El placer de las músicas bárbaras

por Carlos Galilea

Ya se ha hablado unas cuantas veces –quizás no las suficientes, visto el resultado– de ese IVA distinto para libros y discos (en España). Los primeros gozan de un IVA reducido. Si el impuesto sobre el valor añadido es más gravoso para los discos será, piensa uno ingenuamente, porque se considera el libro un producto cultural y no así el disco. Y entonces uno se imagina que los legisladores de la Unión Europea han llegado a esta sabia decisión tras poner en un lado de la balanza las obras de Cervantes, Shakespeare, Proust, Borges, Baudelaire o Pessoa, y en el otro, discos banales y prescindibles cuando no simplemente horteras que no interesa lo más mínimo publicitar aquí. Bien visto. Aunque con escaso esfuerzo de imaginación también se les podía haber ocurrido comparar las sinfonías de Mozart, Beethoven o Mahler, obras de Stravinski, Falla o Bartok, grabaciones de conciertos históricos de Miles Davis, Keith Jarrett y Bill Evans, y discos de Edith Piaf, Billie Holiday, Amalia Rodrigues, Om Kalsoum o La Niña de los Peines, con esos gloriosos títulos literarios de autores inenarrables, que se venden como rosquillas y que mejor olvidamos por higiene mental. Por lo visto los políticos europeos se han quedado tan anchos con su particular interpretación de lo que es cultura. O puede que el lobby de los editores haya sabido ejercer mejor sus recomendaciones en los despachos, pasillos y restaurantes de Bruselas.
Ya que estos políticos parecen preferir por ahora que leamos a que escuchemos música –¿no debería ser lo contrario, que igual recaudaban más?– vamos a hacerles caso. Y lo vamos a hacer con libros sobre asuntos musicales. Por ejemplo, Las noches bárbaras: Tercera fiesta de músicos de la calle, que acaba de editar el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Se vende con CD y DVD, pero que nadie se asuste porque el IVA es de libro. Las noches bárbaras, que toma su título de la fiesta que organiza el CBA cada noche de San Juan, es un viaje por el mundo de los músicos que ejercen en la calle y que viven al margen de la industria discográfica y lejos de los focos de los medios de comunicación. Músicos que se ganan la vida en ciudades que no aplican las mismas normas para el ejercicio de actividades artísticas en la vía pública. Cierto que algunos pueden convertirse en una pesadilla empeñados como están en castigar a los pasajeros de los vagones de metro con sus tonadas insufribles, pero los hay, más respetuosos con el ciudadano y sobre todo con el arte, a veces realmente fantásticos, que, llegados de los países más diversos, pueden cautivarte en cualquier plazuela y calle peatonal, pasillo subterráneo o rincón de un parque público. Los sorprendentes textos de Las noches bárbaras nos llevan –acompañados por abundante material fotográfico– hasta las calles de Nueva York, El Cairo, Kingston, Lahore y Madrid para acercarnos a su realidad. En la dirección http://www.circulobellasartes.com/ag_ediciones-libros.php?ele=70 se puede descargar gratuitamente el libro en PDF de baja resolución y también es posible escuchar las grabaciones de algunos de los artistas que en 2007 protagonizaron la tercera edición del festival. Y, en el caso de recurrir a internet, creo que el asunto del IVA queda para mejor ocasión.

Fuente: El País/Babelia/Fotos: http://www.circulobellasartes.com /Edit. el Correo

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Archivado bajo Antropología, Arte, Cultura, Diversidad cultural

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