William Saroyan sobre Armenia

william_saroyan“Me gustaría ver”, escribió Saroyan en conmemoración de los episodios de 1915, “a cualquier potencia mundial acabar con esta raza, esta pequeña tribu de gente insignificante, cuyas batallas siempre se han combatido y perdido, cuyas estructuras se han colapsado, cuya literatura no se ha leído, ni se ha escuchado su música, ni han sido atendidas sus plegarias. Adelante, destruyan Armenia. A ver si pueden. Échenlos al desierto sin pan ni agua. Quemen sus hogares e iglesias. A ver si entonces ya no sonríen, ni cantan ni rezan. Pues cuando dos de ellos se juntan en cualquier parte del mundo, allí se levanta una nueva Armenia.”

William Saroyan, escritor armenio-americano

Publicado en  on Agosto 18, 2009 at 4:59 am Dejar un comentario

La marcha turca

por Jean Meyer

“La question arménienne n’existe plus.”
Talat Pasha al embajador alemán, príncipe  Hohenlohe-Langenburg, 31 de agosto de 1915.

La población no musulmana en las fronteras de la Turquía actual representaba el 19.1 por ciento de los habitantes de ese territorio a principios del siglo XX y sólo el 0.2 por ciento un siglo después.
La violenta desaparición de los armenios y de los griegos otomanos es un capítulo trágico de la historia del mundo mediterráneo y del final del imperio otomano. A la dolorosa memoria de los griegos, y más aún de los armenios, se opone la amnesia oficial turca. Si bien ocurrió en 2005, en Estambul, un extraordinario y primer Coloquio sobre los armenios otomanos, la discusión del genocidio sigue siendo un tabú. Por ello, el libro del historiador turco Taner Akçam merece toda la atención y debe ser saludado como una hazaña admirable. Está dedicado a la memoria de Hazhi Halit, “piadoso musulmán turco quien salvó de la deportación y de la muerte a una familia armenia” de ocho personas, que escondió durante seis meses y puso su propia vida en peligro. En efecto, la ley preveía que el culpable de esconder armenios sería ahorcado frente al zaguán de su casa, la cual entregarían a las llamas.
En su dedicatoria T. A. añade: “su gesto valiente sigue mostrando el camino de una relación diferente entre Turquía y Armenia”.
El autor nació en 1953 en la provincia de Ardahan, al noreste de Turquía, provincia alguna vez poblada por numerosos armenios. Como joven radical, director de un periódico estudiantil, fue condenado a nueve años de cárcel; adoptado por Amnistía Internacional como preso de conciencia, se le concedió asilo político en Alemania. En Hannover, se doctoró en historia en 1995 sobre el tema del genocidio, el libro reseñado es una versión revisada y ampliada de su tesis. Actualmente es profesor en el Center for Holocaust and Genocide Studies de la Universidad de Minnesota. En 2004, en Londres, publicó From Empire to Republic: Turkish Nationalism and the Armenian Genocide. Ambos libros descansan en una enorme cantidad de fuentes secundarias, en la prensa, pero sobre todo en los archivos otomanos, turcos (que no es lo mismo), alemanes, austrohúngaros, franceses, ingleses, italianos, americanos, etcétera. El resultado es impresionante.

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Armenios de Kesaria una hora antes de ser asesinados frente a la cárcel.

En el presente libro, Taner Akçam no repite la historia completa del genocidio que escribió anteriormente, sino de las decisiones y acciones de una parte de la clase política otomana que tuvieron como resultado el genocidio armenio. Los movimientos insurgentes de los cristianos de los
Balcanes en el último cuarto del siglo XIX fueron decisivos para crear “la cuestión armenia” que antes no existía en el imperio. La guerra ruso-turca, la independencia de Bulgaria, cierto despertar nacionalista entre los armenios provocaron una represión sangrienta, puesto que se estima que  en 1894-1896 las tropas otomanas habían masacrado entre 100,000 y 200,000 armenios. En los 15 años siguientes, la radicalización de los extremistas (y minoritarios) armenios se acompañó de atentados siempre seguidos de masacres; todas las intervenciones extranjeras para proteger a los armenios fracasaron, lo que dio al poder la convicción de que gozaba de impunidad.
Entre los turcos, en especial entre los que vivían en “la Turquía de Europa”, a saber los Balcanes, nació un nacionalismo que cuajó en el “Movimiento Joven Turco”, dirigido por un Comité de Unión y Progreso. Se trataba de un nacionalismo moderno, “científico” que se apoyaba en las tesis racistas de Gobineau y de los alemanes darwinistas para denostar a las numerosas minorías cristianas. Radicales y violentos, llegaron al poder por la vía revolucionaria y militar en 1908, y su victoria fue bien recibida, entre otros, por los armenios, hasta que en 1909 empezó alrededor de Adana una gran matanza de armenios. El golpe de Estado de los jóvenes turcos fue motivado, entre otros factores, por la ocupación de la provincia otomana de Bosnia-Herzegovina por Viena, y la incapacidad del sultán para resistir la presión generalizada de los cristianos en los Balcanes.

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Armenios masacrados por el gobierno de los Jóvenes Turcos.

Con dicha anexión empezó el éxodo de los turcos de Bosnia, Bulgaria, Rumelia, Tracia hacia Anatolia (la Turquía actual), acompañada de una hostilidad redoblada contra los millones de griegos y armenios presentes en esta región desde toda la eternidad. En 1910 el Comité de Unión y Progreso (CUP, en adelante) discutió en Salónica la solución de la cuestión de Macedonia, “por la deportación o la masacre” (p. 76). Claramente el CUP tenía ya un programa de “turquización” que llevaría a sus dirigentes a decidir, en 1915, “una completa y fundamental eliminación de esta preocupación”, a saber, la presencia armenia (carta de Talat Pasha al gran visir, 26 de mayo de 1915).

