Torneo de sombras

Juego abierto

por Georgina Higueras

Cuando la emergencia de China es un fenómeno irrefrenable; cuando Rusia, aupada en el petróleo y las materias primas, resurge de las cenizas de la Unión Soviética e India suelta el lastre de su proteccionismo para hacerse la reina de la tecnología de la información, cuando la hegemonía de la hiperpotencia estadounidense se ve desafiada constantemente, Asia Central vuelve a convertirse en el escenario del Gran Juego, término acuñado por Rudyard Kipling en Kim. Situado en el corazón de Asia Central, Afganistán reaparece de nuevo como la encrucijada en la que se debaten los intereses de Oriente y Occidente. El Estado al que la codicia de sus vecinos y el atraso de su población no han dejado estructurar un país cuyo pecado más imperdonable es estar habitado por pueblos indómitos que no gustan de doblar la cerviz ante los potentados que se reparten el poder en sus tierras.
No es de extrañar que Karl Meyer y Shareen Blair Brysac decidieran escribir su trepidante crónica tras contemplar las cobrizas montañas afganas desde el paso de Jyber. Adentrarse por el desfiladero paquistaní que aboca al legendario paso supone experimentar el peso de la historia y no se puede explicar lo que hoy ocurre en las zonas tribales de Pakistán y Afganistán sin mirar al pasado. Ningún periodista sale indemne del contacto con el rompecabezas pastún, la etnia guerrera por antonomasia cuyas tierras quedaron divididas por la Línea Durand y cuyas gentes pagaron injustamente el precio de la creación de Pakistán (1947) al quedarse atrapadas entre dos países. Conocedores de que el lector actual está más interesado en las experiencias que en los entresijos del poder, los autores recurren con frecuencia a los diarios personales -tan de moda entonces- de muchos de los que jugaron un papel decisivo en el enfrentamiento entre Rusia y Gran Bretaña por el dominio de una zona que consideraron clave para la consolidación de su poder futuro. En un relato ágil, ameno y equilibrado, desentrañan las gestas, las ambiciones y las mezquindades de exploradores, militares, espías, políticos, comerciantes o médicos.
En la más pura tradición anglosajona del periodismo narrativo, Torneo de sombras se acerca con un meticuloso respeto a los hechos y las personas que hicieron la historia y se detiene en detalles de la vida cotidiana para aproximar la realidad. Así, se refiere al comercio de las tan preciadas pashminas, los chales que se elaboraban en Cachemira con la lana de la capra hircus, una cabra que habita en Tíbet y en la región hermana de Ladakh, cuyos dirigentes protegían el monopolio de la lana con la pena de muerte.
Con maestría, los autores investigan y se adentran por los recovecos del temor británico a un avance ruso sobre India, la joya de la corona del imperio; por la obsesión que llevó a muchos a ver en el zar a un nuevo Gengis Kan, cuyas hordas amenazaban no sólo Asia Central sino la misma Europa. Una pugna por la que Afganistán pagó el alto precio de dos guerras y la pérdida de un tercio del territorio pastún. De su traicionado emir, Sher Ali, se compadecen los autores: “En tres ocasiones en tres años buscó la amistad y la ayuda británicas, evitando una forma de vasallaje que él insistía correctamente que su pueblo no aceptaría jamás. Se le imputó lo que hicieron sus acosadores vecinos, se le difamó como malvado y lunático por el pecado de defender el derecho de su país a que lo dejaran en paz”.
Meyer y Blair Brysac ponen rostro a una serie de exploradores que, guiados por el afán de aventuras, la búsqueda de la fama o la imperiosa necesidad de “rellenar los grandes blancos” que tenían los mapas de entonces, realizaron hazañas casi inhumanas para franquear algunas de las montañas más altas del planeta. La pasión de estos hombres no tenía freno: desobedecieron órdenes, se aprovecharon de la lentitud de los correos, se arriesgaron solos y huyeron hacia delante ante los obstáculos sin tener en cuenta su propia vida. También aparecen muchos de los centenares de indios, tibetanos, gurkas o afganos casi desconocidos que fueron sus infatigables guías, intérpretes, porteadores o medidores paso a paso de la distancia que recorrían para después cartografiarla.
El libro, con el aliento de una apasionante novela de aventuras, destaca el papel que jugaron la Royal Geographical Society (RGS) y la Sociedad Geográfica Imperial Rusa para apoyar a sus respectivos exploradores y acrecentar la rivalidad existente entre Londres y San Petersburgo. E incluso se permite destacar el machismo imperante en la época que impedía a las mujeres ser miembros de la RGS, pese a que la reina Victoria era la patrona de ésta.
Gobernada por manchúes, una dinastía extranjera, China, anquilosada y empeñada en aislarse de los vientos que soplaban en su contra, asistía sin saber cómo hacerle frente al desgajamiento de su imperio. “Como guardián de la India no puedo quedarme mirando cómo la influencia rusa se impone en Lhasa, y he intervenido para impedirlo”, contestó el virrey Curzon al explorador sueco Sven Hedin cuando éste acusó a Gran Bretaña de “crueldad imperialista” por haber invadido Tíbet en 1903. Esa región precisamente fue la que marcó el comienzo de la penetración de los intereses norteamericanos en la zona. El explorador y diplomático William Woodville Rockhill (1854-1914), casi desenterrado del olvido por los autores, fue el primer estadounidense y uno de los primeros occidentales que se adentró por las tierras tibetanas y vivió en sus monasterios.

