A propósito de los judíos árabes

Fragmentos de una entrevista realizada por Sherri Muzher al periodista y activista judío misraji Mati Shemoelof. Él y otros judíos árabes publicaron una carta especial dirigida al mundo árabe/musulmán el pasado verano, no sólo hablando de su historia compartida, sino también para tratar de comprender la parte positiva del mensaje emitido por el presidente Obama a principios de este año en El Cairo, Egipto.

Sherri Muzher (SM): Antes de entrar en el tema de la carta, ´Un nuevo espíritu: Una carta de los descendientes judíos de los países del Islam´, esperaba que pudiera describir lo que ha significado para usted el ser un judío Mizraji y cómo el hecho ha moldeado su visión a través de su vida.
Mati Shemoelof (MS): Ser un judío Mizraji es una cuestión familiar personal, y a la vez un tema político. Es parte de otras identidades que me definen. También ser judío Mizraji es parte de mi lucha social por cambiar los valores que se colocan en el convenio/contrato entre el Estado y la sociedad. Puesto que los Mizrajis todavía se hallan oprimidos, es mi tarea luchar contra la discriminación y buscar una conciencia multicultural. Busco nuevas estructuras que crearán maneras más tolerantes de manejar las diversas identidades en el Oriente Medio.

SM: Judíos Mizraji y judíos Sefardíes. ¿Cuál es la diferencia principal, ya que ambos son judíos medio-orientales?
MS: Los judíos Sefardíes se originaron en la península ibérica y en el África del norte. Este subgrupo de judíos incluye principalmente a los descendientes de los judíos expelidos de España bajo el decreto de la Alhambra de 1492. Los judíos Sefardíes son parte de los judíos Mizraji.
El término Mizraji significa (en hebreo) Este, y es parte de un mecanismo de clasificación de gran alcance. Los Mizraji son históricamente judíos descendientes de familias de Oriente Medio que, en la mayoría de los casos, inmigraron a Israel de países árabes. Ellos conforman alrededor de la mitad de la población judía israelí.
La dolorosa realidad de Israel es que hay una división dentro de la sociedad entre los judíos Ashkenazi (de la vertiente europea) y los Mizrajis. Esta realidad pasa a menudo inadvertida por los observadores externos, que se centran naturalmente en los aspectos más violentos de la realidad política israelí y la división entre judío/no judío que el Estado israelí dibuja. De hecho, en la corriente principal del discurso israelí ha habido hace tiempo una elusión/negación sistemáticas de esta división, argumentando, como es quizás exigido por la base de la ideología sionista y su proyecto en curso de edificar la nación, que los judíos son gente distinta y que los judíos israelíes tienen una pertenencia étnica unificada y una historia compartida. De hecho, la mera noción de un judío árabe, como algunos Mizrajis se identifican hoy a sí mismos, está cercana a lo impensable en la grandes corrientes de la mayoría de los medios. Pero la división no deja de ser dolorosa simplemente porque se niegue. Hay una historia de la opresión política, económica y cultural de los Mizrajis y, como una tesis relativamente reciente lo establece claramente, muchos de estos elementos están presentes hoy en día.

SM: ¿Qué clase de asuntos conciernen únicamente a los judíos Mizraji?

Ms: Los judíos Mizraji se esfuerzan por generar un cambio significativo en la sociedad israelí y aplicar los valores de la democracia, de los derechos humanos, de la justicia social, y de la igualdad, y así transformar a Israel en una sociedad multicultural. Como poeta, quiero ver que la literatura y la poesía de los judíos árabes formen parte del plan de estudios y de todo el canon israelí en su conjunto. No obstante, éste será un camino largo antes de la implantación de esas ideas en el contexto de las corrientes culturales dominantes en lo etno-nacional.

SM: Usted es un miembro de Mimizrach Shemesh, una organización dedicada a la tradición judía de la responsabilidad social. ¿Qué tan difícil es propugnar por dicha responsabilidad social en un clima de desconfianza y de ira?

MS: Su pregunta demuestra que usted está familiarizado con las dificultades que encara cualquier activista en su activismo diario. Mimizrach Shemesh es realmente un instituto especial que intenta atraer las experiencias teológicas y religiosas de los judíos Mizraji hacia las acciones para el cambio social. Por ejemplo, reconstruye el mundo de la música litúrgica del Piyut, desde el pasado distante hasta la escena actual. No es el único sitio para que los Mizrajis vuelvan a conectarse con su herencia, es un lugar para que cada judío y no judío se sienten juntos y aprendan las melodías que cantan a Dios todopoderoso. Después de aprender, cantar y disfrutar juntos, uno puede utilizar esa energía social y cultural para traer el cambio político.

SM: El título de la carta es “Un nuevo espíritu”. Explique la significación de este título.

