Vida judía en Marruecos

por M i c h e l   H o e b i n k

En el Museo Histórico Judío de Ámsterdam se pueden contemplar fotografías únicas de la vida judía en el sur de Marruecos durante el decenio de los 50. Sinagogas en estado ruinoso y cementerios abandonados es lo único que recuerda su presencia en la región. El fotógrafo judío marroquí Elias Harrus (1919-2008) plasmó la vida judía en el sur de Marruecos poco antes de que los habitantes judíos emigraran masivamente a Israel. La fotógrafa holandesa, Pauline Prior, viajó el año pasado a esos mismos lugares para recoger en imágenes lo que todavía queda de ello. El contraste es dramático.

Las mismas canciones
“Mi abuela contaba que antiguamente las mujeres judías y las bereberes trabajaban juntas en la tierra”, dice la presidenta del concejo de distrito de Ámsterdam, Fátima Elatik, durante la inauguración de la exposición. “Hablaban la misma lengua, tenían la misma cultura, cantaban las mismas canciones. A mí siempre me pareció una historia extraordinaria”.
Judías entre las bereberes
Los judíos vivieron durante unos 2000 años en Marruecos, generalmente en armonía con la población bereber. Pero después de la fundación del Estado de Israel en 1948, la mayor parte de los judíos marroquíes emigró a ese país. Sólo quedó un pequeño grupo en las ciudades grandes del norte de Marruecos. El proceso de la emigración estaba en pleno apogeo cuando Elias Aarhus hizo las fotografías.
Harrus trabajó durante el decenio de los 50 para la Alianza Israelí Universal, una organización internacional que luchaba por implantar una enseñanza seglar moderna en las comunidades judías de países islámicos.

Fue durante los viajes que realizó para su trabajo cuando hizo las fotografías. El hecho de formar parte de la comunidad judía, le permitió plasmar imágenes íntimas de la vida cotidiana de los judíos en el sur de Marruecos.

Las fotografías de Elias Harrus forman un documento único, afirma la organizadora Sulimat Cohen. “Reflejan a una comunidad que poco después desaparecería completamente”.
Joyas de plata
Las fotografías son testimonio de las buenas relaciones entre judíos y bereberes. Se relacionaban diariamente y dependían económicamente los unos de los otros. Se puede ver a los judíos en las profesiones en las que estaban especializados, como la marroquinería y la joyería. Fueron ellos los realizadores de las famosas joyas de plata del sur de Marruecos que las jóvenes bereberes llevaban en su boda.

Comerciantes
Hay también imágenes de mercados dominicales donde se ven juntos a judíos y musulmanes. Sulimat Cohen: “Los judíos eran, generalmente, comerciantes que, atravesando montañas, recorrían los mercados. Para los bereberes era un riesgo, ya que las diferentes tribus vivían en conflicto unas con otras, pero los judíos gozaban de protección por todos lados debido a su importante función económica.” Cohen señala una cita que el autor inglés John Waterbury recogió de un comerciante bereber del sur de Marruecos: “Antes de la llegada de los franceses estábamos siempre envueltos en conflictos, pero había dos normas que todo el mundo acataba: no tolerábamos ninguna forma de prostitución entre nuestras mujeres y nuestras disputas no repercutirían nunca en los judíos.”

Cementerio abandonado
¿Qué ha quedado hoy día de la presencia judía en el sur de Marruecos?. La fotógrafa holandesa, Pauline Prior, viajó en el 2008 a la cordillera del Atlas y al Sahara por encargo del Museo Histórico Judío para buscar vestigios de la comunidad judía allí. Sus fotografías se exponen junto a las de Harrus. Las imágenes de Harrus están repletas de personas y las de Prior son calmas y vacías. Se ven sinagogas ruinosas, un barrio y cementerio judíos abandonados. Los cementerios y, especialmente, las tumbas sagradas son, en realidad, los lugares más animados que fotografió Prior. Al igual que los marroquíes musulmanes, los judíos veneran a los santos judíos marroquíes que obraron milagros durante sus vidas. Marruecos está sembrado de tumbas de santos, entre las cuales hay también muchas judías.

Según la concejala Fátima Elatik, los jóvenes marroquíes en Holanda apenas son conscientes de la fraternidad que reinó entre judíos y musulmanes en el Marruecos antiguo. Fátima Elatik confía en que los niños marroquíes visiten la exposición.

Fuente: Radio Nederland

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