Recursos naturales

Lo que el libro pone de manifiesto, más allá de las peripecias de la tropa de aventureros que lo pueblan y de la explicación de los designios superiores a los que servían, es que el “gran juego” sigue aún abierto, aunque ni las estrategias ni los contendientes sean los mismos. La nueva batalla nace de la urgencia por apoderarse de los grandes yacimientos de petróleo y gas de Asia Central.
En el siglo XIX, fue un torneo entre dos imperios: el ruso y el británico, este último sustituido hoy en día por Estados Unidos, receloso de las potencias emergentes que pugnan por su trozo del pastel de oro negro. Sedientas de combustible para las locomotoras de alta velocidad de sus desarrollos, China e India compiten por extender su influencia por los Tanes (Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguizistán y Tayikistán), los tres primeros por sus enormes reservas de hidrocarburos y los dos restantes, al igual que Afganistán, por su estratégica situación.
Sin embargo, mientras Afganistán se desangra, las antiguas repúblicas soviéticas gozan de su nueva libertad y se dejan cortejar por unos y otros para afianzarla, ante el desconfiado acecho del viejo patrón y el engatusamiento del comandante de las barras y las estrellas.

Fuente: www.elpais.com.es/Babelia/Editado por el Correo

Publicado en  on Agosto 22, 2008 at 12:47 am Dejar un comentario

Devuelve Holanda a Egipto pieza arqueológica

Egipto ha recuperado una estatua que data del siglo XIII antes de Cristo y que había sido robada de la zona arqueológica de Saqara, a unos veinticinco kilómetros al sur de El Cairo, y posteriormente trasladada a Bélgica, donde fue vendida a un empresario holandés.

Según un comunicado del Consejo Supremo de Antigüedades (CSA), la estatua, de color verde y con unas medidas de 8.5 centímetros de alto y 2.9 centímetros de ancho, fue descubierta junto a otras cinco piezas en 1985 por una misión de arqueólogos holandeses e ingleses en Saqara, y almacenada en la misma zona.

El secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades, Zahi Hawas, explicó que un empresario holandés compró la estatua en una sala de subastas en Bruselas, y cuando la presentó a un museo de Holanda para verificar su autenticidad las autoridades le informaron que la pieza había sido robada de Egipto.

El asunto del robo de la pieza llegó a la justicia holandesa, que a su vez ordenó su retorno a Egipto y la devolución del dinero que había pagado el empresario a la sala de subastas.

La estatua, que tiene la forma de las que tradicionalmente se colocaban en las tumbas en la antigüedad, ha sido trasladada al Museo Egipcio de El Cairo para que se someta a un proceso de restauración.

