Vislumbres de Oceanía: Los ancestros

Pueblos del agua, gente de las islas.

Los ancestros son figuras centrales en las cosmologías de Oceanía. En las sociedades jerárquicas, donde se establece el rango siguiendo la genealogía, la situación de cada individuo está determinado en gran medida por la de sus antepasados. El mana, o la eficacia personal, es heredada de generación en generación, aunque es preciso demostrarlo con gestos y acciones. De hecho, el mana deriva de los dioses, ellos mismos percibidos como remotos ancestros. En las sociedades del Pacífico más estratificadas, como las de Hawai, Tahití y Tonga, un continuum gradual, basado en una precedencia genealógica existía entre los dioses y la gente. Los individuos de los que se podía trazar la genealogía, desde el primogénito hasta ancestros fundadores o de los dioses, tenían el derecho a ser jefes o usar títulos altos (yo). Aunque la mayoría de las sociedades del Pacífico reconocen la importancia de los ancestros masculinos y femeninos, la filiación masculina prima con frecuencia sobre la filiación femenina.
Los nombres de los antepasados importantes fueron utilizados a menudo en la entronización de los jefes. Los más altos cargos en sociedades jerárquicas se consideran similares a los dioses antes que a seres humanos, y la gente les otorgaba una respetuosa devoción mezclada de temor. Sus cuerpos fueron tabú y se mantuvieron fuera del alcance de la población. El nacimiento, el matrimonio y la muerte de estos dignatarios se hacían acompañar de elaborados rituales. Las ofrendas propiciatorias a los dioses más influyentes a veces requerían sacrificios humanos para obtener su favor o para aplacar su ira. En las sociedades jerarquizadas los sacerdotes eran capacitados para oficiar en las más importantes ceremonias dedicadas a los dioses, simbólicamente asociadas con el mar o con el cielo.
Los espíritus ancestrales desempeñaban también un papel predominante en las sociedades del Pacífico. En las sociedades menos estratificadas, actuaron a menudo de manera más directa que los dioses en cuanto al establecimiento del orden en el mundo social. Bajo la forma de fantasmas, apariciones y fuerzas invisibles, estos espíritus intervenían regularmente en los asuntos humanos. Causaban y curaban enfermedades, manejaban las almas de los vivos y podían causar su muerte, propiciando la buena o mala fortuna a sus descendientes o permitiendo o impidiendo cosechas abundantes, etc. Era importante para aplacar a los espíritus ancestrales ofrecer sacrificios (sobre todo cerdos), oraciones, ceremonias de kava y la ofrenda de las primicias de frutos u otros rituales en los templos. Para ello se erigieron las casas de los espíritus, o relicarios, que contenían reliquias de algunos antepasados. En algunos lugares, los espíritus ancestrales eran también fuentes de poderes mágicos y proveedores de presagios.
Además de los lazos de sangre, los antepasados son comúnmente asociados con lugares específicos. Sus descendientes siguen bien conectados espiritualmente a las tierras que aquellos ocupaban. Las emplazamientos de las casas donde vivieron los antepasados, las tumbas y cementerios donde descansan, y la tierra que les daba sus alimentos siempre tienen un significado especial para los pueblos de Oceanía. Ellos están en el corazón del sentido de la identidad de un pueblo y las comunidades de parientes. La creencia de que el cuerpo de un individuo es el producto de las sustancias proporcionadas por sus antepasados (semen, sangre) y de los alimentos que obtiene de tierras ancestrales está muy extendida en Oceanía. Los vínculos con los antepasados eran a menudo reforzados por las creencias totémicas —por ejemplo, la sinergia con las aves— que unían, de manera simbólica y ritual, los linajes a sus fundadores.
Con frecuencia los antepasados actuaban como espíritus guardianes, siempre que sus descendientes se adhirieran a la costumbre (kastom) y los trataran adecuadamente. Por contra, podrían causar estragos entre los descendientes que violasen los tabúes (por ejemplo, la prohibición del incesto o de la menstruación), los que olvidasen darles ofrendas o que propiciaran la disensión dentro de los lineamientos. Los individuos invocaban a los espíritus ancestrales para asestar una maldición a algunas personas, incluyendo a sus familiares, que habían ofendido de alguna manera. Que alguien quedara estéril era una maldición común: se imploraba a los espíritus ancestrales que negara a esa persona la capacidad de procrear y convertirse en un ancestro venerado. Los antepasados podían además ser llamados para hacer cumplir la justicia o corregir las inequidades. Eran también importantes en los movimientos políticos, tales como los cultos del cargo.
Los antepasados desempeñaban un papel central en las ceremonias. En muchas sociedades del Pacífico, son representados por estatuas, máscaras, tablas votivas e iconos de las distintas categorías. También pueden ser representados en las danzas ceremoniales, o bien, ser honrados y atraídos por canciones, cantos y melodías tocadas en flautas ceremoniales, especialmente durante los ritos de iniciación. En este aspecto, los funerales revisten mucha  importancia, ya que marcan la transición entre la tierra de los vivos y el más allá. Por lo general, van acompañados con la preparación de una fiesta en la que se intercambian objetos de valor, como alfombras, tapas y monedas hechas de conchas de crustáceos.

http://www.oceanie.org  Traducción del francés de Mariano Flores Castro

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