Revista Claroscuro (reseña)

por Mariano Flores Castro

Claroscuro. Revista del Centro de Estudios sobre Diversidad Cultural. Facultad de Humanidades y Artes de la Universidad Nacional de Rosario, Argentina.

El Correo de las Culturas del Mundo agradece el envío del sexto número de la revista anual Claroscuro, aparecido en diciembre de 2007. Se trata de un logro importante no sólo por la indiscutible calidad de sus contenidos sino también por el rigor y la perseverancia que aseguran su continuidad. ¿Cuántas revistas con decoroso diseño, una clara política editorial y buenos propósitos naufragan tras su primer o segundo número? Éstas, digamos desde un cauteloso pesimismo, son incontables. La Internet es una aliada y a la vez una adversaria de la creación-circulación-consumo de este tipo de ofertas culturales impresas, marginadas como están de los mercados del “bestsellerismo” y la literatura volátil —oficial o ficcional. El espacio pensante creado por Cristina de Bernardi y sus colaboradores resulta ser un santuario intelectual para quienes conciben la cultura como un vasto cosmos no limitado a las llamadas bellas artes y las letras. En Claroscuro hallamos enjundia, ideas defendidas con ambos lados de la masa encefálica, dudas compartidas, polémicas vigorosas, razonamientos inéditos, erudición profusa, sensibilidad social, búsqueda de la equidad y, en fin, reflexiones serias sobre el concepto de identidad relacionado con la mundialización. Valioso tiempo se ahorrarían los filósofos en su tránsito incesante por las ideas sobre el hombre si leyesen esta publicación, modesta y prodigiosa a la vez.
En esta entrega dedicada a analizar la relación entre Identidad, Diversidad y Globalización, Claroscuro rinde homenaje póstumo a Edgardo Garbulsky, un brillante pensador argentino y universal, antropólogo, catedrático y promotor de la dignidad de hombres y mujeres.
Entre las colaboraciones destacamos las de dos conspicuos mexicanos: Héctor Díaz Polanco y Rodolfo Stavenhagen. El primero se ocupa de analizar lo que él llama etnofagia, término que “expresa el proceso global mediante el cual la cultura de la dominación busca devorar a las múltiples culturas populares. No se busca —aclara— la destrucción mediante la negación absoluta o el ataque violento de las identidades, sino su disolución gradual mediante la atracción, la seducción y la transformación”. El autor afirma que con el fenómeno de la globalización nos hallamos en una fase “en la que el liberalismo es reelaborado para construir una estrategia de inclusión de la diferencia, compatible con el capitalismo globalizado”. Sostiene Díaz Polanco que “el multiculturalismo es la ideología que la globalización necesitaba para poner en práctica a fondo la etnofagia universal”. Con ello el autor pone el dedo en la llaga de los teóricos que han fracasado al predecir que todo tendería a la homogeneización automática. Sin duda un polémico argumento alimentado con potentes proteínas ideológicas.
A su vez, el ensayo de Rodolfo Stavenhagen se describe en esta apretada síntesis: “El texto examina el entramado de relaciones que se establecen entre diversidad cultural, derechos humanos y laicidad en el mundo globalizado actual. Al observar los conflictos que ocurrieron en diversos lugares del mundo, advierte cómo la religión se suma a las identidades nacionales y lingüísticas en pugna, reabriendo la necesidad de un análisis de los vínculos entre política y religión, más allá de la promulgada laicidad que caracteriza a los gobiernos de Occidente.
“Luego profundiza en el concepto de nación, pasando desde una nacionalidad basada en el etnos a otra fundada en el demos, a las cuales corresponden diferentes conceptos jurídicos de ciudadanía. Continúa con una descripción de la conformación de los Estados laicos de Gran Bretaña y Francia, los cuales se caracterizaron por separar lo religioso de lo político.
“Los Estados multiculturales de nuestra época deben garantizar el respeto a la diferencia cultural y religiosa para un ejercicio efectivo de los derechos humanos, lo cual requiere de políticas sociales, educativas y culturales de carácter intercultural. Considera que en el mundo globalizado de hoy este problema adquiere profunda relevancia y exige elaborar una nueva ética global.”

