La exaltación geométrica de la mujer africana

yombe_maternite

por Philippe Dagen

Lo más simple sería decir: la exposición “Mujeres en las artes de África” (Museo Dapper, París) reúne ciento treinta obras africanas entre las cuales se encuentran algunas de las más notables y bellas representaciones femeninas de la estatuaria mundial. Y algunas de las más célebres también, después que el Occidente se dio cuenta, hace un siglo, de la riqueza del “arte negro”, como se decía entonces.

La trayectoria de la mujer bangwa de Camerún con la boca abierta y la mirada inquieta es ejemplar: hallada a fines del siglo XIX, ha pertenecido a diversas colecciones ilustres, entre ellas la de Helena Rubinstein, y ha sido fotografiada por Man Ray. Ahí está ella, impresionante por su dinamismo. Muchas otras deberían mencionarse, empezando por la que abre la exposición, una estatua igbo de Nigeria con rostro terrible, de estatura magnífica, con el cuerpo de columna ornamentado con una sola línea de escarificaciones geométricas.
Uno podría conformarse con la celebración de tantos esplendores e invenciones formales. Pero ello sería insuficiente a la vista de lo que ha querido Christiane Falgairettes-Leveau, curador de la exposición. Tanto en las salas como en el catálogo, las cualidades plásticas no son solamente puestas en evidencia por sí mismas, sino explicadas, justificadas, como conviene hacerlo con la escultura griega, gótica o egipcia —esta última etá muy presente aquí.
Todas estas figuras de madera, bronce o piedra han sido concebidas por sus autores, encantadoras o inquietantes, voluptuosas o dolorosas, según las funciones y los significados para los que fueron hechas. Sus especificidades plásticas, los tratamientos tan diferentes de los volúmenes y posturas, las proporciones y desproporciones exigen sistemas de explicación complejos en los que las estructuras sociales, las relaciones entre géneros y las narraciones mitológicas son factores determinantes.

Un realismo minucioso

Es el caso de las representaciones femeninas del sur de Nigeria en el arte edo e igbo. Éstas no se entienden más que si uno se da cuenta que la mujer podía ahí tener un rol político eminente, el más elevado de los cuales era el de la iyoha, la reina madre, y que la repartición entre poder masculino y poder femenino que los primeros etnólogos occidentales han creído observar estaba mucho más en sus hábitos de pensamiento que en la realidad social que ellos no sabían descifrar. Las cabezas conmemorativas de bronce de las reinas madres nigerianas son figuras de autoridad, a analizarse como tales.
Ello no vale más que para estas obras y esta situación social. En otras partes, otras funciones son sacralizadas y otros simbolismos se ven magníficados por códigos formales no menos particulares. Entre los azante de Gahna, la omnipresencia del disco redondo u oval va a la par con la afirmación de un poder femenino que existió hasta la colonización. Estaba vinculado a la maternidad y a la fertilidad, que son los motivos más frecuentes de la exposición, evidentemente. Frecuentes, pero tratados de diversas maneras. Una puede ser la exaltación geométrica de los senos y los vientres de la estatuaria bamana y senufo que se cristaliza en un estilo específico, codificado y sistemático. Puede ser por la representación del embarazo, la máscara de vientre makondo, o la figura en pie bamileke. O por el realismo minucioso con que el escultor bwende, yombe, luba o luluwa, cuando detalla almocárabes, cuadrículas, diseños con barras y en círculos que, escarificaciones en las carnes, bajorrelieves en la madera, ornamentan hasta la profusión los hombros, los bustos y los rostros.
Las referencias a las mutilaciones sexuales, de la exición a la infibulación, no son menos numerosas y se ven a veces claramente. Mucho más raras son las obras eróticas u obscenas, mientras que el grupo de la madre con el hijo es un tema común entre la mayor parte de los pueblos y, por tanto, la que se presta de mejor manera a las comparaciones estilísticas a través del continente.

Fuente: Le Monde/www.dapper.com.fr.  Traducción: Mariano Flores Castro

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