Fuente: www.eluniversal.com/cvtp/Editado por el Correo

Publicado en  on at 12:45 am Dejar un comentario

Talleres en el Museo Nacional de las Culturas

TALLER DE INTRODUCCIÓN A LOS JEROGLÍFICOS EGIPCIOS

12 sesiones

Inicio: sábado 23 de agosto de 2008
de 10:00 a 13:00 horas

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TALLER DE INTRODUCCIÓN A LOS JEROGLÍFICOS Y TOPONÍMICOS DEL NÁHUATL CLÁSICO

12 sesiones

Inicio: domingo 24 de agosto de 2008
de 10:00 a 13:00 horas

Informes: Departamento de Difusión. Tel. 55421097

Publicado en  on at 12:32 am Dejar un comentario

Asombro (fragmento)

por Néstor García Canclini

Varios antropólogos asombrados con la globalización temen que el intenso entrecruzamiento de tantas culturas “aumente el número de personas que han visto demasiadas cosas para ser susceptibles de sorprenderse fácilmente” (Hannerz, 1996:17). Hace diez o quince años los estudios antropológicos y culturales realizaron innovaciones teóricas y metodológicas al preguntarse qué sucedía cuando las prohibiciones musulmanas se ejecutaban en Manhattan o París, las artesanías indígenas se vendían en boutiques modernas y las músicas folclóricas se convertían en éxitos mediáticos. Hoy todo eso se ha vuelto tan habitual que es difícil asombrar a alguien escribiendo libros sobre tales mezclas. Una parte de las humanidades clásicas tiende a conjurar lo que aún puede desconcertar en esas “confusiones” reafirmando el canon de los saberes y las artes occidentales. Un sector de los científicos sociales busca reordenar ese “caos” reduciendo la complejidad de la globalización a pensamiento único. No faltan especialistas en estudios culturales que también intentan simplificar ese desorden buscando en una posición subordinada (la subalternidad, la condición poscolonial o algún discurso minoritario) el observatorio alternativo que dará la clave para ya no tener que asombrarse de lo que resulta difícil entender.