El capítulo III explica cómo el nacionalismo joven turco dio bases ideológicas y legitimidad al genocidio por venir. Las “lecciones de la historia” pesaron mucho: entre 1855 y 1866, a partir de la guerra de Crimea, un millón de turcos había salido de los territorios antiguamente otomanos, y cientos de miles salieron de los Balcanes después de los levantamientos de Serbia, Bulgaria, de la guerra con Rusia en 1877-1878, de la insurrección de Creta, huyendo de masacres, venganzas y represión; las guerras balcánicas de 1912-1913 expulsaron otros 420,000. Entre 1878 y 1904, 850,000 refugiados fueron instalados en las seis provincias del noreste de Anatolia, una región con mayoría demográfica armenia. El movimiento recrudeció a partir de 1912. En 1911 el CUP fundó una Organización Especial, bajo el mando de Enver Pasha, que desempeñaría un papel esencial en el genocidio.
Con las guerras de 1912-1913, empezó a deportar a los griegos de las provincias europeas; entre 1914 y 1918, 1’500,000 griegos fueron deportados y la mitad pereció (p. 106). La venganza era un poderoso motor y la “lección de la historia” era que había que anticipar un levantamiento de los griegos y armenios de Anatolia.

El juego de los imperialismos agravó el sentimiento de que la patria estaba amenazada de muerte. A partir de 1912 todo el mundo sabía que Moscú quería Estambul/Constantinopla, llamada “Zargrad”, la Ciudad del Zar, y los estrechos y también Transcaucasia; a los estrategas rusos les interesaban los kurdos y los armenios en esta última región, para manipularlos contra el poder otomano. En cuanto a Europa preparaba si no el reparto territorial del imperio, su división en “zonas de influencia”, y la “cuestión armenia” actualizada por las matanzas de 1909 le sirvió para este fin. Pero los armenios no se encontraban en la periferia del imperio otomano, como los serbios, sino en el corazón de Anatolia, la patria de los turcos; la creación virtualmente evocada de un Estado nacional armenio desde Kars en el Noreste hasta el Mediterráneo cortaría a Turquía en dos. Este temor que no carecía de fundamentos –basta con ver el abortado Tratado de Sèvres de 1920– se encuentra en el origen del genocidio, un genocidio que, afirma Akçam (p. 102) permitió la creación del Estado nacional turco después de la guerra de 1914-1918.

Así, el declive y la caída del imperio otomano es la historia de la creación de muchos Estados y, de manera inevitable, el deseo de los grupos etnonacionales que habían coexistido durante siglos de tener su propio Estado llevó a la “limpieza étnica” generalizada, con su séquito de odios, de memorias agraviadas y de amnesias convenientes. Serbia, Bulgaria, Grecia, Irak, Siria, Líbano tienen en su historia una serie de expulsiones y masacres: recuerdan las que sufrieron, olvidan las que cometieron.

Los turcos tienen la misma historia y recuerdan cómo los “musulmanes” han sido deportados o masacrados por los “cristianos”; olvidan las masacres de “cristianos” y castigan como delito del fuero común y traición a la patria la sola mención del “genocidio” perpetrado contra los armenios. “Ningún armenio puede ser nuestro amigo después de lo que les hicimos” (Talat Pasha).
El sistema de representaciones que autoriza y justifica el terror y la eliminación del otro es siempre el resultado de una simplificación del pensamiento político. El vocabulario usual del discurso de exterminio es siempre sumario. Si se examinan las operaciones características del pensamiento joven turco entre 1912 y 1915 se entiende cómo desembocó en el genocidio, a través de tres operaciones: determinación de la propia identidad ante un enemigo progresivamente identificado, reducción de la política a una relación de violencia, dramatización extrema del momento histórico –la primavera de 1915–. Walter Laqueur señaló que el terrorismo –y el genocidio es el terrorismo a escala mayor– encarna el concepto de la política según Carl Schmitt, fundado sobre el dualismo amigo/enemigo.
Para Schmitt cada orden de fenómeno descansa sobre un criterio autónomo de distinción: lo estético sobre la oposición entre hermoso y feo, lo económico sobre el binomio útil/dañino, lo político sobre amigo/enemigo.
Así, las cumbres de la gran política constituyen los momentos que ofrecen una percepción clara y concreta del enemigo como tal. “Considero que la lucha de Cromwell contra la España papista es la manifestación más poderosa de una hostilidad de tal tipo.” En su discurso del 17 de septiembre de 1656, dice: “¿Por qué, en verdad, vuestro gran enemigo es el español? Es el enemigo natural, el enemigo providencial y quien lo tiene por enemigo accidental no conoce la Escritura ni las cosas de Dios quien dijo ‘pondré una enemistad entre tu posteridad y la suya’ ”. Tal teoría esencialista de la política que hace del elemento tribal el fermento de la unidad nacional, encuentra su aplicación privilegiada en el campo internacional, en la guerra, en la guerra civil. De este modo, Schmitt nos ofrece un modelo del nacionalismo extremo del cual el genocidio, en el caso que nos ocupa, el del emergente nacionalismo joven turco, no es más que una variante extrema, así como la bomba atómica no es más que una bomba extrema.
El genocidio perpetrado en 1915 –prolongado de manera intermitente hasta 1922– apareció después de dos olas de masacres cubiertas por ideologías diferentes: la de 1894-1896 por el panislamismo del sultán Abdul Hamid y la de 1909 por los mismos jóvenes-turcos pero en su periodo constitucionalista. El genocidio no cayó como un rayo en el cielo azul y para los armenios fue la realización de un presentimiento pesadillesco; los turcos se habían vuelto unas bestias pardas y las palabras que acompañaban la matanza, sean las de un Islam primario, sean las de la ideología “científica” de los organizadores lo confirmaron. Los armenios eran unos “perros” antes de ser degollados como “corderos”. Los nacionalistas turcos, que renegaban del otomanismo multinacional y multicultural, se identificaban con el lobo gris, animal tótem de la tribu primitiva turcomongola.
En 1908 muchos armenios se habían alegrado de la llegada al poder del movimiento joven turco y esperaban mucho de su discurso renovador, liberal y progresista. Cuando empezó la guerra en 1914, la modernidad del CUP se presentó bajo la forma del plan de exterminio realizado por la Organización Especial: una acción libre de toda consideración moral, el fin nacional justificando los medios. El embajador alemán Wangenheim pudo escribir a su canciller el 17 de junio de 1915: “Talat Pasha declaró que la Sublime Puerta quería aprovechar la guerra mundial para acabar radicalmente (gründlich aufzuraummen) con sus enemigos internos”, los cristianos autóctonos. En menos de diez años el joven nacionalismo turco había llegado a la conclusión de que para sobrevivir Turquía tenía que liberarse de los pueblos extranjeros. Talat Pasha explicaba: “estos diferentes bloques en el imperio turco han conspirado siempre contra Turquía; la hostilidad de estos pueblos nativos ha despojado a Turquía que ha perdido provincia tras provincia –Grecia, Rumania, Bulgaria, Bosnia Herzegovina, Egipto y Trípoli (Libia)” (p. 92).

