Disney se apropió de los cuentos de hadas y los vació de contenido

El director de cine argentino Alejandro Malowicki no titubea al afirmar que “el cine estadunidense ha desaparecido a la infancia” y que “Disney se apropió de los cuentos de hadas y los vació de contenido”. Se podrá estar de acuerdo con él o no, pero sabe de lo que habla: desde hace más de dos décadas, este cineasta de 66 años se especializa en cine infantil, una de las ramas del séptimo arte quizá más ignoradas por la crítica especializada.
En 2002, Malowicki fundó la cátedra de Realización y Producción de Cine y Tv para Niños y Jóvenes de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires. Asimismo, viaja regularmente a Cuba para dictar un taller de cine y televisión para niños y jóvenes en la prestigiosa Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños.
Desde esos lugares, Malowicki defiende el derecho de los niños a contar con un cine propio que aborde cada etapa evolutiva y cognitiva que va transitando un individuo durante su infancia. En su opinión, con tanques “para toda la familia” como Shrek, el ogro verde de los estudios Dreamworks, o la Alicia en el país de las maravillas que Tim Burton dirigió para Disney, Hollywood no hace más que hacer desaparecer la infancia.

Infancia desdibujada
“En aras de un consumo comercial han hecho desaparecer como espectador privilegiado a la infancia. Por tanto, la infancia está completamente desdibujada, tan es así que no se puede decir que estas películas estén dirigidas a los chicos”, apuntó Malowicki, quien también es profesor titular de la cátedra Dirección y Producción de Cine y TV para Niños de la escuela de cine del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales en Buenos Aires. “Lo del cine estadunidense no es en absoluto ingenuo; tiene guiños a los adultos y a la infancia para contar con la mayor cantidad de espectadores posible.”
Esto no quiere decir que una película para chicos no pueda ser disfrutada por un adulto. “Yo pienso que si hago una película pensada para un espectador que está en la primera infancia y está bien dirigida, esa película es gozada por un individuo de 90 años también. Ahora, si yo pretendo hacer una película con la que goce todo el mundo es imposible que yo logre este resultado”, apuntó.

A lo largo de su carrera escribió, produjo y dirigió decenas de cortometrajes, documentales, telefilmes y programas de televisión para niños, muchos para la televisión pública. Su primer largometraje para niños fue Pinocho, en 1987. En 2008 estrenó Las aventuras de Nahuel, que combinaba técnicas de animación con títeres y que rescataba leyendas aborígenes.
Admirador de cineastas como el francés Michel Ocelot (Kirikou y la hechicera) y el japonés Hayao Miyazaki (El viaje de Chihiro, Ponyo), afirma que “el cine estadunidense no es el único” y que países como Francia, Alemania, Italia, España, Brasil e incluso Argentina tienen una larga tradición en cine infantil. De hecho, señala que en este momento se están produciendo 10 películas infantiles en el país.
“El cine estadunidense toma al espectador como objeto de consumo, no como sujeto de derechos”, disparó Malowicki, para quien, de esta forma, se supeditan las necesidades primarias de un niño en la primera infancia, como la posibilidad de identificarse con sus miedos, con sus alegrías, con sus deseos, a una visión de la sociedad alejada de su entorno.

Bruno Bettelheim, referente
Actualmente preside la Asociación de Productores de Cine para la Infancia en Argentina, que cuenta con un observatorio audiovisual para la infancia y la adolescencia, cuyas investigaciones tienen como fin hacer frente a la fuerte tendencia a la homogenización y promover la heterogeienidad de contenidos.
“En el mundo globalizado no se enriquece al niño a partir de la diversidad cultural, sino que se le muestra un gusto único y se le aleja de sus necesidades reales para inducirlo a otras que ni siquiera son propias de su etapa evolutiva, como ir a comer una hamburguesa para conseguir el muñequito de una película”, opinó.
Uno de los grandes referentes de Malowicki es el austriaco Bruno Bettelheim, considerado uno de los sicoanalistas infantiles más influyentes del siglo XX, autor del célebre libro Sicoanálisis de los cuentos de hadas que analiza la importancia de los cuentos de hadas para los niños y su contenido simbólico.
“Las angustias de un chico de cinco, seis años son muy fuertes. Son angustias existenciales que muchas veces no puede comprender porque le falta experiencia de vida. Los cuentos de hadas tocan centros existenciales, por eso sobrevivieron 300 años”, apuntó Malowicki.
Sin embargo, no ve con buenos ojos la mayoría de las adaptaciones de los cuentos de hadas de Disney, a la que considera “una gran apropiadora de cuentos”. Incluso, el primer largometraje de la factoría creada por Walt Disney fue un cuento de hadas animado, Blancanieves y los siete enanos, en 1937, al que siguieron muchos otros como Cenicienta (1950) y La bella durmiente (1959).
“Disney lavó el contenido de los cuentos, tomó sólo las anécdotas. Esto no quita que sean películas muy bien hechas, con grandes dibujantes, que hicieron aportes importantísimos al arte del dibujo animado. Sin embargo, ¿qué hay del cuento en Blancanieves? ¿O en Pinocho? La gente terminó creyendo que la mentira era una característica infantil, cuando lo que (el autor del libro Las aventuras de Pinocho) Carlo Collodi, estaba diciendo que por temor al adulto, el chico a veces miente.”

Fuente: Dpa/La Jornada

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Archivado bajo Antropología, Cultura, Letras del mundo, Libros

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