Moby Dick

La obra Moby Dick está inspirada, en una vertiente, en un caso real que padeció el ballenero Essex, de Nantucket, Massachusetts, cuando fue atacado por un cachalote. Dos de los ocho sobrevivientes relataron el suceso del que Melville tuvo sobrado conocimiento, pues él mismo fue un curtido ballenero que zarpó del noreste de EEUU, alrededor de 1840, para dar la vuelta al Cabo de Hornos y surcar los mares de Chile y toda la cuenca del Pacífico, tras los cetáceos que proporcionaban entonces el aceite de los faroles callejeros. Entonces, no es aventurado afirmar que Moby Dick está también basada en las experiencias personales de Melville como marinero.
Adicionalmente, la obra Moby Dick tuvo como referencia histórica un relato publicado en 1839 por la revista neoyorquina Knickerbocker. Escrito por un oficial de la armada de EE.UU., narra el enfrentamiento real de balleneros con un cachalote albino conocido como Mocha Dick cerca de la isla Mocha en Lebu, Chile. Como Moby Dick escapó incontables veces de sus cazadores durante más de cuarenta años, llevaba varios arpones incrustados en la espalda. Los balleneros contaban que atacaba furiosamente, dando resoplidos que formaban una nube a su alrededor; embestía los barcos perforándolos y volcándolos, matando a los marineros que se atrevían a enfrentarlo. Según el marinero que contó la historia publicada en la revista, para lograr matar a Mocha Dick se requirió la unión de varios barcos balleneros de distintas nacionalidades. Cabe destacar que en Chile, en la cultura indígena mapuche, existe el mito del Trempulcahue, cuatro ballenas que llevan el alma de los mapuches que mueren hasta la isla de Mocha, para embarcarse en su viaje final. En el año 2005, en la costa de Chile, se filmó a varios de estos cachalotes albinos. Fuente: Wikipedia.

Fragmento de la novela Moby Dick: un diálogo entre el capitán Acab y el segundo de a bordo, Starbuck:

—¡Demonios encarnados! ¿Es que se atreve a criticarme? ¡A cubierta!
—Nada de eso, señor, se lo suplico. Y me atrevo, señor, a tener paciencia. ¿No podríamos entendernos entre los dos un poco mejor que hasta ahora, capitán?

Acab cogió un fusil cargado del armero y, apuntando con él a Starbuck, exclamó:
—¡Hay un Dios que es el Señor de la Tierra, y un capitán que es el amo a bordo del Pequod! ¡A cubierta!

Por un instante pareció que el primer oficial hubiera ya recibido el disparo del arma que le apuntaba. Pero, dominando su furor, se volvió pausadamente y al salir de la cámara se detuvo un instante y dijo:

—Me ha afrentado, señor, me ha ofendido, pero no le pido que tenga cuidado conmigo porque se reiría de ello. No, lo que le pido es que Acab tenga cuidado con Acab. Tenga usted cuidado consigo mismo, señor.

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Archivado bajo Cultura, Letras del mundo, Libros

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