El capítulo IV contesta a la pregunta: “¿Cómo se llegó a la decisión del genocidio?”. Como consecuencia directa de las guerras balcánicas de 1912-1913 que vieron la derrota otomana, las deportaciones y matanzas de griegos en Tracia y en Anatolia empezaron a principios de 1914. Eso fue el preludio al 1915 armenio. La lógica de esa ofensiva contra los griegos otomanos era la urgencia de turquizar a lo que quedaba del imperio. Al otoño de 1914, Estambul tomó la decisión crucial de entrar en la guerra al lado de los Imperios Centrales, de Berlín y Viena. En enero de 1915 el ejército sufrió una terrible derrota en Sarikamis que sirvió de pretexto para lanzar la mortífera acusación de la “traición armenia”, de la “puñalada trapera armenia”. Empezó una campaña de desinformación que coincidía con la gran batalla de Gallipoli que duró meses y terminó con la retirada de los ingleses; pero durante un tiempo pareció que el enemigo iba a tomar el control de los estrechos y de la capital: se preparó un plan de repliegue hacia el corazón de Anatolia para una resistencia a largo plazo confiada a la Organización Especial (OE, en adelante). En forma paralela, también se tomó la decisión de acabar con los armenios, tarea que fue encomendada también a la OE. Así que las “circunstancias”, a saber, el peligro mortal en el que se encontraba la Patria turca, tuvieron algo que ver en el momento de la decisión, más que en la decisión misma. Cuando la derrota pareció inevitable, la organización de la resistencia en el reducto anatoliano se antojó imposible mientras siguiesen en el lugar unos millones de armenios.
Shakir Pasha, jefe de la OE y gran director del genocidio, lo expresó claramente: “la existencia de armenios cerca y a lo largo de la frontera con Rusia representa una gran amenaza para el futuro del país. Es necesario hacer todo lo posible para suprimir ese peligro. Tomar tal camino puede significar ir en contra de las leyes de las naciones y de la humanidad. Estoy dispuesto a pagar el precio hasta con mi vida. Que lo logre o no, muchos me castigarán, lo sé, pero en el futuro muchos entenderán que me sacrifiqué al servicio de mi patria” (p. 129).
La tesis (¿atenuante?) de las circunstancias no explica el porqué de las medidas tomadas contra los armenios desde agosto de 1914, meses antes de la entrada en guerra; la OE recibió entonces, así como el jefe del III Ejército situado en las provincias armenias del noreste, la orden de formar “unidades especiales” con kurdos, expulsados de la Turquía de Europa, criminales, para operar en Rusia y a lo largo de la frontera, contra los armenios.
En septiembre de 1914, Gobernación ordenó considerar a todos los armenios como enemigos potenciales, y en noviembre los armenios de entre 15 y 20 años y los mayores de 45 años fueron movilizados en batallones de trabajo; sufrieron condiciones tan duras que, según las unidades, entre el 20 y el 60 por ciento murió antes de que empezara su masacre en marzo de 1915, es decir, 40-50 días antes del inicio oficial del genocidio.
Los soldados armenios (de 20 a 45 años) fueron desarmados el 25 de febrero de 1915 y su liquidación empezó poco después. La deportación de los civiles había empezado en Cilicia, en febrero de 1915, en previsión de un posible desembarque franco-inglés en esa región del Mediterráneo. La derrota de Sarikamis, en enero, fue el pretexto, y la propaganda oficial responsabilizó a los armenios del desastre. Pero el mismo Enver Pasha que lanzó esa acusación mortal, había dado las gracias al patriarca armenio por el sacrificio y el heroísmo de los soldados armenios. El 26 de febrero, un día después de ordenar el desarme de estos hombres, escribía al patriarca “su placer y sus agradecimientos a la Nación armenia, reconocida como ejemplo de lealtad absoluta para con el Gobierno Otomano” (p. 143).
El aliado alemán confirmaba la buena conducta de los soldados armenios, pero quien quiere matar su perro, dice que tiene rabia. No hubo traición a favor de los rusos en la frontera noreste: los famosos “voluntarios armenios” del ejército zarista eran todos sujetos rusos y nunca hubo más de cuatro unidades de 1,000 hombres, las cuales operaron a partir del 18 de mayo de 1915, cuando los rusos tomaron Van (p. 203).
Fue en marzo, probablemente a finales del mes, cuando el CUP en Estambul tomó la decisión, en medio del trueno de la batalla de Gallipoli: ordenó a la OE olvidarse de los rusos y emprender la liquidación de los armenios, no solamente en las seis provincias del noreste, próximas a Rusia, donde podían servir de “quinta columna”, sino en todas partes. Es de notar que el gobierno en pleno no estuvo al tanto, fuera del triunvirato cuyos dos principales dirigentes eran Talat y Enver. La decisión se tomó antes del levantamiento armenio de Van, en abril, presentado en la literatura histórica turca como LA causa de la deportación (sin masacre planificada) de los armenios. Dicho levantamiento ocurrió después de la toma de decisión y 55,000 armenios habían sido masacrados en la región por los comandos paramilitares de la OE (p. 200). Las deportaciones empezaron un mes antes pero, escribe Akçam, “el giro de la deportación estratégica hacia el genocidio coincidió con el levantamiento de Van”; las poblaciones no fueron desplazadas hacia Anatolia sino hacia el desierto de Siria (telegrama del 24 de abril, fecha simbólica del inicio del genocidio). Ese mismo día empezó en Estambul el arresto y la matanza de toda la elite armenia.
El CUP y Talat operaron según un mecanismo dual: la secretaría de Gobernación enviaba órdenes de deportación a las autoridades del Estado, pero las agencias locales del CUP y la OE recibían instrucciones para proceder a la liquidación de los deportados en camino, con la ayuda de la gendarmería y de Mehmet Kamil Pasha, comandante del III Ejército. En general había que evitar la participación del ejército. Había que destruir inmediatamente los mensajes recibidos (p. 161).
El autor publica por primera vez un documento esencial, hasta ahora citado parcialmente o sintetizado, el memorandum que Talat Pasha, secretario de Gobernación, envió al gran visir el 26 de mayo de 1915 para explicarle que las “deportaciones” eran indispensables para “acabar de manera total y absoluta con la cuestión armenia [...] Después de consultar a las autoridades locales y los comandantes militares [...] empezó una acción que se estima completamente en el interés del Estado [...] hacia un final definitivo”.