Fuente: www.fractal.com.mx/F18cancl.html

Publicado en  on at 12:17 am Dejar un comentario

Del alfabeto protocananeo al fenicio

Los comienzos de la escritura alfabética se remontan al segundo milenio a.C.: las primeras manifestaciones escritas se fechan en torno al 1500 a.C., aunque algunos autores prefieren situarlas en el siglo XVII a.C. En 1905 sir Flinders Petrie encontró un grupo de inscripciones en Serabit el-Khadim, en la península del Sinaí. La escritura mostraba apariencia jeroglífica, pero los signos pertenecían a un sistema pictográfico desconocido, cuyo registro de formas no llegaba a la treintena. Esta escasez hizo pensar que se trataba de signos alfabéticos y no silábicos utilizados para escribir una lengua desconocida, aunque se supuso que debía ser semítica, ya que los hallazgos se produjeron en las excavaciones de unas minas de turquesas egipcias explotadas en época faraónica por trabajadores canaanitas. Así a estos textos, que parten de la lengua de Canaán (actual Israel y Líbano), se les asigna la denominación de protosinaíticos o protocananeos. La más famosa de estas inscripciones es una pequeña esfinge, conservada en el Museo Británico, que contiene diversas inscripciones grabadas en sus lados y entre las patas, así como jeroglíficos egipcios. Éstos dicen “Amada de Hator, Señora de las Turquesas”. Sir Alan Gardiner acometió el primer intento de descifrar las inscripciones descubiertas en 1915. Para ello partió de la base de que se trataba de un sistema alfabético, dada la escasez de signos; supuso que el contenido de los textos se relacionaría con el de los jeroglíficos que también estaban inscritos en la esfinge y, por último, aplicó el principio de acrofonía, por el que un sonido se representa por el dibujo de un objeto cuyo nombre comienza por el mismo sonido. Este sistema se conocía gracias al uso dado en otras lenguas, como la fenicia o la hebrea.
En la inscripción aparecía una serie de dibujos: lazo de cuerda – casa – ojo – lazo de cuerda – cruz que, siguiendo los criterios expuestos, corresponderían al canaanita: lb’lt, leído [la-Baalati], es decir “[dedicado] a la Señora”; Baalat era el epíteto más importante de la diosa canaanita Asherah, que se equiparaba con la diosa egipcia Hathor, a quien estaban dedicadas las minas donde habían aparecido la esfinge y otras inscripciones. Aunque no está descifrado el contenido de todos los pictogramas de estas inscripciones, el paso de Gardiner fue decisivo para la búsqueda de los orígenes del alfabeto.
Gracias a diversas expediciones arqueológicas llevadas a cabo en 1927, 1930 y 1935 por investigadores de Harvard, el corpus de hallazgos se amplió. Se conocen inscripciones protocananeas posteriores, pero del mismo tipo, como una jarra de Lakish del siglo XIII a.C. o un ostracon del siglo XII de Beth Shemesh. La comparación de las letras de esta escritura con el denominado alfabeto lineal fenicio permite afirmar que éste deriva de aquélla.
Puede decirse, por tanto, que los inventores del primer alfabeto fueron los canaaneos. El nombre de Canaán, conocido a través de su mención en la Biblia, correspondía a una provincia de Egipto que, a finales de la Edad del Bronce, incluía el Líbano y Cisjordania (actual Israel), pero este nombre se usa de forma arbitraria para referirse a un pueblo que habitaba una zona más amplia (entre Siria y Palestina) hacia el 1200 a.C. y cuya cultura, aunque homogénea, incluía varios grupos de dialectos emparentados entre sí. Eran comerciantes y cosmopolitas que establecieron relaciones con los imperios cercanos: egipcio, babilonio, hitita y cretense. Es posible que el contacto con estas culturas permitiera el influjo de otros sistemas de escritura, como el egipcio, y favoreciera, por otro lado, la aparición de un sistema propio de características más simples, con un número reducido de signos de fácil aprendizaje y rápida ejecución.
El sistema alfabético protocananeo se habría inventado en torno al siglo XVIII o al XVI a.C., según las diferentes dataciones establecidas. Dicho sistema acrofónico, como se ha indicado, no sería todavía un alfabeto en el moderno sentido de la palabra, ya que los signos corresponderían prácticamente a consonantes y a algunas marcas de cierre glotal ante vocales, pero normalmente éstas hay que restablecerlas en la lectura para comprender el texto, como ha quedado señalado con el ejemplo de la esfinge. Esta forma de escritura se mantuvo hasta el siglo XII a.C., fecha que coincide con el cataclismo de la invasión de los llamados “Pueblos del mar”. Después de esto, los pueblos de origen cananeo de los que se tiene noticia histórica son los que estaban asentados en las costas del Líbano y norte de Palestina, que se conocen con el nombre de fenicios.
La relación directa entre el protocananeo y el fenicio se estableció en 1953, gracias al hallazgo de cinco inscripciones en puntas de flecha procedentes de El-Khadr (cerca de Belén), fechadas hacia el 1100 a.C. Prácticamente todas contenían la misma inscripción: hs ‘bdlb’t bn ‘nt (“punta de flecha de Abdalabit, hijo de Bin Anat). El tipo de signos correspondía a un estadio intermedio entre el alfabeto protocananeo y el fenicio. Gracias a estas flechas se pudo, además, descifrar el texto de la jarra de Lakish y avanzar en el conocimiento del protocananeo.
Las primeras inscripciones fenicias se fechan hacia el siglo XI a.C. y proceden de la ciudad de Biblos; la más antigua es la del sarcófago de Ahiram, del 1100 a.C. Frente a la escritura protocananea, que era multidireccional, el fenicio fijó su forma horizontal, de derecha a izquierda, y la posición de cada letra, hecho éste que se conoce gracias a las inscripciones que conservan alfabetos completos y que deben ser ejercicios escolares. El alfabeto se estableció en veintidós letras, cuyo nombre y forma derivaban de la representación de los mismos en el protocananeo. Por ejemplo, la forma de la primera letra, como una A tumbada a la izquierda, provenía del pictograma que representaba en protocananeo una cabeza de buey y cuyo nombre, aleph, servía también para designar el sonido y la letra con el que empezaba este sustantivo.
Las actividades comerciales de los fenicios se extendieron por Asia y el Mediterráneo e, incluso, llegaron al Atlántico. Gracias a ese contacto con múltiples pueblos, el alfabeto utilizado por ellos se propagó rápidamente. La escritura se iba desarrollando en las diferentes sociedades y pueblos al abrigo de actividades económicas, burocráticas y comerciales de todo tipo, y el alfabeto fenicio ofrecía un método de fácil aprendizaje, cómodo y económico; lo que justifica el éxito de su expansión. Este sistema se mantuvo con bastante fidelidad en otras lenguas y sólo se modificó lo imprescindible para adaptarse mejor a las nuevas realidades lingüísticas.