MS: […] Durante mil años, los judíos y los árabes vivieron, crearon y respiraron de la cultura árabe sin tener la necesidad de construir una pared de apartheid para separar el judaísmo y el arabismo. Pensamos que un “Nuevo Espíritu” se necesita como paralelo al “Nuevo Comienzo”, como lo llamó el presidente Barack Obama en su discurso de El Cairo del 4 de junio de 2009.

SM: ¿Puede usted hablar por qué usted y otros judíos Mizraji decidieron ahora publicar esa carta?

MS: En 2007 yo era uno de los redactores de un libro que se ocupó de la tercera generación de Mizrajis (los que crecen en los años 70 y los años 80). El nombre del libro era: Identidades que repiten: Antología Mizraji joven. Utilizamos una prosa autobiográfica para identificar a una nueva y asertiva colectividad política de escritores. Esa confrontación cultural era parte de las luchas de Mizraji y la sociedad que vinieron antes de nosotros, como el movimiento de los Black-Panthers Israelíes y el Arcoiris Democrático Mizraji,  entre otros. Justo después del discurso de Obama en El Cairo, Ezéchiel Rahamim me llamó. Estaba convencido de que debíamos continuar y ensanchar el mensaje (de Obama) como parte de nuestra generación. Ezéchiel quiso utilizar nuestra lista de escritores del libro y firmar ese llamado. Convine inmediatamente. ¿Publicamos el llamado en los medios israelíes pero no pudimos hacer que apareciera por mucho tiempo. Parece ser que era difícil que los medios hablasen sobre el asunto y no le dieron la importancia que tenía. Entiéndase por favor que se incluye una lista realmente grande de creadores influyentes que la firmaron. No obstante, la política israelí no estaba interesada en el ensanchamiento de su frontera nacional cultural.
SM: En `Un nuevo espíritu´, usted y los otros autores escriben sobre la cultura árabe que es parte de nuestra identidad, una parte de ella que no podemos separar ni quisiéramos separar, incluso si pudiéramos hacerlo. ¿Puede usted hablar más sobre esto, y qué tan receptivos a ello son los judíos que no son del Oriente Medio a este recordatorio?

MS: En nuestras comunidades, como en otras, encontramos varias respuestas y es un proceso largo el diálogo democrático. Usted debe entender que es un discurso de la negación y que por eso levanta mucha energía violenta. No se puede aprender sobre él en la escuela, entonces sólo es posible tratarlo en esferas académicas o culturales del exterior (es decir, de una manera política).
La primera reacción que recibí fue que éramos racistas. Amigos míos que trabajan como redactores me preguntaban por qué deberían publicar la carta si los judíos europeos no estaban incluidos. Bien, no se trata de un asunto de razas, dije. Se trata de un asunto de etnicidad. Sin embargo, ellos no pudieron entender que tenemos diferentes historias e imaginación simbólica. También intenté explicar que nos presentamos como una generación unida de Mizraji, no porque queramos borrar a otros grupos sino porque creemos que acabar con el silencio que se ha impuesto a nuestro grupo está levantando nuestra voz. Pero en Israel, supongo, ni la amistad puede preceder a la idea nacional sionista de: “Una nación, una lengua, una memoria”. Todavía intentamos desafiarla por medio de esos actos.

SM: ¿Sería justo decir que dada la historia compartida con los árabes, los judíos Mizraji son los más probables o viables conductos eficaces en la búsqueda de la paz entre los árabes y los israelíes?

MS: Este argumento puede llevar al esencialismo, así que tendré cuidado. Utilizamos el término de Mizraji con el que el país nos etiquetaba para empoderarnos a nosotros mismos. La narrativa del árabe judío tiene maneras creativas de manejar los problemas que la idea nacional trajo sobre cada uno en el Oriente Medio. Es compartir el conocimiento de la lengua árabe, de la cultura y de los diversos puntos de vista. Para el árabe judío la narrativa se sostiene por su memoria, por su historia y religión. Pero también lleva a cabo una lucha compartida por la justicia social y una reconstrucción de la región con sus habitantes originales. Entonces nos ubicamos en esa tensión entre el conocimiento, la pertenencia y la identificación simbólica. Y sí, moviéndonos sobre esta escala de posibilidades podemos contribuir para descolonizar la cultura israelí.

SM: ¿Cuál es su público objetivo principal con este manifiesto y por qué?

MS: El target (blanco) principal de este manifiesto es realmente, en primer lugar, un llamado al mundo árabe para demostrar que el gobierno israelí y los responsables políticos no hablan en nuestro idioma. Es realmente un llamado universal multicultural en favor de la justicia social para integrarse en el Oriente Medio sin colonización ni opresión, y ser una parte del interés de la región en sí misma.

Fuente: Sherri Muzher es Directora del Michigan Media Watch. Su artículo apareció en PalestineChronicle.com. Traducción de Mariano Flores Castro.

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Archivado bajo Antropología, Cultura, Diversidad cultural

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