Hubo “justos”, civiles y militares para oponerse y desobedecer; todos lo pagaron con un cese inmediato, varios con la vida (pp. 164-170, 185-186, 201): Mezhar Bey, gobernador de Ankara, Reshit Pasha de Kastamonu, Cemal Bey del distrito de Yozgat, Huseyin Nesimi, prefecto de Lice, asesinado, así como Ferit, gobernador de Basra, Nedri Nuri de Müntefak, Sabit, prefecto de Beshiri, y también el prefecto de Midyat y el de Nafra. Tahsin Bey, prefecto de Erzurum hizo lo imposible para salvar armenios y fue cesado, como Rahmi Evranos, gobernador de Izmir y Nabi Bey de Malatya. Gloria a estos justos que no aceptaron ejecutar una “deportación” (es lo que aparece en los documentos oficiales) que era una liquidación. Celal, gobernador de Alepo, transferido a Konya por su desobediencia, persistió en sus vanos esfuerzos: “Yo era como un hombre al lado de un río sin posibilidad de salvar a la gente. En lugar de agua, el río llevaba sangre y miles de niños inocentes, ancianos sin culpa, mujeres y fuertes jóvenes en camino hacia su destrucción. Los que pude alcanzar con mi mano, los salvé, los otros, se los llevó la corriente y no volvieron nunca” (p 185).
La documentación otomana rescatada por Akçam no deja la menor duda: Talat Pasha fue el coordinador general de la deportación y de la masacre (p 168) que fueron decididas colectivamente por el CUP en marzo de 1915. En algunas regiones los armenios se convirtieron al Islam para salvar la vida, pero Talat envió, el 1 de julio, un telegrama para ordenar que “deben ser deportados por más que se hayan convertido” (p. 175).
La “limpieza étnica” que significaba la muerte para los armenios debía aplicarse a todos los no turcos. El 26 de mayo de 1915 Talat Pasha giró instrucciones a todos los prefectos y gobernadores para que los armenios, kurdos, albaneses, bosnios y árabes no pasaran nunca de formar el 5 por ciento, excepcionalmente el 10 por ciento de la población provincial; eso significaba la dispersión para todos y la muerte para los armenios. Así, las grandes matanzas de 1916 en Siria, alrededor de Der Zor y en la provincia de Alepo, fueron ordenadas porque la llegada de los deportados sobrevivientes había elevado el porcentaje de armenios en Siria e Irak arriba de la ¡cifra fatídica! Las cifras eran inciertas pero para diciembre de 1917 sólo 23 por ciento de la población católica de Anatolia, especialmente defendida por los aliados de Berlín y Viena, había sobrevivido. En 1913, según el patriarcado armenio, había 2’100,000 armenios en Anatolia. Sobrevivieron 600,000, quizá, a los cuales se debe añadir, quizá, 200,000 niños y jóvenes mujeres “adoptados”. El gobierno de Estambul estimó que 800,000 armenios perdieron la vida (documento del 14 de marzo de 1919); es la cifra retomada por Mustafa Kemal “Atatürk” cuando, en privado, habló el 24 de abril de 1920 de “shameful act” (pp. 345-346).
En noviembre de 1918, a la hora del derrumbe del imperio, en el último congreso del CUP, Talat Pasha formuló lo que hasta la fecha es la “versión oficial turca” del drama: “Hubo muchos incidentes durante la deportación, pero en ninguno la Sublime Puerta actuó según una decisión predeterminada. En muchos lugares, antiguos odios hicieron erupción y condujeron a abusos que nunca pensamos realizar. Muchos funcionarios desplegaron una excesiva injusticia y violencia. En ciertos lugares, un sinnúmero de inocentes fueron asesinados. Tengo que admitirlo” (p 184).
Los armenios habrían sido víctimas de las “circunstancias”, de las condiciones propias de la guerra, de la enfermedad y de la violencia espontánea, localizada y popular. El Estado no habría tenido nada que ver, por lo tanto no se puede, no se debe hablar de “genocidio”.
El capítulo VI presenta los intentos pronto abortados de castigar a los “criminales de guerra” turcos, en particular los de los demócratas turcos del partido “Libertad y Concordia” aplastado por el CUP durante la guerra.
Uno de sus dirigentes, Damat Ferid Pasha leyó en el Congreso, para condenarla, la justificación presentada durante la guerra, por el gobierno: “Si sacamos un millón de armenios de sus casas y de sus pueblos, si los zopilotes y los chacales se deleitaron sobre sus huesos en los caminos hacia Bagdad, es que habrían cortado las líneas de comunicación de nuestro ejército, atacado a nuestras tropas por la espalda y presentaban un peligro para el Estado” (p. 269).
En consecuencia, se instruyeron 63 procesos sobre otros tantos casos concretos de masacres y en abril de 1919 fue condenado a muerte y ejecutado Kemal Bey, quien inmediatamente fue proclamado “mártir”. Lo que paró en seco los procesos fue la invasión de Izmir (Smirna) y de la costa occidental de Anatolia por el ejército de Grecia. Empezaba la “guerra de independencia” de Turquía que terminó con la victoria nacional e internacional de Kemal Atatürk en 1922, la expulsión de los griegos otomanos y de los turcos de Grecia, y la fundación de la república turca. Así desapareció la cuestión del genocidio, y en una Turquía “limpiada” de sus fuertes minorías cristianas quedó un solo pueblo no turco: los kurdos. Pero eso es otra historia que aún no acaba.
La terrible lógica simplificadora del Estado-nación está perfectamente expresada por Bekir Sami, secretario de Relaciones de la joven república cuando contestó a una nota de la república soviética de Armenia: “Cuando no quede región con una mayoría de turcos bajo la soberanía armenia, ni región con una mayoría de armenios bajo la soberanía turca, entonces habrá verdadera paz y hermandad entre los dos pueblos” (p. 331). Hasta terminar la “limpieza étnica”, pues. A principios de 2008 Turquía y Armenia siguen sin relaciones diplomáticas… Está prohibido hablar de “genocidio” y la versión oficial es que hubo matanzas por ambos lados pero que la responsabilidad es armenia. “Puesto que el gobierno y la nación turca fueron obligados a tomar medidas punitivas y a contestar, pero siempre y sin excepción sólo después de agotar su paciencia, la responsabilidad de los desastres que cayeron sobre la comunidad armenia en el seno del Imperio Turco pertenece totalmente a la propia comunidad armenia. Mientras los elementos cristianos no abusaron de la generosidad del país en el cual vivieron durante siglos en opulencia y paz, los turcos jamás les negaron sus derechos” (p. 366). Son palabras de Ismet Inönü a la firma del tratado de Lausana en noviembre de 1922, el cual proclamó una amnistía total para los crímenes políticos y militares cometidos entre el 1 de agosto de 1914 y el 20 de noviembre de 1922.

