. Los derechos de autor, además, se adaptan muy mal a este nuevo mundo en el que el libre acceso modifica su autoría”, añade este folclorista de ida y vuelta.
Para los géneros patrimoniales, como el cuento o el romance, Internet no contribuye tanto a su revitalización como a su registro. “Muchos antropólogos, etnólogos, folkloristas están rescatando producciones de diversos pueblos, de todos los continentes, que forman parte de su patrimonio inmaterial, de su memoria al fin y al cabo, que si no se rescataran desaparecerían”, explica Carmen Ramírez a mitad de camino entre Sevilla, donde es profesora universitaria de Filología Francesa, y Ureña, donde disertaría sobre la “noción de maravilloso”, que según ella antecede a cualquier relato o narración de ficción.

Prat: “En las culturas orales la memoria es mucho más fuerte”
“La web está permitiendo que se abran muchas páginas en las que se vuelca todo ese patrimonio”, añade Ramírez, que pone el ejemplo de la Biblioteca Virtual Cervantes, una inciativa de la Universidad de Alicante que digitaliza y pone a disposición del público obras de diversos soportes. Las conclusiones y la bibliografía que cada uno aporte se incorporán a una nueva sección dedicada a la cultura popular inaugurada recientemente.
Juan José Prat remarca también ese interés histórico: “Las sociedades de escritura son sólo un punto en la historia de las sociedades. Nosotros, en Europa, lo hemos olvidado porque ya no hay sociedades ágrafas. Pero las culturas estuvieron desarrollándose durante una eternidad antes de acudir a la escritura. ¿Cómo renunciar a conocer de dónde venimos?”.  La cultura escrita, añade, extrae su memoria al ponerla por escrito, con lo que la reduce. “En las culturas orales la memoria es mucho más fuerte”.
Prat acude a un ejemplo para actualizar su crítica a esa renuncia: “La memoria, en verdad, no interesa. Esto de la memoria histórica parece que sólo trata de recuperar los cuerpos para honrarlos. También hay que estudiar la memoria de toda esa gente. Hablar de sus recuerdos, de cómo los construyen, cómo los convierten en relatos.”

El papel de la escuela
El escritor Antonio Rodríguez Almodóvar, compilador de los Cuentos al amor de la lumbre (Alianza), señala que la escuela, de quien dependía en buena medida la supervivencia de esa memoria oral, tampoco ha ayudado. “En toda Europa, la escuela oficial, la escuela bienpensante ha sentido siempre un fuerte rechazo de la cultura popular. No sólo de los cuentos, también de las leyendas, los romances. Lo que ha contribuido a su deterioro. Porque su medio natural casi no existe: ya no hay tertulias campesinas, por ejemplo, que era donde se transmitían, donde se contaban”.
Entre los motivos que explican ese arrinconamiento de la cultura popular, Almodóvar no duda en señalar los ideológicos: “A la cultura oficial le repugnaba que la heroína de Las tres naranjas del amor tenga un hijo con el príncipe antes de casarse. Que Juan el oso fuera hijo de una mujer y un oso les producía una repugnancia insalvable para el espíritu pequeño-burgués. O que Blancaflor sea la hija del diablo. “

Pedrosa: “Las leyendas urbanas reflejan nuestros miedos cotidianos”
José María Pedrosa destaca circunstancias específicamente españolas de ese abandono: “La cultura dominante en España durante el franquismo miraba hacia el pasado, al Siglo de Oro. En la República, se había intentado mantener y recuperar todo ese legado, sobre todo la generación del 27, que fueron precursores y reivindicaron la cultura oral y tradicional. Pero luego, fueron extranjeros los que nos enseñaron a mirar hacia nuestra literatura oral”.
Entre ellos, Pedrosa cita a Margit Frenk, hispanista de 85 años, nacida en Alemania y que vive en México desde 1930, quien llegó a España por primera vez en los años cincuenta para estudiar nuestro patrimonio oral.

Un interés creciente
“Hay una especie de destino fatal que hace que lo oral, el cuento, cuando es el pueblo el que lo cuenta, confrontado con el relato de la academia, tan regulado, estructurado y jerarquizado, acabe siendo arrinconado”, según Carmen Ramírez. Esta especialista en Las mil y una noches, reinvidica además la necesidad de superar ese prejuicio que asocia lo popular con lo vulgar. “Decir literatura popular, hoy, es decir literatura para el vulgo, cuando no es verdad, porque hay un trasvase continuo”, explica.
La rehabilitación a través de la escuela, considera Rodríguez Almodóvar, “es básico”, algo que su compañero de viaje, José Manuel Pedrosa, cree que ya se está produciendo. “Ahora hay un movimiento muy poderoso en las escuelas, de maestros que han integrado los juegos, las canciones de la literatura tradicional; de cuentacuentos que participan en actividades orales en las bibliotecas, que va haciendo que los niños retomen el contacto con la tradición oral”, dice.