Fuente: www.rinconcastellano.com/lenguas/

Publicado en  on at 12:12 am Comentarios (1)

Museo Textil de Oaxaca

El recientemente inaugurado museo reúne una colección importante de textiles antiguos mexicanos y del mundo. Su acervo consta principalmente de cuatro mil piezas de tres colecciones donadas por  María Isabel Grañén Porrúa, Francisco Toledo y Alejandro de Ávila, quienes compartieron la idea de crear un sitio dedicado a valorar la creación textil.
La colección donada por Grañén Porrúa abarca de 1950 a 1980 y fue reunida por Crispín Morales, tendero del Mercado 20 de Noviembre; la de Toledo perteneció a Madeline Humm Mollet, una antropóloga suiza radicada en Puebla, quien adquirió y documentó los atuendos tradicionales de Oaxaca entre 1960 y 2000; y la de de Ávila perteneció al galerista Ernesto Cervantes, quien reunió las piezas entre 1930 y 1970.
Parte del acervo del recinto ha sido adquirido en países como Indonesia, India, China, Malasia, Perú, Líbano, Irán, Guatemala y algunos de África. La idea del museo no es constituirse en un espacio etnográfico, sino que rinda homenaje a los artesanos de textiles del mundo, y que sea una ventana para proyectar a la ciudad de Oaxaca al exterior.
A pesar de que se tienen planeadas exhibiciones temporales, el museo se enfocará especialmente a los artesanos textiles de Oaxaca, donde incluso habrá piezas que viajarán en exposiciones itinerantes, primero por diversos sitios del estado y luego en otras ciudades del país.
La llamada Casa Antelo es la sede. Esta edificación fue creada entre los años 1764 y 1771 por el español José Ángel de Antelo y Bermúdez en los terrenos de la huerta del ex convento de San Pablo. En 1864, la casa contigua fue demolida para crear la calle de Fiallo. El ex convento de San Pablo será un espacio destinado a desarrollar diversas actividades complementarias al Museo Textil de Oaxaca e incluirá en un futuro el Centro de Estudios de Lenguas Originarias. Estos edificios estaban casi destruidos y fue necesario realizar trabajos de restauración durante casi un año por la Fundación Alfredo Harp Helú.


La exposición con la que se inauguró este museo se denomina “De Mitla a Sumatra: el arte de la greca tejida”. En su folleto, el MTO justifica: “tiene sentido que elijamos este tema inaugural para el Museo porque la greca escalonada es emblemática en Oaxaca. La encontramos en la ropa representada en los primeros murales de Monte Albán; de allí pasa a la cerámica, a la orfebrería y a los mosaicos de piedra y perdura hasta la fecha en la indumentaria indígena en su forma original tejida”.
En la exposición —que se mantendrá abierta hasta el 25 de agosto— se pueden admirar tejidos de diferentes partes del mundo, México, Centro y Sudámerica, África Ecuatorial, Medio Oriente, el centro de Asia, China, Japón e Indonesia, sin faltar las manos mágicas de los oaxaqueños.
Más información: www.museotextildeoaxaca.or.mx, info@museotextildeoaxaca.org.mx

Fuente: www.oaxacalifornia.com

Publicado en  on at 12:05 am Dejar un comentario

Exhiben en EEUU grabados de Durero

Más de un centenar de grabados del artista alemán Alberto Durero (1471-1528 ) se exponen por primera vez en Estados Unidos desde el 26 de julio en el Museo del Arte Bíblico (MOBIA, por sus siglas en inglés) de Nueva York.
La colección Alberto Durero: Arte en transición comprende 136 de los trabajos más importantes del versátil artista renacentista, entre los que se encuentran “Los cuatro jinetes del Apocalipsis”, “Melancolía” o “Adán y Eva”, que podrán verse en la Gran Manzana hasta el 21 de septiembre próximo.
Mediante esta exposición, que presenta obras prestadas de la colección del museo alemán Hessischen Landesmuseums, el MOBIA pretende seguir las huellas de la evolución artística de Durero, desde sus inicios como impresor hasta su depurada técnica como pintor y dibujante.
Todo ello a través de los temas que fascinaron al artista durante su vida, siempre relacionados con la religión: la Pasión de Cristo, las vidas de la Virgen y los santos, las escenas mitológicas y del género humano.
“La ubicuidad de algunos trabajos nos permite creer que conocemos su trabajo, pero quienes vean sus obras experimentarán la profundidad de estilo, forma e iconografía de su innovador arte”, explicó la directora ejecutiva del museo neoyorquino, Ena Heller.
Agregó que en su obra “se reflejan sus viajes a Italia y sus encuentros con el trabajo de los maestros renacentistas”.
Después de la Gran Manzana la colección viajará al Museo de Arte de Mobile (Alabama), donde se expondrá en octubre, y al Museo de Bellas Artes de San Petersburgo (Florida), donde estará a disposición del público a partir de enero de 2009.