Este texto es una amplia reseña de: Taner Akçam, A Shameful Act. The Armenian Genocide and the Question of Turkish Responsibility. Nueva York: Metropolitan Books, H. Holt and Co., 2006, 483 pp. (Agradecemos al autor del presente texto su autorización expresa para reproducirlo en su integridad.)

Fuente: Revista Istor del CIDE.

Publicado en  on Agosto 17, 2009 at 9:00 pm Dejar un comentario

La derrota

Los rebeldes Tigres Tamiles reconocieron la derrota en la prolongada guerra civil de 25 años de Sri Lanka, tras lanzar una ola de ataques suicidas para repeler una ofensiva final por parte de las tropas resueltas a terminar con ellos.

El presidente Mahinda Rajapaksa declaró la victoria sobre los Tigres para la Liberación del Eelam Tamil (TLET), aún cuando todavía se desarrollan combates en el noreste de la isla y el Ejército señaló que liberaba a los últimos miles de civiles atrapados.

En mayo último, el Ejército dijo que había rescatado a todos los civiles que eran retenidos por los TLET en una zona menor a un kilómetro cuadrado. Un total de 72,000 han huido desde el jueves, precisó.

Sigue siendo un misterio el destino del fundador y líder de los Tigres, Vellupillai Prabhakaran, pese a que fuentes militares dijeron a Reuters que recuperaron un cuerpo que se cree sería de él y cuya identidad estaba siendo confirmada. Prabhakaran prometió que nunca sería capturado vivo.
“Llevaron el cuerpo para confirmar que es el verdadero Prabhakaran”, dijo a Reuters un oficial militar bajo anonimato. Otras cuatro fuentes militares confirmaron el hallazgo y que se estaban realizando pruebas de identidad. El portavoz del Ejército brigadier Udaya Nanayakkara lo negó.
Los TLET, formados bajo una cultura de que es preferible suicidarse antes que rendirse, no muestran señales de ceder. Rebeldes suicidas se inmolaron en la frontera y más de 70 personas murieron al tratar de escapar.
El sitio de internet favorable a los rebeldes www.TamilNet.com publicó un comunicado del jefe de relaciones internacionales del TLET que señala: “Esta batalla llegó a su amargo final”.
Fuente: Reuters

Las fuerzas del Gobierno tomaron el control el sábado de toda la costa de la isla, por primera vez desde que la guerra comenzó en 1983, eliminando cualquier posibilidad de escape para un grupo miliciano cuya derrota ha sido una derrota esperada durante meses.

El Ejército ha capturado en menos de tres años 15,000 kilómetros cuadrados de territorio que controlaban los Tigres como un cuasi-Estado.

El sangriento final de la guerra se produjo luego de que el Gobierno rechazó las solicitudes de una nueva tregua para proteger a los civiles y después de que los Tigres se rehusaron a rendirse y liberar entre 50,000 y 100,000 personas que, según Naciones Unidas, mantenían como escudos humanos.

Cada bando acusa al otro de matar civiles y diplomáticos afirman que hay evidencia de que ambos lo han hecho. La directora del organismo de derechos de la ONU dijo el viernes que apoya una investigación sobre posibles crímenes de guerra y violaciones a la ley humanitaria en ambos lados.

Una ola de presión internacional iniciada por parte de Estados Unidos, el Reino Unido, Francia y Naciones Unidas, que incluye la amenaza de postergar la entrega de un préstamo por 1,900 millones de dólares del Fondo Monetario Internacional, parece haber llegado demasiado tarde para detener la batalla final.

