Cien años de las señoritas de Aviñón

 

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París/Nueva York.- Cuando al nuevo presidente francés, Nicolas Sarkozy, se le preguntó en plena campaña electoral por sus preferencias artísticas, respondió que para él “Les Demoiselles d’Avignon” de Pablo Picasso era la obra de arte más francesa del siglo XX.
Claro que el cuadro, que el español terminó en su estudio parisino de Montmartre hace exactamente cien años, en el verano boreal de 1907, y que hoy cuelga en un lugar destacado en el Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York, pertenece a toda la humanidad.
En un acto creativo superior, Picasso dinamitó con su obra maestra casi todo lo que distinguía al arte occidental hasta entonces y le entregó así su expresión artística al mundo, que vivía un rasante cambio tecnológico, científico-cultural, político y económico.
En la escena de burdel, que recibió su título una década después de una calle de Barcelona en la que había prostíbulos (”Avinyó”), Picasso renunció a la imitación del mundo objetivo, habitual durante décadas, que él mismo ejercitaba hasta poco antes con sus motivos circenses en el “período rosa”. Rompió con las leyes de la perspectiva, expulsó la “belleza” del arte e hizo una clara referencia a la sutil rusticidad de las máscaras africanas e ibéricas antiguas, que había visto en los museos de la capital francesa. Las cinco mujeres desnudas, cubiertas sofisticadamente con paños, se convierten en superficies geométricas fragmentadas. Ninguna luz modela los cuerpos desprovistos de toda individualidad e incluso todo el espacio del cuadro parece también unido en una sola superficie. “Mi primer cuadro exorcista”, describió Picasso más adelante su obra, que no sólo abrió las puertas para el cubismo sino también para todo el arte por venir, desde el expresionismo y el “Cuadrado negro” de Malevich hasta el arte conceptual de hoy.
El experto en Picasso Werner Spies considera que la obra es una “barricada” ante el anticuado academicismo. Ocultos permanecen, sin embargo, también en este punto de giro de la historia del arte rastros de la tradición en la que el joven Picasso se basa conscientemente: ya sean los desnudos de Ingres, los bañistas de Cézanne o la liberación del color en la tradición de Van Gogh o Gauguin.
Intensa fue la reacción de los pocos amigos a los que Picasso mostró el cuadro, largamente oculto entre paños en su taller y cuya forma casi cuadrada de aproximadamente 2,40 metros de largo ya era extraña.
Georges Braque opinó que alguien había bebido petróleo para escupir fuego. André Derain estaba seguro de que pronto se encontraría al español colgado junto a su cuadro. Pasarían unos 30 años hasta que el cuadro realmente se hizo conocido en el mundo del arte tras su adquisición por parte del MoMA de Nueva York.
Ya los alrededor de 700 bocetos y estudios para las “Demoiselles”, tantos como seguramente no hubo para ningún otro cuadro de la historia del arte, demostraron que Picasso de ninguna manera estaba trabajando en un éxtasis creativo ciego. Para ello están demasiado equilibrados los pálidos tonos de la piel desnuda y acertadamente calculadas las claras simetrías y asimetrías del lienzo, que convierten al observador en un voyeurista visitante de un burdel.

Fuente: DPA-Milenio. Edit. el Correo

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2 comentarios

Archivado bajo Cultura

2 Respuestas a “Cien años de las señoritas de Aviñón

  1. Pingback: ¿sabes quién pinto el Guernica ? | Entrando en mi mundo...

  2. Luciana

    el guernica lo pinto picasso

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