Fuente: EFE/www.eluniversal.com / mzr

Publicado en  on Agosto 21, 2008 at 9:30 pm Dejar un comentario

El placer de las músicas bárbaras

por Carlos Galilea

Ya se ha hablado unas cuantas veces –quizás no las suficientes, visto el resultado– de ese IVA distinto para libros y discos (en España). Los primeros gozan de un IVA reducido. Si el impuesto sobre el valor añadido es más gravoso para los discos será, piensa uno ingenuamente, porque se considera el libro un producto cultural y no así el disco. Y entonces uno se imagina que los legisladores de la Unión Europea han llegado a esta sabia decisión tras poner en un lado de la balanza las obras de Cervantes, Shakespeare, Proust, Borges, Baudelaire o Pessoa, y en el otro, discos banales y prescindibles cuando no simplemente horteras que no interesa lo más mínimo publicitar aquí. Bien visto. Aunque con escaso esfuerzo de imaginación también se les podía haber ocurrido comparar las sinfonías de Mozart, Beethoven o Mahler, obras de Stravinski, Falla o Bartok, grabaciones de conciertos históricos de Miles Davis, Keith Jarrett y Bill Evans, y discos de Edith Piaf, Billie Holiday, Amalia Rodrigues, Om Kalsoum o La Niña de los Peines, con esos gloriosos títulos literarios de autores inenarrables, que se venden como rosquillas y que mejor olvidamos por higiene mental. Por lo visto los políticos europeos se han quedado tan anchos con su particular interpretación de lo que es cultura. O puede que el lobby de los editores haya sabido ejercer mejor sus recomendaciones en los despachos, pasillos y restaurantes de Bruselas.
Ya que estos políticos parecen preferir por ahora que leamos a que escuchemos música –¿no debería ser lo contrario, que igual recaudaban más?– vamos a hacerles caso. Y lo vamos a hacer con libros sobre asuntos musicales. Por ejemplo, Las noches bárbaras: Tercera fiesta de músicos de la calle, que acaba de editar el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Se vende con CD y DVD, pero que nadie se asuste porque el IVA es de libro. Las noches bárbaras, que toma su título de la fiesta que organiza el CBA cada noche de San Juan, es un viaje por el mundo de los músicos que ejercen en la calle y que viven al margen de la industria discográfica y lejos de los focos de los medios de comunicación. Músicos que se ganan la vida en ciudades que no aplican las mismas normas para el ejercicio de actividades artísticas en la vía pública. Cierto que algunos pueden convertirse en una pesadilla empeñados como están en castigar a los pasajeros de los vagones de metro con sus tonadas insufribles, pero los hay, más respetuosos con el ciudadano y sobre todo con el arte, a veces realmente fantásticos, que, llegados de los países más diversos, pueden cautivarte en cualquier plazuela y calle peatonal, pasillo subterráneo o rincón de un parque público. Los sorprendentes textos de Las noches bárbaras nos llevan –acompañados por abundante material fotográfico– hasta las calles de Nueva York, El Cairo, Kingston, Lahore y Madrid para acercarnos a su realidad. En la dirección http://www.circulobellasartes.com/ag_ediciones-libros.php?ele=70 se puede descargar gratuitamente el libro en PDF de baja resolución y también es posible escuchar las grabaciones de algunos de los artistas que en 2007 protagonizaron la tercera edición del festival. Y, en el caso de recurrir a internet, creo que el asunto del IVA queda para mejor ocasión.