Los Tigres han advertido que su derrota dará comienzo a una nueva fase de conflicto de guerrilla contra valiosos objetivos económicos de Sri Lanka, una amenaza indirecta al sector del turismo que el Gobierno espera fomentar después de la guerra.

Sin embargo, la gente encendió fuegos artificiales y celebró el domingo en las calles de la capital Colombo, un día en el que el Gobierno pidió a las personas que exhibieran la bandera nacional para celebrar.

apr

Publicado en  on at 8:00 pm Dejar un comentario

Sobre Murasaki Shikibu

Murasaki Shikibu (c. 978? – c. 1014) fue una escritora japonesa, creadora de una de las obras literarias más importantes y reconocidas de la literatura oriental, Genji Monogatari (o La  historia de Genji, en español). Nació a mediados del período Heian, hija del modesto letrado y literato Fujiwara no Tametoki, perteneciente a una familia de funcionarios letrados de la mediana nobleza, aunque lejanamente emparentada con la poderosa familia Fujiwara. Era nieta del gran poeta Kenesuki, cuyas canciones siguen siendo populares en Japón.
Su padre le dio una excelente educación y la niña destacó por su inteligencia, asimilando libros que incluso los jóvenes encontraban difíciles. Su lectura de escritores clásicos chinos era mal vista en la época.
Casó con un noble de similar clase social, Fujiwara no Nobutaka, que moriría dejándole una hija. En este penoso contexto creó su novela La historia de Genji, de carácter realista, que le granjeó mucha popularidad, por lo que el primer ministro Fujiwara no Michinaga la agregó a la corte de la emperatriz Akiko en calidad de dama de compañía hasta el año 1013. Al año siguiente murió y su tumba se conserva en la antigua capital japonesa, Kioto, escenario de las andanzas de sus personajes.
Murasaki Shikibu es autora de un diario (Murasaki Shikibu Nikki) y de la ya mencionada Genji monogatari, la novela psicológica más antigua de la literatura universal y la más importante de la literatura japonesa clásica.

“Nada se ha escrito mejor en ninguna literatura”, dijo de ella Marguerite Yourcenar. “Es comparable a los grandes clásicos occidentales como Cervantes o Balzac”, dijo Octavio Paz. “No es que sea mejor o más memorable o intensa que la obra de Cervantes, pero sí es más compleja”, observó Borges.

La autora vivió el esplendor de la familia Fujiwara en el poder y la decadencia de la era Heian, y de forma aguda percibió el vacío y falsedad de la sociedad aristocrática de su tiempo, la misma que alimentaba el sufrimiento de las mujeres de su tiempo. Su notable capacidad de observación la hizo reflejar con realismo todas las emociones propias del ser humano en un intento por redimir el alma femenina atrapada en las tradiciones machistas y patriarcales de la época Heian, algunas de las cuales subsisten hasta hoy en día.
Genji monogatari es una extensa narración que refiere la vida y aventuras amorosas del ficticio príncipe Hikaru Genji (“el príncipe brillante”) y las de sus descendientes a lo largo de 54 capítulos que ocupan un total de 4,200 páginas. Las primeras 41 empiezan con los amores entre el emperador Kiritsubo y una dama de inferior rango en su corte, de los que nace el protagonista, Genji. Éste mantiene una ilícita aventura con su madrastra, la dama Fujitsubo, que concluye al morir Murasaki, la mujer que más ha significado en su vida. Paralelamente, se desarrolla el ascenso social de Genji en la corte y su caída en desgracia, seguida de su exilio y retorno. Los 13 capítulos restantes (3 capítulos transitorios y los denominados 10 capítulos Uji) cuentan la historia de los descendientes de Genji: su hijo Kaoru y su nieto, el príncipe Niou. Los amores y rivalidades de estos personajes continuarán la saga de Genji. Este relato está entreverado de todo tipo de narraciones episódicas que convierten a la obra en un vasto fresco de la sociedad de su época.

Fuentes: www.womeninworldhistory.com / www.elcultural.es / wikipedia / traducido y editado por Mariano Flores Castro

Publicado en  on Agosto 1, 2009 at 4:20 am Dejar un comentario

La historia de Gengi (fragmento)

Japonesa1

“Pero tengo una teoría propia acerca de lo que es este arte de la novela y cómo nació. Primero, no consiste sencillamente en que el autor haga una narración de las aventuras de otra persona. Por el contrario, la novela surge porque la propia experiencia del narrador acerca de hombres y cosas, ya sea en bien o en mal –y no solamente lo que él mismo ha pasado, sino también los hechos que no hizo más que presenciar o que le fueron contados–, le produjo una emoción tan arrebatadora, que no podría tenerla encerrada más tiempo en su corazón. Muchas veces algo de su propia vida o de lo que lo rodea le parece al escritor tan importante, que no puede soportar que quede en el olvido. Jamás deberá llegar el día –piensa– que los hombres no sepan esto. Esa es mi idea de cómo surgió este arte.“

