El Museo Guimet de Artes Asiáticas

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Es cierto que el Museo Guimet de Artes Asiáticas, inaugurado en 1889, no es nuevo. Pero las recientes obras de renovación de su arquitectura interior, así como la profunda reorganización de sus colecciones, que cuentan con unas 45,000 obras, acaban de otorgar una nueva juventud a esta institución más que centenaria, conviertiéndola, según su director, Jean-François Jarrige, en “uno de los primeros museos de artes de Asia del mundo”.
Este museo, producto de la pasión de Emile Guimet, un riquísimo industrial lionés, por las religiones de la antigüedad Clásica y de Oriente, se instaló desde su creación en el hermoso edificio neoclásico de la Plaza de Iéna, en París. En sus primeros años de existencia, dio cabida a las colecciones personales de su fundador, que ilustraban esencialmente la iconografía religiosa. Tras la muerte de Guimet, se fue abandonando poco a poco aquella orientación religiosa. En 1927, al incorpo-rarse a la Dirección de los Museos de Francia, el museo adoptó una firme orientación hacia las artes de Asia, que entonces se estaban descubriendo. El traslado de un rico fondo de arte kmer del museo indochino del Trocadero, desmantelado en 1935, y del conjunto de las obras del departamento de artes asiáticas del Louvre, en 1945, acabó por dar carácter definitivo a la vocación asiática del Museo Guimet.
A partir de entonces, se planteó la cuestión de cómo poner de relieve aquellas obras, a menudo excepcionales, que abarcan un área tan vasta en el tiempo (cinco milenios) como en el espacio (de la India a Japón). La multiplicación sucesiva de salas, colecciones, y la acumulación de donaciones con afán de exhaustividad no hicieron sino obstaculizar la comprensión de un museo que, según los propios conservadores, se había convertido en un “laberinto”.

Replantear el recorrido museográfico

En los años 90 se emprendieron obras de reestructuración para salir de la lógica de museo de colecciones. Estas obras duraron cinco años y han modificado profundamente el interior del edificio. La superficie útil ha pasado de 10,236 m2 a más de 12,709 m2, y el patio, de nuevo bañado por la luz del día y rodeado de balcones y galerías superpuestas, ha recuperado su posición central, tanto estructural como funcionalmente. La nueva arquitectura ha permitido sobre todo replantear el discurso museográfico, que hoy en día es más simple y sigue una doble lógica, cronológica y geográfica.
En la planta baja, se exponen las colecciones dedicadas a India y al suroeste asiático, mientras que las artes de China, Japón y Corea brillan con todo su esplendor en las plantas superiores. Y la visita por cada área sigue ahora un orden histórico, que va de las piezas más antiguas a las más recientes.
El nuevo recorrido, a través de cinco niveles, da gran importancia a las culturas indianizadas del sureste asiático, cuya riqueza evoca las estatuas de inspiración bramánica —auténticos poemas de gres y de bronce—pero también los elementos de decoración arquitectónica de templos y monumentos budistas que recuerdan las maravillas que fueron Angkor Vat (Camboya) y Borobudur (Indonesia).

El mestizaje de las culturas

Al entrar en el museo, el visitante se topa con toda la exuberancia de la mitología india, representada por la monumental cobra de siete cabezas, procedente directamente de la “Calzada de los Gigantes” del Preah Khan de Angkor. ¡Qué mejor introducción a las culturas mestizas de la península indochina, nacidas del encuentro entre las religiones y las lenguas indias y las tradiciones y formas de ser locales! Pero el vínculo entre los diferentes niveles, entre el mundo indianizado y el área cultural sinojaponesa, es el budismo. Tanto el espléndido torso de Buda de gres rosado, con un drapeado húmedo finamente cincelado, expuesto en la sala india, como la estatua de bronce del “bodhisattva” meditando (ser que aspira a alcanzar el estado espiritual de Buda) de la colección coreana, las telas pintadas tibetanas o los famosos “tang-ka” de la primera planta, que cuentan episodios de la vida del “Iluminado”, reiteran una visión y un mensaje únicos, por encima de las grandes diferencias estéticas. La riqueza de las salas superiores reside también en los objetos laicos, decorativos, como alfarería, mobiliario o el magnífico biombo de la dinastía Qing (1621) que clausura la visita.
Ésta no se termina realmente ya que el público, que se concentra en torno a las vitrinas y los pedestales de presentación de este museo transformado, sale asombrado y algunas personas tal vez marcadas para siempre por el esplendor, el misterio y la voluptuosidad que transmiten las obras expuestas, incluso las sólo aparentemente más banales.

Fuente: http://www.diplomatie.gouv.fr

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2 comentarios

Archivado bajo Arte, Cultura, Museología, Museos del mundo

2 Respuestas a “El Museo Guimet de Artes Asiáticas

  1. hola …soy peruano y quisiera saber mas sobre el museo guimet, quien emile guimet, su vida y obra, y el arbol geneologico del familia guimet

    • Correo de las Culturas del Mundo

      Puedes hacer la pregunta directamente al Museo Guimet. En el lado derecho de nuestro blog hay un link que te llevará allá.

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