Fuente: El País/Babelia/Fotos: www.circulobellasartes.com /Edit. el Correo

Publicado en  on at 9:18 pm Dejar un comentario

Momentos estelares: la fotografía en el siglo XX

Si el siglo XIX vio nacer la fotografía, un medio que ha tenido un papel fundamental en la conformación de nuestro imaginario visual y en nuestra memoria colectiva, el siglo XX asistió a su consagración como una de las bellas artes. Nadie duda hoy de que es uno de los medios de expresión más importantes del mundo en que vivimos. Filósofos, historiadores y ensayistas han escrito abundantemente sobre la fotografía. Su complejidad, la riqueza de opciones que ofrece, su papel histórico como guardián de la memoria, la importancia de la imagen en el mundo en que vivimos, llevó a Walter Benjamin, uno de los filósofos que primero y mejor reflexionó sobre el medio, a afirmar, como recuerda uno de los autores de este volumen, que “No el que ignore la escritura, sino el que ignore la fotografía, será el analfabeto del futuro”. Benjamin postulaba así la creciente importancia de la imagen visual en nuestro mundo y la constatación de que ésta tomaba la delantera a la palabra escrita. Es el siglo XX el que ha visto nacer la historia de la fotografía, una historia que aún no ha dicho la última palabra.
Momentos estelares. La fotografía en el siglo XX, del que son autores los historiadores de arte Hans-Michael Koetzle y Oliva María Rubio, pretende subrayar la gran riqueza temática, conceptual y experimental que este medio de creación conlleva. Más que de una historia de la fotografía en sentido estricto, se trata de un breve pero iluminador recorrido (abundantemente ilustrado) por las principales corrientes, escuelas y nombres propios que han contribuido y siguen contribuyendo a su desarrollo y pleno reconocimiento como lenguaje creativo.
El Correo de las Culturas del Mundo ofrece a sus lectores una pequeña colección de esos momentos estelares a los que se refiere el libro reseñado.

Henri Cartier-Bresson, Barrio judío de Bagdad

Ansel Adams, Montañas

Richard Avedon, retrato

Manuel Álvarez Bravo, fruta prohibida

Publicado en  on at 9:05 pm Dejar un comentario

Museo Pushkin de Moscú

El Museo Estatal de Arte Figurativo A.S. Pushkin es, después del Ermitage de San Petersburgo, el segundo en importancia entre los museos que se dedican al arte europeo en Rusia. El profesor de la Universidad de Moscú, el filólogo Iván Vladimirovich Tsvetáiev, fue el fundador del museo en los años 1847-1913. Estaba convencido de que un museo tenía la capacidad de educar y de ilustrar a la gente. Tanto fue su empeño que se le concedió un terreno en el centro de la ciudad y no muy lejos del Kremlin. Se tuvo entonces un especial interés por la escultura clásica. Con la Revolución de Octubre se inicia una nueva época en las gentes y también en la historia del museo; en el año 1924 el gobierno soviético decide ampliar el museo con nuevas obras y lo consigue mediante la nacionalización de colecciones que ya existían. El museo tiene una colección de obras de arte de gran diversidad y amplitud pues en ella se encuentran piezas desde la antigüedad hasta nuestros días. También hay 300,000 dibujos y grabados, obras del antiguo Egipto, como los retratos de Fayum, telas coptas, escultura de la antigüedad clásica y vasijas griegas.

De 1924 a 1930 las colecciones crecieron con rapidez debido a la aportación de antiguas colecciones de San Petersburgo y, ante todo, del Ermitage. En el año 1924 se incorporan al museo más de 500 cuadros de pintores europeos occidentales que provenían del museo Rumiántsev y también dibujos, grabados, monedas y una maravillosa biblioteca. En 1925, desde la Galería Tretiakov llevaron numerosas obras paisajísticas y de género del siglo XIX. En los años treinta llegaron muchos iconos bizantinos. Los rusos fueron los primeros en coleccionar arte francés, comenzando por los impresionistas. En las salas del museo se ha organizado una gran cantidad de exposiciones con cuadros que han venido de otros lugares de Europa. Este museo es uno de los más sistemáticos en cuanto a tener una colección muy amplia y variada.

Proyecto arquitectónico del Museo Pushkin

Fuente: www.artehistoria.jcyl.es

Publicado en  on at 8:40 pm Dejar un comentario