Algunas precisiones sobre “los mares del sur”

Paloma Fresno Calleja

“Aunque la llegada de las naves europeas se asumió como el punto de partida de la época de exploraciones, viajes e intercambios comerciales, las rutas de navegación no fueron en absoluto inauguradas con las travesías coloniales. Antes de que Tasman, Bouganville, o Cook surcaran sus aguas, los habitantes del Pacífico habían desarrollado sofisticados métodos de navegación que, en última instancia, se tradujeron en masivos movimientos migratorios que les llevaron a ocupar distintas islas y en siglos sucesivos a consolidar su presencia en el Pacífico con intercambios comerciales y culturales y alianzas políticas no exentas de confrontaciones. Para los navegantes y aventureros europeos, sin embargo, las islas se erigían como espacios estáticos, condenados a flotar eternamente en un océano sin vida, y de cuya reclusión sólo podían ser salvados por las naves europeas, cuya llegada debían aguardar expectantes, aceptando de forma sumisa su nuevo destino y acogiendo gustosos la civilización occidental prefabricada que traían en sus barcos.
“Desde que Vasco Núñez de Balboa avistó el desconocido océano en 1513 y le dio el nombre de ‘Mares del Sur’, la zona fue imaginada pictórica y literariamente de acuerdo con una serie de divisiones geográficas que poco tenían que ver con la realidad cultural experimentada por sus habitantes. La división geográfica tripartita más conocida, que separaba a Melanesia, Polinesia y Micronesia, se impuso en el siglo XIX y sirvió para referirse a comunidades que hasta entonces habían permanecido unidas en universos culturales distintos, de acuerdo con aspectos visibles, como la apariencia física de sus habitantes, o circunstanciales, como sus reacciones ante la llegada de las naves europeas, que se tomaron como rasgos distintivos de su carácter.

(…) las ‘Islas del Pacífico’ o el ‘Pacífico Sur’, una denominación a la que los habitantes de estos países se han opuesto reiteradamente por considerar que les hace ser vistos como parte de una masa cultural compacta, que reduce su diversidad interna y que a nivel internacional les sume en el anonimato, haciendo que las distintas naciones insulares se diluyan frente a otras zonas más visibles en el mapamundi. Algo similar ocurre con denominaciones de carácter político o económico, como ‘Australasia’ o ‘Asia-Pacífico’, que reflejan su clara dependencia respecto a Asia o a Australia, lugares donde a menudo se definen estas islas como su “backyard” o traspastio (Hau’ofa 1998, 395).”

Paloma Fresno Calleja, Universidad de las Islas Baleares. Se doctoró en Filología Inglesa por la Universidad de Oviedo. Su investigación se enmarca dentro de las literaturas y teorías postcoloniales, especialmente las referidas al ámbito de Oceanía. Sus intereses se centran en cuestiones de identidad cultural, etnicidad, multiculturalismo, diáspora y género en las literaturas contemporánea en lengua inglesa.

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