Publicado en  on at 3:28 am Dejar un comentario

Conmemoraciones

400 años méxico japón

Publicado en  on at 3:11 am Dejar un comentario

Museo del Instituto Oriental de la Universidad de Chicago

Desde su fundación en 1891, la Universidad de Chicago ha albergado un antiguo Centro de Estudios del Cercano Oriente. El primer presidente de la universidad, William Rainey Harper, fue profesor de lenguas semíticas y su hermano, Robert Francis, era un especialista en la cultura asiria.
En 1896, el centro se mudó al Museo Oriental Haskell, donde se establecieron las galerías dedicadas al antiguo Cercano Oriente. En un principio la colección se componía de unas pocas reproducciones de yeso y un pequeño conjunto de antigüedades. Luego la colección creció rápidamente como resultado tanto de las donaciones privadas como de las contribuciones de la universidad a expediciones de campo británicas que trabajaban en Egipto. En 1904, el Fondo de la Universidad de Chicago para Exploración del Oriente envió su primera expedición a Bismaya, en Irak. Dos años más tarde, un ambicioso estudio fotográfico y epigráfico de los templos de Nubia y de Egipto se llevó a cabo como parte de un proyecto global para publicar todas las inscripciones antiguas en el Valle del Nilo.
James Henry Breasted, primer americano en recibir un doctorado en egiptología, fue nombrado por el presidente Harper para ocupar la más alta posición en la enseñanza de los estudios de Egipto en los Estados Unidos.
Breasted fue uno de los primeros en defender el papel que el antiguo Cercano Oriente desempeñó en el surgimiento de la civilización occidental. Él concibió el proyecto de creación de un instituto dedicado a rastrear el “progreso”  del hombre antiguo hacia la civilización, mucho antes del surgimiento de las civilizaciones clásicas de Grecia y Roma. Breasted recibió el apoyo y aliento de John D. Rockefeller, Jr., quien, en 1919, financió la fundación del Instituto Oriental como un laboratorio para el estudio del surgimiento y desarrollo de las civilizaciones antiguas.
En 1931, con el apoyo financiero del propio Rockefeller Jr., el Instituto Oriental se trasladó a la nueva sede permanente que albergaba laboratorios, salas de museos, bibliotecas y oficinas para el personal docente y científico. Hoy en día este edificio sigue funcionando como un renombrado centro a escala internacional dedicado a estudios del antiguo Cercano Oriente. Más de 60,000 personas visitan las salas del museo cada año y cientos de estudiosos van a consultar las colecciones y publicaciones.
Desde su creación en 1919, el Instituto Oriental ha patrocinado expediciones arqueológicas y estudios en todos los países del Cercano Oriente. Los resultados de las excavaciones del Instituto han definido la base para muchas cronologías antiguas de civilizaciones de la región y han ayudado a determinar el momento en que la humanidad hizo la transición de cazadores-recolectores a la vida sedentaria en urbes con comunidades estables. Los arqueólogos del Instituto Oriental han sido pioneros en la utilización de equipos interdisciplinarios compuestos por científicos, historiadores y lingüistas, y en los reconocimientos aéreos que emplean cometas, globos aerostáticos y aviones para trazar los mapas de sitios arqueológicos.

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Hoy en día el Instituto Oriental sigue siendo uno de los líderes en los estudios del antiguo Cercano Oriente. No sólo destaca por las expediciones que actualmente trabajan en Egipto, Jordania, Siria, Irak, Israel y Turquía, sino también por las monografías y una serie de publicaciones que dan cuenta de los resultados de las investigaciones y excavaciones.  El Journal of near Eastern Languages da a conocer textos de estudiosos de todo el mundo  especialistas en esas materias.
Los objetivos del Instituto Oriental de la Universidad de Chicago se han mantenido esencialmente sin cambios desde su fundación, que son: documentar y estudiar las lenguas, la historia y las culturas del antiguo Cercano Oriente. Hoy en día, la tarea se hace más fácil merced a los adelantos de la tecnología. Técnicas de video y de imágenes por computadora son empleadas en las excavaciones sobre el terreno para producir la documentación definitiva y completa de cada día de trabajo. La edición electrónica ha hecho más rápida la publicación de los informes de campo y estudios de lingüística histórica son accesibles a un mayor número de lectores. Modernos métodos de conservación garantizan que el material heredado del pasado se mantenga para las futuras generaciones.           Trad. MFC

Publicado en  on at 3:07 am Dejar un comentario

Lecturas que recomienda el Correo de las Culturas del Mundo

Transiciones coreanas. Permanencia y cambio en Corea del Sur en el inicio del siglo XXI. Coordinado por Juan José Ramírez, México, El Colegio de México y Korea Foundation, 2009, 348 pp. ISBN: 9786074620085.

Esta obra ofrece al lector hispanohablante un panorama amplio de las tareas que en la actualidad enfrenta la sociedad coreana en términos de la consolidación democrática, la reestructuración económica, el rescate del patrimonio cultural, la integración a un mundo cambiante y la inserción de la diáspora coreana en las sociedades latinoamericanas. Los autores de este libro parten de una propuesta analítica que busca trascender el binomio tradición-modernidad propio de las ciencias sociales y cuyos factores son considerados excluyentes, para concentrarse en una reflexión constructiva que sintetiza los elementos históricos que permanecen en la sociedad coreana, y los aportes promotores del cambio, muchos de ellos recibidos de las sociedades calificadas como “desarrolladas”. A través de la síntesis permanencia-cambio, las transiciones coreanas en curso son una fuente de aprendizaje para los actores sociales latinoamericanos con deseos de participar en la modernidad, sin abandonar las tradiciones que los distinguen de los Otros. Ser modernamente tradicional, o tradicionalmente moderno, puede ser una alternativa a la homogeneidad implícita en la globalización de los valores propios de las “sociedades desarrolladas”.

TRANSICIONES COREANAS: permanencia y cambio en Corea del Sur en los inicios del siglo XXI reúne los principales textos presentados durante el II Encuentro de Estudios Coreanos en América Latina, organizado por el Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México, con el apoyo de la Korea Foundation.

Título: México y la Cuenca del Pacífico (revista)
Autor: Departamento de Estudios del Pacífico de la Universidad de Guadalajara, No. 32, mayo-agosto de 2008.

Revista española del Pacífico.
La Revista Española del Pacífico fue la publicación de la Asociación Española de Estudios del Pacífico. Fundada en 1991 y financiada desde su comienzo por la Agencia Española de Cooperación Internacional, la REP publicó artículos académicos sobre Asia Oriental (China, Corea, Japón y Sudeste de Asia), Oceanía y la Antártida, junto con notas sobre actividades académicas o de actualidad y reseñas de libros.
Con un carácter interdisciplinario, los trabajos se han enfocado principalmente en torno a la presencia hispana en estas regiones, tanto en Filipinas como en Micronesia y en otros lugares, sin por ello haber desatendido otros aspectos de carácter antropológico, político, medioambiental, económico, etc.
La REP ha publicado tanto números misceláneos como dossiers o monográficos sobre temas concretos, tales como los viajeros españoles por el Pacífico, sobre las relaciones hispano-japonesas en la época contemporánea, sobre el Centenario de 1898 o sobre las visiones mutuas entre Europa y el Pacífico. En el año 2001 publicó dos monográficos más, sobre Literatura en Asia y sobre Australia. Aunque le falta actualizarse en su edición electrónica, la revista se aprecia por algunos buenos textos sobre la región a la que alude su nombre.