En distintos aspectos, las tesis de Stavenhagen contrapuntean las de Díaz Polanco y viceversa, lo que añade interés a la lectura de ambos ensayos. El afán de destrucción mediante la negación absoluta o el ataque violento de las identidades existe, pero a menudo se halla inmerso en los fundamentalismos religiosos convertidos en gobierno, en razón de Estado. Adicionalmente, un segmento de los académicos occidentales se ha encargado de azuzar los ánimos, como lo hace Samuel Huntington, refiriéndose al “choque de civilizaciones” entre el mundo islámico y el mundo judeo-cristiano, y advirtiendo sobre los peligros de la hispanización de la cultura anglosajona. Al respecto, Stavenhagen razona: “Ver el mundo desde la perspectiva de un choque de civilizaciones, culturas o religiones conduce al diseño de políticas y estrategias que agudizan precisamente esos conflictos”. Cierto, la realidad revela a diario casos de exacerbación que desembocan en acciones nada sutiles ni graduales, sino violentas y ciegas por el odio a las diferencias encarnadas en los otros, los malos. Surge entonces la pregunta: ¿Hay alguna esperanza para un mundo tolerante, fraternal y pacífico? En el debate tiene un papel fundamental el capital globalizado, puesto que la cultura de la dominación debe financiar sus políticas y estrategias, aunque éstas estén basadas a veces en la indiferencia hacia las etnias y los grupos populares.
El número 6
de Claroscuro publica otros interesantes trabajos. Algunos ejemplos: Los “asombros culturales” entre la acumulación originaria y la mundialización del capital, de Nidia R. Areces; “Nuestro sexo está de pie”. Voces afrofemeninas en la Buenos Aires de 1876-78, de Lea Geler; Tensiones y encuentros entre el Frente de Liberación Homosexual Argentino y la Nueva Izquierda en los años ´70, de Eva Rodríguez Agüero; El barrio como escenario de la interculturalidad, de Sara González, Jorge Saravi y Matilde Roncoroni; Una mirada antropológica sobre la antigüedad mesopotámica: avatares de una construcción etnopolítica en el período sargónida (2,340-2,200 a.C.), de Cristina de Bernardi; Política e identidad: algunas cuestiones sobre la comunidad gitana rom, de Pena Celina, así como cuatro reseñas bibliográficas de crítica pertinente y aguda.
El contenido de esta entrega de Claroscuro no tiene desperdicio, por lo que sería deseable que apareciera también en formato digital en Internet. Ello demuestra, por un lado, que no todas las posiciones críticas respecto al estado pluricultural que guarda el mundo provienen de Estados Unidos y Europa; y por el otro, que el vigor intelectual de Latinoamérica ha dejado de ser un archipiélago inconexo de científicos sociales.
Entre libro y revista, Claroscuro escudriña en las diferentes aristas del debate sobre la diversidad cultural del mundo, los procesos sociales (marginación, migraciones, relación Estado-individuo, hegemonías pretéritas y presentes, conflictos étnicos y de género, etc.), la antropología cultural hoy, la educación superior, los derechos humanos y la tan llevada y traída globalización, entre otros temas candentes de nuestro tiempo. A seis números de su primera aparición, cabe preguntarse: ¿cuándo contaremos en México con una publicación internacional de semejante calidad y, sobre todo, con visiones ampliamente documentadas sobre la proteica condición humana en la lucha por su plenitud? La oportunidad está a la mano y el Centro de Estudios sobre la Diversidad Cultural (CEDICULT) del Museo Nacional de las Culturas (INAH-México) cuenta con las credenciales suficientes para aprovecharla.
Hay quienes afirman que se han dedicado demasiados esfuerzos y recursos a apuntalar la idea según la cual “como México no hay dos” y Mesoamérica es el ombligo del mundo antropológico e histórico, una tendencia explicable en los inicios del Estado nacional y convenientemente aprovechada por los gobiernos posrevolucionarios, pero que, como todo indica, se encuentra en franca crisis. Por eso, la posible colaboración entre el Centro de Estudios sobre Diversidad Cultural (CEDCU) de Argentina, y el CEDICULT de México, se vislumbra edificante y promisoria en más de un sentido, ya que nos ayudaría a abrir la ostra cognoscitiva dentro de la que hemos vivido tanto tiempo.

Usted puede comunicarse con los responsables de Claroscuro escribiendo a:
claroscuro.cedcu@gmail.com  ó  jornadacedcu@yahoo.com

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Archivado bajo Antropología, Cultura, Diversidad cultural, Letras del mundo

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