Otra visión de la “edad de oro”

Nacimiento de la Edad de Oro

En el año 589, los visigodos cristianos de Hispania llevaron a cabo una persecución muy severa contra los judíos; consecuentemente, en el siglo VIII, éstos recibieron con los brazos abiertos a los conquistadores árabo-musulmanes, y, sobre todo, a los bereberes. Las ciudades conquistadas, como Córdoba, Málaga, Granada, Sevilla y Toledo fueron brevemente sometidas y puestas bajo el control de sus habitantes judíos, quienes habían sido armados por los invasores moros. Tras la victoria, los invasores retiraron todas las restricciones visigodas y garantizaron la libertad religiosa, a cambio del pago de un dinar de oro por cabeza (jizya).

Se abre así un periodo de tolerancia para los judíos, cuyo número va a incrementarse considerablemente debido a la inmigración procedente de África. Especialmente después del año 912, durante el reinado de Abd-al-Rahman III y su hijo, Al-Hakam II, los judíos prosperaron, dedicándose al servicio del Califato de Córdoba, al estudio de las ciencias, y al comercio y la industria, contribuyendo a la prosperidad del país. La expansión económica de los judíos no tuvo parangón. En Toledo participaron en la traducción de textos árabes a las lenguas romances, así como del griego y el hebreo al árabe. Los judíos contribuyeron a la botánica, la geografía, la medicina, las matemáticas, la poesía y la filosofía.

El ministro y físico de la Corte de Abd al-Rahman III fue Hasdai ben Isaac ibn Shaprut, el patrón de Menahem ben Saruq, Dunash ben Labrat, y otros eruditos y poetas judíos. El pensamiento judío florece con figuras como Samuel Ha-Nagid, Moses ibn Ezra, Solomon ibn Gabirol, Judah Halevi y Moisés Maimónides. Durante el reinado de Abderramán III, el erudito Moises ben Enoch fue nombrado rabí de Córdoba, y, como consecuencia, al-Ándalus se convirtió en el centro del estudio del Talmud, y Córdoba en el punto de encuentro de los sabios judíos.

Durante un tiempo, los judíos disfrutaron de una autonomía parcial como dhimmíes, gracias al pago de la jizya, la cual era administrada separadamente del zakat, el cual era pagado por los musulmanes. La jizya ha sido considerada un pago por no prestar el servicio militar, como un tributo, etc. Los judíos tenían su propio sistema legal y sus servicios sociales. Las religiones monoteístas agrupadas bajo el nombre de Gente del libro, eran toleradas pero se evitaba todo tipo de manifestaciones multitudinarias o que pudiesen llamar la atención, como las procesiones de fe o las campanas.

Fin de la Edad de Oro

Con la muerte de al-Hakam II Ibn Abd-al-Rahman en el año 976, el Califato empieza a disolverse, y la situación de los judíos deviene más precaria bajo el gobierno de los reinos de taifas. La primera persecución importante fue la masacre de Granada en 1066, la crucifixión del visir Joseph ibn Naghrela y la masacre de la mayor parte de la población judía de la ciudad. Más de 1,500 familias judías, es decir, alrededor de 4,000 personas, murieron en un día. Esta fue la primera persecución a judíos de la península bajo el gobierno islámico.

A comienzos del año 1090 la situación empeora con la invasión de los almorávides, una secta puritana procedente de Marruecos. Bajo su gobierno, algunos judíos prosperaron (sobre todo bajo Ali ibn Yusuf, más que con su padre Yusuf ibn Tasufin). Entre aquellos que ostentaron el título de visir o “nasi” en tiempos de los almorávides, se encontraban el poeta y físico Abu Ayyub Solomon ibn al-Mu‘allam, Abraham ibn Meïr ibn Kamnial, Abu Isaac ibn Muhajar, y Solomon ibn Farusal (si bien este último fue asesinado el 2 de mayo de 1108). Los Almorávides fueron expulsados de la Península en 1148, pero su lugar sería ocupado por los almohades, quienes eran, incluso, más puritanos. Bajo su gobierno, muchos judíos fueron obligados a aceptar el Islam; los conquistadores usurparon sus propiedades y miembros de sus familias, que serían vendidos como esclavos. La mayoría de las instituciones educativas judías fueron cerradas y las sinagogas destruidas.

Durante el reinado de estas dinastías bereberes, muchos judíos, e incluso algunos eruditos musulmanes abandonaron Al-Ándalus y emigraron hacia Toledo, la cual había sido reconquistada en 1085 por fuerzas cristianas.

El esfuerzo intelectual de varios eruditos judíos dio lugar a la llamada Escuela de Toledo, que tradujo por primera vez al latín los trabajos de árabes tan notables como Averroes, o del poeta y filósofo judío Solomon Ibn Gabirol, conocido como Avicebrón. Casi 40,000 de estos emigrados se unirían a las filas de Alfonso VI de Castilla en su lucha contra los almorávides, los cuales también contaban con judíos entre sus tropas.

Incluso después de que esta “Edad de Oro” hubiese terminado, la comunidad judía de España, conocida como comunidad sefaradí, continuó siendo la más importante del mundo (especialmente con el declive de la Academia de Babilonia, en Irak). Eruditos como Maimónides, nacido en 1135, fueron figuras fundamentales en el judaísmo. La presencia judía en la península continuaría hasta la expulsión decretada por los cristianos en el Edicto de la Alhambra, en 1492, y por la Inquisición portuguesa en 1497.
Fuente: http://es.wikipedia.org

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Cultura, Diversidad cultural, Letras del mundo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s