La web es un entorno donde lo oral y lo escrito se confunden
Ese trabajo de recuperación no ha calado todavía en la oferta de estudios universitarios, aunque sí en la demanda de los jóvenes universitarios. “En los programas universitarios la literatura oral sigue marginada. Aunque ahora los jóvenes tienen un interés creciente: hay muchas tesis, muchas investigaciones en curso sobre estos temas”, explica Pedrosa. Ya hay , eso sí, algunas universidades que han empezado a ofrecer asignaturas que se llaman específicamente de literatura oral, o etnopoética, como la propia Universidad de Alcalá.
“Este simposio era necesario porque hemos llegado a un punto en que se habla casi de oídas”, explica el organizador, Joaquín Díaz, y director de la fundación homónima, refiriéndose a los problemas para definir qué entendemos hoy por literatura popular. “Pero no sólo nos interesa por razones académicas, también para que muchos maestros que trabajan con la oralidad, sepan con qué están trabajando”, añade Rodríguez Almodóvar.

El registro escrito de esta literatura escurridiza, que cambia cada vez que se transmite, ha servido para fijar mucha producción que de lo contrario, en Europa al menos, quizá se habría perdido. Caperucita roja, Blancanieves y los siete enanitos o Las mil y una noches, recopilados por escrito, perviven más allá de los lugares y culturas en los que aparecieron.
“Caperucita era una historia de miedo, que sólo se daba desde el centro de Francia hasta los alpes italianos. En su origen era de tradición oral. Pero ha sido la fuerza literaria de las traducciones las que han acabado imponiéndola como un cuento popular también en España”, cuenta Antonio Rodríguez Almodóvar, cuya versión La verdadera historia de Caperucita roja está editada por Kalandraka.

Portada del libro La verdadera historia de Caperucita

“La escuela oficial ha rechazado la cultura popular”
No siempre, sin embargo, el registro escrito ha sido fiel a una tradición oral a menudo demasiado esquiva para los cánones oficiales. “La Bella Durmiente ha quedado como una mujer pasiva, que se despierta sólo cuando el príncipe le da un beso. Pero en la segunda parte del cuento, que los hermanos Grimm suprimieron en su versión, es una heroína muy activa, que tiene que sacar adelante a sus hijos en un ambiente muy hostil, sin ayuda del marido. El príncipe azul se va a la guerra y la deja frente a las insidias de la suegra, una ogresa que quiere devorar a sus propios nietos porque no está de acuerdo con la boda entre ella y su hijo”, explica Rodríguez Almodóvar.
Leyendas urbanas
Los cuentos ya no se narran, salvo en los casos en los que se ha convertido en algo especializado: cuentacuentos, maestros, etc… La tradición oral como tal, por tanto, no sobrevive, según Juan José Prat, pero sí que hay otros géneros que nos son contemporáneos y que siguen vivos. Y cita las leyendas urbanas, a las que José Manuel Pedrosa ha dedicado una extensa investigación: La autoestopista fantasma y otras leyendas urbanas.
«Las leyendas urbanas –resume Pedrosa– son actualizaciones de algo que es muy antiguo y reflejan muy bien nuestros miedos. Al igual que las canciones reflejaban muy bien las alegrías, o los cuentos, reflejaban los ideales, lo abstracto, las leyendas urbanas reflejan lo que nos resulta inquietante en relación con lo cotidiano».
La necesidad de desarrollar metodologías de análisis para la literatura popular es otra de las razones que hacen pertinente el debate, según Mariana Masssera, hispanista mexicana. Y para el análisis de lo que circula y se registra en Internet, especialmente, según Juan José Prat: “Es un cambio importante, pero necesitamos herramientas para comprenderlo”.

Entre lo oral y lo escrito
La literatura popular incluye tanto las producciones orales como las obras registradas por escrito. La interacción entre un campo y otro es permanente.

Anónima y cambiante
A pesar de que hay obras de autores que se han integrado en la tradición oral, debido en parte a que están directamente inspirados por arquetipos y narraciones populares, en esencia se trata de producciones anónimas, que varían con cada nueva narración.

Compiladores
No es raro que los compiladores no se limiten simplemente a registrar la tradición oral tal y como la encuentran, sino que introducen variaciones en función de criterios personales, sociales o políticos, incluso. La supresión de la segunda parte de ‘La Bella Durmiente‘, en la versión de los hermanos Grimm, es un ejemplo clamoroso.

Géneros vivos
Los chistes, las leyendas urbanas, las canciones de fútbol, son algunos de los casos de literatura oral revitalizados gracias a Internet. Básicamente, los más fáciles de memorizar.
Fuente: El País

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