Lucía Chen (Hsiao-Chuan Chen) y Alberto Saladino García. La nueva nao: de Formosa a América Latina. Universidad de Tamkang, Taipei, Taiwán, 2008

Japan Information Network

http://jin.jci.org.jp

En este sitio web usted podrá encontrar información sobre Japón, como un directorio japonés, un atlas, un museo virtual, regiones y sitios en Japón, información de Japón hoy, un rubro sobre estadísticas económicas, ambientales, educativas, laborales, etcétera, así como otros vínculos.

Publicado en  on at 2:42 am Dejar un comentario

Poesía clásica japonesa

Nota introductoria y traducciones de Aurelio Asiáin

Los poemas japoneses más antiguos que conocemos son las pocas canciones que recogen el Kojiki y el Nihonshoki, dos obras de historiografía mítica del siglo VII, y el Manyoshu, el vasto florilegio de la época de Nara, compilado en la primera mitad del siglo VIII. Aunque a lo largo de esta  antología se advierte la herencia simbólica y metafórica china  (por ejemplo, en la preeminencia del árbol del ciruelo sobre el del cerezo), los poemas que contiene alternan sin excepción y exclusivamente versos blancos de cinco y siete sílabas, como hará prácticamente toda la poesía japonesa, desde entonces hasta finales del siglo XIX. Salvo un puñado de poemas un poco más extensos, además, todos tienen o debieran tener treinta y un sílabas, distribuidas en cinco segmentos de cinco, siete, cinco, siete y siete sílabas. Es lo que se llama waka, poema japonés (por oposición a poema chino), o tanka, poema corto (por oposición a chooka, poema largo). Dejando de lado la poesía en chino, los poetas japoneses no practicaron otra forma desde el siglo VIII hasta el siglo XV, cuando, suprimiendo los dos versos finales de la estrofa, desarrollaron (el verbo es paradójico) lo que hoy llamamos haiku.
¿Por qué no se desarrollaron más versos que los de cinco y siete sílabas, ni más formas que la del tanka? La respuesta está, en parte, en la lengua japonesa, cuyo espectro sonoro se reduce a ciento veintiséis sílabas estrictas, siempre iguales a sí mismas y que constituyen la unidad mínima de la lengua. (Las sílabas de la lengua española, que se alteran y transforman al entrar en contacto unas con otras, suman mil doscientas y tantas y se descomponen en un número reducido de fonemas.) En un territorio tan escaso no caben los versos extensos, los poemas largos resultan monótonos y la rima resulta contraproducente.
¿Por qué, sin embargo, se escribieron poemas largos como los de Hitomaro, y luego no volvieron a intentarse? En parte, dicen algunos, porque durante la época de Nara el sistema fonético se redujo, y las ocho vocales existentes quedaron en cinco. Pero no se entendería entonces cómo los poetas de nuestros días han logrado escribir, con buena fortuna, poemas considerablemente más extensos (aunque es cierto que sin desarrollar una métrica contemporánea).
La explicación hay que buscarla no en el espacio de la lengua, sino en los límites de la cultura. El waka es una invención popular, pero su desarrollo a partir del Manyoshu es obra de una cultura cortesana, ritualista y conservadora, que no entendía la invención sino como homenaje a la tradición y en la que no se ejercía la crítica sino como enérgica preceptiva. A cambio de no extenderse más allá de las treinta y un sílabas, la poesía japonesa tuvo una suerte de crecimiento interior: desarrolló un complejo sistema de alusiones y sobreentendidos, extremó las contracciones sintácticas y sometió su universo simbólico a una codificación extrema (que devino, al cabo, en un manierismo).
En la cultura japonesa es de primordial importancia la forma de hacer las cosas: lo mismo en la ceremonia del té que en las artes marciales, en la caligrafía que en el intercambio de saludos en la calle, la forma tiene preeminencia sobre el fondo, la intención o el sentido. Mejor dicho: se confunde con ellos. La poesía, como idea abstracta, como noción general, como género literario, no se concibe en Japón antes del encuentro con Occidente. Cuando Ki no Tsurayuki declara, en el prólogo al Kokin waka shu, que “La poesía japonesa tiene el corazón del hombre por semilla y miríadas de palabras como hojas”, no habla en términos generales: se refiere al waka, las series de líneas de cinco y siete versos. Matsuo Basho, seis siglos más tarde, hablará siempre de haiku, no de poesía.
Las traducciones que siguen intentan ser fieles a los rasgos aquí descritos. Son parte de un libro en preparación.

Cambia el color
de la hierba y los árboles,
pero la flor
de las olas del mar
no conoce el otoño.

Bunya Yasuhide

Se desvanece
un color sin ser visto:
el de la flor
que guarda el corazón
de los hombres del mundo.

Ono no Komachi

Siempre son verdes
los pinos, pero llega
la primavera
y el color de los pinos
es un poco más verde.

Minamoto no Muneyuki

¿En qué pensaba
cuando vi esas luciérnagas
en la ribera?
Como ellas, mi alma,
fuera de mí, vagaba.

Izumi Shikibu

Ahora voy,
dijiste, y tus palabras
también se ajaron.
¿Dónde podrá posarse
noche a noche el rocío?

Izumi Shikibu

Es este mundo
lo mismo que una sombra
en el espejo,
que no está donde está
ni ahí deja de estar.

Minamoto no Sanetomo

Fuente: Revista de la Universidad de México

Publicado en  on at 2:16 am Dejar un comentario